Un libro lleno de sabiduría

El libro vacío

El libro vacío

Josefina Vicens

Ediciones Transición, 1978, México

De lo bueno poco, dicen. Por eso Josefina Vicens (1911-1988) publicó sólo dos novelas (El libro vacío, 1958 y Los años falsos, 1982) y eso le bastó para ganarse un lugar muy importante en la Literatura Mexicana. Aunque además de estas dos novelas, también escribió varios guiones cinematográficos, cuentos y una obra de teatro.

Hoy hablaré de El libro vacío, aunque no contaré nada de su argumento, ni daré mi opinión, ni mencionaré el montón de resortes que hizo saltar en mi cabeza; simplemente compartiré algunas de las cápsulas de sabiduría que contiene esta novela, para que se presente por sí misma:

“Muchos años después la encontré en una cervecería. Por nada en el mundo la describiría aquí. Pero la sensación que experimenté me hizo comprender que solo en el cuerpo del ser profunda y largamente amado, no percibimos el paso del tiempo, y que el envejecer juntos es una forma de no envejecer. La diaria mirada tiene un ritmo lento y piadoso. La persona que vive a nuestro lado siempre está situada en el tiempo más cercano: ayer, hoy, mañana, y a estas distancias mínimas no pueden verse, no se ven los efectos de los años.”

Consejo de padre a hijo…

“[…] lo que tu sentimiento considera esencial, eso es lo esencial. No hagas caso de mis consejos; la experiencia está al final del camino, y yo no debo quitarte el gusto del camino, ni la triste riqueza que vas a encontrar cuando lo hayas recorrido. Porque la experiencia es eso: una triste riqueza que sólo sirve para saber cómo se debería haber vivido, pero no para vivir nuevamente. Yo podría protegerte, pero ¿te interesa mi protección? Lánzate a tu vida desnudo, inexperto, inocente. Y sal de ella maltrecho o victorioso. Eso, al fin y al cabo, es igual. Lo importante es la pasión que hayas puesto en vivirla.”

“[…] el mediocre puede ser también un triunfador, si por triunfo entendemos no sólo la brillante apariencia, la forma o la prosperidad, sino la paz íntima y la falta de avidez por los elementos estridentes que dan un suntuoso contorno a la existencia.”

Sobre el paso del tiempo y las hazañas que nos hubiera gustado hacer…

“No puedo hacer nada para que éstas se conviertan en realidad, por eso, porque el tiempo ya pasó. Antes, cuando aún no pasaba, yo no sabía que pasa tan rápidamente que ni siquiera lo sentimos, ni que después, cuando empezamos a notar su paso, es que ha pasado ya.”

Josefina Vicens: La escritura y el salto al vacío

Aunque el nombre de Josefina Vicens no sea tan resonante como el de otros escritores mexicanos, está grabado con letras de oro, al lado del de Juan Rulfo y Octavio Paz, en el firmamento literario mexicano y es bueno recordarla leyendo su obra.

Mirar es tocar…

Ya había recomendado hace unos días el libro de Elisa Díaz Castelo titulado Principia, sin embargo no pude aguantarme las ganas de compartir otro poema suyo que nos recuerda que mirar es tocar.

No podía hacer falta la dosis de ciencia, como en todos poemas que conforman este libro. Los ancestros submarinos desarrollaron leves hendiduras en la piel que en principio eran termosensibles y terminaron siendo fotosensibles. Un proceso evolutivo de millones de años.

Y aunque el amor evoluciona en mucho menos tiempo, se pasa lentamente de la mirada a la caricia, del deseo a la pasión. Desafortunadamente, no todos los amores evolucionan de igual manera. Se necesitarían miles de universos para ser habitados por esas alternativas que no sucedieron.

Lo que nos queda es la mirada, esa variante que no precisa cercanía. Sin más, aquí dejo el poema de Elisa Díaz Castelo:

Disertación sobre el origen de la vista

La primera vez que me miraste de ese modo,

tratando de descifrar el acertijo de mi cuerpo,

mi sangre se espesó de pronto, fui piel

plenamente, a mediodía. Años más tarde

supe que nuestros ancestros submarinos

desarrollaron en la piel un par de leves hendiduras

más sensibles. Eran los ojos: dos agujeros negros

en los que caía el mundo. Lo que fue temperatura

se hizo luz, por primera vez vista, traducida del tacto.

Pero yo ya lo sabía de algún modo.

Sin decírmelo me mostraste

que mirar es tocar, una variante

que no precisa

cercanía. Tenías razón

en mis manos, mis labios,

mis alargadas clavículas, lo visible

y manso de mi cuerpo. Me conocías

a flor de vista, a golpe de ojo y sin saberlo,

es cierto, me tocabas. Que eso te consuele.

Elisa Díaz Castelo; Pricipia; FETA, México, 2018

Poesía y ciencia

Principia
Principia
Elisa Díaz Castelo
Fondo Editorial Tierra Adentro

Acabo de descubrir un libro hermoso, que de cierta forma combina la ciencia y la poesía, así como Humbolt creía que debería de ser, eliminando las barreras entre el conocimiento científico y la estética.

El título del libro, Principia, es en honor al Philosophie Naturalis Principia Mathematica, que Isaac Newton publicara en 1687, y que explica las leyes del moviento y la ley de la gravedad que son la base de la Mecánica Clásica.

Elisa Díaz Castelo (Cd.Mx. 1986 – ) es una poeta mexicana que con el apoyo de las becas Fulbright – COMEXUS y Goldwater cursó la maestría en Creative Writing en la Universidad de Nueva York. Ha ganado múltiples premios a nivel nacional e internacional, incluido el primer lugar del Premio Poetry International 2016.

En Principia de Díaz Castelo podemos encontrar poemas que tratan sobre la escoliosis, los agujeros negros y la materia oscura, la escala de Richter, la geometría descriptiva y los puntos de Lagrange.

Esos poemas no son puramente una explicación científica versificada sino un vínculo entre lo cotidiano y lo cósmico, entre los sentimientos y la razón, entre lo material y lo etéreo.

Para muestra les dejo un poema que nos habla de cómo la memoria, al igual que la materia, se degrada con el paso del tiempo, y a veces sólo quedan jirones de lo que fue…

Vida media
Redondeo su nombre: tres o cuatro recuerdos.
Un número que tiende a oscurecerse.
Nombre de borde y empeño, nombre de fondo,
canción que de tanto escucharse se desgasta.
Dios ha hecho su mudanza. Aquí no vive.
Cielo, tierra, hemos sido demasiado lentos:
ya se acabó la cuenta regresiva de la infancia
y no me acuerdo del nombre de su perro
ni de qué traía puesto cuando nos empapamos
bajo la lluvia tibia de Querétaro.
Nuestros nombres eran
innumerables abejas, un enjambre o manada,
multitud de sonidos, ni siquiera
el cauce o la desembocadura, ni siquiera el agua.
Recuerdo obstinado, elemento
que al atravesar el tiempo se desgasta.
Ésta es la vida media. Con los siglos
hasta los elementos cambian:
se pierden por partes: se vuelven otros
más comunes, más estables. Casi todos
terminan convertidos en plomo.


Hay que decirle al alquimista: dale tiempo.
Queda la vida a contrapelo y esta calle lejana
en la que vivo, quedan las frutas maduras
que esperan de madrugada en sus cajas
frente al mercado vacío. El presente
es punto ciego, ese momento
de la noche a medias donde no se sabe
si las cosas terminaron o están a punto de empezar
de nuevo, todavía. Queda la palabra de su nombre:
un cuchillo de carnicero tantas veces afilado
que casi ya no existe.

Otro buen libro sobre la Segunda Guerra Mundial

El desconocido del Meno by Eduardo Sangarcía

El desconocido del Meno

Eduardo Sangarcía

Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2017.

¿Cuántos libros más se escribirán sobre la Segunda Guerra Mundial? ¿Cuántas películas más se filmarán sobre ese tema? A pesar de ser muy pocos los sobrevivientes presenciales, aún faltan millones de historias personales, reales o imaginarias, por contar. Y mientras esto suceda se seguirá hablando de este episodio de la Historia.

El escritor jaliscience, Eduardo Sangarcía eligió este tema para armar alrededor de él 7 cuentos magníficos, en los que nos lleva de Wurzburgo a Stalingrado, de Londres a Dresden, y nos ubica casi como testigos presenciales de historias relacionadas con la II Guerra Mundial.

La construcción de los relatos reunidos en este pequeño gran libro titulado El desconocido del Meno es tan minuciosa, que el autor, en pocas páginas, logra dibujar los escenarios, contarnos los motivos de los personajes y transmitirnos sus dudas y temores. Tan es así, que Sangarcía se hizo acreedor al Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2017.

En el primer cuento, que le da el título al libro, un judío sobreviviente de un campo de concentración sueña con vengarse de uno de sus custodios, un polaco que a pesar de también haber estado encerrado, contaba con algunos privilegios dentro de la barraca. Un día, después de encontrarlo por casualidad en la calle y de seguirlo durante toda la mañana, ubica su domicilio en una casa ubicada a orilla del Meno (Main en alemán, es el principal afluente del río Rin) y decide que al día siguiente lo eliminará. Cuando toca a la puerta de la casa del polaco, éste abre y lo invita a pasar para ver el futbol. Es 1974, en pleno Mundial y se enfrentan Alemania Occidental contra Suecia. Se beben unas cervezas mientras observan un partido de volteretas en el que Franz Beckenbauer lidera a los alemanes. Las cuentas pendientes son muchas e impostergables para el judío. El polaco en cambio, es fanático del futbol y sabe que en poco tiempo morirá de cáncer; lo único que quiere es presenciar el siguiente partido de su selección, precisamente contra Alemania, para el cual ya tiene un par de boletos y no tiene acompañante.

En El oso de madera, un francotirador ruso cumple con su labor diaria y lleva a su refugio una recompensa: un abrigo y un juguete para su nieto que consiguió de su última víctima.

El tercer cuento describe una Stalingrado en ruinas. A consecuencia de la guerra, el hambre y las plagas se han apoderado de la ciudad. Dos pequeños salen a cazar ratas, el único alimento conseguible, y en su camino se encuentran a Kurt, un temible soldado enemigo que les habla del terrible Barmaley que come niños, Barmaley die Rattenkönig (el rey de las ratas).

Héroes es la historia de un grupo de jóvenes de la resistencia francesa, que se encuentra rodeado por la Gestapo en el edificio que le sirve de escondite. Y mientras los guerrilleros tiemblan de miedo, repiten su mantra: “nadie saldrá vivo de aquí”.

Whitechapel es la historia de un viejo adicto al sexo sale de su casa a media noche para satisfacer su adicción; de pronto se encuentra indefenso en medio de las sirenas y los bombardeos en Londres.

Milagreros. En la medida en que Alemania va perdiendo la guerra, el ánimo entre sus pobladores va decayendo y los milagreros son los encargados de levantar la moral: cuelgan fotografías de Hitler en los pocos muros que quedan de pie. Hasta que llegan a Dresden, en donde su tarea se vuelve imposible pues la ciudad está en llamas y no queda piedra sobre piedra.

A la deriva nos cuenta la experiencia de un soldado norteamericano. No hay peor desencanto que unirse al ejército con el ideal de salvar al mundo del monstruo del nazismo, cruzar medio mundo y al llegar al territorio enemigo, encontrar a dos soldados alemanes dándose muestras de amor. El soldado se cuestiona de qué sirve tener el mejor armamento y ser víctima de la naturaleza.

El desconocido del Meno es uno de esos libros que he comprado por la temática en general -me gusta leer sobre la II Guerra Mundial-, sin ninguna referencia previa, y que terminó encantándome. Habrá que seguirle la pista a este joven escritor y agregarlo a la lista de las grandes promesas de las letras mexicanas. Una recomendación para todo tipo de los lectores, en especial para aquellos que gustan de los temas relacionados con la guerra.

Antígona buscando a su hermano desaparecido

Image result for antigona gonzalezAntígona González

Sara Uribe

Según el mito griego, Antígona es hija de Edipo y Yocasta, producto del incesto. Recordemos que cuando Edipo nació, el oráculo predijo a su padre, Layo, rey de Tebas, que su hijo lo mataría a él y se acostaría con Yocasta, su madre… y la profecía se cumplió. Cuando Edipo se dio cuenta de lo que había hecho se sacó los ojos. Tiempo después Antígona fue la única que acompañó a su padre ciego hasta su muerte.

Después de la muerte de Edipo hubo una guerra en la que lucharon Polínices y Eteocles, ambos hermanos de Antígona. Pelearon en bandos contrarios y ambos murieron.  Sin embargo, Creonte, el rey del bando ganador ordenó que enterraran a Eteocles, su aliado, y que desaparecieran el cuerpo de Polínices, su enemigo. Antígona no descansó hasta encontrar el cadáver de Polínices y darle sepultura.

Sara Uribe retoma este mito griego y le da vida a Antígona González, una mujer mexicana que busca a su hermano desaparecido, uno de tantos que deja su hogar para emigrar a Estados Unidos en busca de una mejor vida. Uno de tantos que desaparece sin dejar rastro.

Siempre son mujeres las incansables buscadoras, las que no se conforman con cerrar los casos, las que se empeñan en encontrar a los desaparecidos.

Sara Uribe escribió este libro pensando en el mito griego y pensando en los miles de migrantes anónimos que nunca llegan a su incierto destino, pensando en los desaparecidos cuyos nombres quedan archivados en dependencias municipales, estatales o federales y con suerte en algún periódico local; lo hizo pensando en esos cuerpos insepultos.

Lo escribió juntando las voces de los que no se conforman con olvidar a los desaparecidos. A través de fragmentos de notas periodísticas, de declaraciones de los familiares y de cantos de protesta. Pequeños retazos de frases como los pedazos de cuerpos que aparecen revueltos en fosas clandestinas. Y amalgamando todo este dolor, logró un libro escrito en prosa poética, en el que ni la poesía logra endulzar el trago amargo del tema que denuncia.

Una caja de chocolates

Image result for tristeza de los citricosTristeza de los cítricos

Liliana V. Blum

Páginas de Espuma, España, 2019

 

Si escribir una novela es como correr un maratón, entonces escribir cuentos te convierte en un velocista. ¿Cuál de los dos es más meritorio? No seré yo quien decida si fue un mejor atleta el keniata Samuel Wanjiru -quien impuso el récord olímpico de la maratón en Beijín 2008 con  2:06:32 – o el jamaicano Usain Bolt quien ganó 3 veces el oro olímpico en los 100 metros planos y mantiene imbatible su récord mundial de 9.58 segundos. De igual manera, tampoco tengo argumentos para decidir si es mejor el cuento o la novela. El cuento pareciera más accesible -cualquiera corre 100 metros-, pero ser un buen cuentista -como un atleta que corre los 100 metros en menos de 12 segundos- es algo reservado para pocos.

Hago todo este preámbulo porque pareciera que Liliana V. Blum se desenvuelve bien tanto como cuentista como novelista, lo cual la convierte en una escritora de élite. Ha escrito las novelas Pandora (Tusquets 2015) y El monstruo pentápodo (Tusquets 2017) y el libro de cuentos Tristeza de los cítricos (Páginas de Espuma, 2019).

Recientemente leí Tristeza de los cítricos y la sorpresa fue muy grata. Y al decir grata no quiero hacer pensar a los potenciales lectores de este libro que su lectura fue 100% placentera, más bien, la experiencia fue angustiante y perturbadora. Los cuentos están llenos de situaciones de violencia, engaños, desconsuelo y desesperación. Blum no se guarda nada. Empieza de a poco, apenas sugiriendo una situación limítrofe y de pronto el equilibrio se rompe y nos encontramos con una tensión extrema.

En Picota, una joven es secuestrada por una banda de narcotraficantes que la hace sufrir los peores vejaciones, los mismos castigos a los que ella sometía a los migrantes que capturaba para pedir su rescate. Como si una justicia divina se encargara de repartir dolor a todos por igual.

Conejillo de Indias es la historia de una mujer casada, madre de una pequeña, que le es infiel a su marido después de que él le fue infiel a ella. Una venganza secreta que no provee ningún placer más que el de sentir que aún puede ser atractiva.

Una novia para Kafka, además de ser un homenaje al autor de La metamorfosis, es el relato de un feminicidio. Y Luz de mi vida, fuego de mis entrañas, además de hacer alusión a Lolita de Nabokov, nos cuenta velozmente y, -este sí- de una manera más sutil, la relación incestuosa de un padre y su hija.

Agua en los pulmones narra la historia de una mujer que seduce al prometido de su hermana y mantiene el engaño por años, hasta que queda embarazada. Cuando toda la familia descubre la traición, ella es repudiada y él exonerado; se convierte en la hija descarriada, la hermana que no existe, la tía puta. Pero planea su venganza, aun sabiendo que el rencor que le guarda su familia se acumulara hasta explotar de manera inevitable.

Todo un repertorio de situaciones inquietantes y perturbadoras, de esas que abundan en los diarios de cualquier parte del mundo, pero relatadas de primera mano, desde la perspectiva del protagonista.

La prosa de Blum es demoledora, pero a pesar de que pareciera que cada uno de los cuentos aprieta por el cuello al lector, no lo asfixia, al contrario, lo alienta a continuar hasta el final para salir a la superficie. Y en medio de estas situaciones dolorosas, siempre hay unas bellas imágenes que sirven de oasis en la desesperación.

Otro gran logro en los cuentos de esta autora es que en unas cuantas páginas plantea perfectamente una situación, nos da un bagaje sobre los personajes que justifica el nudo del relato y después restablece un equilibrio en la narración -no necesariamente en el balance de justicia del universo.

Leí los 10 cuentos que componen el libro en apenas 2 días, sin empacharme como sucede con otros libros de cuentos que requieren una digestión lenta. Quería prepararme para entrevistar a la autora después de la presentación de su libro que hizo en Gloria Books & Co. en Juriquilla (Querétaro, México). Quería comenzar la entrevista comentándole que mi madre siempre dice que los libros de cuentos son como una caja de chocolates, nunca sabes que te va a tocar. Pero que su libro de cuentos es una caja de chocolates belgas, de esos que no importa cual te toque, sabes que será bueno, de esos que rápidamente causan adicción.

La entrevista no se pudo llevar a cabo, quedó pendiente para después. Quizás para cuando Liliana V. Blum regrese en unos meses a presentar su siguiente libro, que leeré como un adicto.

Restituyo el adjetivo “grata” a la lectura de Tristeza de los cítricos, porque a final de cuentas uno de los propósitos que debiera tener cualquier escritor es transmitir o despertar algún sentimiento en sus lectores y Liliana V. Blum lo logra sobradamente. La angustia te envuelve en cada relato y, extrañamente, al terminar te queda un dulce sabor de boca, como un sabor a chocolate.

Cuando los niños(as) no eran tan frágiles.

El niño que fuimos

El niño que fuimos by Alma Delia Murillo

My rating: 4 of 5 stars


Las bondades de un club de lectura, es que te acercan a narrativas que por tu propia cuenta no incursionarías. Frase muy trillada y creo que termino usándola más de una vez al año. Sin embargo, es algo que me gusta aclarar, para que nuevos lectores se animen a descubrir entretenidas historias donde no pensabas encontrarlas.
El niño que fuimos narra la historia de tres niños, cuyas vidas se ven entrelazadas durante su instancia en un internado de la Ciudad de México. Institución pública cuya finalidad es educar a los niños a nivel primaria y secundaria, hospedándolos en la escuela de lunes a viernes. Una forma rudimentaria de Harry Potter mexicano sin la magia ni los maestros oscuros. Niños que parecen ser abandonados por sus padres durante la semana, ya sea porque no pueden hacerse cargo de ellos o simplemente no quieren tenerlo cerca durante la semana. En ocasiones, la historia de los niños está asociado con tragedias de matrimonios disfuncionales o lamentable pérdida de familiares. Aquí se encuentran Roman, Oscar y María (dos niños y una niña… en un internado, y se hacen amigos contra el resto del mundo, ¿dónde lo he leído?); niños que parecen haber sido abandonados, con una historia dramática cada uno: Román pierde a sus padres en un accidente y queda a cargo de una tía quién decide quedarse con el dinero de manutención del niño y mandarlo al internado; la mamá de Oscar, madres soltera y mujer de la vida galante, decide enviar a su hijo al internado al enterarse que el cancer que padece comienza a entrar en su etapa crítica y no quiere que su hijo viva todo el proceso la muerte anunciada; María tiene seis hermanos, y por lo tanto, la madre no puede ponerle la misma atención que a los menores, tiene que enviarla para que pueda enfocarse al estudio.
Los tres coinciden en el día de ingreso al internado y logran entenderse durante la primera semana. El libro narra varias de las aventuras que viven juntos, dentro del internado, y su interacción con el mundo exterior. Acompañados de escapadas a la biblioteca y descubriendo mundos paralelos en los libros, regresan siempre el punto de su realidad en un mundo donde la ausencia paternal y maternal deja huellas de por vida.
Las historias se intercalan con la narración de la actualidad, donde se han perdido la pista: Oscar es un buen ingeniero, que logra abrir una firma de ingeniería con algunos amigos, y al mismo tiempo, da clases en el Tecnológico (no dice cuál); Roman es un exitoso diseñador y ha llegado al punto de que no tiene que preocuparse por su manutención nunca más en la vida; y finalmente María, una artista y bailarina que se casa con un italiano llamado Paolo, que le pone el cuerno mientras ella pasa por su quinto mes de embarazo.
Aunque pareciera que cada uno logró sobrevivir a las garras de la delicuencia o las drogas, podemos ver que sus historias de adulto son afectadas por el crecimiento disfuncional del internado y las vivencias que protagonizaron durante la infancia. Una noticia trend topic de Román, hace que se reunan y busquen cerrar uno que otro ciclo.
Alma Delia Murillo logra una narrativa entretenida y repleto de elementos crudos y realistas de una sociedad como la mexicana, con los elementos nocivos de una gran ciudad como la Ciudad de México. Como ella lo menciona en su columna, es una gran amante de su ciudad, y lo demuestra en su historia, logra transportarte a esos lugares emblemáticos como el Metro mismo.
Una novela ligera y fácil de leer, y aunque el tema puede ser muy crudo, no deja de ser real y relativamente digerible; recomendado para lectores principiantes.



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Nahui Olin, una mujer extraordinaria

Adriana Malvido

Nahui Olin

España, Editorial Circe, 2005

Es muy frecuente escuchar que la lectura te permite vivir otras vidas, viajar a otras épocas y a otros lugares. Me parece que esto es especialmente cierto con las biografías, sobre todo con aquellas que están tan bien escritas que permiten que el lector se sumerja en la época, que camine al lado del protagonista, que lea sus cartas, que escudriñe en sus pensamientos y que en un momento dado sea partícipe de la propia vida del homenajeado.

Por una de esas azarosas razones por las que se selecciona un libro entre cientos, este año mis lecturas estuvieron salpicadas de algunas biografías. Y de la que quiero escribir hoy es sobre la biografía de Nahui Olin, escrita por Adriana Malvido.

Su verdadero nombre fue Carmen Mondragón, hija del general porfirista Manuel Mondragón -ni más ni menos que el inventor del rifle Mondragón, el primer semiautomático en el mundo- y nació el 8 de julio de 1893. Vivió en París, de los 4 a los 12 años, en donde recibió una educación muy refinada.

En 1913, en plena revolución, Carmen se casó con Manuel Rodríguez Lozano, un estudiante del Colegio Militar, hijo de una familia acomodada, a quién toda la familia Mondragón le había dado el visto bueno. Para evitar estar en México durante el momento político tan convulsionado que se vivía, los Rodríguez Mondragón se mudaron a Francia. Al poco tiempo Carmen quedó embarazada y poco después perdió al bebé. Este episodio aparentemente superado, causó una grieta irreparable en el matrimonio y dejó una huella imborrable en ella.

Cuando las aguas se habían tranquilizado en México, Carmen regresó a su patria, con una nueva visión del mundo, de las artes, de su sexualidad y de la participación de las mujeres en la vida cultural. Rápidamente se integró a las tertulias organizadas por los principales artistas de la época: Diego Rivera, Lupe Marín, José Vasconcelos, David Alfaro Siqueiros, Fermín Revueltas, Tina Modotti, Edwar Weston y por supuesto el pintor Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl, de quien Carmen se enamoró.

Fue el Dr. Atl quien le puso el sobrenombre de Nahui Olin, y así se le conoció hasta el día de su muerte. El romance entre Dr. Atl y Nahui fue bastante apasionado, lleno de amor, arte, sexo y muchas peleas. En el libro de Adriana Malvido, se reproducen varias cartas escritas por estos enamorados que dan muestra de sus arrebatos y colisiones, pero también del enorme talento de ambos.

En los años veinte, Nahui Olin era, sin duda, la mujer más bella de México, con unos ojos verde esmeralda, el cabello corto, los labios rojos, vestida siempre a la moda europea de la época y con un cuerpo divino. Además de su atractivo físico -que algunos atribuyeron a la brujería-, de su inteligencia, sus ideales libertarios y su amenidad para charlar, Nahui tenía un gran talento para escribir, pintar y tocar el piano.

La vida de Nahui, después de la ruptura definitiva con Dr. Atl, siguió conducida con vehemencia. Tuvo varias parejas, sus relaciones eran explosivas y su comportamiento estrafalario. Podría llegar a causar un poco de temor o una atracción irrefrenable, pero nunca pasaba desapercibida.

En su vejez, vivió en la miseria, sola y rodeada de gatos. Recibía una pensión del gobierno porque por algún tiempo impartió clases de arte en la secundaria, y ella decidía gastar su quincena en una buena y elegante comida.

Adriana Malvido, además de regalarnos una biografía sobre una vida apasionada y apasionante, nos trasporta al México de los 20’s, una época en que los ideales del progreso y la efervescencia artística y cultural estaban a flor de piel. Una época en la que sin duda me hubiera gustado deambular y encontrarme en alguna tertulia a la bella y talentosa Nahui.

Nahui Olin es un magnífico libro que incluye fotografías, fragmentos de cartas, pinturas, entrevistas y testimonios. Es muy recomendable tanto para quienes gustan de relatos acerca de personajes históricos, como para aquellos que quieran conocer un poco más acerca de la vida de una mujer extraordinaria que necesita revalorarse.

 

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El cáncer

No 78 - Reseña - Las mutaciones de Jorge Comensal ... Las mutaciones

Jorge Comensal

Ediciones Antílope, México, 2016

Es difícil imaginar que un libro que habla sobre el cáncer pueda provocar risa. Las mutaciones de Jorge Comensal logra hacerlo.

Ramón Martínez es un abogado exitoso que descubre que tiene cáncer en la lengua, lo cual trae un cambio radical en su vida y la de quienes lo rodean.

La esposa, los hijos, el hermano, el oncólogo, la psicóloga, y hasta la trabajadora doméstica -sobre todo ella- viven la enfermedad de Ramón de forma distinta y nos cuenta desde su perspectiva, cómo esta los afecta de manera emocional, anímica y económicamente.

Reirnos y llorar de nosotros mismos, eso nos caracteriza como mexicanos y en este libro Jorge Comensal lo hace con una maestría digna de la escuela de Ibargüengoitia.

Si quiere leer un libro lleno de humor negro y escrito con elegancia, Las mutaciones es una gra opción.

Más Revueltas y más Paz

El Apando - Ediciones Era

El apando

José Revueltas,

Ediciones Era, México 2017.

En algún muro leí un grafiti que decía: “Más Revueltas, menos Paz”. Sabía que era una clara alusión a los apellidos de dos escritores que tienen grabados sus nombres en el altar de los mejores autores mexicanos, pero la verdad no me quedaba clara la frase.

En ese entonces sólo había leído El laberinto de la soledad, Piedra de Sol y un fragmento de La hija de Rappaccini de Octavio Paz, nada de José Revueltas. Y aunque quizás sean poco, un ensayo, un poema y el fragmento de una obra de teatro para sentir que conozco la obra del único Nobel de Literatura mexicano, eso era mucho más que lo que sabía acerca del Revueltas, a quien un grafiti carrereado buscaba reivindicar.

Los mexicanos, tan dados a polarizar las cosas, solemos ponernos a favor de un bando A, y cualquier cosa que no sea parte de ese bando A es nuestro acérrimo enemigo. Unos ejemplos: chairos contra fifís; feministas contra avaladores del heteropatriarcado; provida contra abortistas; indigenistas contra modernistas; conservacionistas contra industriales que buscan aprovechar los recursos naturales; seguidores de Greta Thunberg[i] contra admiradores de Boyan Slat[ii]; lectores de Revueltas contra lectores de Paz. Ejemplos hay muchísimos más. El punto es que no todas las posturas mencionadas son antagónicas e irreconciliables. Es decir, que hay posiciones intermedias que están de acuerdo en algunas cosas con los extremos.

Pero regreso al grafiti que me dejó pensativo. Este año en el club de lectura, decidimos leer a José Revueltas, y eso me abrió la oportunidad de resarcir mi total desconocimiento acerca de la obra de este autor. Leí El apando (1969) y Material de los sueños (1974).

José Revueltas nació en el seno de una familia de artistas, en 1914, en Santiago Papasquiaro, Durango y falleció en la ciudad de México en 1976. Además de escritor fue un activista político y revolucionario. A los 11 años fue enviado a la correccional, acusado de sedición y motín, por su participación en un mitin en el Zócalo. Después de este primer encierro, fue encarcelado 3 veces más: en 1932 estuvo 5 meses en las Islas María; entre 1934 y principios de 1935 volvió a ser enviado ahí mismo; y, en 1968, después de la matanza de Tlatelolco, fue encerrado en la prisión de Lecumberri. Este último encarcelamiento fue por la acusación de ser el ideólogo del movimiento estudiantil.

A pesar de que Revueltas siempre temió por su vida, nunca perdió su irreverencia y sentido del humor, como lo demuestra una carta dirigida al jefe de la policía en la que escribió:

“Dicen los periódicos que se me acusa de ser el responsable intelectual del movimiento estudiantil. Al margen de la realidad de estas afirmaciones, lo cierto es que soy un perseguido y que seguramente mi vida corre peligro (…) puntualmente le pido mi último deseo, con toda la cortesía de la que soy capaz. Estimado señor: le solicito a usted que vaya y chingue definitivamente a su madre. Le agradezco de antemano la respuesta afirmativa a mi petición.”

El apando es un cuento largo o una nouvelle, mientras que Material de los sueños es un libro de cuentos. En ambos se siente una atmósfera de encierro y una constante sospecha de que lo peor aún está por venir. Los relatos están protagonizados por criminales sin una gran carga de remordimiento, más ocupados en la sobrevivencia diaria que en arrepentimiento por sus delitos. Asesinos, ladrones, prostitutas, revoltosos y otros de los que no se menciona su infracción.

Como puede verse en la biografía de Revueltas, todas las experiencias de encierro permearon en su literatura.

Aunque se podría pensar que al entrar en esos relatos tan brutales y de aislamiento, uno va a quedar afligido y devastado por lo sombrío de sus historias, la verdad es que las imágenes son tan poderosas y algunas anécdotas tan sobrecogedoras que te mantienen en vilo. Aquí algunas escenas de El apando que me encantaron:

  • Tres presos se encuentran en aislamiento (apandados): Albino, Polonio y el Carajo. Para pasar el rato, Albino comienza a hacer su danza del vientre, con lo que los tatuajes eróticos que tiene en el abdomen cobran vida y comienzan sus lances amorosos, para deleite de los otros reclusos.
  • Polonio asoma la cabeza a través de un orificio, como un Juan Bautista en charola, mientras que el Carajo le ruega que lo deje asomarse para ver si ya llegó su mamá de visita. Polonio se niega y lo golpea dejándolo ovillado y quejumbroso. Albino que se harta de los murmullos del Carajo, intenta ahorcarlo para hacerlo callar.
  • Después de una pelea con los celadores, Polonio y Albino quedan como crucificados, hechos una masa sanguinolenta entre barrotes. La geometría venciendo a la libertad.

Quizás debiera dar más contexto sobre estas escenas, pero no quiero spoilear de más. El apando es un libro formidable, al que uno no debe de entrar en búsqueda de un final feliz, sino vacunado contra la desazón que dejan el exceso de violencia y la crudeza de una ficción sustentada en una realidad que la iguala y sobrepasa.

Y ahora, después de leer un par de obras de Revueltas y estar parcialmente de acuerdo con el grafiti que originó este escrito, corrijo: Más Revueltas y más Paz.

Librasecura

 

[i] Greta Thunberg, activista sueca de 16 años que ha llamado la atención del gobierno de su país, y ahora de todo el mundo, para que se actúe inmediatamente a favor de la ecología y se cumplan los acuerdos de París.

[ii] Boyan Slat es un joven holandés que diseñó una tecnología que puede ayudar a limpiar los océanos de plástico y fundador de la empresa The Ocean Cleanup.