Orgullo y prejuicio, un clásico que perdura

Orgullo y prejuicio (Austral Singular): Amazon.es: Austen, Jane, Vales,  José C.: Libros

Orgullo y prejuicio

Jane Austen

Editorial Austral

En una conferencia del Colegio Nacional de México, Christopher Domínguez Michael, el reconocido crítico literario, decía acerca de los libros que se consideran clásicos: “Los clásicos son aquellos libros que cada generación tiene en las manos por razones misteriosas. Porque el abuelo se lo recomienda al hijo y el hijo al nieto. Porque van persistiendo en el gusto del público; porque el propio público los va protegiendo. Y cada generación lo lee y lo interpreta de manera distinta.”

Definiciones más o definiciones menos, la realidad es que hay libros que por más que pasen los años, se siguen editando, reimprimiento, llevándose al cine, al teatro, se siguen analizando por los estudiosos y comentando entre los lectores. Uno de esos libros llamados clásicos es Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.

Hace poco leí este libro que se publicó por primera vez en 1813 de forma anónima. Lo leí porque fue el pretexto para invitar a Romina Silman (su cuenta en Instagram: Leer.es.bonito) a grabar un podcast con 3C Libros y ella sugirió el tema.

No podré negar que tenía cierto prejuicio acerca de la obra: pensaba que iba a ser una novela con una visión muy femenina y anacrónica acerca del amor. A medida que avanzaba en las páginas, me daba cuenta de cuántas cosas nos perdemos por tener una preconcepción acerca de todo. Al llegar al final del libro pude decir, con un poco de orgullo, que vale la pena aventurarse, lanzarse al vacío de la lectura, en especial de un libro clásico que cuenta con una red de seguridad avalada por miles de lectores.

El libro me gustó mucho y dió para una larga plática entre amigos, de la cual les dejo el link para que la escuchen.

La aventura de esta lectura me dejó una doble recompensa: conocer la escritura de Jane Austen y tender las bases para una amistad que espero dure muchos años. Mil gracias Romina…

Primera parte del podcast dedicado a Orgullo y prejuicio de Jane Austen
Segunda parte del podcast dedicado a Orgullo y prejuicio.

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Orgullo y prejuicio by Jane Austen

My rating: 5 of 5 stars

Al fin llegó el momento de enfrentarme a uno de los más grandes clásicos de la literatura inglesa del siglo XIX. Un clásico mundialmente reconocido de la literatura universal, considerado la novela icónica de las comedias románticas. Jane Austen fue una escritora inglesa sobresaliente, muy ingeniosa y analítica, capaz de retratar la sociedad de su época y crear personajes que traspasan las páginas de los libros. Adelantada a su tiempo, logra publicar varias obras, aunque debido a la cultura machista de la época, no pudo presentarlas con su nombre.

Sin embargo, su obra ha superado la barrera de los siglos, convirtiéndose en referente literario para otras obras e incluso películas. Se ha convertido en parte de la cultura general, del conocimiento global de la humanidad. En sus novelas, ha logrado describir las costumbres de una típica familia de la época victoriana. Logra abogar por los derechos naturales de la mujer, que incluye el reclamo de la educación y el claro abuso de la subyugación masculina.

Orgullo y prejuicio fue la segunda novela que publicó, y es quizás la más famosa de todas. Se clasifica como una novela romántica, donde los personajes principales logran superar las adversidades para lograr vivir el amor que fue naciendo entre ellos. Esta es la trama del libro, pero la forma en que describe cada personaje, así como los hechos que fueron construyendo una relación que busque con ansía que al final pudiera materializarse. Este es el gran poder de la autora, hacer que el lector se sienta transportado a la época, y disfrute de cada momento y escena donde los personajes construyen su diálogo. Esto fue lo que sentí al leerlo.

Desde el primer instante logra captar la atención del lector. Su frase de entrada abre un debate sobre las costumbres victorianas:
“Es una verdad reconocida por todo el mundo que un soltero dueño de una gran fortuna siente un día u otro la necesidad de una mujer”.

Pero no solo esto, sino que son las madres de las jovencitas en edad, las que afanosamente buscan el marido ideal o aquel más conveniente, para que su hija tenga un futuro sino brillante, al menos acomodado.

En un pequeño poblado rural cerca de Londres, vive la familia Bennet, que tiene cinco hijas casaderas cuyas edades oscilan entre los 15 y los 23 años (de mayor a menor: Jane, Lizzy, Mary, Kitty y Lydia). A dicho poblado llega el señor Bingley, un joven soltero con una renta anual de cinco mil libras anuales, credenciales suficientes para que la señora Bennet busque que su hija mayor, Jane, logre ser presentada ante él para emparentarlos.

Junto con el señor Bingley, llega su hermana (Srita Bingley), y un amigo muy cerca a la familia, el señor Darcy. La primera impresión que causa el señor Darcy en la segunda hija de la familia Bennet, Lizzy, es de rechazo inmediato. Siendo Darcy algo orgulloso y con ciertos prejuicios sobre la clase inferior a la suya, no logra desenvolverse cortésmente durante el baile de presentación, hecho que deja una mala impresión en Lizzy. Cosa contraria ocurre entre Jane y el señor Bingley, que al verse ambos se siente atraídos como un amor a primera vista. Cabe recalcar que el señor Bingley es quién se comporta de una manera muy amable y atenta, enfocándose principalmente en agradar a Jane, pero es esta quién ya sea por timidez o inocencia, no logra demostrar sus sentimientos abiertamente aparentando una fachada de indiferencia.

A lo largo de la novela, este enredo inicial se logra aclarar, descubriendo la verdadera naturaleza de estos cuatro personajes, que enmarcan las parejas románticas por antonomasia. A través de los ojos de Lizzy conocemos los usos y costumbres de la época, así como las actividades de ocio de las señoritas victorianas. Es también a través de ella, y por ella, que experimentamos la transformación de Darcy. Esta es la tesis más importante, la cual perdura hasta nuestros días: uno cambio por amor, con tal de ser merecedor de la persona amada.

Es gracias también a Lizzy, que descubrimos a todos los personajes, haciendo un análisis de personalidad de cada uno de ellos, desde el padre resignado a su vida actual, hasta el cómico primo Collins, que por ser el pariente masculino más cercano a la familia Bennet, algún día será el heredero de las tierras que actualmente habitan. Aquí vemos una crítica de Jane sobre la costumbre de que las herencias pasan solo a familiares masculinos, lo cual orilla a que las damas busquen en el matrimonio, la única estabilidad económica para vivir.

Sin contar más de la trama, es una novela recomendada para todos aquellos que gustamos de un gran clásico, donde vemos la base de todo un genero de narrativa contemporánea. Más de alguna película de comedia romántica, tiene sus bases en Darcy y Lizzy. Basta con ver el Diario de Bridget Jones o 10 cosas que odio de ti para que sepan a que me refiero.

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Amor de mujer… y vampira

Carmilla. Historia de vampiros by J. Sheridan Le Fanu

My rating: 5 of 5 stars

Navegando en las diferentes opciones de divulgación literaria que hay en YouTube, encontré un programa creado en Argentina por un dueto de lectores experimentados en temas filosóficos y literarios (ADEH TV). En una de sus transmisiones, comentaron sobre sus 10 historias fantásticas favoritas, y entre ellas mencionaron a un escritor que desconocía: Joseph Sheridan Le Fanu. Fue un escritor irlandés de cuentos de terror y misterio, considerado por algunos como el padre del cuento de fantasmas irlandés en época Victoriana. Coincide en la época de Edgar Allan Poe, por lo que quizás tampoco ayudó a su reconocimiento mundial.

Una de sus obras más famosas es Carmilla, de la cual se dice influyó de manera muy contundente en Bram Stoker para escribir Drácula. Como se imaginarán, Carmilla es una historia de vampiros. Mejor aún, es una historia de vampiresas. En lugar de pensar en un Conde, seduciendo a sus víctimas, vemos ahora a una linda joven que aprovecha su porte y educación para atraer la sangre fresca de damas en plena lozanía para poder beber de su sangre.

Ubicada en la región de Estiria, al sur de Austria, colindando con el país vecino de Eslovenia, una joven que vive con su padre General inglés retirado, narra años después, los sucesos que vivió durante su juventud, que ha perturbado sus sueños desde entonces. Se considera una sobreviviente a los fantásticos hechos que acaecieron en aquel entonces.

Viviendo en una mansión cuya cercanía al pueblo más cercano era de unas 7 millas, la mayor distracción de la señorita era la recepción de invitados. El general Spielsdorf, amigo de su padre, tiene una hija de la misma edad y habían prometido pasar una temporada juntos. Sin embargo, dichos planes no pudieron llevarse a cabo, ya que la jovencita falleció en menos de una semana sin conocer una razón aparente. El general Spielsdorf narraba los hechos, a través de una carta, de una manera un tanto perturbadora, podría decirse que perdió la cabeza.

Esto provocó tristeza en la protagonista, al perder la oportunidad de tener una amiga para aliviar el tedio de los días. Sin embargo, esa noche que recibieron el mensaje del general, vieron también un accidente en el camino cercano a su propiedad: un carruaje se había volcado, el cuál transportaba a una madre y su hija. Al parecer eran de una familia aristócrata, ya que los acompañaban una escolta, la cuál ayudó a poner en marcha al carruaje nuevamente. Sin embargo, la joven que iba con ellos se había desmayado y por la languidez de su rostro, era necesario ciertos cuidados antes de proseguir.

La madre solicitó al padre de la protagonista, que pudiera recibirla en su morada, ya que ella necesitaba continuar el viaje que era de vida o muerte, pero no podría continuar en el estado enfermizo de su hija. Al ver esta situación, y pensar en que la compañía de la señorita podría hacerle bien a su hija que recientemente había perdido una amiga, aceptó el encargo de cuidarla hasta su regreso. El nombre del huésped es Carmilla, y desde el primer momento, hubo una atracción por parte de la hija hacia ese rostro lánguido y bello a la vez.

A partir de este momento, ocurrirían extraños sucesos en la región: hijas de campesinos que fallecían de manera inexplicable, sueños perturbadores de la protagonista y una especie de sombra que rondaba por los campos durante la noche.

Mientras tanto, Carmilla y la hija tenían una amistad que iba creciendo, no se querían separar, había un magnetismo que la atraía y que buscaba su contacto. Podemos ver esta atracción en frases de Carmilla que le dice: “voy a matarte y te encantará y no sólo eso, tú querrás más”. El desenlace es magistral, logra hacer un cierre adecuado sin prisas y bien formulado.

El autor transmite en su narrativa el ambiente propicio para la seducción del vampiro, el terror que subyace en lo sobrenatural y solitario de la región, y la inocencia que no permite reaccionar a tiempo. Esta novelette nos permite conocer el genio de Sheridan Le Fanu, abre una puerta hacia la incertidumbre de los seres que transitan por las noches, reaviva el culto vampírico desde una perspectiva de sus orígenes literarios.

La historia es muy entretenida y fácil de leer, pudiera ser perturbador para los corazones sensibles, pero también puede ser un buen punto de partida para principiantes de la lectura. Sin duda, el mejor cuento largo o novela corta que he leído este año.

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Las arrugas de mi abuela

(Basado en el sueño de A.S.)

No sé cómo llegué aquí, a esta antigua casa en la que mi madre vivió su infancia. Estoy parada en el centro del patio, rodeado de recámaras. En los pasillos que rodean el patio están las macetas de malvas y geranios que yo siempre confundía, pero que mi abuela me enseñó a distinguir por la forma de la hoja. La casa me cobija, la siento mía.

Sigo de pie en el centro del patio y ahora me llega un sentimiento de que la casa ya no me pertenece. La habito, sí, pero ese sentimiento de pertenencia se ha desvanecido. Ahí vivo junto a mis hermanas y los otros huéspedes. No sólo ha dejado de ser mía, ha dejado de ser la casa de mi abuela para convertirse en un hotel y las habitaciones se han multiplicado. El pasillo que conducía a la puerta de entrada en casa de mi abuela ahora tiene un mostrador que sirve de recepción y Nat, mi hermana, es la recepcionista.

Ver a mi hermana tras el mostrador no me regresa la tranquilidad, siento que el recuerdo se me va de las manos. Quiero seguir en casa de mi abuela, y escuchar su voz desde la cocina para darme a escondidas una golosina. Pero esa época ha quedado atrás hace mucho tiempo.

De pronto escucho la voz de mi abuela que viene a hospedarse a este hotel después de un largo viaje. Baja de un auto blanco, cuando un chofer elegantemente vestido le abre la portezuela. Entra al hotel, saluda a mi hermana y se reúsa a registrarse como los otros huéspedes.

Al fin a regresado mi abuela y eso me llena de alegría. Ha estado ausente por tantos años que creí que no volvería. Sin poder evitarlo, mis ojos se llenan de lágrimas y me nublan la visión. Pero sigo escuchando su voz y eso me reconforta. Sólo deseo abrazarla y hablar con ella largo y tendido como solíamos hacer.

Imagen tomada de Flickr Hive Mind

Me seco las lágrimas y estoy exactamente frente a ella. La abrazo y siento su perfume fresco que tanto me gustaba. Y entonces me dice que le cuente lo más lindo que me ha pasado durante el día, como siempre hacía. Y yo comienzo a decirle que volví a estar en su casa y que la volví a abrazar, como no lo hacía desde su partida. Y mientras le cuento este sueño recurrente, recorro con mi dedo las arrugas de su frente y sus mejillas, como lo hice siempre mientras aún vivía.

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¿Es amor u obsesión? Disfrutar del momento y aceptar la volatilidad de su presencia antes que perderla.

Travesuras de la niña mala by Mario Vargas Llosa

My rating: 4 of 5 stars

Esta novela de Vargas Llosa, nos invita a recorrer la vida de Ricardo, un traductor peruano, que dejó su patria siendo un joven licenciado en letras, cuya más grande ambición es vivir en París dedicado a su trabajo de traductor. La vida de este personaje pudiera resultar no tan interesante, si no es por un obsesionado amor por una linda chica que conoció en su juventud. A lo largo de su vida, ella aparece más de una vez, cimbrando todo su ser y arrasando con su tranquila vida mundana.

Su primer encuentro es en el Perú, en la apacible clase mediera colonia de Miraflores. La niña se presenta como una chilenita que vino a Lima por un trabajo de su padre, y aprovecha el aura de extranjerita para recibir las atenciones de los muchachos y la envidia de las chicas. Sin embargo, en una fiesta de XV años, se descubre la verdad sobre la chilenita: es una peruanita más que buscaba sobresalir de la pobreza de su entorno.

Tal cuál es la fórmula de la novela. La historia de esta niña mala, que continuamente se tropieza con Ricardo, encontrándolo en París, Londres y Tokio. Ella viviendo de sus encantos para no pasar penurias, y el siguiente su camino como traductor de la UNESCO. Sin embargo, cada vez que se encuentran, Ricardo le declara su más sincero y casto amor, y aunque la chilenita pasa agradables momentos con él, tiene muy claro que no podría vivir una vida mediocre. Ella tiene claro que nunca será suficiente, y que vivir intensamente es lo que necesita en su vida.

La novela es entretenida y Vargas Llosa hace a sus personajes consistentes, logrando una coherencia en las diferentes vicisitudes que une a los protagonistas. Con situaciones divertidas y ambientándonos en los años 60s y 70s tanto en París como Londres, el autor mantiene un ritmo atractivo permitiendo una lectura fácil, siendo ideal para aquellos que quieren conocer a los autores del Boom sin caer en la típica narrativa de hacienda bananera. Recomendable para lectores principiantes e intermedios.

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Un encuentro de miradas

(Sacado del barril de los recuerdos)

Cuando se habla de un encuentro de miradas, generalmente se piensa en un hombre y una mujer, en el inicio de una atracción con un desenlace carnal. Lo que me ocurrió a mí fue algo diferente: sublime, celestial.

Todos aquellos que al ver su mirada reflejada en las de pupilas de alguien más hayan sentido el abrazo de un tierno parpadeo, podrán argumentar que su experiencia no tiene nada de terrenal. Sin embargo, yo les aseguro que mi experiencia sí fue algo fuera de este mundo.

Mi nombre es Tereza, con zeta, porque la secretaria del Registro Civil así lo decidió, y porque mis padres no tuvieron el cuidado de revisar mi acta hasta muchos años después, cuando era demasiado tarde y costoso cambiarlo. Pero debo agradecer tal torpeza pues eso logró distinguirme de muchas otras Teresas. Claro, eso y mi carácter rebelde, que no encajaba en un colegio de religiosas.

Mis padres, a pesar de ser ateos confesos, decidieron meterme en el Colegio Juana de Arco, que pertenece a Las Hermanas de los Pobres Siervas del Sagrado Corazón. Su decisión se basó en que la Escuela Primaria Federal Gabino Barreda estaba demasiado lejos de casa, y a que del Don Bosco de los Salesianos -la otra oferta educativa- saldría más persignada que una monja. Aunque seguramente habría salido primero expulsada que con hábito. Las madres del Colegio, al menos eran más pacientes con mis travesuras y jamás me enteré de que intentaran disuadir a alguien de entrar en su congregación.

De lo que no pude salvarme fue de ir cada viernes primero a misa. Se celebraba en una capilla en donde destacaban 3 figuras teologales: Jesucristo, la Virgen María coronada con el Espíritu Santo y el Arcángel Miguel. Debo agradecer que sus figuras no fueran tan tétricas como las del templo cerca de mi casa, a donde alguna vez fui invitada a la  primera comunión de una de mis amigas y quedé impresionada por el gesto de dolor en la Virgen y el Cristo sangrante y amoratado. Las estatuas de la capilla del Colegio, por el contrario, en sus rostros dibujaban una sonrisa. El único que estaba un poco serio era el ser alado. Y no era para menos, pues empuñar una larga espada dorada y amenazar con ella a un dragón que intentaba morderle los pies, no era cosa para alegrarse.

La nula formación religiosa que recibí en casa, frecuentemente se contraponía con la excesiva que recibía en el Colegio. Yo movía los labios cuando todos mis compañeros rezaban y fingía un gran acto de contrición cuando insistentemente me invitaban a que comulgara cuando ya tenía la edad para haber hecho la primera comunión, cosa que jamás sucedió. Así que mi infancia transcurrió entre dos ambientes contrapuestos: el fervor y la herejía.

De esa manera terminé la primaria. Ya en la secundaria y la preparatoria, las monjas eran más relajadas en la formación religiosa, o al menos no andaban detrás de los alumnos para que fuera a contarle sus pecados al párroco. Quizás se resignaban, porque de lo contrario, hubieran necesitado un gran ejército de sacerdotes para depositar los miles de pecados de todos los adolescentes pletóricos de hormonas; o quizás pensaban que con los jóvenes se debe de utilizar la psicología inversa.

En la preparatoria tuve sólo un par de novios, a pesar de ser muy popular. Mi fama, no se debía a la belleza, sino a que lograba mantener un promedio de cuadro de honor, a pesar de tener una conducta reprobatoria. Creo que por eso, los muchachos se me acercaban más con intenciones de buscar una cómplice de andanzas, que una chica con quien salir. Pero eso jamás me perturbó; algunos pretendientes, muchos amigos y un par de mejores amigas, hicieron de mi preparatoria una de las mejores etapas en mi vida.

Al terminar la preparatoria, tuve que mudarme de ciudad para ir a la universidad. Mis padres, congruentes con su liberalismo religioso, me dejaron escoger carrera, universidad y por consiguiente ciudad. Yo fui la que lo pensé mucho. Estaba tan arraigada a mi ciudad y a mis amistades, que se me hacía difícil dejarlos para irme a estudiar Arquitectura al ITESO. Eso fue lo que en un disparatado chispazo elegí como profesión. Mi padre que siempre ha tenido un poco de artista frustrado y mi madre que me había hecho jurarle que no seguiría su carrera de contadora, apoyaron mi decisión.

Pasé cuatro años y medio muy ocupada haciendo planos y maquetas de proyectos irrealizables, y por supuesto, asistiendo a fiestas entre semana. Los fines de semana procuraba ir siempre a visitar a mis papás, porque pasaba un rato realmente agradable con ellos y porque mamá me mandaba comida para toda la semana, de esa manera no tenía que preocuparme por preparar mis alimentos. Además aprovechaba los fines de semana para visitar a mis amigos de la prepa que no habían salido a estudiar fuera, o que al igual que yo, llegaban a la pequeña ciudad natal a llenar las alforjas para la semana.

En esos cuatro años, con la amiga con quien estreché más los lazos fue con Sonia, que también había ido a Guadalajara a estudiar Pedagogía en la Universidad Panamericana. Ella, siempre había sido muy apegada a los preceptos religiosos que cimentaron sus padres y acrecentaron las mojas. Sin embargo, parece ser que la insistencia de los miembros del Opus Dei en la Universidad, echaron por la borda todo el apego que tenía a la religión católica, y ya para el cuarto año de la carrera, Sonia era tan laica y escéptica como yo. Corrijo, casi tan laica como yo, pues a pesar de compartir muchas de mis ideas acerca de la fe católica, tenía que seguir asistiendo a misa dominical con sus padres.

En una ocasión en que habíamos ido el fin de semana a nuestras casas paternas y que nos regresaríamos juntas a Guadalajara, me invitó a misa con sus papás. Siempre asistían a la misa de 10:00 am que se celebraba en la capilla del Colegio Juana de Arco. Emocionada por visitar nuevamente mi Colegio, y no teniendo nada mejor que hacer el domingo por la mañana, acepté.

En los 4 años que tenía de no visitar mi antiguo Colegio, este se había transformado. Las hermanas habían adquirido un gran terreno baldío y habían construido nuevas canchas y salones. La capilla, que anteriormente estaba bastante oculta, tenía una nueva entrada que la hacía lucir aún más hermosa; claro desde un punto de vista arquitectónico.

Al entrar, vi nuevamente los vitrales que siempre llamaron mi atención por su colorido, y me imaginé nuevamente niña, joven, colegiala rebelde. Un rayo filtrado a través del caleidoscopio multicolor, se posó sobre el Arcángel Miguel. Me detuve unos segundos a observar el dragón, que parecía aceptar resignadamente su derrota. Luego vi el elegante traje del arcángel predominantemente dorado y rojo, y su espada también dorada que se mantenía en guardia contra el dragón. Levanté un poco más la vista y creo que el arcángel sonrió, mientras nuestras miradas se encontraron y se fundieron en un eterno instante de pasión. Sentí mi torrente sanguíneo desde la punta de los pies hasta el corazón llevando una carga de fuego que jamás había sentido. Mis brazos cayeron a los costados, sin vida y luego la cabeza me dio mil vueltas hasta que perdí el sentido y me desplomé.

Cuando desperté, mis papás estaban a mi lado, Sonia y sus papás me observaban a los pies de mi cama, y su semblante pareció relajarse cuando abrí los ojos. Me contaron que había permanecido alrededor de un minuto observando la estatua como hipnotizada, sin hacer caso a sus llamados, de pronto me desmayé. Intentaron reanimarme con alcohol que les proporcionaron las hermanas, con un poco de vino de consagrar que les acercó el sacerdote y al ver que no reaccionaba, llamaron a mis padres. En cuestión de minutos estaban ahí para llevarme a casa. Reaccioné después de cerca de una hora, cuando el médico estaba por llegar.

El doctor dijo que no tenía nada, sin embargo me recetó vitaminas. Y yo, por supuesto, no le comenté nada a nadie acerca de la turbadora mirada del ángel.

De esos segundos de éxtasis similar al que seguramente sintió mi homóloga Teresa de Ávila, sólo recuerdo  un par de ojos cegadores, una blanca sonrisa, un cálido abrazo, un aire fresco en la cara, un calor en las entrañas, y una voz, que no estoy segura de haber sobrepuesto al recuerdo, diciendo:

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es el perderte a ti
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi amado quiero,
que muero porque no muero.

Hace ya más de un año desde aquel encuentro de miradas,  y no he vuelto a pararme en un templo por temor a encontrarme con él de nuevo y confirmar así mi locura o mi insensatez por falta de fe. Prefiero un encuentro fortuito, en un terreno neutral, en donde pueda yo, con una mirada, provocarle el mismo éxtasis divino.

Emplasto Brás Cubas

Memorias póstumas de Brás Cubas by Machado de Assis

My rating: 4 of 5 stars


Memorias póstumas de Brás Cubas by Machado de Assis

Machado de Asís fue un escritor brasileño, considerado como uno de los mayores exponentes de la literatura de su país. Vivió el periodo de transición de ser una colonia europea a ser un país libre y soberano. Como muchos países latinos, experimentó las corrientes políticas que fueron formando a las mismas familias dirigentes del país, perteneciendo a la clase privilegiada de la cuál haría una crítica mordaz y humorística a través de la presente obra.


Las Memorias póstumas de Brás Cubas, es una crítica a la sociedad brasileña desde la ultratumba. Después de haber fallecido, Brás Cubas escribe sus memorias, con la liberta del finado y sin compromiso alguno en el plano terrenal. De ésta manera, es capaz de hacer un análisis de su tiempo, de sus costumbres y de su país. Narrando sus memorias, desde una infancia precoz, donde por ser el único varón de la familia, tenía las ventajas de un patriarcado del Siglo XIX. Creció siendo un niño consentido, y fue iniciado en el arte del amorío a través del más antiguo oficio del mundo: una cortesana.


Marcela, una española que se convirtió en una famosa cortesana, la más bella de todas, logra capturar el corazón del joven Brás. Descubre el amor y su arte a través de ella y diversos costosos regalos. Despilfarrando sus ahorros con tal de conseguir sus atenciones, pero su padre logra darse cuenta y lo manda inmediatamente a Europa, casi a rastras sin oportunidad de llevarse a su querida compañera.
Mientras está estudiando en Europa, su madre enferma y corre inmediatamente a su lado. Alcanza a verla y despedirse de ella, pero cae en una depresión y se refugia en su casa de campo. Su padre lo busca para ofrecerle un plan para su desarrollo personal y profesional: un escaño en la política y una esposa. Ambos son necesarios para su condición y perpetuar su nombre. Virgilia es la chica casamentera en cuestión, y aunque al principio hay cierta afinidad, termina apareciendo un tercero en discordia que logra capturar sus atenciones y favores femeninos. Le promete se baronesa y la agradable insistencia del caballero, logran persuadir a Virgilia de casarse con este nuevo personaje en lugar de Brás Cubas.


Sin embargo, las líneas del destino siguen diversos trayectos, pero al final, llegan a unirse. Sin importar que Virgilia sea una respetable mujer casada y madre cariñosa de un pequeño niño, logra despertar la pasión de su antiguo pretendiente Brás, quién se permite vivir un idilio pasional y quizás más enriquecedor que ser solamente marido y mujer.

Durante varios años, viven este romance, y el marido de Virgilia casi los descubre en más de una ocasión. Siempre hubo la sospecha, pero nunca la evidencia. Por supuesto, como en la mayoría de los casos, los amantes eran conocidos por toda la sociedad, excepto el marido mismo.


Machado de Asís logra transmitir el comportamiento de la sociedad de la época, y al mismo tiempo, mantiene entretenido al lector con las diferentes vicisitudes del protagonista. Nos permite analizar una vida de peripecias, y que pudiéramos ser empáticos con algunas etapas de la misma, quizás la infancia, un proyecto malogrado, un acérrimo rival de amores o quizás, una fortuna de por vida.

Una lectura fácil y entretenida, recomendada para lectores intermedios. El tema pudiera ser lento o aburrido para varios lectores que van comenzando, y más cuando tienen otras opciones con mayor acción y velocidad. A pesar de todo, lo considero un clásico del siglo XIX.





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Vidas alternativas

4 3 2 1

Paul Auster

Seix Barral, España, 2017

Casi podría afirmar que todos hemos ejercitado el subjuntivo en carne propia. El subjuntivo es ese modo gramatical que utilizamos para realizar las afirmaciones hipotéticas, los deseos y la incertidumbre. ¿Qué habría pasado si en lugar de ingeniería hubiera estudiado medicina? ¿Habría sufrido el accidente si hubiera tomado el camino largo? Si mis padres hubieran escogido un kinder distinto para mí ¿habría conocido a la mujer de mi vida?

Plantearse este tipo de preguntas es aceptar que vivimos en mundo incierto, un mundo en el que el aleteo de una mariposa monarca en los bosques mexicanos provoca un incendio devastador en Australia o causa la caída de un helicóptero en Los Angeles; es aceptar humildemente que nuestro destino no está escrito y que depende de las circunstancias, del medio ambiente, de nuestras decisiones, pero también de las decisiones de otros.

También creo que quien nunca haya esbozado uno o más presentes alternativos, está subejercitando su capacidad imaginativa.

Esto es lo que Paul Auster hace de manera impecable en su novela 4 3 2 1, imaginar cuatro alternativas de vida para Archi Ferguson, el protagonista de la historia. Archi es el nieto de un inmigrante ruso que llega a Nueva York a principios del siglo XX. Como era un ruso judío de la comunidad yidish, su apellido iba a resultar impronunciable para los norteamericanos, por lo que un compañero de viaje le recomienda que cuando el agente migratorio le pregunte su apellido diga que es Rockefeller. Sin embargo, cuando le toca su turno para registrarse y le preguntan su nombre, olvida el apellido que le habían recomendado y dice “Ich hob forgossen” (que significa “lo he olvidado” en yidish), y el agente migratorio estampa en un papel Ichob Ferguson.

Con esta anécdota que circunstancialmente le cambia el nombre a un judío inmigrante, comienza el relato de la familia Ferguson y se centra en Archi, segunda generación nacida en Norteamérica. Pequeñas variaciones en la relación de los padres de Archi y de los demás miembros de la familia Ferguson, van moldeando la personalidad del pequeño de distinta manera y lo van conduciendo por cuatro vidas distintas. Un Archi Ferguson es tímido e introvertido, otro es totalmente extrovertido. Un Ferguson es un adolescente resentido con su padre, otro queda huérfano a muy corta edad. En una de las vidas el protagonista pierde dos dedos de la mano izquierda – lo cual lo ayudará más tarde a librar el servicio militar y ser enviado a la guerra de Vietnam-, en otra de las vidas se vuelve bisexual. Un Ferguson ingresa a la Universidad de Columbia y es testigo de las manifestaciones en favor de los derechos de los negros, otro gana una beca para estudiar en Princeton y participa en los movimientos antibélicos, uno más no estudia una carrera, y el último, ni siquiera llega a la adolescencia.

Sin embargo, en las vidas alternativas siempre hay algunos elementos en común, como una esencia del ser que permanece inalterable a pesar del medio y de las circunstancias: la práctica del beisbol, las lecturas tempranas y el gusto por escribir; el rechazo a las tradiciones judías; el hambre por vivir la vida y llenarse de experiencias; el amor casi reverencial hacia su madre; una postura política progresista, a favor de los derechos de las mujeres y en contra de la guerra, etc.

Paul Auster logra mantener una coherencia y credibilidad en cada uno de los relatos. Y aunque debo reconocer, que algunos detalles estuvieron en el límite de lo verosímil, cada una de las historias paralelas está escrita con una minuciosidad y precisión de relojero.

Además, algo sumamente bien logrado en todas ellas, son los saltos entre el ámbito meramente personal, el local, el nacional y el internacional. La historia está ubicada entre los 1940’s a 1970’s, una época muy convulsionada tanto en Nueva York y el resto de USA, así como en todo el mundo. El lector puede imaginarse caminar por los barrios judíos de Nueva York, por Central Park y por las Universidades, pero también puede percibir claramente cómo le afectan al protagonista los hechos que dejaron una huella en la Historia: El asesinato de John F. Kennedy y el de su hermano Robert, los cuestionables gobiernos de Johnson y Nixon, las guerras de Corea y Vietnam, los movimientos estudiantiles y antibélicos, el asesinato de Martin Luther King, la aparición de los Black Panthers, etc.

4 3 2 1 es una novela de largo aliento, 952 páginas que por momentos pudieran imaginarse como cuatro libros distintos cuya única relación son los nombres de los personajes. Pero ya hacia el final de la novela podemos darnos cuenta que la relación que guardan estos cuatro relatos los hace indivisibles.  Vale muchísimo la pena, aventurarse en esta carrera de resistencia.

Y para terminar este escrito, hago un rápido y sencillo ejercicio de imaginación en el plano subjuntivo: si mis padres me hubieran inscrito en un kinder distinto, ahora sería un gran médico que soñaría con ser ingeniero mecánico; en lugar de estar casado con mi actual esposa, lo estaría con alguien a quien hubiera conocido en la facultad de medicina y tendría cuatro hijos en lugar de una; el mayor de mis hijos estaría resentido conmigo por pasar tanto tiempo fuera de casa, y a los otros tres, eso no les importaría; para muchos, mi carrera profesional estaría marcada por grandes contradicciones, pues sería un afamado cirujano fetal que participaría en marchas a favor de la despenalización del aborto, lo cual me convertiría en una figura pública, que en esta vida, ni soñarlo.

Nahui Olin, una mujer extraordinaria

Adriana Malvido

Nahui Olin

España, Editorial Circe, 2005

Es muy frecuente escuchar que la lectura te permite vivir otras vidas, viajar a otras épocas y a otros lugares. Me parece que esto es especialmente cierto con las biografías, sobre todo con aquellas que están tan bien escritas que permiten que el lector se sumerja en la época, que camine al lado del protagonista, que lea sus cartas, que escudriñe en sus pensamientos y que en un momento dado sea partícipe de la propia vida del homenajeado.

Por una de esas azarosas razones por las que se selecciona un libro entre cientos, este año mis lecturas estuvieron salpicadas de algunas biografías. Y de la que quiero escribir hoy es sobre la biografía de Nahui Olin, escrita por Adriana Malvido.

Su verdadero nombre fue Carmen Mondragón, hija del general porfirista Manuel Mondragón -ni más ni menos que el inventor del rifle Mondragón, el primer semiautomático en el mundo- y nació el 8 de julio de 1893. Vivió en París, de los 4 a los 12 años, en donde recibió una educación muy refinada.

En 1913, en plena revolución, Carmen se casó con Manuel Rodríguez Lozano, un estudiante del Colegio Militar, hijo de una familia acomodada, a quién toda la familia Mondragón le había dado el visto bueno. Para evitar estar en México durante el momento político tan convulsionado que se vivía, los Rodríguez Mondragón se mudaron a Francia. Al poco tiempo Carmen quedó embarazada y poco después perdió al bebé. Este episodio aparentemente superado, causó una grieta irreparable en el matrimonio y dejó una huella imborrable en ella.

Cuando las aguas se habían tranquilizado en México, Carmen regresó a su patria, con una nueva visión del mundo, de las artes, de su sexualidad y de la participación de las mujeres en la vida cultural. Rápidamente se integró a las tertulias organizadas por los principales artistas de la época: Diego Rivera, Lupe Marín, José Vasconcelos, David Alfaro Siqueiros, Fermín Revueltas, Tina Modotti, Edwar Weston y por supuesto el pintor Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl, de quien Carmen se enamoró.

Fue el Dr. Atl quien le puso el sobrenombre de Nahui Olin, y así se le conoció hasta el día de su muerte. El romance entre Dr. Atl y Nahui fue bastante apasionado, lleno de amor, arte, sexo y muchas peleas. En el libro de Adriana Malvido, se reproducen varias cartas escritas por estos enamorados que dan muestra de sus arrebatos y colisiones, pero también del enorme talento de ambos.

En los años veinte, Nahui Olin era, sin duda, la mujer más bella de México, con unos ojos verde esmeralda, el cabello corto, los labios rojos, vestida siempre a la moda europea de la época y con un cuerpo divino. Además de su atractivo físico -que algunos atribuyeron a la brujería-, de su inteligencia, sus ideales libertarios y su amenidad para charlar, Nahui tenía un gran talento para escribir, pintar y tocar el piano.

La vida de Nahui, después de la ruptura definitiva con Dr. Atl, siguió conducida con vehemencia. Tuvo varias parejas, sus relaciones eran explosivas y su comportamiento estrafalario. Podría llegar a causar un poco de temor o una atracción irrefrenable, pero nunca pasaba desapercibida.

En su vejez, vivió en la miseria, sola y rodeada de gatos. Recibía una pensión del gobierno porque por algún tiempo impartió clases de arte en la secundaria, y ella decidía gastar su quincena en una buena y elegante comida.

Adriana Malvido, además de regalarnos una biografía sobre una vida apasionada y apasionante, nos trasporta al México de los 20’s, una época en que los ideales del progreso y la efervescencia artística y cultural estaban a flor de piel. Una época en la que sin duda me hubiera gustado deambular y encontrarme en alguna tertulia a la bella y talentosa Nahui.

Nahui Olin es un magnífico libro que incluye fotografías, fragmentos de cartas, pinturas, entrevistas y testimonios. Es muy recomendable tanto para quienes gustan de relatos acerca de personajes históricos, como para aquellos que quieran conocer un poco más acerca de la vida de una mujer extraordinaria que necesita revalorarse.

 

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Secuelas del viaje

(Basado en el sueño de M.)

Llegué a casa de mis padres y me sentía sumamente cansada. El viaje había sido agotador y para colmo algunas negociaciones no habían salido bien. Mi mamá estaba preparando la cena y mi padre estaba sentado en la cabecera del comedor, su lugar indiscutible.

Olía delicioso. Como siempre, mi madre se esmeraba en todos los detalles culinarios. Se esmera incluso hasta para hacer una quesadilla. Pero esta vez, era algo más que una simple quesadilla. Sobre el fogón estilo medieval había una cacerola enorme de la que humeaba un aroma apetitoso.

La vista al fogón me recordó el viaje que quería dejar en el olvido. Pero me llamó la atención no haberme percatado antes de la remodelación de la cocina. Mi padre me sonrió y, como siempre, ese gesto me trajo calma. Me preguntó qué tal se había portado mi escudero. Le dije que bien, que sin duda era el más valiente entre todos. Y el más cariñoso, aunque eso ya no lo dije.

En el momento en que la sonrisa apacible de mi padre y el recuerdo de mi escudero me reconfortaron, mi hermana bajó de su cuarto y como un relámpago que augura tormenta, disipó la calma. Que estaba harta de su trabajo, que renunciaría la semana entrante. Que no reconocían su esfuerzo y que le cargaban todas las tareas urgentes mientras que la nueva correctora no hacía nada más que pasearse en minifalda por la oficina de su jefe.

Mi padre, con la experiencia de un capitán de siete mares, trató de domar el ímpetu de mi hermana. Le dijo que no dejara que el trabajo en la editorial la abrumara. Ella debatía que cómo no iba a estar abrumada, que le habían encargado revisar la traducción empalagosa de las obras de Megan Maxwell, y que ella hubiera preferido la saga de George R. R. Martin. Yo no entendía nada de la discusión, pero ese nombre provocó una avalancha de pensamientos en mi cabeza.

Me disculpé, dije que me iría a bañar, que el viaje a Winterfell me había dejado exhausta y no quería seguir escuchando los dramas de mi hermana cuando se sentía la lady Sansa de la primera temporada.

Desperté con hambre, con el recuerdo brumoso de un sueño típico de una noche de Game of Thrones.

Weirwood by rougealizarine on DeviantArt

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