Del Diario de Emilio Renzi

Respiración artificial by Ricardo Piglia

My rating: 3 of 5 stars

Ricardo Piglia fue un escritor y crítico argentino que padeció las dictaduras militares de la segunda mitad del siglo XX. En su temprano peregrinar, comenzó la escritura de su Diario, que se convertiría en la fuente primordial de sus novelas más reconocidas. Respiración Artificial se publicó en 1980 la cuál lo catapultó al reconocimiento mundial por su narrativa de las traiciones políticas de Argentina del siglo XIX, durante la presidencia Juan Manuel de Rosas, hasta la los cambios políticos de los años 70s.

La historia comienza con un joven escritor llamado Emilio Renzi, que tiene comunicación epistolar con un desaparecido tío llamado Marcelo Maggi, quién tuve que marcharse hace más de 20 años, intempestivamente de su ciudad natal, por problemas maritales irresolubles. Marcelo es historiador y filósofo, quién se encuentra escribiendo sobre un antiguo personaje histórico argentino del siglo XIX que apoyó la presidencia de Juan Manuel de Rosas. Sus papeles e investigación está en casa de su suegro, por eso le pide a su sobrino que se cité con él para recuperar los papeles de gran valor histórico. Dichos papeles narran a su vez las situaciones que vivió el abuelo del suegro, quién estuvo presente en las revoluciones políticas del siglo XIX.

El autor nos relata la historia como si fuera una novela policiaca, pero que en lugar de resolver un crimen, buscamos la verdad histórica y la participación de cada uno de los protagonistas, como si alguno de ellos fuera el asesino de la historia, o el embaucador de la verdad. Para lograrlo, el joven Emilio Renzi sigue las instrucciones de su tío y visita al suegro de éste, y a través de dicha entrevista, hace el viaje al siglo XIX a través de la vida del abuelo del suegro. El juego narrativo es un símil de llamadas recursivas, es decir, acciones que se ejecutan dentro de otras acciones. Mi ejemplo claro es cuando el narrador cuenta la narración del segundo personaje hablando de un tercero. Suena algo rebuscado, pero es como ver una película con las anotaciones del libreto actuadas.

Piglia plasmó varios debates literarios a lo largo de la novela, creando una especie de aeropuerto, donde cada mención a un autor o una obra, sirve como pista de despegue para investigar otras obras. Escuchar hablar de Joyce, Chejov, Faulkner, Freud, Kant, Heidegger, Thomas Mann, Kafka, permite al lector tomar en consideración otras obras, e investigar un poco más sobre cada autor, eso sin contar los eventos históricos argentinos del siglo XIX. Por si solo, estos pasajes son atractivos como material de referencia a nuevas lecturas. En mi personal punto de vista, no era necesario crear narradores “recursivos” (narradores que relatan narraciones de terceros).

Solo esto bastó para llamar mi atención, pero encontrarme con la joya de una teoría de encuentros, me dejo pensando en las posibilidades creativas de inicios del siglo XX. Aquí deberían de parar, esto es un flagrante spoiler. Lo que mencionaré a continuación a sido tema de investigación de la novela de Piglia. Algo que las posibilidades de la época lo hace factible. De 1908 a 1911, varios personajes culturales se dieron cita en los cafés de Viena, entre ellos estaba Kafka, quién acostumbraba frecuentar esos lugares bohemios que le permitieran desarrollar su creatividad. En tal lugar, coincidió que un joven pintor comenzaba a buscar labrarse un nombre y camino, por malo que era y falta de talento, creía que se merecía el reconocimiento de todos, dicho personaje, que se presume conoció a Kafka, se llamaba Adolf Hitler. Esto fue para mi un bomba, inclusive, la hipótesis de que Mein Kampf y El Proceso, estuvieran emparentados de alguna manera gracias al café vienés.

Estas joyas salvan la novela por si sola, aunque me cuesta trabajo entender porque el autor se esfuerza por anexarle una narrativa “innovadora”. Sin embargo son gustos personales, sé que existen aquellos que disfrutan de este tipo de juegos. La novela es recomendada para lectores de nivel intermedio/avanzado, sobre todo aquellos que disfrutan de enlaces literarios entre novelas. No cabe duda que los argentinos siguen el ejemplo de su mentor Borges.

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¿Comer o no comer? Ese es el dilema.

Cadáver Exquisito (Premio Clarín 2017) / Tender Is the Flesh: Bazterrica,  Agustina: Amazon.com.mx: Libros

Cadáver exquisito

Agustina Bazterrica

Alfaguara, España, 2019

El fin de semana pasado tuvimos un asado en familia: solo mi esposa, mi hija y yo. No es recomendable tener invitados en esta época de pandemia. El menú: unos vegetales a las brasas, unas quesadillas y un sirloin bien cocido. No me gusta el sabor de la sangre, por más que me digan que soy un criminal de los asados.

Después del postre hicimos la sobremesa. Comentábamos que a las brasas todo sabe bien, hasta los duraznos y la piña en almíbar. Después de recoger la cocina, aún quedaba un trozo de domingo para descansar y distraernos. Cada uno nos refugiamos en un rincón de la casa con su pasatiempo favorito. Yo seleccioné un libro que me recomendó Melina desde Mar del Plata: El cadáver exquisito de Agustina Bazterrica.

El título me sonaba a esa técnica usada por los escritores surrealistas, como una especie de juego en la que varios participantes armaban una historia. Consiste en que el primer participante comienza a escribir una historia en un papel y después de un cierto tiempo se detiene y le pasa la hoja al siguiente participante. Este no puede leer más que la última frase escrita por su antecesor y debe continuar la historia sin más información que esa. Y la hoja va pasando de mano en mano hasta que al final queda una historia hecha de retazos, como una quimera literaria.

La novela de Agustina Bazterrica nada tiene que ver con el pasatiempo surrealista.

Cadáver exquisito nos traslada a un mundo distópico en el que un virus mortal que afecta a los animales se contagia a los seres humanos. Con la finalidad de contener la transmisión del virus, es necesario sacrificar a todos los animales en cautiverio, incluidos animales de granja, de zoológicos, mascotas y en lo posible cazar a todos los animales libres. Hasta aquí, la distopía no está tan alejada de la realidad actual y 17 millones de visones sacrificados en Dinamarca a causa del Covid-19 son una muestra de ello.

Los seres humanos sobrevivientes al virus mortal siguen teniendo la necesidad de incluir carne en su dieta y, ante la falta de otra fuente calorías, se legaliza el consumo de carne humana. Cadáver exquisito se sitúa en ese tiempo en que las granjas que antes producían ganado vacuno, comienzan a producir la primera generación pura (PGP) de especímenes -está prohibido llamarle humanos. Afuera de los mataderos que antes se utilizaban para reses y puercos, y que ahora se usan para los especímenes PGP, viven los Carroñeros, grupos de personas que se conforman con los restos no aprovechables o con la carne echada a perder. Existe también una Iglesia de la Inmolación, que promueve entre sus feligreses el autosacrificio con la finalidad de que sus semejantes se alimenten de su propio cuerpo.

No voy a negarles que la lectura de este libro, merecedor del Premio Clarín en 2017, por momentos me dio retortijones. Era quizás el esfuerzo de mi estómago por procesar el sirloin a las brasas que dos horas antes había comido.

El estilo de la novela carece totalmente de ornamentos, cuenta las acciones sin entrar en tanto detalle en descripciones, casi como un guion cinematográfico. Aun así, provoca una profunda reflexión, casi una indigestión mental, sobre la destrucción que hemos hecho como especie, en este planeta. Hemos arrebatado el hábitat a muchas especies y las hemos extinguido; hemos creado una enorme desigualdad entre nosotros mismos; hemos agotado al planeta hasta llevarnos al borde de nuestra propia destrucción y todo con tal de perseguir ese modelo de consumo impuesto por el capitalismo.

¿Cuántos millones de reses se necesitarían para que toda la población del mundo pudiera comer carne diariamente? ¿Cuántos planetas se necesitarían para mantener esa producción de carne? No soy nadie para arrojar la primera piedra a los carnívoros, menos después de ese pedazo de sirloin bien cocido que clamaba venganza desde mi interior. Pero ¿y si todos, en la medida de lo posible, hacemos el esfuerzo de reducir el consumo? (Aplica igual para la carne o para cualquier producto).

Terminé la novela de Agustina Bazterrica con un remordimiento en mi estómago. Quienes me conocen saben que me gustan los libros que me hacen sufrir, éste sin duda lo recomiendo para eso. Sé que no soy el mismo después de su lectura y que sin duda seguirá dándome vueltas en la cabeza por mucho tiempo. Quizás hasta el próximo asado en el que me conformaré con los vegetales y las quesadillas.

La difícil tarea de ser madre

En «Mátate, amor» todo lo que se pudre forma una familia – Liberoamérica

Matate, amor;

Ariana Harwicz;

México, Dharma Books, 2019

Cuando pensamos en alguien que acaba de ser madre, viene a nuestra mente la ternura de los bebés, los brazos pachones y la piel lisa del pequeño, la temperatura caliente del cuarto en el que está la cuna, el aroma a talco. Quizás se cuele en nuestro recuerdo el olor a pañal usado y a leche materna; o las manchas en la cara y las estrías en la panza de la madre, huellas de un embarazo que es algo del pasado. Menos probable aún, es pensar en los desvelos, el cansancio acumulado, las ojeras, la depresión postparto, la desesperación de no poder hacer otra cosa que ser mamá de tiempo completo.

Por alguna extraña razón, recientemente han caído en mis manos muchos libros que hablan de la maternidad. Más precisamente, del lado B de la maternidad, ese que no tiene que ver con lo idílico sino con lo penoso de ser mamá. El más reciente de esos libros fue Matate, amor, de la escritora argentina Ariana Harwicz. No recuerdo de dónde escuché la referencia de este libro por primera vez, pero en la contraportada viene recomendado por Samantha Schweblin y eso ya es un sello de garantía.

Una mujer cansada de aparentar una vida feliz al lado de su bebé y de su marido sufre un golpe anímico. La depresión post-parto sumada a una insatisfacción sexual, intelectual, matrimonial y de vida en general, además de la sospecha de ser engañada por su marido, desencadenan un derrumbe emocional. La afectación en ella provoca que entre continuamente en desesperación con el bebé y que lo descuide.

“Pasé la mañana insultando al bebé. Le dije de todo menos lindo. Al bebé. Qué no le dije, lo recontra insulté. Una boca sucia de madre. Lo llené de agravios al pobre. Espero que no reconozca ninguna palabra, que más tarde repita delante de todos la concha de tu madre. Me miró diciendo: mamá, pis, y lo mandé a hacer pis solo, a que se alimente con sus propios medios. Ese domingo de invierno comenzó mal”.

A lo largo de la novela está siempre presente la sensación de que algo malo le va a pasar al bebé. No obstante, ella no es la única responsable del constante peligro que corre el niño, sino también el marido, el entorno y la sociedad en general que asumen que la madre es la única obligada a cuidar de los hijos.

En Matate, amor, hay una violencia soterrada que se asoma de vez en cuando y nos da pistas de las posibles causas que afectan la psique de la protagonista:

“Cada vez que lo miro recuerdo a mi marido detrás de mí, casi eyaculándome la espalda cuando se le cruzó la idea de darme la vuelta y entrar, en el último segundo. Si no hubiera habido ese gesto de darme vuelta, si yo hubiera cerrado las piernas, si le hubiera agarrado la pija, no tendría que ir a la panadería a comprar la torta de crema o chocolate y las velitas, medio año ya. Las otras al parir suelen decir, ya no me imagino mi vida sin él, es como si hubiera estado desde siempre, pff.”

Como parte de ese derrumbe emocional o liberación de la realidad, la protagonista da rienda suelta a sus instintos sexuales con un vecino que la observa. Esto hace que la lleven a un centro de rehabilitación psiquíatrico, diagnosticada como ninfómana.

Matate, amor, está situada en un ambiente rural, lleno de una bruma que hace un poco difusa la frontera entre lo real y lo alucinatorio, y que por lo tanto exige una mayor atención al leerse. Sin duda esta novela es un gran libro y lo recomiendo ampliamente a aquellos que ya tomaron una decisión acerca de ser padres o madres y no hay nada que los haga cambiar de parecer.

“Quiero ir al baño desde que terminó el almuerzo pero es imposible hacer otra cosa que ser madre. Y dale con el llanto, llora, llora, llora, me va a trastornar. Soy madre, listo. Me arrepiento, pero ni siquiera lo puedo decir. A quién. ¿A él sentado en mis rodillas, metiendo la mano en mi plato de restos fríos, jugando con un hueso de pollo? ¡No! Dejá eso que te atragantás. Le tiro una galletita. Me la devuelve. Tengo la boca llena de saliva, de migas. Tengo tomate pegado en mi brazo […] Soy madre en piloto automático. Lloriquea y es peor que el llanto. Lo alzo, le ofrezco una sonrisa falsa, aprieto los dientes. Mamá era feliz antes del bebé. Mamá se levanta todos los días queriendo huir del bebé y él llora más. Quiero ir al baño, pero ese cacareo interminable, esa queja, me lo hace imposible Qué quiere de mí. ¿Qué querés? No me deja dejarlo. Se arquea. Ayer tuve que ir a hacer con él, hoy prefiero hacerme encima”.

Ciencia ficción a la argentina

La ciudad ausente (Novela gráfica) (Spanish Edition): de Santis ...

La ciudad ausente

Ricardo Piglia

Ilustraciones: Luis Scafati

Novela gráfica

Libros del Zorro Rojo, España, 2008

La ciudad ausente es una novela distópica del escritor argentino Ricardo Piglia; aunque algunos dicen que es una novela policial emparentada con la ciencia ficción.

La historia se ubica en la ciudad de Buenos Aires que se encuentra reprimida por el Estado. Aquí parecería que más que distópica es una novela histórica, sin embargo el ingrediente de ciencia ficción se lo da la existencia de una máquina de narrar autónoma que comienza a provocar ciertas confusiones al mezclar sus propias historias con las historias oficiales, dictadas por el Estado. 

El protagonista, Junior, es un reportero que trabaja en el diario El Mundo, junto con Emilio Renzi -el de los famosos Diarios de Renzi-. Junior hace un viaje por la ciudad de la furia, guiado por misteriosas llamadas telefónicas, que lo llevan a través de los relatos de la máquina, de las narraciones oficiales y de la memoria de los de los involucrados, en la búsqueda de esta máquina de narrar.

La máquina fue construida por un ingeniero húngaro -posiblemente ruso o alemán o de cualquier otro país de Europa del este-, y diseñada por Macedonio Fernández, el escritor argentino.

Finalmente descubre que la máquina de narrar se encuentra en una isla ubicada en un brazo del río Paraná y poblada de ingleses, irlandeses, rusos y gente que ha llegado de todas partes, perseguidos y exiliados políticos. En esta isla se venera como un libro sagrado al Finnegans Wake de James Joyce.

La ciudad ausente es, como dice en el prólogo Pablo de Santis, una novela  de ciencia ficción a la argentina, sin naves espaciales ni alienígenas.

Esta obra de Ricardo Piglia, está plagada de referentes literarios, pero hace un homenaje a dos libros principalmente:

  • Museo de la novela de la eterna de Macedonio Fernández, que es calificada como una antinovela. Un libro que está escrita de forma no lineal, con discusiones y autorreflexiones a diferentes niveles, que tiene más de 50 prólogos escritos por el mismo autor, antes del texto principal de la historia. Este libro lo empezó a escribir en 1925 y lo trabajó hasta el día de su muerte en 1952 (27 años de labor incansable) y se publicó hasta 1967.
  • El segundo libro al que hace homenaje, es el Finnegans Wake de James Joyce, que los expertos lo consideran el libro más complejo de la literatura inglesa –El Ulises es cosa de niños, dicen–. La dificultad de la obra radica en que Joyce la concibió como una obra esférica, en la que cada elemento es principio y fin del conjunto. Además, utiliza juegos de palabras mezclando el inglés con otros idiomas; hace uso del monólogo interior, de las asociaciones libres; no tiene una trama convencional ni construcción de personajes; en fin, es un libro difícil de asimilar y poco leído por el público en general. Joyce 17 años en escribir este libro.

De igual manera, La ciudad ausente, fue un libro arduamente trabajado; Piglia comenzó a escribirlo en 1982 y lo publicó hasta 1992.

La versión de novela gráfica, publicada en 2001, incluye las ilustraciones de Luis Scafati, las cuales la acercan más al film noir y la convierten en una verdadera obra de arte.

Las ciudades ausentes puede leerse como un entretenido thriller que nos ayudará a pasar un buen rato, o como la puerta de entrada a una literatura mucho más compleja.

Imposible no hablar del covid-19

Hoy es 23 de abril, y llevamos más de un mes de distanciamiento social (sugerido) en México.

Desde Febrero comencé a seguir las noticias acerca del covid-19, cuando aún se decía que era una epidemia en la lejanísima China. Después aparecieron los casos en otros países contándose por decenas, centenas y miles.

El virus saltó de un país a otro hasta que la OMS, a principios de marzo, aceptó que el problema era mundial y que era hora de llamarlo pandemia. Al continente americano, empezó a atacarlo por el norte. Canadá tomó medidas drásticas y los demás países siguieron como si nada.

Para mediados del mes, cuando había infectados en todos los países, pero aún se contaban con dos dígitos, comenzó la preocupación en América Latina.

Ahí comencé a seguir más de cerca el desarrollo de la enfermedad en México y en Argentina. Los casos crecían en carrera parejera, con variaciones pequeñitas entre ellos. Los 100 contagiados se alcanzaron el mismo día, o si acaso con un día de diferencia. Pero en Argentina el gobierno tomó medidas extrictas en cuanto a la movilidad, mientras que en México, el “quédate en casa” seguía siendo una sugerencia.

¿Porqué comparo estos dos países que parecen tan distintos y distantes? Porque ambos países tienen gobiernos de izquierda y ambos tienen economías vulnerables.

Seis semanas después las cosas son muy distintas entre ambos países, al menos según las cifras de Johns Hopkins University. Argentina tiene 3288 contagiados confirmados y 165 defunciones por covid-19, mientras que en México hay 10544 contagiados confirmados y  970 decesos.

Hoy me encontré estas gráficas en el periódico El País y la cosa es clarísima:

A veces pareciera que apelando a la buena voluntad de las personas, a la razón, se puede detener la propagación de esta enfermedad. A veces la realidad nos muestra que no es así. La intervención de los gobiernos es fundamental para que las personas reduzcan su movilidad y el virus salte de uno a otro huésped. Aunque entiendo que la problemática es mucho mayor que un simple decreto.

 

 

Rebecca Solnit me explica cosas

LOS HOMBRES ME EXPLICAN COSAS: Rebecca Solnit: 9788494548147 ...Rebecca Solnit

Los hombres me explican cosas

Editorial Capitán Swing, España.

Rebecca Solnit es la inventora del término mansplaining que puede traducirse como los hombres explicando, o como prefirieron traducirlo Los hombres me explican cosas. Este es el título del libro que contiene 9 ensayos y del primer ensayo en el libro. En este ensayo, Rebecca Solnit utiliza una anécdota personal para demostrar su tesis que dice que los hombres tienden a explicarles a las mujeres todo, incluso aquello en lo que ellos no son expertos y ellas sí.

La anécdota consiste en que un hombre adinerado en una reunión social entre gente adinerada se acercó a ella y a una amiga con la que la platicaba y comenzó a hablar sobre un libro que estaba de moda entre el círculo intelectual y entre quienes aspiran a estar en ese círculo. El hombre mayor, trataba de exponerle la tesis de ese libro a sus dos interlocutoras, sin darse cuenta de que una de ellas era la autora del libro. Cuando se dio cuenta, de que estaba explicando mal uno de los conceptos de su libro, Solnit trató de corregirlo, pero el hombre no se dio por enterado, ni siquiera cuando la amiga le dijo que ella sabía de qué hablaba pues era “su” libro. Esas cosas pasan frecuentemente, Solnit y se lo atribuye a un afán masculino de tratar de demostrar su supuesta superioridad intelectual sobre las mujeres.

No me detendré en este ensayo para decir si estoy de acuerdo, ni trataré de contraargumentar para decir en qué no estoy completamente de acuerdo. Me centraré en el tercero de los ensayos que conforman el libro, titulado: Mundos que colisionan en una suite de lujo.

En este ensayo, Rebecca Solnit hace una comparación entre el poder que ejercen los países primermundistas y las instituciones económicas contra los países subdesarrollados, con la violencia que ejercen algunos hombres en puestos de poder contra las mujeres. Comienza contando la agresión que sufrió una emigrante africana en Nueva York a manos de Dominique Strauss-Khan, entonces presidente del FMI. Ella (Nafissatouo Diallo), trabajaba como afanadora en un hotel y él la acosó sexualmente; cuando ella se resistió, él la amenazó con denunciarla como ilegal y de tomar represalias económicas contra su país de origen.

Esa misma relación de poder que intentó ejercer Strauss Khan sobre Diallo, existe entre el FMI y los países africanos y con el sur global. El FMI prácticamente dicta las políticas económicas de los países endeudados, obligando a sus gobiernos a subir impuestos, recortar programas sociales, etc.

Y de pronto en medio de este ensayo, con el que, mientras lo leía, concordaba completamente, vino a mi cabeza un recuerdo y una revelación, uno de esos “momentos Amelié”.

En 2013 fui a Argentina con mi familia, por motivo de un congreso de Lingüística al que asistió mi esposa como expositora y participante, y aprovechamos para conocer Buenos Aires. Mientras estábamos allá, en Venezuela murió Hugo Chávez. En ese entonces, Argentina estaba gobernada por Cristina Fernández de Kichner. A mí me llamó mucho la atención que en Argentina se declarara luto nacional. Sabía que había una cierta afinidad política entre los gobiernos de Venezuela y Argentina, pero de eso a que todos los periódicos tuvieran en primera plana la muerte del “querido general”, que en la Plaza de Mayo se colocara la bandera argentina a media asta y que hubiera carteles de  agradecimiento y despedida por todos lados, a mí me resultaba incomprensible.

Regreso a la sala de mi casa en el año 2020, mientras bebo una taza de café y leo el ensayo de Rebecca Solnit, y entonces viene el momento de la revelación. La autora explica como Hugo Chávez, con las ganancias del petróleo, ayudó al gobierno de Argentina a saldar su deuda con el FMI, y así poder establecer sus propias políticas económicas. A eso se debía el enorme cariño que los medios y el gobierno argentinos demostraban hacia el mandatario venezolano. Hasta los villanos preferidos tienen su lado bueno.

Otro ejemplo, que utiliza la escritora es el de las políticas alimentarias que USA y otros países desarrollados impusieron a los países más pobres, lo que provocó que dejaran de ser autosuficientes en la producción alimentaria. USA ofreció arroz a bajo precio a Haití, haciendo que los productores de arroz haitianos fueran a la quiebra. Años después Bill Clinton – otro personaje poderoso cuya reputación cayó a causa de un escándalo sexual – se dijo arrepentido de su política alimenticia con varios países, especialmente con Haití. El arrepentimiento puede ponerse en duda, pues el exmandatario también había dicho estar arrepentido de su comportamiento sexual mientras fue presidente.

Dos ejemplos de abuso de poder de un hombre sobre una mujer y de una institución o país a otro. Citando a Rebecca Solnit:

“Strauss-Khan creó una atmósfera incómoda y peligrosa para las mujeres, y sería diferente si trabajase por ejemplo, en una pequeña oficina. Pero que un hombre que controla parte del destino del mundo dedique sus energías a generar miedo, miseria e injusticia alrededor de él dice mucho del mundo en qué vivimos y de los valores de las naciones e instituciones que toleran su comportamiento y el de otros hombres como él”.  

Eso suena desmoralizante. Sin embargo, este ensayo, Mundos que colisionan en una suite de lujo, termina con un tono esperanzador. En el caso de Strauss-Khan, aunque no fue a prisión por el cargo de acoso sexual, perdió su cargo y su reputación, dado que, a la demanda de Diallo se sumaron las de otras mujeres que también fueron víctimas de este emperadorzuelo. En el caso de Haití, el FMI le condonó la deuda, en respuesta a la demanda de varias asociaciones civiles internacionales.

Esta es precisamente la esperanza: que la sociedad civil denuncie y apoye a quienes denuncian. No pongamos en duda la voz de los denunciantes por muy poderosos y reputados que sean los denunciados. Sumémonos.

Tengo otro caso que contar muy similar, pero ya será en otra ocasión. Por lo pronto reconozco que Solmit me explica cosas.

Argentina, tan lejos y tan cerca

Amazon.com: Una vez Argentina (Spanish Edition) eBook: Andrés ...Una vez Argentina

Andrés Neuman

Editorial Alfaguara, México, 2014

Una vez Argentina es como un álbum familiar en el que Andrés Neuman, a través de anécdotas, nos va describiendo su árbol genealógico.

Su bisabuelo Jacobo, un judío ruso, le robó el pasaporte a un soldado alemán y así adquirió el apellido Neuman. Se embarcó hacia Sudamérica huyendo de los pogromos. Allá conoció a su bisabuela Lidia, también emigrante, de origen lituano ella.

En esta parte, el libro me recordó el libro de Paul Auster, 4 3 2 1 que leí recientemente. En la novela de Paul Auster, el bisabuelo del protagonista también era de origen judío y viajó desde Rusia hasta Nueva York en busca de una nueva vida y en el camino adquirió, por casualidad, el apellido Ferguson. No dejan de maravillarme esas coincidencias en la literatura.

Regreso al libro de Andrés Neuman; este, además de ir contando la historia familiar de su autor, nos va contando la historia de Argentina, esta historia vivida en carne propia por cada uno de los protagonistas. La dictadura militar, la llegada de Raúl Alfonsín a la presidencia, la inflación incontrolable, el campeonato de fútbol en el 86, la guerra de las Malvinas y, por supuesto, los referentes literarios.

“Leía el diario en la casa de mi abuela Dorita. Las páginas centrales festejaban el triunfo de la selección en México. Según las crónicas, una mano divina había conquistado nuestro segundo Mundial, esta vez sin militares, y nos había devuelto las Malvinas. Maradona sonreía desde el Estadio Azteca, alzando la copa dorada como un brindis solar. Mientras buscaba alguna mención del Chino Tapia, me topé de improviso con la foto de un anciano entrecerrando los ojos. Me sorprendió que semejante vejestorio le quitara algo de espacio al fútbol. Era junio de 1986. Los restos del tal Borges descansaban en Ginebra”.

La manera de narrar de Neuman es tan natural, tan entrañable, que es imposible no verse reflejado en alguno de sus párrafos. ¿O será que su etapa de adolescente tímido me vino como un perfecto espejo literario?:

“Mostrar los pies me atemorizaba. Los pasos del pudor me llevaban a ocultarlo ante la vista ajena. ¿Ajena? Quizás los ocultaba de mí mismo.”

“Quise a una pelirroja que no supo que la quería. Ariadna. Admito que, con semejante nombre, hubiera debido sospechar. Pero a aquella edad no andaba uno sobrado de mitología.”

Además de estas citas, que ojalá hubiera escrito yo, viene una de las mejores descripciones sobre la vejez que jamás haya leído y que comienza así: “La vejez se convierte en una visión progresivamente incómoda para sus testigos, un futuro contagioso al que no conviene acercarse demasiado”.

Es imposible no pasar ir de un estado de ánimo a otro al leer éste libro. Además me llegó en un momento donde Argentina me parece más próxima que nunca. Tenía planeado viajar a Argentina el 22 de abril, y quería irme empapando del país sureño a través de su literatura.

Mi intención era pasar unos días en Buenos Aires y luego ir hasta la Patagonia. Pero este viaje estaba destinado a no ocurrir. Primero, enfermó mi mejor amigo con quien pensaba hacer este recorrido. Después, pasó por mi cabeza hacer el viaje en solitario y la pandemia del covid-19 me hizo desechar la idea. Lo dicho, este viaje estaba destinado a no ocurrir. No en este momento, pero presiento que, en un futuro próximo, Una vez Argentina.

Un gótico comtemporáneo

Image result for Las cosas que perdimos en el juegoMariana Enríquez

Las cosas que perdimos en el fuego

México, Editorial Anagrama, 2016

Las cosas que perdimos en el fuego llevaba más de un año en mi librero. No es que le estuviera sacando la vuelta o que estuviera esperando a que la autora ganara el Premio Herralde -lo acaba de ganar por su novela Nuestra parte de noche-, simplemente no le había podido llegar su tiempo. Por fin le llegó su momento y me ha impactado.

Mariana Enríquez ha desarrollado un estilo literario muy particular que se me ocurre llamar Gótico Argentino Contemporáneo -después me enteré de que le llaman Gótico Realista.

Sus historias no se sitúan en castillos medievales ubicados en lo alto de una montaña o en bosques oscuros, pero a veces se mencionan casas lujosas antiguamente que están localizadas en barrios bonaerenses venidos a menos, en los que el paso del tiempo y la falta de dinero para darle mantenimiento, han acelerado el deterioro.

En los cuentos de Mariana Enríquez podemos encontrar diferentes tipos de fantasmas. A veces, están aquellos entendidos como esas almas en pena que necesitan un acto reivindicativo para por fin descansar en paz -como El desentierro de la angelita, cuento publicado en la Revista Literaria Quimera. En otras de sus historias, aparece de manera subyacente el fantasma de la dictadura y el de la pobreza que igualmente asusta hasta a los más valientes.

Las cosas que perdimos en el fuego está formado por doce cuentos que no son precisamente de terror, pero vaya que dan miedo.

Un chico sucio no tiene elementos fantásticos, pero hay personas que creen en cosas fantásticas y que ponen un altar en la calle y le rezan santos delincuentes como El Gauchito Gil o San La Muerte, que al mexicanizarlo estaríamos hablando de El Santo Malverde y la Santa Muerte. Este es un relato ubicado en un barrio bravo de Buenos Aires, que anteriormente era de clase alta y en el que ahora lo único alto es la desigualdad entre las clases. En este relato, hay un niño que vive en la calle con su madre, que huele mal y causa lástima. Una noche, la protagonista lo invita a su casa -la casa antiguamente lujosa- le da de comer, le invita un gelato y pasan cerca de algo que parece un altar satánico. Ningún elemento fantástico, pura realidad hecha literatura.

La hostería nos traslada a una provincia argentina, un lugar al que los bonaerenses van a vacacionar. La hostería en la que se hospeda la protagonista anteriormente era un cuartel militar en el que, durante la dictadura militar de Videla, se encerraba y torturaba a los disidentes. En ese lugar los gritos de dolor y la violencia del pasado quedaron impregnados en las paredes y el terror no se olvida.  En este cuento encontramos elementos fantásticos con un sustento real y cargado de la historia de Argentina.

Los años intoxicados cuenta la adolescencia de tres amigas, desde 1989 hasta 1994. Nos habla de su amistad, del destrampe, de sus experiencias con las drogas (alcohol, marihuana, cocaína, ácidos) y las sitúa en un marco de pobreza, precariedad y abandono; la luz se iba por horas, no había comida y ellas eran flacas por no comer. Luego viene la ilusión de la recuperación económica -cuando la paridad del peso argentino y el dólar era 1 a 1. Además del ese trasfondo económico, está el social. Las chicas estaban a su suerte, nadie se preocupaba por ellas. Una de las chicas tenía llave de su cuarto para evitar que el padre, que siempre estaba borracho, se le metiera de noche. De manera tangencial, el cuento también habla del aborto ilegal.

Las cosas que perdimos en el fuego, cuento que le da nombre al libro, habla de una forma de “protesta” contra la violencia hacia las mujeres y también de un acto de sororidad. Una mujer en el subte, quemada del rostro y la cabeza, se sube a mendigar y saluda de beso a todos los pasajeros. Algunos al verla rehúyen y abandonan el vagón. Según ella, el novio le roció alcohol y le prendió fuego mientras dormía; el novio declaró que fue un accidente y ahora se encuentra libre. Víctima del novio y revictimizada por los jueces que no le creyeron. Igual al caso de ella, hubo otros casos, hasta que el hartazgo por falta de justicia las hace quemarse voluntariamente. Más mujeres solidarias se lanzan a la hoguera: si los hombres no eran capaces de respetarlas, vivirían con monstruos. ¿De qué otra manera podrían hacer patente la violencia que padecían? ¿De qué manera, en que fueran escuchadas?

“Por lo menos ya no hay trata de mujeres, porque nadie quiere un monstruo quemado y tampoco quieren a estas locas argentinas que un día van y se prenden fuego – y capaz que le pegan fuego al cliente también”. [p. 195]

Los relatos de Mariana Enríquez están llenos de una realidad actual e histórica, una realidad más bien maligna que a veces quisiéramos que no fuera real. Sin embargo, los diarios nos dicen que existen los rituales narco-satánicos, las desapariciones masivas, la drogadicción el abandono y la pobreza extrema, el aborto ilegal, los tipos que son capaces de arrojar ácido a una mujer por celos, la violencia de género.

Ojalá que este tipo de historias fueran solo parte de ese universo literario de Mariana Enríquez. Me he vuelto fan de esta autora y en cuanto pueda compraré su nuevo libro premiado para dejarlo reposar un buen tiempo en mi librero.

El inexistente instinto maternal

Mariana Dimópulos

Pendiente

Argentina, Adriana Hidalgo Editora, 2013

PendienteTodo hombre en su vida debe plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo… ¿Y las mujeres? ¿Deben tener acaso las mismas aspiraciones trascendentales que los hombres? No se espanten, esta frase es provocadora y las preguntas ni siquiera la voy a responder. Es más, para ser honesto, creo que nuestra trascendencia sería insustancial si la redujéramos a estas tres acciones. De lo que estoy seguro es de que ni el árbol, ni el libro, ni el hijo funcionan igual para todo mundo.

Recientemente he escuchado muchas veces el tema del derecho de la mujer a no ser madre, o de manera más general, del derecho a no seguir los roles tradicionales. Se habla de no ver el matrimonio como un destino irremediable, ni siquiera vivir en pareja hasta que el desamor los separe; y por supuesto no creer que procrear un hijo, es una predestinación que hay que enfrentar tarde o temprano, sola o acompañada.

Fue en una de esas charlas en las que se habla sobre los nuevos roles de la mujer en la sociedad, en una entrevista a Eugenia Zicavo que encontré en YouTube, en la que ella recomendó el libro Pendiente de Mariana Dimópulos.

Pendiente es un libro con temática feminista, sin ser panfletario. Habla sobre un inexistente instinto maternal, pero también habla de feminismos exaltados que terminan traicionados por sus promotoras.

Una mujer, que después de tener a su bebé, tiene complicaciones postparto y pasa un mes y medio internada en el hospital. Cuando por fin sale, se da cuenta que no tiene ningún vínculo con su bebé, que no tiene ese instinto maternal del que todo mundo le hablaba y que no siente nada al tocarlo y abrazarlo, por el contrario, busca cualquier pretexto para no hacerlo. El que se encarga del cuidado del bebé, quien lo alimenta, baña y cambia es Iván, la pareja actual de la protagonista.

La historia comienza en esa escena en la que el bebé llora, Irina no hace nada por calmarlo e Iván se apresura a tranquilizarlo. Después, dando saltos en el tiempo, vamos reconstruyendo la vida de Irina, desde sus 20 hasta los actuales 40 años. Nos habla de un período de su juventud en el que tenía amistad con unas chicas -Ludmila, Mara y Celeste- unos pocos años mayores que ella, que juraban y la hacían jurar, que nunca tendrían un hijo. Algunas, ni siquiera querían tener una pareja.

Sin embargo, como sucede en la vida real, el tiempo y las circunstancias hacen que la gente cambie. Mara por ejemplo, se embaraza, aunque pierde al hijo. Ludmila muere en algún punto intermedio de esos 20 años, y después Celeste también muere. Y aunque parece que ya les estoy echando a perder todo el libro con mis spoilers, estás muertes no son tan relevantes.

A lo largo de la historia, aparecen tres hombres en la vida de la protagonista: Pedro, un profesor de Filosofía, bohemio y nihilista, con quien vive un tiempo; un primo siniestro, que aparece de vez en vez, la seduce, la estafa y desaparece; e Iván, un médico ruso con quién también decide vivir y a quien parece que ama de verdad. Tres personajes masculinos que se acoplan a la protagonista para ayudarnos a descubrir sus múltiples facetas.

El estilo con el que está escrita la novela, requiere de mucha atención del lector para captar todos los detalles que en una lectura descuidada pasarán desapercibidos. Mariana Dimópulos, economiza en el lenguaje, utiliza frases cortas y omite algunos detalles. Sin embargo, cada enunciado tiene un peso en la historia. Por ejemplo, la siguiente frase me llamó la atención al leerla:

“Ah respiro. Todo es tan distinto y todo ha mejorado esta noche. El bebé está mudo. No es un gato. Y el aire no sabe mal como en esa de Pedro, la última”.

Confieso que tuve que releerla un par de veces para encontrarle un poco de sentido. Pero hacia el final, resulta que este párrafo es el vértice de la historia y bien merece un lugar especial en este museo de frases perfectamente cuidadas. Si no lo creen, vuelvan al epígrafe al terminar este fabuloso libro.

Pendiente de Mariana Dimópulos es altamente recomendable para quienes quieren descubrir nuevas voces en la literatura, para quienes están interesados temáticas feministas, y para quienes disfrutan del suspenso. Les garantizo que el final les enchinará la piel.

¿Sugar baby o sólo 40 y 20?

La uruguayaLa uruguaya by Pedro Mairal
My rating: 5 of 5 stars

Antes de leer este libro había terminado uno de novelas breves de Onetti, y como ya habrán leído no fue de mi agrado. Onetti ha sido un autor célebre entres mis amigos lectores del club, y por su recomendación bien valía la pena leerlo. En ocasiones, las recomendaciones de lectura no son lo que uno esperaba, pero en otras, resulta una agradable sorpresa. La Uruguaya fue una recomendación de Ragnar, si escuchan el podcast 8 y 9 de las 3C’s encontrarán porque decidí buscar el libro y leerlo. Si, hay algo de morbo detrás de la historia escrita por el autor argentino Pedro Mairal, un poco autobiográfica según mencionó en una de sus entrevistas.
La Uruguaya nos narra la historia Lucas, un escritor y catedrático argentino, que ha rebasado la edad de los cuarenta años, casado y con un hijo que apenas va en primaria. Su esposa es quién prácticamente mantiene a la familia con su sueldo, mientras él ha prometido escribir una novela a unos editores españoles, quienes han decidido darle un adelanto para que termine su novela. Argentina está pasando por una crisis económica donde el cambio de divisa se convierte en un robo impuestos a despoblado, por lo que prefiere ir a cobrar el dinero a Montevideo, y regresar con el efectivo a casa. Recientemente había viajado a Uruguay y en especial a Montevideo por unas conferencias de escritores latinoamericanos, y ahí conoció a una jovencita llamada Guerra, de quién quedaría completamente hipnotizado. Después de algunos correos y mensajes, por fin habían quedado de verse en Montevideo, así que Lucas iría a cobrar el adelanto de los editores y vería a Guerra, con quién esperaba disfrutar la tarde del día.
Mairal nos lleva de la mano en la narración de los acontecimientos de un día en la vida de Lucas, un día que sería angular en su vida. A través de la historia, encontramos destellos de recomendaciones literarias, incluyendo a Onetti y su obra El Pozo; también encontramos a Cortázar y algunos poetas como Juana de Ibarbourou. Siendo argentino y equivocándome al generalizar, no podía faltar las pinceladas de futbol y sus inchas. Hasta El Maracaná salió a relucir. Estos elementos son delineados e insertados a lo largo de la narración de Lucas sin afectar el ritmo de la historia.
Finalmente, la narración sorprende en los aspectos emocionales de Lucas, y como se acerca al abismo traicionando a su esposa Catalina por una ilusión, un sueño de adulto de cuarenta años que atrae y se siente atraído por una jovencita de 20 y tantos. Todo el entorno es propicio para la aventura, huyendo de su ciudad, obteniendo dinero para consentir a Magalí Guerra, buscando seducirla para conseguir sus atenciones. La narración es divertida y atrayente, renueva la novela latinoamericana, aunque resulta un tema más cotidiano y común de lo que uno cree, es también un bálsamo a la lectura: refrescante. Recomendable para algunos que empiezan a buscar lecturas más allá de los Best Sellers, y para aquellos profesores y escritores que han conocido alguna Guerra en su camino.

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