¿Leer el libro o ver la película?

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Big Fish

A Novel of Mythic Proportions

Daniel Wallace

Algonquin Books of Chapel Hill, USA, 2012

 

¿Vale la pena leer un libro después de haber visto la película? Yo creo que sí, porque para decidir cuál de las dos versiones es mejor, hay que transitar por ambas. Aunque creo que hay libros que se prestan mucho para llevarlos a la pantalla del cine, pues están llenos de descripciones que se pueden lograr bien con imágenes y narraciones que se pueden convertir en secuencias inolvidables. Hay otros libros más intimistas e introspectivos, en los que es necesario recurrir a una voz en off para la versión cinematográfica, recurso que muchas veces arruina el resultado.

Un ejemplo de los libros que lucen bien en la pantalla del cine es El gran pez. Esta película dirigida por Tim Burton, estrenada en 2003 se convirtió en una de mis favoritas, mientras que el libro de Daniel Wallace, publicado en 1998, quizás no lo logre. Aun así, valió mucho la pena haber leído esta novela.

El libro habla de la relación padre e hijo, al final de la vida del primero. Este tema siempre ha sido una fuente de inspiración para grandes relatos.

Edward Bloom se encuentra en su lecho de muerte acompañado, en este último tramo de su vida, por su esposa y su hijo William. Edward era esa clase de personas que tiene chistes para cada ocasión, le caía bien a todo el mundo y estaba siempre dispuesto a ayudar. Pero no podía pasar mucho tiempo en un solo lugar, ni siquiera en casa.

William rememora las historias que su padre le contaba y que para él se volvieron inverosímiles; lo que para el padre eran pequeñas exageraciones, para el hijo era un cúmulo de mentiras. Por eso, el tono con que William recuenta esas anécdotas es un poco de reclamo: su padre era el candil de la calle y la oscuridad de la casa. Los chistes y la imagen paterna se fueron desgastando para Will a lo largo de los años. Sin embargo, hacia el final, la imagen que William tiene de su padre, logra reconciliarse con la que tienen todos los demás. Su padre fue un gran hombre, que siempre se preocupaba por hacer sentir bien a quienes estaban a su alrededor.

No diré mucho más sobre el argumento de El gran pez, sólo que el libro y la película utilizan distintos recursos para reivindicar la imagen del padre y me parece que la película lo logra de mejor manera.

Esta fue la primera novela publicada por Daniel Wallace -aunque no la primera escrita- y a partir de ahí se volvió famoso. Más aún cuando el libro se llevó al cine y me parece que también se presentó en teatro. Una fama inesperada con la que muchos escritores sueñan para este autor norteamericano.

Regresando a la pregunta inicial, me parece que es bueno hacer ambas cosas para contrastar. Creo que la secuencia adecuada es primero leer el libro para darle rienda suelta a la imaginación y no llegar con las imágenes preconcebidas por haber visto la película. Esto no siempre es posible, en parte porque la mercadotecnia del cine es mucho más poderosa que la de la industria literaria y en parte porque nos estamos haciendo flojos: ver una película nos toma dos horas, mientras que leer un libro nos puede tomar 2 días, 2 semanas o 2 meses dependiendo de nuestro hábito. A veces el libro nos gusta tanto que nos obliga a verlo en imágenes que no siempre concuerdan con lo que creó nuestra imaginación. A veces la película nos lleva al libro y éste nos decepciona un poco, como fue mi caso con El gran pez.

Vidas alternativas

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Paul Auster

Seix Barral, España, 2017

Casi podría afirmar que todos hemos ejercitado el subjuntivo en carne propia. El subjuntivo es ese modo gramatical que utilizamos para realizar las afirmaciones hipotéticas, los deseos y la incertidumbre. ¿Qué habría pasado si en lugar de ingeniería hubiera estudiado medicina? ¿Habría sufrido el accidente si hubiera tomado el camino largo? Si mis padres hubieran escogido un kinder distinto para mí ¿habría conocido a la mujer de mi vida?

Plantearse este tipo de preguntas es aceptar que vivimos en mundo incierto, un mundo en el que el aleteo de una mariposa monarca en los bosques mexicanos provoca un incendio devastador en Australia o causa la caída de un helicóptero en Los Angeles; es aceptar humildemente que nuestro destino no está escrito y que depende de las circunstancias, del medio ambiente, de nuestras decisiones, pero también de las decisiones de otros.

También creo que quien nunca haya esbozado uno o más presentes alternativos, está subejercitando su capacidad imaginativa.

Esto es lo que Paul Auster hace de manera impecable en su novela 4 3 2 1, imaginar cuatro alternativas de vida para Archi Ferguson, el protagonista de la historia. Archi es el nieto de un inmigrante ruso que llega a Nueva York a principios del siglo XX. Como era un ruso judío de la comunidad yidish, su apellido iba a resultar impronunciable para los norteamericanos, por lo que un compañero de viaje le recomienda que cuando el agente migratorio le pregunte su apellido diga que es Rockefeller. Sin embargo, cuando le toca su turno para registrarse y le preguntan su nombre, olvida el apellido que le habían recomendado y dice “Ich hob forgossen” (que significa “lo he olvidado” en yidish), y el agente migratorio estampa en un papel Ichob Ferguson.

Con esta anécdota que circunstancialmente le cambia el nombre a un judío inmigrante, comienza el relato de la familia Ferguson y se centra en Archi, segunda generación nacida en Norteamérica. Pequeñas variaciones en la relación de los padres de Archi y de los demás miembros de la familia Ferguson, van moldeando la personalidad del pequeño de distinta manera y lo van conduciendo por cuatro vidas distintas. Un Archi Ferguson es tímido e introvertido, otro es totalmente extrovertido. Un Ferguson es un adolescente resentido con su padre, otro queda huérfano a muy corta edad. En una de las vidas el protagonista pierde dos dedos de la mano izquierda – lo cual lo ayudará más tarde a librar el servicio militar y ser enviado a la guerra de Vietnam-, en otra de las vidas se vuelve bisexual. Un Ferguson ingresa a la Universidad de Columbia y es testigo de las manifestaciones en favor de los derechos de los negros, otro gana una beca para estudiar en Princeton y participa en los movimientos antibélicos, uno más no estudia una carrera, y el último, ni siquiera llega a la adolescencia.

Sin embargo, en las vidas alternativas siempre hay algunos elementos en común, como una esencia del ser que permanece inalterable a pesar del medio y de las circunstancias: la práctica del beisbol, las lecturas tempranas y el gusto por escribir; el rechazo a las tradiciones judías; el hambre por vivir la vida y llenarse de experiencias; el amor casi reverencial hacia su madre; una postura política progresista, a favor de los derechos de las mujeres y en contra de la guerra, etc.

Paul Auster logra mantener una coherencia y credibilidad en cada uno de los relatos. Y aunque debo reconocer, que algunos detalles estuvieron en el límite de lo verosímil, cada una de las historias paralelas está escrita con una minuciosidad y precisión de relojero.

Además, algo sumamente bien logrado en todas ellas, son los saltos entre el ámbito meramente personal, el local, el nacional y el internacional. La historia está ubicada entre los 1940’s a 1970’s, una época muy convulsionada tanto en Nueva York y el resto de USA, así como en todo el mundo. El lector puede imaginarse caminar por los barrios judíos de Nueva York, por Central Park y por las Universidades, pero también puede percibir claramente cómo le afectan al protagonista los hechos que dejaron una huella en la Historia: El asesinato de John F. Kennedy y el de su hermano Robert, los cuestionables gobiernos de Johnson y Nixon, las guerras de Corea y Vietnam, los movimientos estudiantiles y antibélicos, el asesinato de Martin Luther King, la aparición de los Black Panthers, etc.

4 3 2 1 es una novela de largo aliento, 952 páginas que por momentos pudieran imaginarse como cuatro libros distintos cuya única relación son los nombres de los personajes. Pero ya hacia el final de la novela podemos darnos cuenta que la relación que guardan estos cuatro relatos los hace indivisibles.  Vale muchísimo la pena, aventurarse en esta carrera de resistencia.

Y para terminar este escrito, hago un rápido y sencillo ejercicio de imaginación en el plano subjuntivo: si mis padres me hubieran inscrito en un kinder distinto, ahora sería un gran médico que soñaría con ser ingeniero mecánico; en lugar de estar casado con mi actual esposa, lo estaría con alguien a quien hubiera conocido en la facultad de medicina y tendría cuatro hijos en lugar de una; el mayor de mis hijos estaría resentido conmigo por pasar tanto tiempo fuera de casa, y a los otros tres, eso no les importaría; para muchos, mi carrera profesional estaría marcada por grandes contradicciones, pues sería un afamado cirujano fetal que participaría en marchas a favor de la despenalización del aborto, lo cual me convertiría en una figura pública, que en esta vida, ni soñarlo.

El mal de Portnoy

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Phillip Roth

México, Penguin Random House, 2018

Alexander Portnoy confiesa a un psicoterapeuta sus desviaciones y cuál es el posible origen de ellas: el resentimiento hacia sus padres. Alex creció bajo una tradición judía que muchas veces le resultaba incomprensible y otras incoherente. Por un lado, su madre que todo el tiempo lo enaltecía por ser el niño más guapo e inteligente después era capaz de montarle un chantaje terrible y hasta de amenazarlo con un cuchillo cuando no quería comer. Su padre en cambio, que era una figura débil en la casa, era el encargado de inculcar los preceptos de la religión y era el primero en quebrantarlos.

Cómo resultado de vivir en una atmósfera asfixiante durante su niñez y adolescencia, en su juventud, Alex se rebela, intenta romper el lazo que lo ata a su familia y se convierte en depravado sexual.

Más allá de la parte porno y de las severas críticas a las religiones judía y cristiana -que a más de algún lector le podrían incomodar-, El mal de Portnoy es una gran novela que describe las consecuencias en el comportamiento de alguien que tiene una madre castrante y un padre oscurantista y que además carga con la culpa judeocristiana inculcada en casa.

Con esta novela, que tiene una clara reminiscencia a La metamorfosis de Kafka, Phillip Roth se consolida como uno de mis autores favoritos.

Este libro es parte de la tercia de Autores incómodos que seleccionamos para leer este mes en El Club de Lectura; los otros dos son Charles Bukowski con Mujeres y Michel Houellebecq con Plataforma.

La indignación y la rabia

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Viaje a Yucatán II

John Lloyd Stephens

México, Ediciones Promo Libro

¿Alguna vez han estado a punto de dejar un libro por la indignación que les causa leerlo? Yo estuve a punto con El viaje a Yucatán II de John Lloyd Stephens. ¿Y porqué causaría indignación un libro que habla de viajes?

Quizás debo empezar diciendo que, hasta hace poco, era un necio que casi nunca abandonaba un libro. A pesar de lo sinuosa que pudiera resultar una lectura, yo me empeñaba en terminarla, pensando que quizás lo mejor estaba por venir. Y en algunas veces resultó así. Por ejemplo: El diario de un caracol (1972) de Günter Grass fue un libro pesado, poco interesante, ininteligible por momentos. Cada página llena de nombres y siglas sin significado para mí se volvía más fatigosa, y sin embargo seguí. Ya casi al final del libro, a manera de premio a la perseverancia, aparece un grabado de Alberto Durero llamado Melancolía, seguido de una disertación que valió la pena el tortuoso camino a través de más de 400 páginas.

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Ahora sigo siendo un necio y mi porcentaje de abandono de libros sigue siendo bajo. Hay quienes aconsejan que si llegas a la página 100 y no hay nada que te vincule al libro, lo dejes. Otros dicen que con 50 páginas es más que suficiente para saber cómo será el resto del libro. Pero no hablan para nada de cuáles son los sentimientos que provoca el libro que te orillan a abandonarlo. Podría ser la tristeza, el miedo, la rabia, la abulia y quizás la indignación.

John Lloyd Stephens (1805-1852) fue un explorador, escritor y diplomático estadounidense que en los años treinta del siglo XIX hizo varias expediciones a Centroamérica y el sur de México para explorar sitios arqueológicos. Documentó sus experiencias en Incidentes de viaje en América Central, Chiapas y Yucatán Vols. I y II, todos ellos con ilustraciones de Frederick Catherwood, quien lo acompañó en sus travesías. Sus relatos son tan interesantes que sirvieron de inspiración a Edgar Allan Poe. Como diplomático, Stephens desempeñó un papel crucial en la negociación y planeación del ferrocarril trans-ítsmico de Panamá. Mientras supervisaba la obra del ferrocarril, contrajo la malaria y aunque fue llevado a Nueva York para su tratamiento, no logró sobrevivir.

Con tales cartas de presentación, pareciera que la indignación no podría ser un sentimiento producido por sus libros. Sin embargo, lo es.

En alguno de los pasajes de Viaje a Yucatán II, Stephens relata como encuentra una pintura dentro de uno de los muros interiores de una pirámide. Llama al dueño de la finca y le pide que lleve a un cantero para que extraiga el muro. Pero como el muro con la pintura es tan grande, no puede salir por la puerta, por lo que pide que destruyan el techo y lo saquen por arriba. Finalmente, no pudo llevarse el muro por lo pesado que era y escribe “ojalá llegue otro compatriota que se lleve esa pintura a la National Gallery”.  John Lloyd Stephens, como muchos arqueólogos sin ética profesional, era un cazador de tesoros, un saqueador de templos y tumbas. Pero lo más indignante, es que el dueño de la finca accede a que se lleve lo que quiera.

Para sumar a mi indignación, Stephens se refiere en varias ocasiones a los habitantes de Yucatán, como una raza abyecta, ignorante, sucia y miserable, a la cual era fácil explotar. Un fragmento aquí para demostrarlo, en el que habla sobre los cultivos de azúcar:

“[…] la línea desde Campeche a Tabasco es muy buena para aquel cultivo, desde donde estará al alcance en los mercados extranjeros. Las principales ventajas consisten, primero en que no hay que emplear el trabajo de los esclavos y, segundo, en consecuencia, de que no se necesita el grueso capital para la compra de ellos. En Cuba y la Luisiana el plantador tiene que contar entre sus gastos el interés del capital invertido en la compra de esclavos y el costo de su manutención; mientras que en Yucatán no tiene que desembolsar ese capital: el trabajo del indio, según afirman personas competentes que lo han comparado con el del negro de Cuba, es el mismo que el de éste, y, dando ocupación constante a los indios, puede cualquiera procurarse el número que le apetezca a razón de un real diario, que es menos del interés del costo de un negro, y menos que el gasto de mantenerlo, aún cuando no costase nada”.

¿Cómo no llenarse de indignación al leer tanta voracidad y tanto desprecio por negros e indios? En ese punto estuve a punto de abandonar el libro. Una inmensa rabia contra el autor crecía en mi estómago. Pero como lo mencioné antes, sigo siendo un necio.

A pesar del enojo, seguí la travesía a través de la península, en una época en la que Santa Anna perdía gran parte del norte del país y contenía la revolución en el sur; aguantando el calor, las garrapatas, los mosquitos, la falta de agua y a veces de comida; y por otra parte, asombrándome con las estructuras mayas cubiertas de maleza, refrescándome en los cenotes que servían como única fuente de agua en zonas en las que no hay lagos ni ríos naturales, y maravillándome con todos los vestigios de una civilización que dominó la arquitectura, la astronomía (esto no lo supo Stephens), la escritura, la escultura y muchas cosas más.

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Y entonces descubrí que no todo mi coraje era producto de lo que escribió Stephens hace más de 170 años. El coraje era (es) principalmente porque la humillación del vecino del norte hacia todos los mexicanos, en especial a nuestros indígenas sigue presente. La indignación es porque han pasado más de 170 años y persisten la miseria, el analfabetismo y otras formas de ignorancia que vio el explorador estadounidense. El enojo es porque el servilismo y el sometimiento ante los norteamericanos han cambiado de forma, pero prevalecen. La rabia es porque gobiernos van, gobiernos vienen, cambian de color y de siglas partidistas, pero todos agachan la cabeza ante el Estados Unidos. La rabia crece por la iniciativa Mérida, por el acuerdo migratorio, por que siempre actuamos con la anuencia de su majestad o no actuamos; la rabia me ahoga porque somos humillados y además debemos estar agradecidos por sus empresas (las plantaciones de azúcar han dejado de ser redituables) y porque nos libraron de sus aranceles. La indignación es por ser un patio trasero.

Viaje a Yucatán de John Lloyd Stephens, es una excelente crónica de viaje que te transporta a otra geografía y otra época, pero hay que leerlo con un nudo en el estómago. Las maravillosas ilustraciones de Frederick Catherwood siempre ayudan a clarificar las descripciones y a veces sirven de oasis en medio de las quejas de Stephens. Es un libro recomendable para todos aquellos que, como yo, son arqueólogos frustrados y también para aquellos que quieren reflexionar sobre una realidad dolorosa de México.

 

En búsqueda del enemigo correcto

Philip Roth

Nemesis

USA, Vintage International, 2010.

Todos, al menos una vez en la vida, tenemos alguna guerra que enfrentar. Lo importante es saber identificar cual es nuestra guerra, escoger inteligentemente las batallas, identificar quién es el enemigo por vencer y después arrostrarlo – me encanta este verbo que ya está quedando en desuso.

Nemesis es una novela de Philip Roth publicada en el 2010, que habla sobre la epidemia de poliomelitis que, en el año de 1944, atacó un poblado de Newark, en especial a una comunidad judía.

Bucky Cantor es un profesor de educación física de la escuela en el barrio de Weequahic, y durante el caluroso verano de ese fatídico 1944, está a cargo del campo de juego. Él se encarga de organizar a los niños para formar los equipos de beisbol, les ayuda a perfeccionar los lanzamientos y la técnica de bateo, los cuida de cualquier accidente ocasionado por las actividades deportivas y se divierte jugando con ellos. Sin embargo, él hubiera deseado estar peleando en Francia junto con sus dos amigos de la infancia la guerra contra los nazis. Pero Bucky no fue aceptado en el ejército por su miopía, y eso lo excluyó de la guerra y le dejó, como premio de consolación, convertirse en profesor de educación física.

La novela inicia cuando Bucky y un montón de niños juegan beisbol en el parque y de pronto irrumpen dos autos repletos de adolescentes italianos que se bajan de manera amenazante y comienzan a decir que van a propagar la polio entre los judíos como venganza. Cantor, de manera inteligente, se pone al frente de los niños y comienza a dialogar con los italianos, les dice que se vayan, que dejen tranquilos a los chicos o de lo contrario tendrá que llamar a la policía. El grupo de italianos cada vez más alterado, escupe cerca de los pies de los niños escudados detrás de Bucky, y él con una tensa serenidad, ordena a uno de sus niños que hable a la policía. Finalmente, los italianos ceden y se retiran. En esa ocasión Bucky decidió que esa no era una batalla que debía pelear, sin embargo su guerra apenas comenzaba.

A los pocos días del incidente con los italianos, dos de los niños que jugaban en el parque caen enfermos de polio: uno de ellos muere al día siguiente y el otro unos días después. Ni las autoridades del pueblo, ni los doctores tienen idea de qué hacer, no saben qué es lo que contagia la polio y no quieren tomar decisiones que hagan entrar en pánico a la población y sólo recomiendan que se incrementen las medidas de higiene. Pero los casos de niños infectados se multiplican.

Uno de los episodios más desgarradores de la novela, sucede durante el sepelio de uno de los niños muertos. La pérdida de un hijo expresada por un padre es capaz de estremecer a cualquiera, de cimbrar los cimientos de nuestras creencias, y eso es algo que sin duda marca al profesor Cantor.

Otro personaje importante en la novela es Marcia, la novia de Bucky Cantor, quien lo convence de que se vaya al campamento Indian Hill, en donde podrá tomar distancia de lo que ocurre en su comunidad, tener el empleo de encargado de los clavados y natación, y sobre todo podrá pasar tiempo con ella. Bucky, a pesar de que le preocupa dejar sola a su abuela, acepta mudarse, con la idea de proponerle matrimonio a Marcia por el amor a ella y el cariño que siente por toda su familia – es importante este detalle, pues él no tuvo una familia tradicional: su madre murió en el momento en que él nació, su padre que era un ladrón no lo reconoció, y él se crío con sus abuelos.

Ya estando en el campamento, la vida de Bucky y la novela dan un nuevo giro inesperado: la polio se hace presente en el campamento. Uno de los instructores con el que había convivido con Cantor durante sus primeros días es hospitalizado y esto desata nuevamente una batalla interna en el protagonista.

La verdadera guerra de Bucky Cantor es una guerra contra sí mismo, contra el remordimiento de haber huído de Weequahic, de haber abandonado a sus niños; una confrontación contra sus propias creencias, contra un dios que no le permitió ser un héroe de verdad y pelear contra los nazis, contra un dios que toma la vida de niños inocentes y que destroza familias; su lucha es contra el dios malvado que creó una enfermedad que cuando no mata deforma el cuerpo de por vida; un enfrentamiento contra el dios que lo usó a él como instrumento de destrucción.

La némesis es el agente inescapable que provoca la caída de alguien, el archienemigo que no se puede vencer. Podríamos pensar que en el caso del protagonista, ese agente fue la polio para la cual no hubo una vacuna sino hasta 1955 y que se comercializó hasta 1961. Quizás la epidemia de polio sólo fue algo circunstancial y el verdadero enemigo de Cantor era él mismo.

Nemesis es apenas la segunda novela que he leído de Philip Roth, y me dejó un gran sabor de boca – a pesar de la temática tan dramática. La primera fue La conjura de América, que también me impresionó gratamente. Será un autor al que vuelva a recurrir en un futuro, quizás con The human stain que ya se encuentra en mi antibiblioteca. Roth ha sido dos veces ganador del Premio Pulitzer y de una gran cantidad de premios más que lo hacen ser un autor que todo ávido lector debería leer.

Recomiendo Nemesis especialmente a aquellos lectores que disfrutan de personajes con una psicología compleja, que disfrutan de los dramas y las historias trágicas. En inglés, para quienes no somos angloparlantes puede significar un reto extra, aunque su escritura no es muy complicada.