¿Qué haríamos sin la muerte?

LAS INTERMITENCIAS DE LA MUERTE

Las intermitencias de la muerte.

José Saramago

Punto de Lectura, México, 2006

¿Cómo sería el mundo si no existiera la muerte? Rápidamente la sociedad entera enloquecería por la falta de recursos, por el exceso de enfermos terminales que saturan los hospitales y por la gran geriátricos abarrotados. Las monarquías estarían en constantes guerras internas por una sucesión que nunca se realiza a falta de la muerte del rey padre. Los recursos no serían suficientes y ningún gobierno sería capaz de poner orden en la repartición de los mismos. Incluso las religiones se tambalearían, pues fundan sus creencias en lo que sucederá en esa etapa posterior a la vida. Definitivamente, no me gustaría vivir en un mundo sin muerte. Y es que la muerte es parte del ciclo de la vida. Sin ella el planeta, colapsaría.

Con esa premisa inicia el libro de Las intermitencias de la muerte de José Saramago, en el que nos lleva a reflexionar sobre las implicaciones que tendría que un buen día la muerte de los humanos, en un cierto país, dejara de trabajar. De la mano de Saramago vamos de la reflexión, al embeleso y a la carcajada, pues igual nos plantea una cuestión filosófica como la eutanasia, la corrupción o las religiones; que nos hace enternecer con la imagen de la muerte sentada en un sofá con un perro en su regazo; o hace hablar a la guadaña para hacerle un piropo a la muerte que se encarna como mujer.

En varios de sus libros, Saramago nos plantea una historia en la que un suceso fantástico ocurre en una sociedad y trastoca la vida, para resaltar lo peor de la humanidad, y después, así como llegó, se va eso que alteraba la vida y todo vuelve a la normalidad.

Además también podemos distinguir una forma muy característica en la escritura de Saramago, en la que los diálogos entre personajes, sin un nombre propio, están mezclados con la voz del narrador, en unos párrafos enormes. Eso podría espantar a algunos lectores, pero les garantizo que una vez pasando las primeras páginas se acostumbrarán al estilo. Aquí debo confesar que si pudiera pedir un deseo literario en mi vida, pediría escribir como José Saramago, así que este comentario puede ser un poco tendencioso.

Este libro tan fascinante lo había leído hace 10 años y lo releí recientemente porque quisimos grabar un podcast con Melina Rubio (Cuenta en Instagram: @lecturas.extraordinarias) y ella seleccionó el libro.

La charla fue muy entretenida, en especial pensar cómo sería la muerte argentina y como la mexicana. La argentina seguramente bebería mate, sería un poco quejosa, y sería aficionada al fútbol, hincha de Boca, por supuesto, para que los de River mueran de envidia. La muerte mexicana sería más colorida, tal vez usaría un sombrero ancho y un bigote espeso como alguno de los dibujos de Guadalupe Posada.

Escuchen las dos partes del podcast sobre Las intermitencias de la muerte con nuestra nuestra querida invitada de Mar del Plata, Melina Rubio.

Hoy es jueves… y es momento de acabar con la violencia

Hoy es jueves… y es momento de acabar con la violencia intrafamiliar

La Vida Empieza A Las Tres ;Hoy Es Jueves ; La Feria, O, De Noche Vienes

La vida comienza a las tres… / Hoy es jueves… / La feria o De noche vienes

Elena Garro

Ediciones Castillo, México, 1997.

Hoy es jueves… es un cuento de aproximadamente 50 páginas de una corteza dura, difícil de penetrar: durante las primeras 5 páginas aproximadamente, es complicado entender cuál es la relación entre los personajes; pero una vez dentro, la recompensa es grande.

Lucy, la protagonista, vive un infierno familiar. Es maltratada y humillada por Adrián, su esposo, por Beatriz, su suegra, y por Pedro, el nuevo esposo de su suegra. El único oasis en su hogar, es Pablito, su hijo. Todos los días vive una batalla para mantener la autoestima, dentro de esa familia tóxica.

Un día Pedro dice que ve flaca a Lucy, que le hacen falta unas vacaciones y que él la llevará a Veracruz. Adrián y Beatriz asienten con complicidad y la opinión de la propia Lucy poco importa. A pesar de la resistencia de Lucy, comienzan los preparativos para que ella, su hijo, y su suegro pasen dos semanas en el puerto. Acceden a que también vaya Estela, la hermana menor de Lucy. Así comienza una pesadilla que aleja a Lucy de otra pesadilla igualmente ominosa.

Estela no tiene idea del infierno que vive su hermana desde que se casó con Adrián. Desde la misma noche de bodas en la que comenzó la violencia. Y ahora ella también será víctima de uno de los verdugos. Desde la primera noche en un hotel de mala muerte, comienza a percibir el miedo de su hermana y lo comparte cuando Pedro utiliza palabras obscenas y amenzas contra Lucy.

Durante el relato siempre flota la duda de ¿por qué Lucy no pide ayuda? ¿por qué no huye del maltrato y las humillaciones? Y ante la pregunta expresa de su hermana ella contesta: “No, nadie escucha las llamadas de auxilio, por eso los criminales actúan con toda impunidad.”

Pedro es el verdugo, pero las mentes detrás del castigo son madre e hijo, Adrián y Beatriz que mantienen una extraña relación edípica. De hecho, Beatriz se casó con Pedro, como venganza después de que Adrián se casó con Lucy.

“Y lo peor de todo era que no podía escapar de aquella pareja mitológica formada por Adrián y Beatriz. Era un monstruo de dos cabezas, exactamente iguales, con cuerpos aparentemente distintos y dotados de los mismos deseos, sensaciones apetitos y ambiciones.”

Elena Garro, plantea en este relato todos los síntomas por los que pasa una persona víctima de la violencia intrafamiliar: El grito de angustia al que nadie acude; el temor de que no le crean; el arrepentimiento por haber entrado en ese torbellino sin fin; el sentimiento de culpa; la vergüenza; la baja autoestima y hasta la idea del suicidio como única escapatoria.

  • “El mundo es peligroso, les repetía su madre, que deseaba que no salieran nunca de su casa. ¿Por qué se habría casado?”
  • Lucy y Estela recordaron a Pedro. ¿Qué habría hecho al descubrir que se habían ido temprano? Sintieron miedo y trataron de no recordar la escena nocturna a la que un pudor invencible las obligaba a replegarse en las profundidades de su memoria.”
  • “Ella se empeñó en guardar silencio. No podía confesar aquella última humillación: no tener dinero para pagar el hotel, comprar los billetes de tren y la agresión del hotelero. […] Adrián es tan brutal que nadie puede creerme.”
  • “Su amor por el mar era correspondido y las olas no estaban dispuestas a matarla.”

La violencia está presente en todo el relato pero escondiendo siempre la parte más cruda. De manera explícita están los insultos, las humillaciones verbales, las palabras soeces, pero la violencia física se calla. El lector sabe que lo peor se mantiene oculto como por un pudor narrativo, pero está.

En la playa Lucy y Estela conocen a dos soldados norteamericanos que son un remanso ante la situación en la que se encuentran. Sin embargo, no piden ayuda. Ellos de cualquier manera lo perciben y hasta son testigos de una escena en la que corroboran sus sospechas, las chicas viven una situación muy adversa. Ofrecen ayuda que no es aceptada. Son extranjeros en este extraño país en el que parece que todo ocurre como una fatalidad imposible de eludir:

” – Es inútil, están perdidas… es inútil… – afirmó Corbett.

 – Sé lo que quieres decir, pero no Estela – respondió Ted.

 Corbett lo miró piadoso.

 – ¡Las dos!… Lucy se equivocó y su hermana compartirá el error… terminarán muy mal- aseguró Corbett con la seguridad de alguien que ve desde la playa que se ahoga mar adentro y calcula que por más esfuerzos que haga no tendrá tiempo de llegar a salvarlo.”

La nota esperanzadora del relato no está en la descripción de la violencia, sino en la denuncia que se hace contra los perpetradores, contra sus cómplices y contra quienes deberían actuar y no hacen nada. Ese es el llamado a todos los lectores, que no seamos parte de esa círculo de violencia, que denunciemos y así rompamos ese lastre que cargamos desde épocas inmemorables.