Orgullo y prejuicio, un clásico que perdura

Orgullo y prejuicio (Austral Singular): Amazon.es: Austen, Jane, Vales,  José C.: Libros

Orgullo y prejuicio

Jane Austen

Editorial Austral

En una conferencia del Colegio Nacional de México, Christopher Domínguez Michael, el reconocido crítico literario, decía acerca de los libros que se consideran clásicos: “Los clásicos son aquellos libros que cada generación tiene en las manos por razones misteriosas. Porque el abuelo se lo recomienda al hijo y el hijo al nieto. Porque van persistiendo en el gusto del público; porque el propio público los va protegiendo. Y cada generación lo lee y lo interpreta de manera distinta.”

Definiciones más o definiciones menos, la realidad es que hay libros que por más que pasen los años, se siguen editando, reimprimiento, llevándose al cine, al teatro, se siguen analizando por los estudiosos y comentando entre los lectores. Uno de esos libros llamados clásicos es Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.

Hace poco leí este libro que se publicó por primera vez en 1813 de forma anónima. Lo leí porque fue el pretexto para invitar a Romina Silman (su cuenta en Instagram: Leer.es.bonito) a grabar un podcast con 3C Libros y ella sugirió el tema.

No podré negar que tenía cierto prejuicio acerca de la obra: pensaba que iba a ser una novela con una visión muy femenina y anacrónica acerca del amor. A medida que avanzaba en las páginas, me daba cuenta de cuántas cosas nos perdemos por tener una preconcepción acerca de todo. Al llegar al final del libro pude decir, con un poco de orgullo, que vale la pena aventurarse, lanzarse al vacío de la lectura, en especial de un libro clásico que cuenta con una red de seguridad avalada por miles de lectores.

El libro me gustó mucho y dió para una larga plática entre amigos, de la cual les dejo el link para que la escuchen.

La aventura de esta lectura me dejó una doble recompensa: conocer la escritura de Jane Austen y tender las bases para una amistad que espero dure muchos años. Mil gracias Romina…

Primera parte del podcast dedicado a Orgullo y prejuicio de Jane Austen
Segunda parte del podcast dedicado a Orgullo y prejuicio.

La difícil tarea de ser madre

En «Mátate, amor» todo lo que se pudre forma una familia – Liberoamérica

Matate, amor;

Ariana Harwicz;

México, Dharma Books, 2019

Cuando pensamos en alguien que acaba de ser madre, viene a nuestra mente la ternura de los bebés, los brazos pachones y la piel lisa del pequeño, la temperatura caliente del cuarto en el que está la cuna, el aroma a talco. Quizás se cuele en nuestro recuerdo el olor a pañal usado y a leche materna; o las manchas en la cara y las estrías en la panza de la madre, huellas de un embarazo que es algo del pasado. Menos probable aún, es pensar en los desvelos, el cansancio acumulado, las ojeras, la depresión postparto, la desesperación de no poder hacer otra cosa que ser mamá de tiempo completo.

Por alguna extraña razón, recientemente han caído en mis manos muchos libros que hablan de la maternidad. Más precisamente, del lado B de la maternidad, ese que no tiene que ver con lo idílico sino con lo penoso de ser mamá. El más reciente de esos libros fue Matate, amor, de la escritora argentina Ariana Harwicz. No recuerdo de dónde escuché la referencia de este libro por primera vez, pero en la contraportada viene recomendado por Samantha Schweblin y eso ya es un sello de garantía.

Una mujer cansada de aparentar una vida feliz al lado de su bebé y de su marido sufre un golpe anímico. La depresión post-parto sumada a una insatisfacción sexual, intelectual, matrimonial y de vida en general, además de la sospecha de ser engañada por su marido, desencadenan un derrumbe emocional. La afectación en ella provoca que entre continuamente en desesperación con el bebé y que lo descuide.

“Pasé la mañana insultando al bebé. Le dije de todo menos lindo. Al bebé. Qué no le dije, lo recontra insulté. Una boca sucia de madre. Lo llené de agravios al pobre. Espero que no reconozca ninguna palabra, que más tarde repita delante de todos la concha de tu madre. Me miró diciendo: mamá, pis, y lo mandé a hacer pis solo, a que se alimente con sus propios medios. Ese domingo de invierno comenzó mal”.

A lo largo de la novela está siempre presente la sensación de que algo malo le va a pasar al bebé. No obstante, ella no es la única responsable del constante peligro que corre el niño, sino también el marido, el entorno y la sociedad en general que asumen que la madre es la única obligada a cuidar de los hijos.

En Matate, amor, hay una violencia soterrada que se asoma de vez en cuando y nos da pistas de las posibles causas que afectan la psique de la protagonista:

“Cada vez que lo miro recuerdo a mi marido detrás de mí, casi eyaculándome la espalda cuando se le cruzó la idea de darme la vuelta y entrar, en el último segundo. Si no hubiera habido ese gesto de darme vuelta, si yo hubiera cerrado las piernas, si le hubiera agarrado la pija, no tendría que ir a la panadería a comprar la torta de crema o chocolate y las velitas, medio año ya. Las otras al parir suelen decir, ya no me imagino mi vida sin él, es como si hubiera estado desde siempre, pff.”

Como parte de ese derrumbe emocional o liberación de la realidad, la protagonista da rienda suelta a sus instintos sexuales con un vecino que la observa. Esto hace que la lleven a un centro de rehabilitación psiquíatrico, diagnosticada como ninfómana.

Matate, amor, está situada en un ambiente rural, lleno de una bruma que hace un poco difusa la frontera entre lo real y lo alucinatorio, y que por lo tanto exige una mayor atención al leerse. Sin duda esta novela es un gran libro y lo recomiendo ampliamente a aquellos que ya tomaron una decisión acerca de ser padres o madres y no hay nada que los haga cambiar de parecer.

“Quiero ir al baño desde que terminó el almuerzo pero es imposible hacer otra cosa que ser madre. Y dale con el llanto, llora, llora, llora, me va a trastornar. Soy madre, listo. Me arrepiento, pero ni siquiera lo puedo decir. A quién. ¿A él sentado en mis rodillas, metiendo la mano en mi plato de restos fríos, jugando con un hueso de pollo? ¡No! Dejá eso que te atragantás. Le tiro una galletita. Me la devuelve. Tengo la boca llena de saliva, de migas. Tengo tomate pegado en mi brazo […] Soy madre en piloto automático. Lloriquea y es peor que el llanto. Lo alzo, le ofrezco una sonrisa falsa, aprieto los dientes. Mamá era feliz antes del bebé. Mamá se levanta todos los días queriendo huir del bebé y él llora más. Quiero ir al baño, pero ese cacareo interminable, esa queja, me lo hace imposible Qué quiere de mí. ¿Qué querés? No me deja dejarlo. Se arquea. Ayer tuve que ir a hacer con él, hoy prefiero hacerme encima”.

Podcast 3C Libros: Una historia entre batallas

Los invito a escuchar la entrevista / charla con Andrea Zalles, autora de Una historia entre batallas. Este libro narra la cruzada de una mujer nacida después de la Primera Guerra Mundial, y a quien el destino la fue llevando a ser testigo presencial de varios acontecimientos históricos del siglo XX: Guerra Civil Española, Segunda Guerra Mundial, Revolución de Bolivia.

Conozcan las motivaciones de Andrea, originaria de La Paz, para mudarse a Querétaro y posteriormente a Barcelona; cómo surgió la idea de escribir el libro, y entérense cómo el abuelo de Andrea peleó contra el padre de Roger Waters (vocalista de Pink Floyd), durante una batalla de la Segunda Guerra Mundial.

Visita al país de tus sueños

10 Cómics que muestran cómo funcionan las relaciones a larga distancia –  Antena San Luis

No sé que hago dentro de tus sueños. Aparezco y desaparezco con la intermitencia de un semáforo fuera de funcionamiento. Ahora, por ejemplo, estoy vestido con una camisa hawaiana y unos pantalones blancos que jamás utilizaría en el mundo real. Y no es que estemos en una playa soleada bebiendo piñas coladas alrededor de la alberca y bajo la sombra de palmeras. Esto parece ser una fiesta muy concurrida. Espero que sea una fiesta de disfraces si no, ¿qué hago yo vestido de esta manera?

En medio de esa multitud que se ilumina por instantes con luces de colores, apareces tú, con un vestido rojo, untado, con un escote magnético a mi vista. Estiras los brazos en mi dirección. Claramente me llamas a mí , pero aún así me cercioro para no cometer alguna torpeza que me deje en ridículo, aunque mi vestimenta basta. O por favor, no me pongas un sombrero panamá, ya es suficiente. Tampoco zapatos blancos, no soy un enfermero. Pero es tu sueño y aunque mi voluntad me llevaría a esconderme, camino hacia a ti con un paso de baile que no podría hacer ni en mis mejores sueños. En los tuyos sí, eso es evidente.

Llego a ti y te observo radiante, con esa sonrisa hermosa y sincera de las que uno, con suerte, podrá encontrar dos en su vida. Este pensamiento hace que resuene en mi cabeza la frase que mejor describe a Gatsby. Pero no es tiempo de pensar en libros, ahora estoy a tu disposición en cuerpo y alma.

Estás feliz, tus ojos así lo expresan y es imposible ocultarlo. Te abrazo para contagiarte el ritmo de mis pasos y me olvido de mi atuendo. Los tacones altos hacen que te veas enorme y para dejar de pensar en eso, recargo mi frente en tu hombro y cierro los ojos. Me dejo llevar por una música insonora que vibra de cuerpo a cuerpo.

Abro los ojos y ahora vuelvo a ser más alto que tú, sólo por un poco. Ya no llevas el vestido de gala ni los tacones. Tus ojos ahora están tristes. Yo no puedo dejar de checar de reojo si sigo vestido igual que un personaje de Hawaii 5-0. Te agradezco con una leve inclinación de cabeza que me hayas cambiado la hawaiana y los pantalones blancos por una camisa a cuadros y unos jeans con los que estoy mucho más cómodo.

Te pregunto qué ha pasado, porqué cambiaste el brillo de alegría por el brillo de tristeza de tus ojos. No alcanzas a responder porque un llanto incontenible te impide hablar. Ahora tú recargas tu frente en mi pecho. Yo, que en el mundo de la vigilia no soy muy bueno para reaccionar a las emociones ajenas, te abrazo fuerte para consolarte. Sigues como una Magdalena.

De pronto, detrás de mí, aparece un avión con la escalera de abordaje colocada y la compuerta abierta. Sé que está ahí esperándome. Apenas un parpadeo después estoy subiendo la escalera, volteo a despedirme de ti. Sé que es hora de volver a mi propio país de los sueños.

Destino, azar o decisión

Una historia entre batallas || Andrea Zalles

Una historia entre batallas

Andrea Zalles

Editorial Par Tres, México 2019

Siempre he pensado que un ser humano, físicamente y conductualmente, es resultado de la genética, del ambiente en que se desarrolla y la casualidad. Estos tres elementos nos constituyen en diferentes proporciones, lo cual nos da la individualidad.

Años atrás leí un artículo en la revista National Geographic que hablaba sobre gemelos que habían sido separados de bebés y sin embargo eran idénticos de adultos, y otros que habían vivido juntos todo el tiempo y sin embargo eran bastante diferentes. La conclusión del artículo era que el desarrollo de los individuos, y por lo tanto el parecido o diferencia entre los gemelos, dependía de la genética, el entorno y el azar.

De manera similar, cuando pensamos en por qué estamos dónde estamos, por qué somos las personas que actualmente somos con los vicios y virtudes que cargamos, con la pareja que tenemos, con los amigos que hemos hecho a lo largo de la vida, con todo eso que nos configura como personas, de nuevo veo tres elementos: destino, azar y decisiones.

Y creo que una mezcla de estos tres elementos fue lo que me llevó a conocer a Andrea Zalles. Andrea nació en La Paz, Bolivia y con un poco por fortuna, pero sobre todo por tomar una de las decisiones más importantes en la vida, vino a estudiar la carrera de Diseño Industrial a la ciudad de Querétaro en México. Después se fue a estudiar una Maestría en Innovación y Emprendimiento en Barcelona España y cuando viajó al viejo continente, ya llevaba la inquietud de escribir un libro; la historia que quería contar era la de su tía abuela Doris. Así surgió Una historia entre batallas.

Una historia entre batallas narra la vida de Doris Sorta Gokesh quien nació en Hungría justo después de la Primera Guerra Mundial. Doris era hija de padre húngaro y de madre austriaca y vivió una infancia dura, en el tiempo en que el Tratado de Versalles apretaba el cuello a los alemanes y al imperio austro-húngaro que había sido su aliado en una guerra perdida. La pobreza y el abandono del padre hizo que la familia de Doris se mudara a España, para tener una mejor vida que en Viena. Sin embargo, estalló la Guerra Civil Española y las ilusiones de una vida tranquila se desvanecieron. Años después, Doris vivió en Wassy, que parecía un buen lugar para establecerse; pero un nuevo ajetreo de proporciones mundiales se cernió sobre el pequeño poblado francés: las tropas nazis se expandieron por toda Europa, incluida Francia. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Doris estaba casada con un Ingeniero en Minas que la llevó primero a Perú y después a Bolivia por una mejor oferta laboral. Ya en tierras andinas, Doris fue testigo de la Revolución Boliviana.

Parecería que Doris siempre estaba en el peor lugar, en el peor momento. Fueron su fortaleza y sus ganas de salir adelante, las que le ayudaron a sortear todas las vicisitudes de la vida, aunque ella solía repetir que “por algo suceden las cosas”.

Decidí invitar a Andrea para hablar de su libro en el podcast 3C Libros, un proyecto en sí mismo lleno de improbabilidad, pues unió en amistad a partir de los libros a tres ingenieros que gustan de leer y hablar sobre literatura. Andrea decidió aceptar la invitación y las circunstancias fueron llevando la conversación hacia temas como el destino y la vejez. Por cierto, uno de los capítulos de Una historia entre batallas describe la relación entre Andrea y su tía abuela Doris en el momento en que ella le contaba sus memorias. La descripción de la vejez de la tía Doris es conmovedora y dura, pero llena de satisfacciones después de haber tenido una vida tan imprevisible.

Al final, no sé si el destino ya tenía escrito que esta charla ocurriría; no sé si el azar vuelva a hacer que los caminos se entrecrucen; lo que sé es que decidí escribir sobre esta bella experiencia, que ojalá sea el inicio de una larga amistad.

Pigtopia: la utopía que termina con un nudo en la garganta

Fiction Book Review: Pigtopia by Kitty Fitzgerald, Author ,  Miramax/Hyperion $22.95 (247p) ISBN 978-1-4013-5251-6

Pigtopia

Kitty Fitzgerald

Literatura Mondadori, México, 2006.

Pocos libros me han dejado un nudo en la garganta al terminarlos. Pigtopia de Kitty Fitzgerald ha sido uno de ellos.

Hace poco mi esposa y yo decidimos hacer una lectura compartida y en voz alta. Y fue difícil seleccionar cuál libro podría servir para este experimento literario en pareja. No queríamos que fuera poesía, ni cuento, ni ensayo, con lo cual acotamos bastante el universo muestral. Queríamos leer una novela.

Tenía que ser una que se pudiera leer sin prisa, que no tuviera formas narrativas ni tramas complicadas, que no fuera tan larga para que no se extendiera por siempre su lectura, pues los tiempos de ambos no siempre se conjuntan. Así, nos quedamos con una tercia de finalistas: Final feliz de Isaac Rosa, Expiación de Ian McEwan y un libro con un cerdito en la portada de Kitty Fitzgerald. Nos decidimos por el tercero porque estaba narrado a dos voces: la de Jack Plum y la de Holly Lock.

Jack es un niño-adulto aislado que tiene una deformidad de nacimiento (por esa deformidad él se autonombra Niñocerdo); vive con su madre alcohólica quien, al igual que el resto de la sociedad, lo maltrata. Holly es una adolescente introvertida que no encaja mucho con los jóvenes de su edad. El único remanso para Jack es la compañía de sus cerdos que mantiene escondidos y a salvo de la vista de sus vecinos en un lugar construido por él y que denomina el palacio de los cerdos. Holly corre con más suerte pues tiene una buena relación con su madre y tiene una amiga que la busca, pero que a veces le cuesta trabajo soportar. Después de pensarlo mucho Jack se atreve a hablar con Holly, le muestra su palacio de los cerdos, y se hacen muy buenos amigos.

Hasta ese punto la novela parecería una historia rosa, ideal para niños y adolescentes a quienes se les quiere fomentar el hábito de la lectura. Pero las cosas se complican para Jack y Holly y la historia comienza a llenarse de nubarrones. No quiero contar demasiado de la historia para no spoilear, pero a mitad del libro hay muerte, violencia y la sensación de que algo peor está aún por ocurrir.

No digo que la novela no sea apta para adolescentes -para niños de plano creo que no lo es-, pero creo que por lo impactante de la narración, se le debe recomendar a quienes ya sean lectores ávidos, y que estén acostumbrados a historias fuertes.

La soledad y el abandono están muy presentes en Pigtopia, pero además nos expone otras formas de violencia a la que pueden estar sujetos los adolescentes en este mundo tan imperfecto. La utopía creada por Jack para sus cerdos es destruida por aquellos que no permiten ver un poco de felicidad en los demás y ni siquiera Holly es capaz de detener la catástrofe. Cómo siempre, “el lobo es el lobo del hombre”.

Debo confesar que este libro llegó a nuestra biblioteca por un error mío, lo compré pensando que Kitty era la hermana de Francis Scott Fitzgerald, el autor de El gran Gatsby. Después supe que la hermana de Francis Scott se llama Penelope. Sin embargo, doy gracias a mi ignorancia y a esa dosis de azar que puso enfrente de mí la novela de Kitty Fitzgerald, que terminó encantándome.

Y otra confesión final acerca de la lectura de este libro: mi esposa que leyó el último capítulo, también terminó con el nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. Sin duda, Pigtopia será un libro que recordaré siempre.

Lenguaje cifrado

Léxico familiar: Amazon.co.uk: Ginzburg, Natalia, Corral, Mercedes:  9788426402950: Books

Léxico familiar

Natalia Ginzburg

Lumen, España, 2016

La complicidad de los amantes crea nuevos lenguajes. Un guiño significa un “te veo al rato”; una palabra detona el recuerdo orgásmico; un roce, exhibe un deseo. Todo un nuevo conjunto de significados que generalmente sólo es entendido por sus coatures.

Con los amigos y la familia, pasa algo similar: se distorsionan las palabras, se resignifican. Se crean sobrenombres o apelativos que cualquier observador ajeno a ese círculo de complicidad es incapaz de entender. Es decir, se crea un léxico familiar.

Léxico familiar es también el título de un libro escrito por la autora italiana Natalia Ginzburg (1916 – 1991), del cual quiero hablar hoy.

Anteriormente había leído un ensayo de Natalia Ginzburg titulado Las pequeñas virtudes (1962) que me dejó prendado a la autora. Es un texto escrito con un lenguaje sencillo pero lleno de una inteligencia y una profundidad abrumadoras, en el que nos explica que no debemos enseñar a nuestros hijos las pequeñas virtudes, como el hábito del ahorro, sino las grandes virtudes, como la generosidad y el desapego por el dinero; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; etc.

Con ese precedente, imaginé que Léxico familiar (1963) sería una explicación detallada de cómo surge o cómo se construye el idioma secreto entre los miembros de un grupo íntimo, como la familia. No fue así. En este libro, la autora nos cuenta su infancia y su juventud a través de anécdotas, en las que además de la historia familiar, se ve, como telón de fondo, la convulsa historia de Italia entre las dos guerras mundiales.

Natalia nació en Palermo en el seno de una familia acomodada. Su padre, Giuseppe Levi era un librepensador de familia judía muy estricto, que enseñaba Anatomía en la Universidad de Turín. Su madre, Lidia Tanzi, venía de una familia católica y cargaba sus propios prejuicios sociales y religiosos. Toda la familia Levi tenía una tradición abiertamente antifascista, lo que provocó que varios de sus tíos, su padre y sus hermanos fueran perseguidos y encarcelados.

Con los nombres reales, aparecen en el libro los amigos y familiares de la autora, que, a contracorriente, combatían contra un régimen autoritario que se expandía por toda Europa. Los fundadores del Partido Socialista en Italia, los exiliados, los que actuaban desde la clandestinidad.

En apariencia, Léxico familiar es un libro sencillo, sin una trama bien definida, pero en él se mezclan las anécdotas cotidianas con reflexiones profundas sobre la época. Además es un ejemplo sobresaliente de cómo se debe de escribir combinando inteligencia y naturalidad.

«La posguerra fue una época en que todos creían ser poetas, y todos pensaban ser políticos. Después de tantos años en que pareció que el mundo había enmudecido, petrificado, y en que la realidad había sido observada desde el otro lado de un cristal , una vítrea, cristalina y muda inmovilidad, todos imaginaron que se podía y se debía hacer poesía de todo.»

Cómo decía la propia autora: «Aunque esté basado en hechos reales, me gusta pensar que Léxico familiar va a leerse como una novela, pidiéndole a este libro todo lo que solemos pedir a la ficción.»

No me decepcionó en lo absoluto que el libro no fuera lo que yo esperaba. Por el contrario, disfruté el recorrido a través de sus páginas, me divertí con ese lenguaje cifrado que sólo era entendible entre los Levi y aprendí un poco sobre la historia italiana. Espero que el lector de este texto tampoco se haya decepcionado por no encontrar aquí nada acerca del idioma de los amantes.

Las arrugas de mi abuela

(Basado en el sueño de A.S.)

No sé cómo llegué aquí, a esta antigua casa en la que mi madre vivió su infancia. Estoy parada en el centro del patio, rodeado de recámaras. En los pasillos que rodean el patio están las macetas de malvas y geranios que yo siempre confundía, pero que mi abuela me enseñó a distinguir por la forma de la hoja. La casa me cobija, la siento mía.

Sigo de pie en el centro del patio y ahora me llega un sentimiento de que la casa ya no me pertenece. La habito, sí, pero ese sentimiento de pertenencia se ha desvanecido. Ahí vivo junto a mis hermanas y los otros huéspedes. No sólo ha dejado de ser mía, ha dejado de ser la casa de mi abuela para convertirse en un hotel y las habitaciones se han multiplicado. El pasillo que conducía a la puerta de entrada en casa de mi abuela ahora tiene un mostrador que sirve de recepción y Nat, mi hermana, es la recepcionista.

Ver a mi hermana tras el mostrador no me regresa la tranquilidad, siento que el recuerdo se me va de las manos. Quiero seguir en casa de mi abuela, y escuchar su voz desde la cocina para darme a escondidas una golosina. Pero esa época ha quedado atrás hace mucho tiempo.

De pronto escucho la voz de mi abuela que viene a hospedarse a este hotel después de un largo viaje. Baja de un auto blanco, cuando un chofer elegantemente vestido le abre la portezuela. Entra al hotel, saluda a mi hermana y se reúsa a registrarse como los otros huéspedes.

Al fin a regresado mi abuela y eso me llena de alegría. Ha estado ausente por tantos años que creí que no volvería. Sin poder evitarlo, mis ojos se llenan de lágrimas y me nublan la visión. Pero sigo escuchando su voz y eso me reconforta. Sólo deseo abrazarla y hablar con ella largo y tendido como solíamos hacer.

Imagen tomada de Flickr Hive Mind

Me seco las lágrimas y estoy exactamente frente a ella. La abrazo y siento su perfume fresco que tanto me gustaba. Y entonces me dice que le cuente lo más lindo que me ha pasado durante el día, como siempre hacía. Y yo comienzo a decirle que volví a estar en su casa y que la volví a abrazar, como no lo hacía desde su partida. Y mientras le cuento este sueño recurrente, recorro con mi dedo las arrugas de su frente y sus mejillas, como lo hice siempre mientras aún vivía.

Mirar es tocar…

Ya había recomendado hace unos días el libro de Elisa Díaz Castelo titulado Principia, sin embargo no pude aguantarme las ganas de compartir otro poema suyo que nos recuerda que mirar es tocar.

No podía hacer falta la dosis de ciencia, como en todos poemas que conforman este libro. Los ancestros submarinos desarrollaron leves hendiduras en la piel que en principio eran termosensibles y terminaron siendo fotosensibles. Un proceso evolutivo de millones de años.

Y aunque el amor evoluciona en mucho menos tiempo, se pasa lentamente de la mirada a la caricia, del deseo a la pasión. Desafortunadamente, no todos los amores evolucionan de igual manera. Se necesitarían miles de universos para ser habitados por esas alternativas que no sucedieron.

Lo que nos queda es la mirada, esa variante que no precisa cercanía. Sin más, aquí dejo el poema de Elisa Díaz Castelo:

Disertación sobre el origen de la vista

La primera vez que me miraste de ese modo,

tratando de descifrar el acertijo de mi cuerpo,

mi sangre se espesó de pronto, fui piel

plenamente, a mediodía. Años más tarde

supe que nuestros ancestros submarinos

desarrollaron en la piel un par de leves hendiduras

más sensibles. Eran los ojos: dos agujeros negros

en los que caía el mundo. Lo que fue temperatura

se hizo luz, por primera vez vista, traducida del tacto.

Pero yo ya lo sabía de algún modo.

Sin decírmelo me mostraste

que mirar es tocar, una variante

que no precisa

cercanía. Tenías razón

en mis manos, mis labios,

mis alargadas clavículas, lo visible

y manso de mi cuerpo. Me conocías

a flor de vista, a golpe de ojo y sin saberlo,

es cierto, me tocabas. Que eso te consuele.

Elisa Díaz Castelo; Pricipia; FETA, México, 2018

Poesía y ciencia

Principia
Principia
Elisa Díaz Castelo
Fondo Editorial Tierra Adentro

Acabo de descubrir un libro hermoso, que de cierta forma combina la ciencia y la poesía, así como Humbolt creía que debería de ser, eliminando las barreras entre el conocimiento científico y la estética.

El título del libro, Principia, es en honor al Philosophie Naturalis Principia Mathematica, que Isaac Newton publicara en 1687, y que explica las leyes del moviento y la ley de la gravedad que son la base de la Mecánica Clásica.

Elisa Díaz Castelo (Cd.Mx. 1986 – ) es una poeta mexicana que con el apoyo de las becas Fulbright – COMEXUS y Goldwater cursó la maestría en Creative Writing en la Universidad de Nueva York. Ha ganado múltiples premios a nivel nacional e internacional, incluido el primer lugar del Premio Poetry International 2016.

En Principia de Díaz Castelo podemos encontrar poemas que tratan sobre la escoliosis, los agujeros negros y la materia oscura, la escala de Richter, la geometría descriptiva y los puntos de Lagrange.

Esos poemas no son puramente una explicación científica versificada sino un vínculo entre lo cotidiano y lo cósmico, entre los sentimientos y la razón, entre lo material y lo etéreo.

Para muestra les dejo un poema que nos habla de cómo la memoria, al igual que la materia, se degrada con el paso del tiempo, y a veces sólo quedan jirones de lo que fue…

Vida media
Redondeo su nombre: tres o cuatro recuerdos.
Un número que tiende a oscurecerse.
Nombre de borde y empeño, nombre de fondo,
canción que de tanto escucharse se desgasta.
Dios ha hecho su mudanza. Aquí no vive.
Cielo, tierra, hemos sido demasiado lentos:
ya se acabó la cuenta regresiva de la infancia
y no me acuerdo del nombre de su perro
ni de qué traía puesto cuando nos empapamos
bajo la lluvia tibia de Querétaro.
Nuestros nombres eran
innumerables abejas, un enjambre o manada,
multitud de sonidos, ni siquiera
el cauce o la desembocadura, ni siquiera el agua.
Recuerdo obstinado, elemento
que al atravesar el tiempo se desgasta.
Ésta es la vida media. Con los siglos
hasta los elementos cambian:
se pierden por partes: se vuelven otros
más comunes, más estables. Casi todos
terminan convertidos en plomo.


Hay que decirle al alquimista: dale tiempo.
Queda la vida a contrapelo y esta calle lejana
en la que vivo, quedan las frutas maduras
que esperan de madrugada en sus cajas
frente al mercado vacío. El presente
es punto ciego, ese momento
de la noche a medias donde no se sabe
si las cosas terminaron o están a punto de empezar
de nuevo, todavía. Queda la palabra de su nombre:
un cuchillo de carnicero tantas veces afilado
que casi ya no existe.