Lealtades que hunden o salvan

Las lealtades

Las lealtades

Delphine de Vigan

Anagrama, España, 2018

Hay muchos libros sobre los que puedo decir que me enseñaron a ver el mundo de distinta manera, otros  en los que descubrí pensamientos que ya me rondaban en la cabeza pero que yo no hubiera sido capaz de escribir de manera correcta; algunos me sorprendieron y otros más me dejaron pensando por mucho tiempo. Pero hay unos pocos, y puedo contarlos con los dedos de las manos, que al terminarlos me dejaron la piel de gallina.

Los que ahora me vienen a la mente son: Retrato de Shunkin de Junichirō Tanizaki; El jardín de cemento de Ian McEwan; Vida y época de Michael K. de J.M. Coetzee, La rebelión de los colgados de Bruno Traven y, el más recientemente leído, Las lealtades de Delphine de Vigan.

Quizás fue porque pude conectarme con esas historias angustiantes, quizás porque los autores lograron mantener la tensión en la historia hasta la última página, o tal vez fue el momento emocional en el que yo me encontraba, pero un escalofrío me recorrió al llegar al final de cada una de esas novelas.

Podría parecer que es una exageración mía, pero con Las lealtades de Vigan procuré dejar testigos y mostré la piel chinita de mis brazos a mi esposa y a mi hija.

Las lealtades cuenta la historia de Théo, un niño de 12 años que tras la separación de sus padres comienza a consumir alcohol como una manera de evadir su realidad. Théo está en custodia compartida de sus padres y tiene que vivir de manera alternada entre el mundo de su madre que está lleno de rencor contra su exmarido que la engañó, y el mundo gris y depresivo de su padre que se encuentra abatido después de que su amante lo dejó y él perdió su trabajo.

Quien descubre que algo va mal con Théo, es Hélène, su maestra de Ciencias Naturales, quien nota cansancio y un comportamiento extraño en su alumno, y entonces decide observarlo de cerca. Tan de cerca, que varios creen que es una invasión que no le corresponde como profesora. Hélène, a su vez, tiene un pasado terrible del que pudo salir adelante y por eso vuelca toda su preocupación sobre Théo.

Mathis es el único amigo de Théo y se ve arrastrado a ese peligroso juego de beber alcohol. La ventaja de Mathis es que Cécile, su madre, está más al pendiente de él. Sólo un poco, porque Cécile tiene otras preocupaciones, cómo la de estar casada con un hombre que creía conocer y que resulta tener una monstruosa personalidad que sólo muestra en las redes sociales.

Conforme leía esta novela pensaba en cuánta infelicidad puede haber en el mundo, cuánta infelicidad es capaz de soportar alguien. Imaginaba la infelicidad como un gran hoyo negro que lentamente devora todo a su paso, que engulle la risa, las ganas de vivir y arrasa con la vida propia y la de quienes están alrededor.

Théo buscaba una salida falsa para tratar de esquivar ese hoyo negro y se refugiaba en ese placer momentáneo que sentía cuando el alcohol entraba a su torrente sanguíneo.

Ninguno de los personajes de esta novela escapa a esa fuerza que los succiona hacia el abismo, y de la que la única forma de escapar es con ayuda de alguien que no solape y que se atreva a confrontarla. La autora nos asegura que las lealtades son “los trampolines sobre los que se despliegan nuestras fuerzas y las zanjas en las que enterramos nuestros sueños”.

No sé si todos los lectores hayan experimentado alguna vez esta cosa de la piel de gallina al leer un libro. Y estoy seguro que los libros que me lo provocaron a mí, no tendrán el mismo efecto en todos los lectores. Pero esos contados libros ocupan un lugar especial en mi memoria y los recomiendo ampliamente.

“Las lealtades son los lazos invisibles que nos vinculan a los demás –lo mismo a los muertos que a los vivos-, son promesas que hemos murmurado y cuya repercusión ignoramos, fidelidades silenciosas, son contratos pactados las más de las veces con nosotros mismos, consignas aceptadas sin haberlas oído, deudas que albergamos en los entresijos de nuestras memorias”. 

Nuestra vida en una vitrina

Libro Kentukis  - Lecturama

Kentukis

Samanta Schweblin

Literatura Random House, México 2019

Hoy al despertar, lo primero que hice fue abrir las persianas y estirarme. Mi vecina, cuya ventana de su cuarto queda justo enfrente de la mía, pensó que la saludaba y me correspondió. Luego bajé a la cocina para preparar el café, pero antes abrí todas las cortinas y persianas para dejar que la luz del sol iluminara de manera natural mi casa.

Debo decir que mi casa tiene amplios ventanales en la sala que dan hacia el exterior y que desde la cocina puedo observar y pueden observarme quienes transitan por la calle.

Mientras me preparaba el café, aún en piyama, algunos deportistas madrugadores me sonrieron como invitándome a dejar la modorra y seguir su paso de personas saludables. Otros vecinos que salieron a pasear a sus perros me dieron los buenos días y me sugirieron que agregara un poco de granola al yogurt que estaba por desayunar. Un par de niños que fueron a la escuela se rieron por mi despeinado. La vecina de la esquina se quedó viendo a mi pantalón de piyama y me dijo que tenía una peligrosa rasgadura a la altura de la ingle.

La culpa es en parte mía, yo dejé las cortinas abiertas a todas esas miradas curiosas para que pudieran conocer mi intimidad.

Acabo de leer la novela Kentukis de la escritora argentina Samanta Schweblin y me dejó pensando muchas cosas. Los kentukis son muñecos de peluche con cámaras en los ojos y ruedas que les permiten moverse, controlados a distancia por personas que pagan para ser observadores de otras vidas, las de quienes adquieren los muñecos. Es decir, a través del muñeco se establece un vínculo entre dos personas que no se conocen y que pueden estar en lados opuestos del mundo: observador – observado; amo (dueño de peluche) – ser (persona que maneja el peluche y observa la cámara).

Detrás de esta relación aceptada puede haber las más diversas motivaciones, algunas buenas, otras no tanto. Están los que adquieren el muñeco para sentir compañía, como un sustituto de mascota al que no hay que alimentar, basta con dejar el cargador al alcance del muñeco. Por otro lado están quienes adquieren la conexión para observar a través de los ojos del muñeco y así conocer otros lugares del mundo y contactar con personas de otras culturas. Digamos que ambos son el lado bueno de la moneda. Por otro lado, hay quienes adquieren el muñeco para exhibirse y dar rienda suelta a su sadismo reprimido. Otros compran la conexión para fisgonear, tratar obtener datos personales de los amos y después extorsionarlos. Este es el lado perverso.

Y en este vínculo admitido por observadores y observados hay un tercer actor que nunca se menciona en la novela: el que produce los kentukis y que se enriquece por dos vías. Y esa fue una de las reflexiones que me detonó el libro, los grandes corporativos a quienes entregamos libremente nuestros datos personales para que conozcan nuestros gustos, nuestros patrones de consumo, los lugares que frecuentamos y dónde vivimos. Somos nosotros mismos quienes abrimos las cortinas de nuestra casa-escaparate.

Kentukis es una novela que habla de la invasión a la intimidad, de la violación de la privacidad, de la necesidad de vínculos afectivos, de vouyerismo, de los huecos en la ley que permiten que la tecnología y el acceso a la información se usen de manera maliciosa.

Este es el tercer libro que leo de Samanta Schweblin: el primero fue Distancia de rescate; el segundo Siete casas vacías. Los dos lecturas me sacudieron y esculpieron un altar para la autora entre mis escritores favoritos. Debo confesar que tenía un poco de recelo acerca de Kentukis, sobre todo porque cuando recién se publicó el libro (2018) hubo una gran campaña de publicidad: The New York Times en español lo calificó como uno de los diez mejores libros de ficción del año. The Guardian calificaba a la autora como una de las 50 mejores voces nuevas de la ficción. Dejé pasar casi tres años para leerlo y mi temor se vio más o menos validado, es decir, me gustó, pero no tanto como los dos libros anteriores.

En el libro, los kentukis se vuelven tan populares que se pueden encontrar en cualquier lado. La propaganda publicitaria, que es un tema apenas mencionado, creó una falsa necesidad entre los consumidores que se volcaron a comprar muñecos o conexiones para observar. Yo, al ver que se le hacían tantos elogios a la novela, corrí a comprarla aunque la dejé reposar. El altar para Samanta Schweblin sigue en pie, pero quizá todos terminamos siendo víctimas de la mercadotecnia.

El poder hipnótico del mar

Océano mar - Baricco, Alessandro - 978-84-339-6749-7 - Editorial Anagrama

Océano mar

Alessandro Baricco

Anagrama, México, 2016.

El mar tiene un poder hipnótico, igual o más poderoso que el fuego. A la orilla del mar o en su interior han surgido tantas historias como alrededor del fuego. Agua y llamas secuestran nuestras miradas mientras nos revelan leyendas fantásticas.

Además, a diferencia del fuego, al que hay que alimentar para evitar que se extinga, el mar es perpetuo.  Su vaivén infinito nos arroja vestigios del pasado, residuos del presente y esperanza del futuro. Todo converge en el mar.

Tenía que ser una posada frente al mar, el lugar donde podían coincidir personajes tan distintos: una mujer bellísima a la que su esposo la envía lejos de su hogar con tal de separarla de su amante; un pintor que diariamente intenta pintar el océano y no lo logra por no encontrarle los ojos; un profesor que entre otras tareas imposibles, decide medir en dónde termina exactamente el mar; una chica que padece una rara enfermedad y que viaja al lado de un cura locuaz y ojo alegre.

La Posada Almayer es atendida por niños de costumbres extrañas: un niño que pasa el día entero sentado en el alféizar de la ventana de un cuarto que da a un acantilado y que puede saltar hacia ambos lados; un pequeño que le ayuda al pintor a localizar barcos en el horizonte para que puedan simular los ojos del océano; otro que le ayuda iniciar los sueños a uno de los huéspedes.

Pero quizá, la costumbre más extraña de los niños de la Posada Almayer sea la de salir a bailar a la playa, con lámparas, durante las noches de tormenta, para descontrolar a los barcos y que se estrellen contra los acantilados… después de todo, hay muchas islas que sobreviven gracias a los naufragios.

Todo eso ocurre en Océano mar, la novela del escritor italiano Alessandro Baricco publicada por primera vez en 1993 y que yo apenas descubrí a finales del 2020.

Aquí debo señalar que hasta ahora he leído 3 libros del autor y que ninguno me ha dejado imperturbable: o los amo o los padezco. Primero leí Seda (1996) y lo amé rotundamente; luego City (1999) y me costó trabajo llegar al final de sus páginas; Océano mar, es el tercer y me volvió a encantar. Su estilo nunca es el mismo. Como el agua del mar que nunca es la misma cuando nos moja los pies. O quizás somos nosotros los que cambiamos constantemente, y en cada libro que leemos somos distintos.

Además de estos personajes alucinantes que habitan en Oceáno mar, encontré una historia sobre una fragata francesa que encalló a varios kilómetros de costas africanas y que, al ser insuficientes las lanchas salvavidas, varios hombres y una mujer, tuvieron que subir a una balsa improvisada en la que padecieron horrores durante los días que estuvieron a la deriva.

La manera en que Baricco enlaza las historias es magistral, y nos lleva a través de una gama de emociones a las que es mejor no oponer resistencia, dejarse llevar como balsa a la deriva en medio del mar.  Si están dispuestos a iniciar esta aventura, prepárense para ir de la ironía a la melancolía, de la reflexión al embeleso en unas cuantas páginas. Uno de los mejores libros que leí el año pasado y lo recomiendo enormemente.

Aquí una de mis frases favoritas:

“He visto naves espléndidas luchando contra tormentas feroces, y he visto algunas de ellas rendirse y desaparecer entre las olas altas como castillos. Era como un duelo. Bellísimo. Pero la Alliance no ha podido combatir. Un final silencioso. Con un inmenso mar casi plano a su alrededor. El enemigo lo tenía dentro, no delante. Y toda su fuerza no valía contra un enemigo así. He visto muchas vidas naufragar de esa manera absurda. Pero naves, nunca.”

Entre ciudades

La ciudad y la ciudad by China Miéville

My rating: 4 of 5 stars

Caminar por los calles céntricas de la ciudad es siempre una experiencia edificante, ya que es posible apreciar la arquitectura colonial al mismo tiempo que disfrutar de un clima cálido. Las calles adoquinadas y las banquetas estrechas realzan la ciudad de Santiago de Querétaro, admirando la limpieza y el duro trabajo del mantenimiento de la capital. Al pasar por la calle Morelos, a un costado de la iglesia del Carmen, encontramos un grupo de librerías independientes llamado “El Alquimista”. Son tres locales que forman una sola tienda, un mar de libros que han quedados relegados en el tiempo.

Saldos y joyas escondidas se encuentran en sus libreros a módicos precios, es como vivir en un mundo alterno, un doppelgänger de libros, caminas en el local y atisbas títulos que creíste ya no encontrar más, autores que pensabas discontinuados o tesoros que no se venden en las librerías de uso convencional. Tal fue el caso de este libro, un premio Hugo del 2009, una historia de dos ciudades entramadas, viviendo topológicamente en el mismo sitio pero con diferentes leyes y costumbres: “La ciudad y la ciudad” de China Miéville.

China Miéville es un escritor británico de fantasía y ciencia ficción que ha ganado reconocimiento con las novelas “La estación de Calle Perdido“ y “La ciudad y la ciudad“, obteniendo los prestigiosos premios Hugo, Locus, Arthur C. Clarke y el British Fantasy Award. Después de mi peregrinar por otros subgéneros y estilos literarios, es siempre una sorpresa leer y adentrarse en las propuestas literarias de fantasía y ciencia ficción respaldado por prestigiosos premios internacionales. En la presente obra, el autor nos invita adentrarnos en una ciudad llamada Beszel, vieja ciudad europea que muestra orgullosamente su arquitectura, compartiendo el espacio geográfico con su ciudad hermana: Ul Qoma. Entender esta situación fue algo retador, imaginar una ciudad donde existen dos ciudades superpuestas, compartiendo geográficamente el mismo espacio y una organización reguladora llamada Brecha, encargada de mantener la división y a sus habitantes.

El autor juega con la arquitectura y con las reglas sociopolíticas de un grupo de civiles, que atemorizados por cometer una falta, siguen de una manera fiel y dogmática las reglas de convivencia geográfica, logrando ”desver“ y ”desoír“ cosas de la ciudad a la que no pertenecen. Los habitantes crecen aprendiendo las reglas para evitar caer en faltas, y es obvio que los niños son perdonados de las posibles violaciones en las que pueden caer al no evitar oír o ver personas que pertenecen a la otra ciudad. Como lo mencionó el autor en una entrevista, es parecido a un tablero de ajedrez donde existen casillas blancas y negras, siendo cada una un espacio independiente de la adyacente para cada alfil.

Una vez aclarado el entorno, el autor nos presenta una trama al más clásico estilo noir, es decir, la típica novela de detectives y crímenes. Nuestro protagonista, el detective Tyador Borlú, de la ciudad de Beszel, tiene que resolver el asesinato de una desconocida encontrada en una pista de skate, un lugar retirado de las zonas céntricas y entramadas de ambas ciudades. Lo curioso es que nadie parece identificarla, y decide mandar pegar volantes por toda la ciudad. Es entonces cuando recibe una llamada, de larga distancia, de otra ciudad: Ul Qoma. Un habitante de dicha ciudad, no logró ”desver“ a tiempo la foto, y reconoció a la chica, por lo que decidió llamar de manera anónima al detective y explicarle que estaba buscando en la ciudad incorrecta.

Lo interesante de esta tesis, es que los habitantes de la otra ciudad, al estar perfectamente aleccionados, podían ignorar lo que sucedía en su ciudad gemela y evitar inmiscuirse en un error de comportamiento llamado Brecha. Ambas ciudades están conectadas por un centro de conexión, una especie de embudo, como si fuera un reloj de arena. A través de dicho espacio era posible pasar de una ciudad a otra de manera legal. Así que el detective decide ”viajar“ a la ciudad vecina y descubrir al asesino de la víctima.

La novela es atractiva no solo por la división política y social de la ciudad, una especie de Berlín o Jerusalén Kafkiano, donde además se busca encontrar al asesino de la joven visitante de Beszel y Ul Qoma. Algo que no me gusta es la traducción castellanizada, gilipollas y esas cosas. Lamentablemente el mercado de traducción de novelas de fantasía y ciencia ficción se encuentra en España, y esto provoca que la traducción este enfocada a dicho mercado. Quitando esa pésima traducción regional, la historia es muy atractiva y hacer volar la imaginación pensando en una ciudad doppelgänger. No es una novela de iniciación al subgénero, así que el lector debe tener experiencia previa en novelas fantásticas y de ciencia ficción, además de que el nivel de lectura es intermedio. Una muy buena novela para cerrar el año.

View all my reviews

¿Comer o no comer? Ese es el dilema.

Cadáver Exquisito (Premio Clarín 2017) / Tender Is the Flesh: Bazterrica,  Agustina: Amazon.com.mx: Libros

Cadáver exquisito

Agustina Bazterrica

Alfaguara, España, 2019

El fin de semana pasado tuvimos un asado en familia: solo mi esposa, mi hija y yo. No es recomendable tener invitados en esta época de pandemia. El menú: unos vegetales a las brasas, unas quesadillas y un sirloin bien cocido. No me gusta el sabor de la sangre, por más que me digan que soy un criminal de los asados.

Después del postre hicimos la sobremesa. Comentábamos que a las brasas todo sabe bien, hasta los duraznos y la piña en almíbar. Después de recoger la cocina, aún quedaba un trozo de domingo para descansar y distraernos. Cada uno nos refugiamos en un rincón de la casa con su pasatiempo favorito. Yo seleccioné un libro que me recomendó Melina desde Mar del Plata: El cadáver exquisito de Agustina Bazterrica.

El título me sonaba a esa técnica usada por los escritores surrealistas, como una especie de juego en la que varios participantes armaban una historia. Consiste en que el primer participante comienza a escribir una historia en un papel y después de un cierto tiempo se detiene y le pasa la hoja al siguiente participante. Este no puede leer más que la última frase escrita por su antecesor y debe continuar la historia sin más información que esa. Y la hoja va pasando de mano en mano hasta que al final queda una historia hecha de retazos, como una quimera literaria.

La novela de Agustina Bazterrica nada tiene que ver con el pasatiempo surrealista.

Cadáver exquisito nos traslada a un mundo distópico en el que un virus mortal que afecta a los animales se contagia a los seres humanos. Con la finalidad de contener la transmisión del virus, es necesario sacrificar a todos los animales en cautiverio, incluidos animales de granja, de zoológicos, mascotas y en lo posible cazar a todos los animales libres. Hasta aquí, la distopía no está tan alejada de la realidad actual y 17 millones de visones sacrificados en Dinamarca a causa del Covid-19 son una muestra de ello.

Los seres humanos sobrevivientes al virus mortal siguen teniendo la necesidad de incluir carne en su dieta y, ante la falta de otra fuente calorías, se legaliza el consumo de carne humana. Cadáver exquisito se sitúa en ese tiempo en que las granjas que antes producían ganado vacuno, comienzan a producir la primera generación pura (PGP) de especímenes -está prohibido llamarle humanos. Afuera de los mataderos que antes se utilizaban para reses y puercos, y que ahora se usan para los especímenes PGP, viven los Carroñeros, grupos de personas que se conforman con los restos no aprovechables o con la carne echada a perder. Existe también una Iglesia de la Inmolación, que promueve entre sus feligreses el autosacrificio con la finalidad de que sus semejantes se alimenten de su propio cuerpo.

No voy a negarles que la lectura de este libro, merecedor del Premio Clarín en 2017, por momentos me dio retortijones. Era quizás el esfuerzo de mi estómago por procesar el sirloin a las brasas que dos horas antes había comido.

El estilo de la novela carece totalmente de ornamentos, cuenta las acciones sin entrar en tanto detalle en descripciones, casi como un guion cinematográfico. Aun así, provoca una profunda reflexión, casi una indigestión mental, sobre la destrucción que hemos hecho como especie, en este planeta. Hemos arrebatado el hábitat a muchas especies y las hemos extinguido; hemos creado una enorme desigualdad entre nosotros mismos; hemos agotado al planeta hasta llevarnos al borde de nuestra propia destrucción y todo con tal de perseguir ese modelo de consumo impuesto por el capitalismo.

¿Cuántos millones de reses se necesitarían para que toda la población del mundo pudiera comer carne diariamente? ¿Cuántos planetas se necesitarían para mantener esa producción de carne? No soy nadie para arrojar la primera piedra a los carnívoros, menos después de ese pedazo de sirloin bien cocido que clamaba venganza desde mi interior. Pero ¿y si todos, en la medida de lo posible, hacemos el esfuerzo de reducir el consumo? (Aplica igual para la carne o para cualquier producto).

Terminé la novela de Agustina Bazterrica con un remordimiento en mi estómago. Quienes me conocen saben que me gustan los libros que me hacen sufrir, éste sin duda lo recomiendo para eso. Sé que no soy el mismo después de su lectura y que sin duda seguirá dándome vueltas en la cabeza por mucho tiempo. Quizás hasta el próximo asado en el que me conformaré con los vegetales y las quesadillas.

Emperador Adriano: su vida en poesía

Memorias de Adriano by Marguerite Yourcenar

My rating: 4 of 5 stars

Hay novelas históricas muy bien documentadas, que a partir de la crónica, cubren los huecos usando las alegorías literarias y los diálogos ficticios, logrando un mosaico de hechos y ficción. Tomando ventaja de la licencia literaria, el autor construye diálogos y escenas, dónde no hay algún espectador que pueda dar fe y legalidad de tales sucesos, dandole solidez narrativa a su novela. Sin embargo, Marguerite Yourcenar construyó a un personaje histórico, de manera cabal aprovechando sus dotes literarios, donde ahora la crónica se convierte en la argamasa que une los bloques que edifican la vida de Adriano, emperador del imperio romano.

La autora nos transporta a la época de los emperadores, durante los primeros siglos de nuestra era, presenciando la sucesión imperial de primera voz, a través de las Memorias de Adriano. La vida de Adriano se narrativa a través de su voz madura y melancólica; cerca del final de su vida, lo encontramos en su tienda de campaña, poniendo en orden sus recuerdos y aportando el sentir de cada situación, la pasión del hombre y la responsabilidad del Emperador.

El lector no encontrará la clásica narrativa histórica. Veremos a través de una descripción épica, emulando a los autores favoritos de Adriano, su vida a través de la autocrítica y autocompasión. Nacido en el seno de una familia acomodada, en la región de la Hispania Baetica y siendo sobrino segundo por línea materna de su predecesor, el emperador Trajano, desde pequeño se enfocó a su formación para pertenecer al senado y se interesó por la literatura griega. Era considerado el favorito de Trajano, y protegido por la esposa de éste: Plotina; quién se rumora fue el factor decisivo para que Trajano finalmente heredará el Imperio Romano en nombre de Adriano. El por qué no había sido elegido antes, se decía que era por las continuas disputas por ganarse el favor de los efebos, siendo Adriano siempre elegido sobre Trajano.

Al tomar el poder, Adriano limpia primero la casa, deshaciéndose de aquellos traidores o enemigos que buscaban ganarle el poder, y manteniendo la paz en las fronteras del largo Imperio Romano. Renovando las ciudades que fueron devastadas durante las guerras y manteniendo las rutas comerciales entre Asia y Europa. Fue un trabajador incansable, viajando a aquellos lugares que amenizaban su presencia para calmar a la población o subyugar a los insurrectos.

Pero además de estadista, era un ser humano con virtudes y pasiones. Su preferencia era abiertamente homosexual y buscaba tener un favorito que lo acompañara en sus travesías, dejando a su esposa en Roma para ser atendida por la servidumbre. Entre todos aquellos jóvenes adoptados, hay uno que sobresale y que puede decirse fue el amor de sus vida: Antinoo. El ocaso de la vida de Adriano comienza con la ausencia de Antinoo. Algo que todos experimentaremos, pero solo pocos están preparados para hacer los ajustes necesarios para cerrar su vida.

La propia autora, Marguerite, plasmó en su cuaderno de notas, lo que buscaba conseguir con su innovadora narrativa de la vida de Adriano: “Tomar una vida conocida, concluida, fijada por la Historia (en la medida en que puedo serlo una vida), de modo tal que sea posible abarcar su curva por completo; más aún, elegir el momento en que el hombre que vivió esa existencia la evalúa, la examina, es por un instante capaz de juzgarla. Hacerlo de manera que ese hombre se encuentre ante su propia vida en la misma posición que nosotros.”

La presente obra es la más reconocida de Marguerite Yourcenar, y paso más de veinte años entre su concepción y la culminación de la obra. Muchas veces abandonada, pero siempre con señales que la vida le presentaba en forma de antigüedades, visitas a museos, papeles olvidados. Es de resaltar que su decisión final de terminarla, fue al recuperar una valija con papeles en 1948, que había dejado en Suiza en 1939 antes de escapar de los infortunios de la guerra. En dicha maleta, encontró una carta que comenzaba con “Querido Marco”; en primera instancia no entendía de quién hablaba: algún amigo, pariente o amante. Conforme leía la misiva, entendió que la carta iba dirigida a Marco Aurelio, y estaba escrita por su reencarnación de Adriano. Mi estimado lector, así es como comienza esta novela.

De manera adicional, cabe resaltar que la autora fue la primer mujer elegida para pertenecer a la Academia de la Lengua Francesa. Una novela recomendada para lectores avanzados, y aunque es considerada novela histórica, el retrato introspectivo del emperador Adriano, lo hace un clásico de la literatura a la altura de Proust.

View all my reviews

Pigtopia: la utopía que termina con un nudo en la garganta

Fiction Book Review: Pigtopia by Kitty Fitzgerald, Author ,  Miramax/Hyperion $22.95 (247p) ISBN 978-1-4013-5251-6

Pigtopia

Kitty Fitzgerald

Literatura Mondadori, México, 2006.

Pocos libros me han dejado un nudo en la garganta al terminarlos. Pigtopia de Kitty Fitzgerald ha sido uno de ellos.

Hace poco mi esposa y yo decidimos hacer una lectura compartida y en voz alta. Y fue difícil seleccionar cuál libro podría servir para este experimento literario en pareja. No queríamos que fuera poesía, ni cuento, ni ensayo, con lo cual acotamos bastante el universo muestral. Queríamos leer una novela.

Tenía que ser una que se pudiera leer sin prisa, que no tuviera formas narrativas ni tramas complicadas, que no fuera tan larga para que no se extendiera por siempre su lectura, pues los tiempos de ambos no siempre se conjuntan. Así, nos quedamos con una tercia de finalistas: Final feliz de Isaac Rosa, Expiación de Ian McEwan y un libro con un cerdito en la portada de Kitty Fitzgerald. Nos decidimos por el tercero porque estaba narrado a dos voces: la de Jack Plum y la de Holly Lock.

Jack es un niño-adulto aislado que tiene una deformidad de nacimiento (por esa deformidad él se autonombra Niñocerdo); vive con su madre alcohólica quien, al igual que el resto de la sociedad, lo maltrata. Holly es una adolescente introvertida que no encaja mucho con los jóvenes de su edad. El único remanso para Jack es la compañía de sus cerdos que mantiene escondidos y a salvo de la vista de sus vecinos en un lugar construido por él y que denomina el palacio de los cerdos. Holly corre con más suerte pues tiene una buena relación con su madre y tiene una amiga que la busca, pero que a veces le cuesta trabajo soportar. Después de pensarlo mucho Jack se atreve a hablar con Holly, le muestra su palacio de los cerdos, y se hacen muy buenos amigos.

Hasta ese punto la novela parecería una historia rosa, ideal para niños y adolescentes a quienes se les quiere fomentar el hábito de la lectura. Pero las cosas se complican para Jack y Holly y la historia comienza a llenarse de nubarrones. No quiero contar demasiado de la historia para no spoilear, pero a mitad del libro hay muerte, violencia y la sensación de que algo peor está aún por ocurrir.

No digo que la novela no sea apta para adolescentes -para niños de plano creo que no lo es-, pero creo que por lo impactante de la narración, se le debe recomendar a quienes ya sean lectores ávidos, y que estén acostumbrados a historias fuertes.

La soledad y el abandono están muy presentes en Pigtopia, pero además nos expone otras formas de violencia a la que pueden estar sujetos los adolescentes en este mundo tan imperfecto. La utopía creada por Jack para sus cerdos es destruida por aquellos que no permiten ver un poco de felicidad en los demás y ni siquiera Holly es capaz de detener la catástrofe. Cómo siempre, “el lobo es el lobo del hombre”.

Debo confesar que este libro llegó a nuestra biblioteca por un error mío, lo compré pensando que Kitty era la hermana de Francis Scott Fitzgerald, el autor de El gran Gatsby. Después supe que la hermana de Francis Scott se llama Penelope. Sin embargo, doy gracias a mi ignorancia y a esa dosis de azar que puso enfrente de mí la novela de Kitty Fitzgerald, que terminó encantándome.

Y otra confesión final acerca de la lectura de este libro: mi esposa que leyó el último capítulo, también terminó con el nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. Sin duda, Pigtopia será un libro que recordaré siempre.

Ciencia ficción a la argentina

La ciudad ausente (Novela gráfica) (Spanish Edition): de Santis ...

La ciudad ausente

Ricardo Piglia

Ilustraciones: Luis Scafati

Novela gráfica

Libros del Zorro Rojo, España, 2008

La ciudad ausente es una novela distópica del escritor argentino Ricardo Piglia; aunque algunos dicen que es una novela policial emparentada con la ciencia ficción.

La historia se ubica en la ciudad de Buenos Aires que se encuentra reprimida por el Estado. Aquí parecería que más que distópica es una novela histórica, sin embargo el ingrediente de ciencia ficción se lo da la existencia de una máquina de narrar autónoma que comienza a provocar ciertas confusiones al mezclar sus propias historias con las historias oficiales, dictadas por el Estado. 

El protagonista, Junior, es un reportero que trabaja en el diario El Mundo, junto con Emilio Renzi -el de los famosos Diarios de Renzi-. Junior hace un viaje por la ciudad de la furia, guiado por misteriosas llamadas telefónicas, que lo llevan a través de los relatos de la máquina, de las narraciones oficiales y de la memoria de los de los involucrados, en la búsqueda de esta máquina de narrar.

La máquina fue construida por un ingeniero húngaro -posiblemente ruso o alemán o de cualquier otro país de Europa del este-, y diseñada por Macedonio Fernández, el escritor argentino.

Finalmente descubre que la máquina de narrar se encuentra en una isla ubicada en un brazo del río Paraná y poblada de ingleses, irlandeses, rusos y gente que ha llegado de todas partes, perseguidos y exiliados políticos. En esta isla se venera como un libro sagrado al Finnegans Wake de James Joyce.

La ciudad ausente es, como dice en el prólogo Pablo de Santis, una novela  de ciencia ficción a la argentina, sin naves espaciales ni alienígenas.

Esta obra de Ricardo Piglia, está plagada de referentes literarios, pero hace un homenaje a dos libros principalmente:

  • Museo de la novela de la eterna de Macedonio Fernández, que es calificada como una antinovela. Un libro que está escrita de forma no lineal, con discusiones y autorreflexiones a diferentes niveles, que tiene más de 50 prólogos escritos por el mismo autor, antes del texto principal de la historia. Este libro lo empezó a escribir en 1925 y lo trabajó hasta el día de su muerte en 1952 (27 años de labor incansable) y se publicó hasta 1967.
  • El segundo libro al que hace homenaje, es el Finnegans Wake de James Joyce, que los expertos lo consideran el libro más complejo de la literatura inglesa –El Ulises es cosa de niños, dicen–. La dificultad de la obra radica en que Joyce la concibió como una obra esférica, en la que cada elemento es principio y fin del conjunto. Además, utiliza juegos de palabras mezclando el inglés con otros idiomas; hace uso del monólogo interior, de las asociaciones libres; no tiene una trama convencional ni construcción de personajes; en fin, es un libro difícil de asimilar y poco leído por el público en general. Joyce 17 años en escribir este libro.

De igual manera, La ciudad ausente, fue un libro arduamente trabajado; Piglia comenzó a escribirlo en 1982 y lo publicó hasta 1992.

La versión de novela gráfica, publicada en 2001, incluye las ilustraciones de Luis Scafati, las cuales la acercan más al film noir y la convierten en una verdadera obra de arte.

Las ciudades ausentes puede leerse como un entretenido thriller que nos ayudará a pasar un buen rato, o como la puerta de entrada a una literatura mucho más compleja.

A propósito de epidemias

ENSAYO SOBRE LA CEGUERA de JOSE SARAMAGO en GandhiEnsayo sobre la ceguera

José Saramago (Portugal 1922 – España 2010. Premio Nobel de Literatura 1998)

Imagina que un día cualquiera vas manejando tu auto, dirigiéndote a tu trabajo, te toca un semáforo en alto y justo en el instante en que la luz cambia a verde, te quedas ciego. Sufres una ceguera que lo envuelve todo con un manto blanco como la leche. Ante el caos que provoca tu auto que no avanza con el semáforo en verde se acercan varios curiosos para tratar de ayudarte y en medio del alboroto, un hombre se ofrece a llevarte a tu casa. Siguiendo tus instrucciones se dirige a tu domicilio, manejando tu auto; te ayuda a bajar del auto y llegar hasta la puerta de tu casa, luego te ayuda a abrir la puerta y hasta te ofrece hacerte compañía hasta que llegue tu esposa. Te niegas. Él se va, y se lleva tu auto.

Así inicia la novela de José Saramago que se titula Ensayo sobre la ceguera.

Al día siguiente, después de aceptar la pérdida de la vista de su marido y la el robo del auto, la esposa del ciego lo lleva al oftalmólogo para que le revise esa ceguera repentina. El doctor no encuentra nada mal en los ojos del paciente, es un caso extraño e inexplicable, lo manda a casa sin receta. Después de este paciente atiende a otros que estaban esperando. Ese mismo día, por la noche, el doctor pierde la vista. Su ceguera es blanca como la de su paciente.

Pensando en actuar correctamente, el médico avisa a las autoridades que están ante el posible brote de una epidemia desconocida. Una epidemia que causa una ceguera de forma repentina, pero no una ceguera normal que lo vuelve todo negro, sino una ceguera blanca. Las autoridades deciden ponerlos en cuarentena, la esposa del médico, que aún no ha perdido la vista, finge estar ciega para irse con él. Los aíslan en lo que antes era un manicomio, al médico y su esposa, al primer ciego, a otros dos pacientes que tuvieron consulta con el oftalmólogo y al ladrón del auto del primer ciego. Así empieza la epidemia.

Con 6 personas aisladas hay conflictos, pero la cosa es aún llevadera. Excepto por el ladrón que se trata de propasar con una chica que lleva gafas oscuras, pero recibe su merecido. Los soldados tienen orden de disparar contra los ciegos que se acerquen a la puerta, esto para proteger a los ciudadanos que se encuentran sanos en el exterior.

Poco a poco van llegando más ciegos al manicomio y las raciones de comida no alcanzan. El orden establecido por los primeros 6 pacientes se rompe completamente cuando en el manicomio hay más de 200 personas abandonadas a su suerte. Y entonces un ciego de nacimiento, que tiene ventaja sobre los otros porque ya está acostumbrado a no ver, impone la ley del más fuerte.

En esta novela se muestra claramente la transformación que tienen los personajes. Se puede ver como hay quienes buscan cooperar y otros que buscan imponerse. Puede notarse, también, como la búsqueda del bien común puede prevalecer en grupos pequeños, y cuando estos crecen el bien común ya no existe: la búsqueda de la sobrevivencia y el bien común se ven rebasados por la búsqueda de privilegios de unos sobre otros. Más comida para mí, menos responsabilidades para mantener el mínimo orden, y los demás que le hagan cómo puedan.

Las crisis siempre sacan lo peor y lo mejor de la humanidad.

Dentro de este marco que parece calamitoso y que augura un final trágico, aún existe la esperanza de que la ceguera será pasajera o que encontrarán una cura contra ella; esa ilusión es la que hace que el relato avance; siempre ha sido así, la esperanza ha hecho avanzar a la humanidad ante los desastres.

Esta novela tiene la huella inconfundible de Saramago. Los personajes no tienen nombres, hay un narrador que lo ve todo, incluso el pensamiento de los personajes, pero que no lo sabe todo de antemano, o por lo menos no lo revela anticipadamente. Los diálogos entre los personajes no tienen guiones y sin embargo, siempre se sabe quién habla.

Si pudiera pedir el deseo de escribir como yo quisiera, no dudaría en escoger la forma de escribir de José Saramago. Su inconfundible forma de narrar incorporando refranes y dichos populares, sus planteamientos filosóficos sobre las reacciones del ser humano ante las crisis y su humor satírico, lo han hecho uno de mis escritores favoritos.

Por lo general al terminar de leer un libro, comienzo inmediatamente con uno nuevo. A más tardar al día siguiente. Sin embargo, la sensación de ser un sobreviviente de la ceguera blanca me tenía tan perplejo que dejé pasar una semana antes de poder comenzar un nuevo libro.

Leer a Saramago te cambia la forma de percibir el mundo y esta novela en particular te estruja, te conmueve, te hace reír, te anuda la garganta, te deja en evidencia la fragilidad de los individuos. Las relaciones del ser humano con sus semejantes, con el mundo que lo rodea y hasta consigo mismo descansan sobre sobre una película de jabón que ante cualquier soplo se rompe y todo se viene abajo.

Quizás no sea una novela recomendable para leerse mientras se expande una pandemia por el mundo, sobre todo para quienes son muy susceptibles con sus lecturas. Por otro lado, si te gusta angustiarte con los libros que lees, como me pasa a mí, este es el mejor momento para leer Ensayo sobre la ceguera. ¡Empieza ya!

1a. Lectura de #YoMeQuedoEnCasa

La Peste by Albert Camus undefined

My rating: 5 of 5 stars

En la presente novela, el autor nos lleva a una ciudad argelina llamada Orán, una ciudad portuaria que es una prefectura francesa, conectada al mar Mediterráneo. A través de una crónica de los eventos que ocurrieron en dicho lugar, nos adentramos en la ciudad que es como cualquier otra, sin mayores atractivos e inclusive podría decirse gris y fea, quizás provocada por ser puerto y no zona de turistas. Para poder darnos una idea de la época, el narrador nos cuenta que los siguientes eventos ocurrieron después de 194… Eventos que ocurrieron en la época de la post-guerra.

Los primeros eventos comenzaron con un par de ratas, que salieron a morir a la vista de los humanos. El Dr Rieux, una mañana al salir de su habitación, dio con una rata muerta cerca de las escaleras. Al bajar para dirigirse a su trabajo, se encontró con su casero a quién le notificó este hecho. El casero no podía dar crédito de tal cosa, según él no era posible que hubiera ratas en la vivienda. Durante el día, otra rata más sale al patio, a morir en medio de estertores y vómito de sangre. Igualmente, en la ciudad, se comentan otros casos similares, de una o dos ratas que salen de su escondrijo para morir. Al regresar, el Dr. Rieux encuentra a su casero sosteniendo un par de ratas, y asegurando que es obra de algunos niños bribones, y que estará al pendiente para atraparlos.

En los siguientes días, a lo largo de toda la ciudad, más ratas salen a morir, mientras los vecinos empiezan a recogerlas y llenar botes y contenedores con ellas. Exigen al ayuntamiento que pase a recogerlas. Mientras estos sucesos ocurren, la esposa del Dr tiene que abandonar la ciudad para ir a una clínica especial para atender un malestar que tiene. Su esposo promete ir a verla en un par de semanas. Así mismo, mientras su esposa se va, llega en tren su madre, pasará la temporada en casa con su hijo para ayudarle con el hogar.

Sin embargo, hay otro detalle, el casero empezó a enfermarse, tener fiebre y grandes dolores en el cuerpo. Se inflamaron los ganglios, tenía serios episodios de vómito, su tez era verde y sudaba profusamente, en ocasiones deliberaba. No paso más de dos días con vida, sin que el Dr se atreviera a dar un veredicto, sin atreverse a decir que era la peste. Empezaron a surgir casos similares en la ciudad, apenas un par, con fiebres muy altas y los ganglios inflamados. Los otros doctores tampoco se atrevían a dar un juicio.

Al igual que en la vida real, los primeros días fueron críticos. Dado que no hubo medidas adecuadas, y debido a que no era posible determinar la gravedad de la epidemia, la peste comenzó a propagarse entre los visitantes, incrementando el número de casos de fiebres altas, vómitos y ganglios inflamados. En las primeras semanas, los habitantes frecuentaban los cafés, los restaurantes, los cines y todos los negocios mantenía una vida normal. Tuvieron que pasar algunas semanas hasta que se decidió declarar el estado de peste y cierre de la ciudad.

Algunos visitantes ya no pudieron salir de la ciudad, y otros habitantes que estaban de viaje no pudieron regresar con los suyos. Esto sucedió con la esposa del Dr Rieux que se quedó en la clínica en espera de su esposo que ya no pudo salir, pues al final fue él quién se dedicó a definir los protocolos y equipos de trabajo para atender la peste. Y aunque se había declarado como estado de peste, los habitantes seguían saliendo y frecuentándose, sin tomar en cuenta que ellos mismos estaban siendo parte de la propagación.

“Cuando estalla una guerra, las gentes se dicen: ‘Esto no puede durar, es demasiado estúpido’. Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar.”

Al leer la novela y presenciar los eventos que vivimos, es natural entender que el ser humano nunca está preparado para este tipo de sorpresas. Sabemos que las epidemias existen y que hay que contenerlas y erradicarlas, pero nunca sabemos cuando aparecerán y de qué se tratarán. Lo mismo les sucedió a estos habitantes de Orán, que nunca estuvieron preparados para la peste, y que los azotó por casi 1 año. A lo largo de este periodo de tiempo, pasamos de la sorpresa a la tragedia, y después a la lucha. Esa lucha que parece infructuosa pero que es el único rayo de esperanza para sobrevivir a tales situaciones. Algo que es digno de mencionar, es que en la adversidad, es posible encontrar otros compañeros de viaje que dan un completo significado a la palabra solidaridad.

Una lectura para pensar y reflexionar, que resulta en una lección que se debe aprender desde el pasado para entender el presente. Una obra maestra de Albert Camus, que nos involucra en los trabajos difíciles de salubridad y el trabajo incansable de héroes anónimos. Una lectura de nivel intermedio/avanzado. Reconocido como una de las obras más importantes de la literatura francesa del Siglo XX.



View all my reviews