Pistas para desmentir un sueño

Elizabeth y Arturo nos llevaron a conocer su nueva casa. Arturo se ofreció a darnos el tour por la casa. Yo ya la había visto antes, así que decidí quedarme en el patio de abajo y no hacer el recorrido hasta la azotea. Ahí el Bubu, que tampoco subió, me confesó su temor de ser agredido; una pandilla de bicis lo había seguido mientras él iba en su vocho y le habían gritado: Te vamos a chingar gordito, sabemos que vives en el Campestre. Yo reí insensiblemente y le dije que tal vez tenían gordofobia.

Esa fue la primer inconsitencia: Bubu no tiene ninguna relación con Elizabeth ni con Arturo, no tenía nada que hacer en su casa.

Luego llegaron Elizabeth y Arturo con todos los demás visitantes, y cambiaron el tema. No reconocí a los otros. Es más,  creo que abandonaron la escena después de conocer la casa. Más tarde bajó la mamá de Elizabeth, con Liz, la pequeña hija de Elizabeth en brazos. Por el tamaño descubrí que tendría unos tres años.

Ahí descubrí la segunda inconsistencia: No podía conocer su casa nueva, si tenía más de tres años de no ver a Elizabeth, pues aún cuando el sueño pudiera considerarse premonitorio, dado que Elizabeth no tiene hijas, ni siquiera está embarazada, yo no podía estar tan familiarizado con la casa y no haberme dado cuenta de que Elizabeth y Arturo tuvieran una niña de tres años.

Entramos a la cocina y nos sentamos en el desayunador. Supongo que era una cocina diferente, no la de su nueva casa, pues Elizabeth, su madre, su marido y yo, permanecíamos sentados como invitados mientras mi madre preparaba un té en la estufa.

Tercer inconsistencia: El travieso espacio de los sueños no conoce fronteras, la cocina de la casa de mis padres, colindaba con la nueva casa de Elizabeth y Arturo.

Tocaron el timbre y yo me levanté a abrir la puerta. Era mi hermana Maira con David, su niño más pequeño que tosía incontrolablemente. ¿Lo traes a que lo vea mi papá?, pregunté. Sí, ya ves que ser médico fue el peor negocio de su vida, contestó mi hermana. Reí. Elizabeth me preguntó porqué había dicho eso mi hermana. Quiere decir que todo mundo viene a verlo para consulta, y él solo los ve de buena fé, no les cobra. Elizabeth se ruborizó, porque ella también había recurrido alguna vez a verlo. Creí que había sido la vez de la apendicitis, y al pensar eso, también recordé a Elizabeth vestida con su bata de hospital, tapándose la cabeza con la sábana para que no la viera despeinada.

Esa fue la cuarta inconsistencia: Ella nunca ha tenido apendicitis; la vez que la vi internada fue  porque le extirparon un tumor de la vagina, y esa vez, de quién se tapó fue de Arturo, que en ese entonces era su novio.

En ese momento Liz abrió con dificultad la puerta de la cocina y su abuela le extendió los brazos y la llamó. Liz cerró nuevamente la puerta entre risas y jugueteos, justo en el momento en que Octavio Paz se asomaba a la cocina. La mamá de Elizabeth dijo volteando hacia nosotros: esa mujercita es un monstruo. Elizabeth y yo volteamos a vernos y dijimos riendo al unísono: Octavio debería agregar eso a su laberinto. Fue un chiste que nadie más entendió, y ahora que estoy despierto creo que ni yo lo entiendo.

Esa fue la inconsistecia número cinco: Octavio Paz, a 20 años de su fallecimiento, no tenía nada que hacer en casa de mis padres, y menos andar jugueteando con la hija de Elizabeth, mientras ella y su marido se tomaban una taza de té de yerbabuena.

Maira me dijo sin que nadie más la escuchara: Algo cambió en Elizabeth, ni siquiera su voz es la misma de antes. Aunque eso es bueno, porque ya nadie la aguantaba.

Esa fue la sexta inconsistencia, pues a pesar de que era cierta la afirmación de mi hermana, ella no había conocido antes a Elizabeth y por lo tanto no podía notar el cambio en su voz. Sin embargo, yo asentí para darle la razón, sin decir una palabra.

De pronto, Elizabeth tomándole la mano a Arturo, dijo sin que viniera al caso: Arturo ha sido todo un caballante andero desde que nos conocimos, servicioso y amorial.

Ese juego de deformalabras era mío, ni siquiera Elizabeth lo conocía. Esa fue la séptima y última inconsistencia, el sueño no podía continuar.

Me desperté. Bajé a la cocina guíado por el olor a yerbabuena, que resultó ser en realidad el de un cerillo recientemente apagado, que yacía humeante al lado de Posdata de Octavio Paz. El agua para el té apenas se estaba calentando y no había nadie en la cocina.

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Los 5 mejores libros leídos en el 2008.

Un año más ha transcurrido, el 2008 llegó a su fin y comenzamos un nuevo año, con nuevos proyectos y metas que buscamos cumplir. Sin embargo, la época es idónea para hacer un análisis de lo que ha sucedido. No pienso llevar a cabo una introspección filosófica sobre el comportamiento humano y su repercusión en la sociedad. Solamente quiero abrir un foro para que nominen sus cinco mejores libros (Top Five) leídos en el 2008. Tengo que hacer notar que me refiero solamente a los libros que leímos, que son los que estuvieron a nuestro alcance en el periodo mencionado; además, la clasificación es completamente subjetiva dado que representan los gustos personales de quién los califica.

Sin más preámbulos, he aquí mis cinco mejores libros que leí en el 2008:

  1. El Laberinto de la Soledad. Octavio Paz. Un estudio sobre la mexicanidad y su significado; los usos y costumbres de nosotros hacia nuestros semejantes. Inclusive fue la base para el primer (y único) podcast publicado del grupo de “autoayuda“.
  2. Crimen y Castigo. Fedor Dostoievsky. El análisis del personaje y su remordimiento interior es descrito magistralmente por Dostoievski, inclusive la base de la criminología usa como patrón de comportamiento el arrepentimiento.
  3. Llamadas telefónicas. Roberto Bolaño. Un escritor chileno que vivió en México, y que fue uno de los fundadores del movimiento infrarrealista. Es admirable destacar que no terminó con una narrativa al más puro estilo de realismo mágico.
  4. Mil grullas. Yasunari Kawabata.  Este segundo libro que leí de Kawabata, fue una gran sorpresa para mí, ya que su narrativa fue armoniosa y clara con respecto a la sociedad japonesa y sus costumbres. Una historia de amor entre líneas que es desarrollada magistralmente sin caer lo cursi.
  5. Ana Karenina. Lev Tolstoi. Y que decir de esta gran novela rusa, puedo decir que fue el año de la literatura clásica rusa, y aunque en algún momento de mi educación leí varias de estas novelas, es refrescante regresar a ellas y contemplarlas desde un nuevo enfoque.

Espero que los demás pongan sus “top five” y contribuyan con este posteo.

El Laberinto – Podcast 001

Octavio Paz. Premio Nobel de Literatura 1990
Octavio Paz. Premio Nobel de Literatura 1990

No es fácil hacer un análisis de la cultura mexicana, de su comportamiento, y mucho menos aún, que siga vigente después de 50 años.

El mexicano parece congelarse en el tiempo, tiende a ser pasivo, a seguir los usos y costumbres que le han marcado durante toda su vida; “si así ha sido siempre, ¿por qué he de cambiar?”. Y de una manera contradictoria, quiere vivir sus días como si el mañana no existiese, quiere acabarse el mundo antes de que lo acabe a él, y ese dinamismo de conseguir las cosas, lo hace un ente creativo e innovador. Dicha dualidad que pudiese parecer contradictoria, se refleja y define en “El Laberinto de la Soledad” de Octavio Paz, único premio Nobel mexicano en literatura.

El famoso grupo de autoayuda, incursionó por primera vez en el ámbito sonoro de la grabación de un podcast, tomando como base el libro de El Laberinto de la Soledad y en particular, el capítulo de Los Hijos de la Malinche. A través de las voces magistrales del gigante bueno, la capitán Torbellín, un monito cartonero y un servidor, hacemos una discusión “profunda” y crítica sobre uno de los verbos más usados en nuestro lenguaje cotidiano: Chingar.

Podcast 001