El premio a la insistencia

Verónica E. Llaca

La simetría de los árboles

México, Editorial Planeta (Joaquín Mortiz), 2016

Resultado de imagen para la simetria de los arbolesA veces ser empecinado tiene sus recompensas. El premio puede ser simplemente la satisfacción que se siente al finalizar la tarea. Por ejemplo, cuando colocamos la última pieza de un rompecabezas, o cuando, tras subir una cima, nos giramos para observar el camino recorrido, el punto de origen, la cuesta empinada. Y entonces viene la sensación de que ha valido la pena el esfuerzo.

No crean que voy a comenzar una perorata acerca de la perseverancia y de perseguir tus sueños; soy demasiado receloso de esas frases motivacionales acompañadas de un bello paisaje que abundan en las oficinas empresariales. A decir verdad, no soy un ejemplo en cuanto a eso de luchar incansablemente por un objetivo. Un inicio de novela que lleva incubándose algo así como dos años y una decena de cuentos inacabados pueden dar cuenta de ello; además de los libros abandonados a medias, del curso postergado de certificación de yoga, de la pared sin pintar del jardín y de algo que las lluvias de verano me han recordado con sorna, la impermeabilización del techo de mi casa. Podría dar más ejemplos en cuanto a mi inconstancia, pero creo que ya dejé claro el punto.

Esta vez, sin embargo, quiero hablar de una vez en la que me revestí de tenacidad y tuve un premio a mi insistencia de cobrador de Coppel o cualquiera de esas tiendas que venden electrodomésticos en abonos.

La escritora Verónica E. Llaca, ganadora del Premio Nacional de Novela Negra Una Vuelta de Tuerca 2015, vive en la misma ciudad que yo, y pensé que sería una gran idea invitarla a grabar un podcast con 3C Libros, en el que hablaríamos sobre novelas detectivescas. La busqué en Facebook, redacté una larga carta de invitación, en la cual recurrí a mi pasión por la literatura y por el yoga (Verónica E. Llaca además de escritora es maestra de yoga), se la envié y me senté a esperar.

Después de dos semanas estaba a punto de darme por vencido. Pero pensé que nada perdía si buscaba otra manera de hacerle llegar la invitación. Me sumergí nuevamente en internet y llegué a un catálogo de artistas queretanos en el que encontré el medio de contacto. Dos o tres semanas más tarde llegó la respuesta a través de Facebook.

Para no hacer larga esta historia, resumo diciendo que tomó algo así como dos meses ponernos de acuerdo. El momento en que la autora tocó a la puerta de mi casa en la fecha y hora fijadas para la grabación, fue como colocar la última pieza del rompecabezas.

Leer La simetría de los árboles de Vero E. Llaca fue otro gran premio en mi camino a la entrevista tan deseada. En este libro, la protagonista Laura Fernández nos cuenta a manera de confesión o, mejor dicho, como si el lector fuera su psiquiatra, qué es lo que la llevó a ser internada en una clínica de salud mental. Las razones de ese desequilibrio emocional son muchas y son contadas de manera no ordenada cronológicamente, lo cual requiere de mucha atención por parte del lector-psiquiatra, para ir armando ese rompecabezas.

La hermana de Laura fue asesinada, lo cual provoca una profunda depresión a su padre que se encierra por un año en su cuarto. Después de ese año de duelo, sale de la habitación y de la casa para no regresar jamás. Laura, por su parte, escucha la voz de su hermana muerta, desde su interior, como si se hubiera enquistado en su propio cuerpo. Encontrar a su padre desaparecido se convierte en una obsesión que la aleja de su familia, de sus amigos y hasta de Santiago, el amor de su vida.

De esa línea principal en la trama salen muchas ramas. La relación entre vivos y muertos nos da una reminiscencia a la tradición rulfiana. La familia de Laura y la de Santiago son inmigrantes españoles que llegaron a México huyendo de la dictadura franquista, así es que la novela también tiene una veta histórica. La muerte de la hermana de Laura estuvo relacionada con el narcotráfico, por lo que también tiene una ramita que nos muestra un poco de la corrupción y el tráfico de drogas que azotan al país desde hace un tiempo. Otra rama importante en la historia es la relación amorosa entre Laura y Santiago que por diversas circunstancias no han podido estar juntos. En la corteza de esa historia que crece como un gran árbol, encontramos también referencias a otras artes, como La nave de los locos del Bosco; la arquitectura y esculturas en los cementerios de La Recoleta en Buenos Aires y el Père-Lachaise en París; el libro de Sebastian Brant titulado Stultifera Navis, etc.

Y como un remate floral que adorna La simetría de los árboles, encontré muchas frases y conceptos que me dejaron pensando después de terminar el libro. ¿Cuál sería mi posición sobre la eutanasia? ¿De qué depende mi equilibrio mental? ¿Cómo afecta el bagaje familiar a mi propio comportamiento? ¿Por qué valoro tanto mis recuerdos?

Quiero detenerme en las últimas dos preguntas, porque las respuestas, que ya estaban en mi cabeza, encontraron una redacción perfecta en el libro de Vero Llaca.

“Quizás eso sea lo que compone nuestra memoria celular, fragmentos de vida de nuestros antepasados que a veces no son tan notorios como la sensación de caminar manteniendo el equilibrio.”

“El único capital que tenemos son nuestros recuerdos, así que conserva recuerdos que te hagan feliz cuando llegues a la edad en que vivas de ellos”.

Al final, Laura ve tristemente recompensado el esfuerzo puesto en la búsqueda de su padre. Santiago se arrepiente de no haberle insistido lo suficiente a Laura. Y yo estoy sumamente satisfecho de no haber desistido en mi búsqueda de Vero Llaca. La recompensa más grande a mi terquedad fue haber compartido con ella y con mis amigos Mike y Rag, una entretenida charla sobre libros y mil temas más. Uno de esos momentos que tendré que atesorar para cuando tenga que vivir de mis recuerdos.

 

Dejo el link de spotify en el que pueden encontrar las dos partes de la entrevista con Vero E. Llaca, acerca de la Simetría de los árboles

 

 

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La indignación y la rabia

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Viaje a Yucatán II

John Lloyd Stephens

México, Ediciones Promo Libro

¿Alguna vez han estado a punto de dejar un libro por la indignación que les causa leerlo? Yo estuve a punto con El viaje a Yucatán II de John Lloyd Stephens. ¿Y porqué causaría indignación un libro que habla de viajes?

Quizás debo empezar diciendo que, hasta hace poco, era un necio que casi nunca abandonaba un libro. A pesar de lo sinuosa que pudiera resultar una lectura, yo me empeñaba en terminarla, pensando que quizás lo mejor estaba por venir. Y en algunas veces resultó así. Por ejemplo: El diario de un caracol (1972) de Günter Grass fue un libro pesado, poco interesante, ininteligible por momentos. Cada página llena de nombres y siglas sin significado para mí se volvía más fatigosa, y sin embargo seguí. Ya casi al final del libro, a manera de premio a la perseverancia, aparece un grabado de Alberto Durero llamado Melancolía, seguido de una disertación que valió la pena el tortuoso camino a través de más de 400 páginas.

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Ahora sigo siendo un necio y mi porcentaje de abandono de libros sigue siendo bajo. Hay quienes aconsejan que si llegas a la página 100 y no hay nada que te vincule al libro, lo dejes. Otros dicen que con 50 páginas es más que suficiente para saber cómo será el resto del libro. Pero no hablan para nada de cuáles son los sentimientos que provoca el libro que te orillan a abandonarlo. Podría ser la tristeza, el miedo, la rabia, la abulia y quizás la indignación.

John Lloyd Stephens (1805-1852) fue un explorador, escritor y diplomático estadounidense que en los años treinta del siglo XIX hizo varias expediciones a Centroamérica y el sur de México para explorar sitios arqueológicos. Documentó sus experiencias en Incidentes de viaje en América Central, Chiapas y Yucatán Vols. I y II, todos ellos con ilustraciones de Frederick Catherwood, quien lo acompañó en sus travesías. Sus relatos son tan interesantes que sirvieron de inspiración a Edgar Allan Poe. Como diplomático, Stephens desempeñó un papel crucial en la negociación y planeación del ferrocarril trans-ítsmico de Panamá. Mientras supervisaba la obra del ferrocarril, contrajo la malaria y aunque fue llevado a Nueva York para su tratamiento, no logró sobrevivir.

Con tales cartas de presentación, pareciera que la indignación no podría ser un sentimiento producido por sus libros. Sin embargo, lo es.

En alguno de los pasajes de Viaje a Yucatán II, Stephens relata como encuentra una pintura dentro de uno de los muros interiores de una pirámide. Llama al dueño de la finca y le pide que lleve a un cantero para que extraiga el muro. Pero como el muro con la pintura es tan grande, no puede salir por la puerta, por lo que pide que destruyan el techo y lo saquen por arriba. Finalmente, no pudo llevarse el muro por lo pesado que era y escribe “ojalá llegue otro compatriota que se lleve esa pintura a la National Gallery”.  John Lloyd Stephens, como muchos arqueólogos sin ética profesional, era un cazador de tesoros, un saqueador de templos y tumbas. Pero lo más indignante, es que el dueño de la finca accede a que se lleve lo que quiera.

Para sumar a mi indignación, Stephens se refiere en varias ocasiones a los habitantes de Yucatán, como una raza abyecta, ignorante, sucia y miserable, a la cual era fácil explotar. Un fragmento aquí para demostrarlo, en el que habla sobre los cultivos de azúcar:

“[…] la línea desde Campeche a Tabasco es muy buena para aquel cultivo, desde donde estará al alcance en los mercados extranjeros. Las principales ventajas consisten, primero en que no hay que emplear el trabajo de los esclavos y, segundo, en consecuencia, de que no se necesita el grueso capital para la compra de ellos. En Cuba y la Luisiana el plantador tiene que contar entre sus gastos el interés del capital invertido en la compra de esclavos y el costo de su manutención; mientras que en Yucatán no tiene que desembolsar ese capital: el trabajo del indio, según afirman personas competentes que lo han comparado con el del negro de Cuba, es el mismo que el de éste, y, dando ocupación constante a los indios, puede cualquiera procurarse el número que le apetezca a razón de un real diario, que es menos del interés del costo de un negro, y menos que el gasto de mantenerlo, aún cuando no costase nada”.

¿Cómo no llenarse de indignación al leer tanta voracidad y tanto desprecio por negros e indios? En ese punto estuve a punto de abandonar el libro. Una inmensa rabia contra el autor crecía en mi estómago. Pero como lo mencioné antes, sigo siendo un necio.

A pesar del enojo, seguí la travesía a través de la península, en una época en la que Santa Anna perdía gran parte del norte del país y contenía la revolución en el sur; aguantando el calor, las garrapatas, los mosquitos, la falta de agua y a veces de comida; y por otra parte, asombrándome con las estructuras mayas cubiertas de maleza, refrescándome en los cenotes que servían como única fuente de agua en zonas en las que no hay lagos ni ríos naturales, y maravillándome con todos los vestigios de una civilización que dominó la arquitectura, la astronomía (esto no lo supo Stephens), la escritura, la escultura y muchas cosas más.

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Y entonces descubrí que no todo mi coraje era producto de lo que escribió Stephens hace más de 170 años. El coraje era (es) principalmente porque la humillación del vecino del norte hacia todos los mexicanos, en especial a nuestros indígenas sigue presente. La indignación es porque han pasado más de 170 años y persisten la miseria, el analfabetismo y otras formas de ignorancia que vio el explorador estadounidense. El enojo es porque el servilismo y el sometimiento ante los norteamericanos han cambiado de forma, pero prevalecen. La rabia es porque gobiernos van, gobiernos vienen, cambian de color y de siglas partidistas, pero todos agachan la cabeza ante el Estados Unidos. La rabia crece por la iniciativa Mérida, por el acuerdo migratorio, por que siempre actuamos con la anuencia de su majestad o no actuamos; la rabia me ahoga porque somos humillados y además debemos estar agradecidos por sus empresas (las plantaciones de azúcar han dejado de ser redituables) y porque nos libraron de sus aranceles. La indignación es por ser un patio trasero.

Viaje a Yucatán de John Lloyd Stephens, es una excelente crónica de viaje que te transporta a otra geografía y otra época, pero hay que leerlo con un nudo en el estómago. Las maravillosas ilustraciones de Frederick Catherwood siempre ayudan a clarificar las descripciones y a veces sirven de oasis en medio de las quejas de Stephens. Es un libro recomendable para todos aquellos que, como yo, son arqueólogos frustrados y también para aquellos que quieren reflexionar sobre una realidad dolorosa de México.

 

Dos golondrinas sí hacen verano

Inés Arredondo

Canción de cuna / La sunamita

Es bien sabido que las golondrinas son aves migratorias. En México y en la mayor parte de la península Ibérica, comienzan a aparecer con las primeras manifestaciones de primavera. En verano, cuando las lluvias hacen su aparición, las golondrinas ya están bien instaladas en sus nidos y, cuando el cielo escampa, acostumbran a hacer sus incursiones acrobáticas a ras de suelo. Aunque cada vez la rutina de las infortunadas golondrinas se vuelve más complicada. El cambio climático ha adelantado el ciclo migratorio desde el hemisferio sur hasta el cálido trópico, y la urbanización ha provocado miles de accidentes aéreo-automovilísticos. Las golondrinas que siguen rozando el suelo son unas kamikazes.

En el capítulo XIII de la primera parte de El Quijote, mientras el flaco protagonista presencia el entierro de un cabrero, es interrumpido por un gentilhombre que viaja a caballo, el cual al ver que el Quijote va armado le pregunta la razón de hacerlo en una región tan pacífica. El Quijote le explica que es un caballero andante y que su profesión lo obliga a llevar lanza y escudo. El gentilhombre, llamado Vivaldo, con intenciones de burlarse, comienza a interrogar acerca de la doncella a la cual el brinda sus batallas. El Quijote le habla de Dulcinea del Toboso y dice que todos los de su profesión tienen una doncella.  Vivaldo, arremete diciéndole que el Amadís de Gaula no tenía doncella. Y entonces el Quijote contesta “Señor, una golondrina sóla no hace verano”.

No es que yo quiera contradecir al ingenioso hidalgo, más bien le doy un poco la razón al afirmar que dos golondrinas sí hacen verano. Me explico. Siempre he creído que es imposible juzgar a un escritor después de haber leído un sólo texto de su autoría. Pero quizás con dos se pueda tener una mucho mejor idea.

El sábado pasado leí el cuento de la escritora culichi Inés Arredondo titulado Canción de cuna. La historia es una señora madre de cinco hijos y abuela de 12 nietos que reúne a la familia para informarles que está embarazada. Los hijos sabían que lo que ella tenía era un pólipo uterino. La señora comienza a encararlos a todos por no compartir su dicha y les informa que no existe un padre. La historia de pronto nos lleva a un paraje tormentoso y nos describe a una niña encerrada en una habitación que emite un grito desgarrado cuando siente que su vientre, apenas prominente, se mueve. Ella tiene sólo quince años y sabe que en su interior hay un monstruo que se mueve entre las aguas de un pantano. Sabemos que se llama Erika y que canta una canción en alemán. Una madre amorosa irrumpe en la habitación, la acaricia y le promete llevarle un té caliente, pero que por favor no grite, nadie debe saber que está encerrada. Un nuevo salto en el tiempo, ya con el cielo sin relámpagos ni aguaceros, la abuela que cree estar embarazada se somete a una sesión de hipnosis. En esta sesión recomendada por el ginecólogo, tiene una regresión al momento en que su hermana Erika, a punto de expirar, le confiesa que no es su hermana sino su madre. Y al salir del trance hipnótico, la hermana-hija, la hija-nieta, recupera su semblante y buen humor y se dice lista para que el ginecólogo le extirpe el pólipo.

El cuento es genial. Inés Arredondo, en apenas unas cuantas páginas, desarrolla la personalidad de la protagonista, la confronta con un pasado rodeado de tabúes y la libera de una carga psicológica que lleva arrastrando por años. La abuela que bordeaba la locura -al igual que el Quijote- al final sale bien librada.

Para no incurrir en el mismo error que el gentilhombre llamado Vivaldo, quise leer un segundo cuento de Inés Arredondo y escogí La sunamita. Aunque decir que lo escogí, tal vez sea inexacto. Mi gurú Gisela, organizadora del Club de Letras en mi colonia, sorteó varios cuentos de Inés Arredondo y a mí me tocó La sunamita.

Luisa es informada que su tío Apolonio está muy enfermo. Como Luisa había vivido con el tío Apolonio y con su tía que murió hace tiempo, le tiene un gran cariño y acepta quedarse un tiempo para cuidarlo durante su convalecencia. El tío se pone inmensamente feliz al verla y en cada oportunidad que tiene, le cuenta acerca de su pasado: de cuando le regaló un anillo de compromiso a su esposa, de cuando fueron en barco a Europa.  Episodios de la memoria de un viejo que quiere heredarlos a su sobrina. Un día, María, la criada de Apolonio, le grita a Luisa que vaya rápido pues su tío agoniza. Luisa inventa mil pretextos para no quedarse sola con el tío, pues no quiere estar cerca del lecho de muerte cuando esta se presente. El sacerdote que va a aplicar los santos óleos al enfermo le sugiere a Luisa que se case con el anciano moribundo para que herede su fortuna, pues es de todos sabido que ella era la persona más querida para Apolonio en este mundo y que de no legalizar las cosas, el litigio por la herencia dificultará las cosas. Luisa se espanta ante la idea de ser una viuda prematura, pero cede ante la insistencia de todos los presentes. El cura se apresta a la ceremonia y Luisa acepta la sentencia. En una maravillosa vuelta de tuerca, el anciano se recupera y se vuelve una verdadera rémora en la vida de Luisa. Quiere estar en todo momento con ella, que lo cobije, que lo acompañe, que le caliente la cama. La lujuria le da vida al viejo y Luisa pierde la suya como una esposa sumisa.

Nuevamente breve, confrontador, de un final inesperado. El cuento de La sunamita, nos corta por momentos el aliento, llevándonos de una atmósfera farragosa en la espera de la muerte de don Polo a una recuperación trepidante, con una energía vital que no me esperaba en el clímax de la historia, y nos remata con un desasosiego en el desenlace. Además, es de admirar que, a lo largo del cuento, es tan importante lo que se dice como lo que se calla, y esto sólo lo logran los más prestigiosos cuentistas.

Con esta segunda golondrina, Inés Arredondo me confirma que fue una gran escritora. Ya habrá tiempo de seguir leyéndola.

El coraje ante el abuso del poder.

El Teatro del Engaño. Cassez-Vallarta: Historia de un montaje.

El Teatro del Engaño. Cassez-Vallarta: Historia de un montaje. by Emmanuelle Steels

My rating: 4 of 5 stars


Continuo con la frustrante y corrupta historia del arresto de Israel Vallarta y Florence Cassez. Puesta en escena mediática de la PGR, con la finalidad de promover el excelente trabajo policial y de justicia de dicha institución. Nada más falso. Emmanuelle Steels, periodista belga, realiza una investigación periodística sobre dicho caso, encontrándose con cada paso que da, un montaje y arbitrariedad sin comparación, de la justicia mexicana contra los presuntos secuestradores Florence e Israel. Más que un trabajo de investigación, pareciera una narrativa de terror, al presenciar como los agentes ministeriales, agentes judiciales y demás autoridades involucradas, violentan y transgreden el estado de derecho de los acusados, dejándolos imposibilitados para una defensa justa, y peor aún, siempre presuntamente inocentes, privados de su libertad de una manera arbitraria sin poder demostrar su inocencia.
Jorge Volpi, autor de “Una Novela Criminal”, leyó esta investigación de la cuál se inspiro para escribir su novela. Emmanuelle le da otro enfoque a su narración, estableciendo una crítica del comportamiento de la justicia, y como extranjera, haciendo un análisis del conformismo en lo que ha caído el mexicano promedio al permitir, o importarle muy poco el atropello y abuso de poder de nuestras autoridades. Pensar que la PGR tiene Narco agentes, trabajando para un cartel y buscando eliminar otro, es más real que una película de acción. Además, que se hayan tenido que inventar una banda de secuestradores, y detener a dos personas que su único error es que tenían que pagar una afrenta a un tal Margolis, es completamente deplorable.
Steels arroja otros datos a la investigación, mientras Volpi se centra en el proceso judicial, Steels se enfoca a los factores que pudieron propiciar estos eventos y una crítica al comportamiento de las autoridades y la sociedad. Una novela para leerse con calma, y cierto desapego, aunque en mi caso cada página solo provocaba más enojo sobre las deficientes autoridades. Gente nefasta como Cárdenas Palomino, Fernández Medrano (que al final lo ejecutan), Garza Palacios, Genaro García Luna, entre otros. Inclusive jueces que pareciera seguir las indicaciones políticas del borrachito Calderón, en lugar de impartir justicia como es su deber. Si, termine más enojado contra esa lastra de sociedad pseudo profesionales. Lectura para abrir ojos ante la injusticia, nivel intermedio-avanzado.



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Trogloditas del AFI y Leguleyos de la Suprema Corte

Una novela criminalUna novela criminal by Jorge Volpi
My rating: 4 of 5 stars

Confome avance en la lectura de esta novela, iba creciendo un malestar de indignación y frustración por el sistema de justicia mexicano que tenemos, así como una verdadera vergüenza por la clase de personas que se supone deben proteger a los inocentes y atrapar a los malhechores. Sin embargo, también me sentí humillado por ser uno más de los que cayó en el montaje televisivo de la captura de Florence Cassez sin cuestionar la inverosimilitud que acompañó la puesta en escena de dicho operativo.
Jorge Volpi presenta una novela que desde el principio nos advierte no es de ficción. Tampoco es un documental debido a que el autor completa la historia con diálogos plausibles que buscan facilitar la narración de los eventos. La novela busca acercar al autor a los cientos de páginas del caso de la banda de secuestradores del Zodiaco, una peligrosa organización criminal desmantelada por la AFI y los agentes de la SIEDO entre el 2005 y el 2012, siendo uno de los grandes logros del ex-presidente Calderón en su batalla contra la delincuencia. Aprovechándose de su experiencia académica y de formación profesional como licenciado en Derecho, Jorge Volpi se adentra en las páginas de declaraciones, antecedentes penales, entrevistas con víctimas y victimarios, reportes de agentes policiacos e investigadores, así como los diferentes funcionarios públicos encargados de evaluar y analizar el caso de la banda en general, y la detención de la francesa Florence Cassez en particular.
La realidad es que en los últimos veinte años, se ha incrementado la delincuencia, siendo el secuestro uno de los más dolorosos a la sociedad misma. Miles de víctimas han tenido que rehacer sus vidas después de una experiencia traumática como esta, y además, soportar la ineptitud de la justicia mexicana para atrapar a los secuestradores. Demostrando que estas agencias aún tienen que erradicar los elementos inservibles y aumentar aquellos que puedan hacer la diferencia. En el caso de Florence e Israel, nos narran como los agentes investigadores, con tal de agarrar un sospechoso, son capaces de fabricar cualquier prueba que sea necesaria, teniendo la impunidad de nunca ser investigados en la veracidad de dichas pruebas. Aquí hay lugar para el miedo, ya que caer en manos de estos trogloditas es equiparable a hundirse en las arenas movedizas de la injusticia.
Por si fuera poco, los leguleyos encargados de realizar el veredicto (Sanchez Contreras, Luna Ramos, Ojeda Bohorquez, entre otros), no son capaces de evaluar o discernir una evidencia fehaciente de alguna fabricada, simplemente porque parten de la base que muestra el agente cavernícola, como Cárdenas Palomino o García Luna. Dichas personas han estado tanto tiempo en la Suprema Corte de Justicia o lugares similares donde su intelecto disminuye por segundo, que terminan usando el enredado lenguaje de aquel que cierne las trampas de un proceso Kafkiano antes que defender la inocencia de cualquier víctima.
Jorge Volpi realiza una representación formal de los hechos, y las acciones causadas por la pelea política entre los presidentes de México y Francia, que entorpecen y nublan el juicio coherente sin intervención. La decisión de que pensamos sobre los acusados es responsabilidad del lector, Jorge Volpi no intenta interferir, solo mostrar los eventos. Ganadora del premio Alfaguara de novela 2018, es una novela que debe ser entretenida para licenciados en derecho o criminología, y resulta una ventana a ese extraño mundo irreal del juego de las palabras e intenciones ocultas; no hay duda que doy gracias de ser ingeniero. Recomendada para lectores intermedios.

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A 50 años de Tlatelolco

La PlazaLa Plaza by Luis Spota
My rating: 4 of 5 stars

Cuando sabes que la justicia no es factible que se pueda aplicar a todo mundo, o que existen huecos por donde se esconden, y escurren como ratas, aquellos que son autores de los más deplorables acciones; quisieras ser un ejecutor de esa revancha inalcanzable para las víctimas o sus allegados. Al menos más de una vez he fantaseado con poner en su lugar a uno que otro personaje decrépito que lástima el bien común o a México mismo. Duarte es un claro ejemplo de querer darle unas cuantas lecciones torturables, propias de un Plan de Mejora Personal. Quizás sería bueno amarrar a Lopez Portillo “como un perro” nada ´más para que diga con provecho que defenderá el peso como un perro. ¿Qué tal desquitar cierto odio estudiantil sobre el más orangután y déspota de los presidentes del siglo XX? Si estuviera vivo Ordaz, ¿sería bueno desquitar el coraje de lo que le hizo a la comunidad estudiantil del 68?
La presente novela “La Plaza”, trata este tema, donde Luis Spota logra transportarnos a unos años después del 68, cuando el más alto dirigente de la nación se encuentra retirado, después de haber servido tan humildemente a la Patria. Corre el año de 1972, y durante los últimos meses, un padre de familia que perdió a su única hija durante la noche de Tlatelolco, se encuentra vigilando todos los días, a uno de los autores principales de la matanza del 2 de Octubre. Nunca dice el nombre del político en cuestión, solo podemos vislumbrar que se refiere al mismo Díaz Ordaz. Este padre de familia, afectado profundamente por ese asesinato a sangre fría que cambio a la juventud mexicana, lograr crear una red de colaboradores, que le ayudarán a vigilar hasta encontrar la oportunidad de secuestrar a dicho ex-dirigente. Encuentra un colaborador por día de la semana, de Lunes a Sábado y así los nombra, dejando el Domingo para sí mismo. De esta manera, los nombres de los involucrados quedan en el anonimato permitiendo una seguridad relativa en caso de caer en manos de la policía investigadora mexicana y su alta tecnología en interrogatorios y confesiones.
Después de varias semanas, esta “vaca sagrada” de la política se encuentra solo saliendo de una tarde apacible del campo de golf, toma su Maserati rojo con rumbo a su casa. Por alguna razón, ese día decide prescindir de los servicios de sus cuerpo de seguridad privado. Domingo lo está esperando con su colaborador de ese día, Jueves, quién es el más joven y que tiene la energía y determinación de no dejar impune el castigo que se merece, aún tiene la imagen de su hermano colgado del cuarto de huéspedes, víctima de las atrocidades ocurridas después de su detención en esa noche de Tlatelolco.
Gracias a la camioneta con el capote abierto, aparentando un desperfecto y obstruyendo la única vía de salida de los campos de golf, logran atrapar a uno de los autores intelectuales de la matanza, quizás el más importante de todos. Mientras Luis Spota nos cuenta la historia alterna, logra mostrarnos extractos de todo aquello que se escribió después de lo ocurrido, después de ese suceso del 2 de Octubre. A lo largo del libro podemos leer las crónicas, testimonios, poemas y demás material literario producto de la vejación de los derechos humanos de los estudiantes. Conforme avanza la narración y obtiene “lo que se merece” el secuestrado, vemos un enfoque de lo que fue el 68, y en mi caso particular, aplaudo la posibilidad de darle su merecido a tan odiado personaje. Tienen que pasar dos días para que pueda lograrse el juicio sumario, y mientras está encerrado, solo experimenta una pequeña parte de lo que sufrieron los estudiantes detenidos en aquellos años.
Pero recordemos que los justicieros buscan un trato justo, no son animales como los militares del batallón Olimpia. Se hace un juicio, y se le da oportunidad de defenderse, y se entiende su punto de vista, al punto que es posible dudar de si efectivamente es tan culpable como la sociedad en general lo cree. ¿Es una víctima de las circunstancias, o sabe ocultar su deplorable comportamiento con su bien preparado discurso ideológico? Le decisión del jurado se acerca, ambas partes han sido escuchadas, ahora es momento de tomar una decisión.
Luis Spota logra mantener ese suspenso que podría resultar en alguna película, y al mismo tiempo, compartir la crónica del 68. Muchos testimonios que parecen sacados de una novela negra, son en realidad sucesos que ocurrieron en los separos. Descripciones que nos muestran una Plaza acribillada, bañada en sangre, con un bien orquestado movimiento que logra el completo abatimiento del movimiento, cobrando vidas de jóvenes y civiles. Un evento que nunca debería repetirse.
Lectura recomendada para aquellos que gustan de coleccionar material del 68, y que al mismo tiempo es de entretenida y bastante atractiva. Acorde para lectores intermedios. Y recuerden siempre que el 2 de Octubre: “¡NO SE OLVIDA!”.

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Temporada de huracanesTemporada de huracanes by Fernanda Melchor
My rating: 4 of 5 stars

Dicen que la realidad supera cualquier historia. Aquellas historias que leemos, no alcanzan a reflejar la mitad de la magnitud de los hechos y el peso ineludible de las consecuencias. Sin embargo, hay narraciones que resultan atrayentes por el morbo mismo de la inverosimilitud de la ocurrencia de los eventos, o de lo bajo que los instintos humanos gobiernan el comportamiento social del personaje hasta llevarlo a límites silvestres casi animales. ¿En realidad pueden comportarse así? ¿Existe semejante desperdicio de seres vivos?
Fernanda Melchor hace gala de una narrativa brillante, directa, adictiva, llevando esa cruel y cruda narración de las bajas pasiones humanas primitivas en una novela polémica y sin embargo factible. A partir de un cadáver flotando en las aguas oscuras de un canal de riego próximo a la rancheria de La Matosa, la historia se desenvuelve mostrando los motivos que fueron entrelazándose hasta formar el punto de inflexión crítico: la ejecución de La Bruja, una mujer que heredó dicho oficio de su madre fallecida.
La Bruja era respetada y hasta temida por los lugareños, pero eso no evitaba que fuera visitada por mujeres de la región que necesitaban de sus dones, o algunos jóvenes que requerían de sus “servicios”.
A través de estas páginas podemos ver retratado escenas lamentables de una ranchería cualquiera en nuestro país. Compatriotas que viven el día a día sobreviviendo con aquello que su entorno puede ofrecer. Gente joven y de edad adulta, perdida en vicios y adicciones de diversos tipos. Lugares en México que podrían resultar un paraíso, pero que al mismo tiempo, provoca esa laxitud de no necesitar esforzarse por mejorar cada día.
La autora nos presenta las causas que fueron llevando a sus personajes, paulatina e inexorablemente hacia su perdición. Nos ejemplifica como muchas veces el entorno afecta nuestro éxito o hundimiento, y que cada historia, aunque impactante, es también cierta. ¿Cuántos casos no hemos oído de manera similar?
Un libro que recomiendo para lectores intermedios, y que cuentan con un temperamento adecuado para leer cada una de estas historias entrelazadas. No cabe duda que Fernanda Melchor es una escritora mexicana con un gran talento narrativo, tengan por seguro que buscaré más de ella.

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