La huella en el alma

La verdadera vida de Sebastian Kight

Vladimir Nabokov

Editorial Anagrama

Algo que caracteriza a los grandes escritores es que, aún en textos que se consideran obras menores, podemos encontrar la huella de sus pensamientos y de su estética.

Un ejemplo claro es La verdadera vida de Sebastien Knight de Vladimir Nabokov, que cuenta la historia de un personaje en busca de testimonios que le ayuden a reconstruir la vida de su hermano muerto.

Los hermanos se separaron hace muchos años en París, después de haber huido de San Petersburgo por la Revolución Bolchevique. Tras leer la biografía escrita por el secretario de Sebastian, el protagonista se niega a creer que su hermano fue un escritor frustrado, gris, aburrido, solitario y antisocial; entonces decide lanzarse en la búsqueda de testimonios que le ayuden a confirmar o reivindicar la imagen que tiene de él. Esa pesquisa se convierte en la persecución de una amante de Sebastian de la que nadie tiene pruebas.

En esa trama aparentemente sencilla, está la huella de Nabokov: El exilio, las persecuciones, la sonoridad de las palabras y el indiscutible dominio del inglés que no fue su lengua materna pero sí la lengua en la que decidió escribir.

La verdadera vida de Sebastien Knight me recordó a otros libros que hablan de búsquedas o persecuciones, como Los Detectives Salvajes (Roberto Bolaño) y Luz Negra (María Gainza) y por supuesto Lolita, que aunque no comparten territorio en mi librero, si ocupan un lugar muy importante en la geografía de mis predilecciones literarias.

Otra característica que separa a los grandes escritores de quienes no lo son, es que a través de sus historias, remueven sentimientos e inseminan grandes ideas en las mentes fértiles de sus lectores.

La verdadera vida de Sebastian Knight me hizo reflexionar sobre los familiares y amigos a los que la vida y las circunstancias han separado de nuestro lado. ¿Cuánto tiempo efectivo nos queda junto a ellos? La reunión anual, las navidades, los festejos familiares y un puñado de momentos que conforme nos hacemos viejos, se escapan de nuestras manos.

Seguramente Nabokov no pretendía dejar lectores nostálgicos pensando en sus amigos y hermanos que están lejos; pero aún sin pretenderlo, sus palabras calan hondo y ahora extraño mucho a todos aquellos que han caminado junto a mí en algún tramo de la vida y que me han ayudado a forjar el ser que actualmente soy, todos aquellos que forman parte de mi alma.

“[…] el alma no es sino un modo de ser -no un estado constante- y cualquier alma puede ser nuestra si encontramos y seguimos sus ondulaciones.”

Chéri y el miedo a envejecer

Colette

Cheri. Fin De Cheri. Gigi. Colette. Aleph | Mercado Libre

Chéri

Fin de Chéri

Gigi

Promociones Editoriales Mexicanas; México, 1979.

Sidonie Gabrielle Colette (1873-1954) fue una escritora francesa con ideas adelantadas a su época. Desde pequeña mostró mucho interés por la literatura e inspirada por su madre que también era una lectora insaciable, pronto dejó las lecturas infantiles para pasar a las lecturas juveniles y para adultos. A los dieciséis años conoció al incipiente y ambicioso novelista Willy (Henri Gauthier-Villars) y pronto se casó con él. Fue un matrimonio desafortunado, en el que Willy se aprovechó del talento literario de Colette y la utilizó como su escritor fantasma, para hacer una serie de relatos en la que Colette transponía anécdotas propias con libertinajes sugeridos por su marido. Para quienes sientan un poco más de curiosidad por la vida de esta escritora, recomiendo mucho que vean la película Colette (2018), protagonizada por Keira Knightley, y si la ven, seguro odiarán aún más a Willy.

Los relatos de los que quiero platicar hoy son Chéri y Fin de Chéri, dos novelas cortas que cuenta la vida de Fred Peloux, mejor conocido como Chéri, como le decía de manera cariñosa su madre, Madame Charlotte Peloux.

Chéri era un joven caprichoso, vanidoso y malcriado que tenía la vida resuelta. Creció sin la educación de una institutriz o un profesor que le enseñara buenos modales, y sólo estuvo al cuidado de los criados, pues Madame Peloux empleaba su tiempo en otros menesteres. A decir de un conocido de la familia: “Charlotte Peloux, yo saludo en ti a la única mujer de costumbres livianas que ha osado educar a su hijo como hijo de una golfa. Mujer de otro tiempo, no lee, no viaja jamás, sólo se ocupa de su prójimo, y confía la educación de su hijo a su servidumbre”.

Pero Chéri era atractivo y él lo sabía. Sabía que llamaba la atención de todas las mujeres, las de su edad, las de la edad de su madre y de otras aún mayores. Se aprovechaba de ese don para conseguir lo que quería. Pero, al igual que todos los héroes tienen su punto débil, Chéri encontró su tendón de Aquiles en una mujer mucho mayor que él: Léa.

El romance que inició con un Chéri de 19 y una Léa de 44 años, rompió los pronósticos de todos los miembros de la sociedad parisina de principios del siglo XX, en la que abundaban cortesanas viudas, condesas, princesas y otras mujeres maduras y adineradas que siempre buscaban aparecer en público de la mano de jovencitos que rondaban los 20 años. El idilio de Chéri y Léa se extiendió por 6 años y oscilaba entre los territorios de lo filial, lo educativo, lo amistoso y lo carnal.

“A sus 49 años, Léonie Vallon, llamada Léa de Lonval, daba cima a una carrera afortunada de cortesana con buenas rentas y de buena muchacha a quien la vida ha ahorrado las catástrofes halagadoras y los nobles pesares. Léa ocultaba la fecha de su nacimiento, pero confesaba sin reparo, mirando a Chéri con una expresión de condescendencia voluptuosa, que había llegado a la edad de concederse ciertos caprichos. Le gustaba el orden, la ropa interior elegante, los vinos añejos y la cocina meditada.”

Léa era amiga de la madre de Chéri, se conocían desde hacía 25 años y la descripción que Colette hace de esa amistad es realmente divertida: “Intimidad enemiga de mujeres ligeras a las cuales un hombre enriquece y después abandona, a las que otro hombre arruina, amistad impaciente de rivales al acecho de la primera arruga o la primera cana.”

Y es Madame Peloux, quien primero alienta y luego provoca la fisura entre los amantes Chéri y Léa, cuando declara que Chéri está en edad de contraer matrimonio, y sugiere para ello, a Eimeé, una joven guapa -no tanto como Léa en su juventud- y adinerada. Léa que está presente, también alienta a Chéri para que le pida matrimonio a Eimeé.

De aquí, la historia sigue por muchos años, y nos cuenta los encuentros y desencuentros de Chéri y Léa; el matrimonio fracasado de Chéri y Eimeé; la decepción de Chéri por haber participado en una guerra que no cambió en absoluto las cosas entre sus conocidos.

De entrada, la relación entre una mujer que casi le dobla la edad al hombre es un tema provocador; porque quizá si la situación hubiera sido la inversa no habría llamado la atención en la época en que fueron publicados los libros (1920 y 1926 respectivamente).

El segundo tema con el que nos confronta Colette es con el miedo a envejecer. De hecho, la aceptación de Léa de ceder a Chéri para que contraiga matrimonio con una mujer joven, es porque ella ya se siente vieja.

En especial el segundo relato, Fin de Chéri, hace muchas referencias a los estragos que provoca la edad en el cuerpo, aquel recuerdo idílico que tenía Chéri de Léa, se va transformando poco a poco hasta sentir un poco de repulsión por ella.

“Léa no era monstruosa, ciertamente, pero sí vasta, pues todas las partes de su cuerpo se habían desarrollado. Sus brazos, redondos como muslos, quedaban apartados de las caderas, levantadas en el sobaco por su grosor. La falda lisa, la larga chaqueta impersonal que se entreabría mostrando una ropa interior de calidad, pero sin adornos, anunciaban la abdicación, la retracción normal de la femineidad, y una especie de dignidad sin sexo.”

“Chéri cantó el rencor bajo la falsa cortesía, y el enorme edificio de carne, coronado de hierba plateada, emitió una vez más un sonido femenino, tintineo en una armonía inteligente. Pero el fantasma del pasado, reincorporado a su susceptibilidad de fantasma exigía, a pesar suyo, disolverse.”

Y quizás el peor horror para Chéri era envejecer él mismo, dejar de ser el joven mimado y amado por Léa, de quien siempre estuvo enamorado, dejar de ser el joven bello a quien todas admiraban.

Aún en pleno siglo XXI, en que la postmodernidad lo permite todo y ya nada sorprende, los relatos de Colette siguen teniendo un gran atractivo, porque no se queda en el relato cursi, en la crítica social o en el retrato de la época, sino porque provoca muchos cuestionamientos que te rondarán incluso después de terminar el libro. Ha sido, para mí, un gran descubrimiento literario, en este año de grandes descubrimientos literarios y lo recomiendo ampliamente.

El poder hipnótico del mar

Océano mar - Baricco, Alessandro - 978-84-339-6749-7 - Editorial Anagrama

Océano mar

Alessandro Baricco

Anagrama, México, 2016.

El mar tiene un poder hipnótico, igual o más poderoso que el fuego. A la orilla del mar o en su interior han surgido tantas historias como alrededor del fuego. Agua y llamas secuestran nuestras miradas mientras nos revelan leyendas fantásticas.

Además, a diferencia del fuego, al que hay que alimentar para evitar que se extinga, el mar es perpetuo.  Su vaivén infinito nos arroja vestigios del pasado, residuos del presente y esperanza del futuro. Todo converge en el mar.

Tenía que ser una posada frente al mar, el lugar donde podían coincidir personajes tan distintos: una mujer bellísima a la que su esposo la envía lejos de su hogar con tal de separarla de su amante; un pintor que diariamente intenta pintar el océano y no lo logra por no encontrarle los ojos; un profesor que entre otras tareas imposibles, decide medir en dónde termina exactamente el mar; una chica que padece una rara enfermedad y que viaja al lado de un cura locuaz y ojo alegre.

La Posada Almayer es atendida por niños de costumbres extrañas: un niño que pasa el día entero sentado en el alféizar de la ventana de un cuarto que da a un acantilado y que puede saltar hacia ambos lados; un pequeño que le ayuda al pintor a localizar barcos en el horizonte para que puedan simular los ojos del océano; otro que le ayuda iniciar los sueños a uno de los huéspedes.

Pero quizá, la costumbre más extraña de los niños de la Posada Almayer sea la de salir a bailar a la playa, con lámparas, durante las noches de tormenta, para descontrolar a los barcos y que se estrellen contra los acantilados… después de todo, hay muchas islas que sobreviven gracias a los naufragios.

Todo eso ocurre en Océano mar, la novela del escritor italiano Alessandro Baricco publicada por primera vez en 1993 y que yo apenas descubrí a finales del 2020.

Aquí debo señalar que hasta ahora he leído 3 libros del autor y que ninguno me ha dejado imperturbable: o los amo o los padezco. Primero leí Seda (1996) y lo amé rotundamente; luego City (1999) y me costó trabajo llegar al final de sus páginas; Océano mar, es el tercer y me volvió a encantar. Su estilo nunca es el mismo. Como el agua del mar que nunca es la misma cuando nos moja los pies. O quizás somos nosotros los que cambiamos constantemente, y en cada libro que leemos somos distintos.

Además de estos personajes alucinantes que habitan en Oceáno mar, encontré una historia sobre una fragata francesa que encalló a varios kilómetros de costas africanas y que, al ser insuficientes las lanchas salvavidas, varios hombres y una mujer, tuvieron que subir a una balsa improvisada en la que padecieron horrores durante los días que estuvieron a la deriva.

La manera en que Baricco enlaza las historias es magistral, y nos lleva a través de una gama de emociones a las que es mejor no oponer resistencia, dejarse llevar como balsa a la deriva en medio del mar.  Si están dispuestos a iniciar esta aventura, prepárense para ir de la ironía a la melancolía, de la reflexión al embeleso en unas cuantas páginas. Uno de los mejores libros que leí el año pasado y lo recomiendo enormemente.

Aquí una de mis frases favoritas:

“He visto naves espléndidas luchando contra tormentas feroces, y he visto algunas de ellas rendirse y desaparecer entre las olas altas como castillos. Era como un duelo. Bellísimo. Pero la Alliance no ha podido combatir. Un final silencioso. Con un inmenso mar casi plano a su alrededor. El enemigo lo tenía dentro, no delante. Y toda su fuerza no valía contra un enemigo así. He visto muchas vidas naufragar de esa manera absurda. Pero naves, nunca.”

Un libro lleno de sabiduría

El libro vacío

El libro vacío

Josefina Vicens

Ediciones Transición, 1978, México

De lo bueno poco, dicen. Por eso Josefina Vicens (1911-1988) publicó sólo dos novelas (El libro vacío, 1958 y Los años falsos, 1982) y eso le bastó para ganarse un lugar muy importante en la Literatura Mexicana. Aunque además de estas dos novelas, también escribió varios guiones cinematográficos, cuentos y una obra de teatro.

Hoy hablaré de El libro vacío, aunque no contaré nada de su argumento, ni daré mi opinión, ni mencionaré el montón de resortes que hizo saltar en mi cabeza; simplemente compartiré algunas de las cápsulas de sabiduría que contiene esta novela, para que se presente por sí misma:

“Muchos años después la encontré en una cervecería. Por nada en el mundo la describiría aquí. Pero la sensación que experimenté me hizo comprender que solo en el cuerpo del ser profunda y largamente amado, no percibimos el paso del tiempo, y que el envejecer juntos es una forma de no envejecer. La diaria mirada tiene un ritmo lento y piadoso. La persona que vive a nuestro lado siempre está situada en el tiempo más cercano: ayer, hoy, mañana, y a estas distancias mínimas no pueden verse, no se ven los efectos de los años.”

Consejo de padre a hijo…

“[…] lo que tu sentimiento considera esencial, eso es lo esencial. No hagas caso de mis consejos; la experiencia está al final del camino, y yo no debo quitarte el gusto del camino, ni la triste riqueza que vas a encontrar cuando lo hayas recorrido. Porque la experiencia es eso: una triste riqueza que sólo sirve para saber cómo se debería haber vivido, pero no para vivir nuevamente. Yo podría protegerte, pero ¿te interesa mi protección? Lánzate a tu vida desnudo, inexperto, inocente. Y sal de ella maltrecho o victorioso. Eso, al fin y al cabo, es igual. Lo importante es la pasión que hayas puesto en vivirla.”

“[…] el mediocre puede ser también un triunfador, si por triunfo entendemos no sólo la brillante apariencia, la forma o la prosperidad, sino la paz íntima y la falta de avidez por los elementos estridentes que dan un suntuoso contorno a la existencia.”

Sobre el paso del tiempo y las hazañas que nos hubiera gustado hacer…

“No puedo hacer nada para que éstas se conviertan en realidad, por eso, porque el tiempo ya pasó. Antes, cuando aún no pasaba, yo no sabía que pasa tan rápidamente que ni siquiera lo sentimos, ni que después, cuando empezamos a notar su paso, es que ha pasado ya.”

Josefina Vicens: La escritura y el salto al vacío

Aunque el nombre de Josefina Vicens no sea tan resonante como el de otros escritores mexicanos, está grabado con letras de oro, al lado del de Juan Rulfo y Octavio Paz, en el firmamento literario mexicano y es bueno recordarla leyendo su obra.

La pintura en la literatura

La luz negra - Gainza, María - 978-84-339-9863-7 - Editorial Anagrama

La luz negra

María Gainza

Anagrama, España, 2018

Hay libros que desconciertan al lector porque no se sabe que rumbo tomarán. ¿O será que yo siempre voy tratando de adivinar hacia donde nos dirige el autor a través de su relato? Pero para conseguir eso, el autor, no necesariamente, debe ir sembrando pistas falsas como sucede frecuentemente en las novelas policíacas o en cada uno de los episodios de Harry Potter. Lograr esos giros narrativos sin caer en el engaño es una virtud de los grandes escritores.

Recientemente leí La luz negra de María Gainza. Había escuchado grandes cosas de su primera novela, El nervio óptico, pero desafortunadamente no la he conseguido. Así es que en cuanto pude me compré La luz negra, que dicho sea de paso, ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2019, que se otorga en la FIL de Guadalajara.

Esta novela tiene varios giros narrativos que desconciertan al lector, pero también lo mantienen hechizado, con una atracción que le impide postergar su lectura.

Al inicio parece un libro de suspenso que trata sobre falsificaciones de pinturas. Tras la muerte de uno de sus personajes (esto no es gran spoiler pues ocurre en las primeras páginas), parece que nos llevará en la búsqueda de un asesino (no hay tal). Después ocurren algunas apariciones que nos hacen pensar en un thriller psicológico y de pronto, en medio del libro nos encontramos un catálogo de objetos que supuestamente pertenecieron a la pintora Marietta Lydis y que van a subastarse.

A partir de ahí, la protagonista nos lleva tras la búsqueda de la Negra, la supuesta falsificadora de la obra de Lydis, que tenía un talento excepcional y una vida enigmática. Esta parte me recordó mucho a Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, que también es una biografía coral -armada a través de entrevistas, artículos, fotografías y hasta documentos legales- de un personaje de ficción que bien pudo ser real.

A lo largo de la novela, se leen algunos nombres de grandes pintores: Marietta Lydis, William Blake, Pedro Figari y Marc Chagall entre otros, y su sola mención es una semilla de curiosidad para investigar sobre su vida y obra. (¿Conocen las obras de estos artistas?)

La luz negra es un libro deslumbrante que me cautivó de principio a fin y María Gainza tiene un estilo fascinante de escritura, muy original y lleno de erudición que te dejará en espera de su siguiente libro.

Una última, antes de envejecer

La uruguaya: Mairal, Pedro: Amazon.com.mx: Libros

La Uruguaya

Pedro Mairal

Ed. Emecé, México, 2017

Quien se sienta libre de haber idealizado a una persona, que arroje la primera piedra. Más si se trata de alguien que nos despertó una atracción física o intelectual, y que las circunstancias de la vida se han encargado de poner distancia. Sumado a esto, existe la creencia de que los hombres sufren una crisis a los 40’s, sintiéndose amenazados por la vejez que se aproxima y haciendo un último intento de rebeldía ante la cruel huella del paso de los años.

Algo de eso cuenta La Uruguaya de Pedro Mairal, que a lo largo de sus páginas nos narra las aventuras y desventuras del escritor Lucas Pereyra. Lucas emprende una travesía a través del Río de la Plata, desde Buenos Aires hasta Montevideo, a donde irá a recoger unos dólares que le pagaron por adelantado un par de editoriales por dos libros que aún no escribe. Dos razones hay para hacer ese viaje: evitar el tipo de cambio oficial en Argentina que le haría perder mucha plata, y encontrarse con Magalí Guerra Zabala, una joven a la que conoció en un festival literario hace un año.

Durante el viaje, Lucas Pereyra va contando a su esposa, y de paso al lector, cómo fue que conoció a esta joven a quien llama Guerra, y también va dando cuenta de cómo su matrimonio comenzó a desmoronarse. Además de la confesión, intercala su experiencia de padre, de escritor poco conocido, sus planes y temores del encuentro con la joven que es 16 años menor que él.

La Uruguaya tiene su parte trágica y su parte cómica. Por momentos el libro contagia una nostalgia profunda por la juventud que se le escapa de las manos a Pereyra y a la cual se aferra en su relación con Guerra; en otros nos preocupamos por su matrimonio que se tambalea; y en otros es imposible no soltar la carcajada por la mala fortuna del protagonista.

Este libro me divirtió muchísimo, en especial por la capacidad que tiene este escritor malhadado de reírse de sí mismo. La Uruguaya fue mi puerta de entrada a la literatura de Pedro Mairal, que espero seguir explorando.

Sin importar el género del lector, seguramente va a disfrutar de esta novela, ya sea por verse un poco reflejado en alguno de los personajes, o por ver a un amigo, o a un amigo de un amigo muy parecido a uno de ellos.

Pigtopia: la utopía que termina con un nudo en la garganta

Fiction Book Review: Pigtopia by Kitty Fitzgerald, Author ,  Miramax/Hyperion $22.95 (247p) ISBN 978-1-4013-5251-6

Pigtopia

Kitty Fitzgerald

Literatura Mondadori, México, 2006.

Pocos libros me han dejado un nudo en la garganta al terminarlos. Pigtopia de Kitty Fitzgerald ha sido uno de ellos.

Hace poco mi esposa y yo decidimos hacer una lectura compartida y en voz alta. Y fue difícil seleccionar cuál libro podría servir para este experimento literario en pareja. No queríamos que fuera poesía, ni cuento, ni ensayo, con lo cual acotamos bastante el universo muestral. Queríamos leer una novela.

Tenía que ser una que se pudiera leer sin prisa, que no tuviera formas narrativas ni tramas complicadas, que no fuera tan larga para que no se extendiera por siempre su lectura, pues los tiempos de ambos no siempre se conjuntan. Así, nos quedamos con una tercia de finalistas: Final feliz de Isaac Rosa, Expiación de Ian McEwan y un libro con un cerdito en la portada de Kitty Fitzgerald. Nos decidimos por el tercero porque estaba narrado a dos voces: la de Jack Plum y la de Holly Lock.

Jack es un niño-adulto aislado que tiene una deformidad de nacimiento (por esa deformidad él se autonombra Niñocerdo); vive con su madre alcohólica quien, al igual que el resto de la sociedad, lo maltrata. Holly es una adolescente introvertida que no encaja mucho con los jóvenes de su edad. El único remanso para Jack es la compañía de sus cerdos que mantiene escondidos y a salvo de la vista de sus vecinos en un lugar construido por él y que denomina el palacio de los cerdos. Holly corre con más suerte pues tiene una buena relación con su madre y tiene una amiga que la busca, pero que a veces le cuesta trabajo soportar. Después de pensarlo mucho Jack se atreve a hablar con Holly, le muestra su palacio de los cerdos, y se hacen muy buenos amigos.

Hasta ese punto la novela parecería una historia rosa, ideal para niños y adolescentes a quienes se les quiere fomentar el hábito de la lectura. Pero las cosas se complican para Jack y Holly y la historia comienza a llenarse de nubarrones. No quiero contar demasiado de la historia para no spoilear, pero a mitad del libro hay muerte, violencia y la sensación de que algo peor está aún por ocurrir.

No digo que la novela no sea apta para adolescentes -para niños de plano creo que no lo es-, pero creo que por lo impactante de la narración, se le debe recomendar a quienes ya sean lectores ávidos, y que estén acostumbrados a historias fuertes.

La soledad y el abandono están muy presentes en Pigtopia, pero además nos expone otras formas de violencia a la que pueden estar sujetos los adolescentes en este mundo tan imperfecto. La utopía creada por Jack para sus cerdos es destruida por aquellos que no permiten ver un poco de felicidad en los demás y ni siquiera Holly es capaz de detener la catástrofe. Cómo siempre, “el lobo es el lobo del hombre”.

Debo confesar que este libro llegó a nuestra biblioteca por un error mío, lo compré pensando que Kitty era la hermana de Francis Scott Fitzgerald, el autor de El gran Gatsby. Después supe que la hermana de Francis Scott se llama Penelope. Sin embargo, doy gracias a mi ignorancia y a esa dosis de azar que puso enfrente de mí la novela de Kitty Fitzgerald, que terminó encantándome.

Y otra confesión final acerca de la lectura de este libro: mi esposa que leyó el último capítulo, también terminó con el nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. Sin duda, Pigtopia será un libro que recordaré siempre.

A propósito de epidemias

ENSAYO SOBRE LA CEGUERA de JOSE SARAMAGO en GandhiEnsayo sobre la ceguera

José Saramago (Portugal 1922 – España 2010. Premio Nobel de Literatura 1998)

Imagina que un día cualquiera vas manejando tu auto, dirigiéndote a tu trabajo, te toca un semáforo en alto y justo en el instante en que la luz cambia a verde, te quedas ciego. Sufres una ceguera que lo envuelve todo con un manto blanco como la leche. Ante el caos que provoca tu auto que no avanza con el semáforo en verde se acercan varios curiosos para tratar de ayudarte y en medio del alboroto, un hombre se ofrece a llevarte a tu casa. Siguiendo tus instrucciones se dirige a tu domicilio, manejando tu auto; te ayuda a bajar del auto y llegar hasta la puerta de tu casa, luego te ayuda a abrir la puerta y hasta te ofrece hacerte compañía hasta que llegue tu esposa. Te niegas. Él se va, y se lleva tu auto.

Así inicia la novela de José Saramago que se titula Ensayo sobre la ceguera.

Al día siguiente, después de aceptar la pérdida de la vista de su marido y la el robo del auto, la esposa del ciego lo lleva al oftalmólogo para que le revise esa ceguera repentina. El doctor no encuentra nada mal en los ojos del paciente, es un caso extraño e inexplicable, lo manda a casa sin receta. Después de este paciente atiende a otros que estaban esperando. Ese mismo día, por la noche, el doctor pierde la vista. Su ceguera es blanca como la de su paciente.

Pensando en actuar correctamente, el médico avisa a las autoridades que están ante el posible brote de una epidemia desconocida. Una epidemia que causa una ceguera de forma repentina, pero no una ceguera normal que lo vuelve todo negro, sino una ceguera blanca. Las autoridades deciden ponerlos en cuarentena, la esposa del médico, que aún no ha perdido la vista, finge estar ciega para irse con él. Los aíslan en lo que antes era un manicomio, al médico y su esposa, al primer ciego, a otros dos pacientes que tuvieron consulta con el oftalmólogo y al ladrón del auto del primer ciego. Así empieza la epidemia.

Con 6 personas aisladas hay conflictos, pero la cosa es aún llevadera. Excepto por el ladrón que se trata de propasar con una chica que lleva gafas oscuras, pero recibe su merecido. Los soldados tienen orden de disparar contra los ciegos que se acerquen a la puerta, esto para proteger a los ciudadanos que se encuentran sanos en el exterior.

Poco a poco van llegando más ciegos al manicomio y las raciones de comida no alcanzan. El orden establecido por los primeros 6 pacientes se rompe completamente cuando en el manicomio hay más de 200 personas abandonadas a su suerte. Y entonces un ciego de nacimiento, que tiene ventaja sobre los otros porque ya está acostumbrado a no ver, impone la ley del más fuerte.

En esta novela se muestra claramente la transformación que tienen los personajes. Se puede ver como hay quienes buscan cooperar y otros que buscan imponerse. Puede notarse, también, como la búsqueda del bien común puede prevalecer en grupos pequeños, y cuando estos crecen el bien común ya no existe: la búsqueda de la sobrevivencia y el bien común se ven rebasados por la búsqueda de privilegios de unos sobre otros. Más comida para mí, menos responsabilidades para mantener el mínimo orden, y los demás que le hagan cómo puedan.

Las crisis siempre sacan lo peor y lo mejor de la humanidad.

Dentro de este marco que parece calamitoso y que augura un final trágico, aún existe la esperanza de que la ceguera será pasajera o que encontrarán una cura contra ella; esa ilusión es la que hace que el relato avance; siempre ha sido así, la esperanza ha hecho avanzar a la humanidad ante los desastres.

Esta novela tiene la huella inconfundible de Saramago. Los personajes no tienen nombres, hay un narrador que lo ve todo, incluso el pensamiento de los personajes, pero que no lo sabe todo de antemano, o por lo menos no lo revela anticipadamente. Los diálogos entre los personajes no tienen guiones y sin embargo, siempre se sabe quién habla.

Si pudiera pedir el deseo de escribir como yo quisiera, no dudaría en escoger la forma de escribir de José Saramago. Su inconfundible forma de narrar incorporando refranes y dichos populares, sus planteamientos filosóficos sobre las reacciones del ser humano ante las crisis y su humor satírico, lo han hecho uno de mis escritores favoritos.

Por lo general al terminar de leer un libro, comienzo inmediatamente con uno nuevo. A más tardar al día siguiente. Sin embargo, la sensación de ser un sobreviviente de la ceguera blanca me tenía tan perplejo que dejé pasar una semana antes de poder comenzar un nuevo libro.

Leer a Saramago te cambia la forma de percibir el mundo y esta novela en particular te estruja, te conmueve, te hace reír, te anuda la garganta, te deja en evidencia la fragilidad de los individuos. Las relaciones del ser humano con sus semejantes, con el mundo que lo rodea y hasta consigo mismo descansan sobre sobre una película de jabón que ante cualquier soplo se rompe y todo se viene abajo.

Quizás no sea una novela recomendable para leerse mientras se expande una pandemia por el mundo, sobre todo para quienes son muy susceptibles con sus lecturas. Por otro lado, si te gusta angustiarte con los libros que lees, como me pasa a mí, este es el mejor momento para leer Ensayo sobre la ceguera. ¡Empieza ya!

Antígona buscando a su hermano desaparecido

Image result for antigona gonzalezAntígona González

Sara Uribe

Según el mito griego, Antígona es hija de Edipo y Yocasta, producto del incesto. Recordemos que cuando Edipo nació, el oráculo predijo a su padre, Layo, rey de Tebas, que su hijo lo mataría a él y se acostaría con Yocasta, su madre… y la profecía se cumplió. Cuando Edipo se dio cuenta de lo que había hecho se sacó los ojos. Tiempo después Antígona fue la única que acompañó a su padre ciego hasta su muerte.

Después de la muerte de Edipo hubo una guerra en la que lucharon Polínices y Eteocles, ambos hermanos de Antígona. Pelearon en bandos contrarios y ambos murieron.  Sin embargo, Creonte, el rey del bando ganador ordenó que enterraran a Eteocles, su aliado, y que desaparecieran el cuerpo de Polínices, su enemigo. Antígona no descansó hasta encontrar el cadáver de Polínices y darle sepultura.

Sara Uribe retoma este mito griego y le da vida a Antígona González, una mujer mexicana que busca a su hermano desaparecido, uno de tantos que deja su hogar para emigrar a Estados Unidos en busca de una mejor vida. Uno de tantos que desaparece sin dejar rastro.

Siempre son mujeres las incansables buscadoras, las que no se conforman con cerrar los casos, las que se empeñan en encontrar a los desaparecidos.

Sara Uribe escribió este libro pensando en el mito griego y pensando en los miles de migrantes anónimos que nunca llegan a su incierto destino, pensando en los desaparecidos cuyos nombres quedan archivados en dependencias municipales, estatales o federales y con suerte en algún periódico local; lo hizo pensando en esos cuerpos insepultos.

Lo escribió juntando las voces de los que no se conforman con olvidar a los desaparecidos. A través de fragmentos de notas periodísticas, de declaraciones de los familiares y de cantos de protesta. Pequeños retazos de frases como los pedazos de cuerpos que aparecen revueltos en fosas clandestinas. Y amalgamando todo este dolor, logró un libro escrito en prosa poética, en el que ni la poesía logra endulzar el trago amargo del tema que denuncia.

Nostalgia por el mundo perdido

Regreso después de casi mes y medio de ausencia con la reseña de uno de mis libros favoritos de este año.

portada El Mundo de Ayer: Memorias de un Europeo

 

Stefan Zweig

El mundo del ayer.

Las historias alrededor de la Segunda Guerra Mundial siempre me han parecido muy atractivas. Generalmente nos muestran varias caras del comportamiento humano: por un lado la cordura, la solidaridad, la lucha por la libertad y por la vida; por otro, la xenofobia, el odio, la crueldad y el dogmatismo. Y en otra faceta, la muerte acechando por todos lados, obsequiando dosis de desesperanza y derrotismo.

Cuando estas historias explican, además, cómo se van transformando las personas, cómo la locura se apodera de todos, poco a poco, casi con la misma sutileza con que la oscuridad se apodera del día, entonces, las historias me seducen, me maravillan.  En esta categoría pongo El mundo del ayer, una autobiografía de Stefan Zweig.

El libro comienza con la niñez y adolescencia del autor en la bella ciudad de Viena, cuando esta pertenecía al Imperio Austro-húngaro. Nos cuenta sobre su carácter rebelde, cuando la rebeldía consistía en salirse de la escuela para leer poesía a escondidas, ir a todas las obras de teatro que se presentaban en la ciudad y rasurarse la barba para diferenciarse de los adultos. La ciudad rebosaba de manifestaciones artísticas y estas estaban al alcance de todos. Era una época tan prometedora que incluso los campesinos y los criados podían mandar a sus hijos a la escuela y hasta ahorrar para su retiro.

Después su etapa como escritor y la relación con varios protagonistas de la cultura de esa época: fue amigo de Hermann Hesse, Maximo Gorki, Auguste Rodin, Joseph Roth; conoció a Thomas Mann, a Freud y a Albert Einstein.

Stefan Zweig era mundialmente conocido, sus obras se traducían a muchos idiomas y abarrotaba cualquier auditorio en el que se presentaba.

Pero el aparente equilibrio logrado después de la Primera Guerra Mundial, que mantenía una armonía en Europa se vio nuevamente perturbado. Las ideas nacionalistas, disfrazando el odio hacia los distintos y el apetito imperialista, fueron infiltrándose imperceptiblemente en la política y permeando a la sociedad. Los disturbios, la discriminación y persecución a los judíos, el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, la declaración de la guerra, la hiperinflación y el hambre lo enturbiaron todo.

Los siete jinetes del Apocalipsis galopando sobre Europa y arrasando con aquel mundo que Zweig nos describe con nostalgia.

El propio Stefan Zweig era de ascendencia judía y aunque no fue encerrado en algún campo de concentración, tuvo que abandonarlo todo, incluso a su madre que no pudo huir de Viena con él, por su avanzada edad. Primero huyó a París, luego a Londres, a Estados Unidos y finalmente partió a Sudamérica escapando de la aplanadora nazi. En 1942, estando en Brasil, creyó que la victoria alemana era inminente, que la guerra estaba perdida y el mundo de los hombres libres también, y para no ser testigo de ello se suicidó junto con su esposa. (No pueden acusarme de ser un spoiler, quienes han escuchado sobre este gran escritor sabían su desenlace).

El libro llevaba varios años guardado en mi librero, esperando el momento justo para ser leído. Este año, por fin llegó ese momento y se convirtió en uno de mis libros favoritos. Esta escrito con tal belleza y honestidad que no puede pasar como uno más. Además, al leerlo, pude subsanar muchas de las grietas en mi mapa mental de la Historia Mundial. Lo recomiendo ampliamente a todos los lectores, incluidos aquellos que no son tan afectos a las no-ficciones. Stefan Zweig, es uno de esos autores que deberíamos mantener siempre presentes.

Cita:

“Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal, el bien más preciado sobre la Tierra”.