Un lugar y un libro hermosos

Un lugar tan hermoso. Rondolino, Fabrizio. Libro en papel. 9788478445004  Cafebrería El Péndulo

Un lugar tan hermoso

Fabrizio Rondolino

Ed. Siruela, España, 2000

La memoria es la habilidad que nos vuelve humanos. Nos ayuda a tener noción de nuestra existencia; a saber de dónde venimos y hacia dónde vamos; nos hace consientes del transcurrir del tiempo y de que tenemos un propósito en este planeta. La memoria nos hace recordar, cada momento, quiénes somos y a quién amamos.

¿Y qué pasaría si de pronto nuestra memoria dejara de funcionar? ¿O al menos, la memoria a corto plazo? ¿Qué sería de nosotros si de un momento a otro, nuestra memoria fuera incapaz de grabar nuevos recuerdos?

Un lugar tan hermoso es un libro hermoso del autor italiano Fabrizio Rondolino, que nos plantea éstas preguntas. La trama va más o menos así:

Maddalena Delani, es una famosa cantante de ópera que por recomendación de su promotora, decide ir a Iguazú para descansar y tratar de recuperarse de lo que aparentemente es una fatiga crónica. Se hospeda en un pequeño hotel junto a las cataratas y lo que no sabe, es que padece el síndrome de Kórsakov, una enfermedad caracterizada por la pérdida de la memoria inmediata.

Por otro lado, Sonnabend es un catedrático en Neurofisiología que ha dedicado su vida al estudio de la memoria. En busca de su propia memoria familiar, viaja a Iguazú intentando recoletar los recuerdos de su padre, un Ingeniero Civil que soñaba con construir un puente que cruzara las cataratas de Iguazú. Y aunque no tiene suerte para encontrar ningún vestigio de la obra, o intento de obra de su padre, tiene la fortuna de encontrar el amor: conoce a Maddalena.

Desde el momento en que Sonnabend se da cuenta de que Maddalena está enferma, la intentará curar y enamorar día a día. Pero ¿de qué manera podría enamorarse de él Maddalena? Como el propio autor lo dice,  “a lo mejor el amor es mirarse por primera vez cada vez que nos miramos”.

Dos cosas extrañas me ocurrieron al leer este libro: 1. Coincidió con otro libro que también hablaba de Puerto Iguazú, una ciudad que no se caracteriza por ser muy literaria, como digamos París o Nueva York. Quizás en mi biblioteca solo existan estos dos libros que mencionan a Iguazú y esto lo hace una gran coincidencia. 2. Fabrizio Rondolino fue el tercer autor italiano que leo en un año y todos me han dejado un gran sabor de boca. Al igual que la comida, la literatura italiana se está convirtiendo en una de mis favoritas.

Un lugar tan hermoso es la primera novela de Fabrizio Rondolino y le valió el Premio Mondello en 1997. Llegó a mis manos, simple y sencillamente porque estaba a buen precio y porque me llamó la atención que hablara de una enfermedad que hace perder la memoria. Fue una de esas compras aleatorias que pueden correr la mala suerte de nunca ser leídas. La sorpresa fue gratificante y se enfila para ser uno de mis libros favoritos del año.

Aquí alguna de las frase remarcadas:

Las palabras, reflexiona Sonnabend, son la memoria de las cosas. Decir algo significa recordarlo. Más aún, las palabras son el mapa de la memoria. Un niño empieza a hablar cuando se acuerda de las cosas y no antes

“También la memoria es un puente, piensa a veces Sonnabend, y es un puente lanzado sobre el olvido, es un desafío a la pesadez del olvido”.

El dulce sabor de las mentiras

Operación Dulce - McEwan, Ian - 978-84-339-7874-5 - Editorial Anagrama

Operación Dulce

Ian McEwan

Alfaguara, México, 2013

Durante la Guerra Fría, los gobiernos de las potencias capitalistas hacían todo lo posible por fomentar un sentimiento antisoviético entre sus gobernados. Una de esas estrategias, patrocinada por el Servicio Secreto Inglés (el MI5), fue llamada Operación Dulce, que consistía en ayudar económicamente a novelistas prometedores, a cambio de que publicaran propaganda anticomunista.

Esta novela nos cuenta la historia de Serena Frome, una joven estudiante de Cambridge, que después de hacerse amante de un profesor, es reclutada por el MI5. A partir de ese momento su vida cambia por completo, se llena de secretos, traiciones y mentiras. Después de algún tiempo, Serena forma parte de la Operación Dulce, y le encargan la tarea de engañar a Tom Haley, un joven escritor que sólo tiene un par de cuentos publicados.  Serena, además de conseguir su cometido, se enamora de Tom.

Operación Dulce es apenas el segundo libro que leo de Ian McEwan y aunque no superó al primero (El Jardín de Cemento), también me ha gustado un montón. Los finales de McEwan son tan inesperados, que no hay manera de especular sobre el desenlace, mientras se disfruta de una trama entretenida y una prosa seductora. En esta historia, nada es lo que parece y estoy seguro que ni el lector más habituado a las tramas de suspenso se sentirá defraudado.

Algunas reflexiones post-lectura:

  • ¿Son habituales los amores entre mujeres jóvenes y hombres maduros? ¿Entre maestro y alumna?
  • ¿Siguen existiendo los esfuerzos de los gobiernos para apoyar proyectos culturales con fines electorales? ¿También en mi país? :O
  • ¿Será verdad que de un apoyo como estos surgió 1984 de George Orwell?
  • ¿Cuál deberá ser mi próxima lectura de Ian McEwan?

Dejen sus comentarios…

La huella en el alma

La verdadera vida de Sebastian Kight

Vladimir Nabokov

Editorial Anagrama

Algo que caracteriza a los grandes escritores es que, aún en textos que se consideran obras menores, podemos encontrar la huella de sus pensamientos y de su estética.

Un ejemplo claro es La verdadera vida de Sebastien Knight de Vladimir Nabokov, que cuenta la historia de un personaje en busca de testimonios que le ayuden a reconstruir la vida de su hermano muerto.

Los hermanos se separaron hace muchos años en París, después de haber huido de San Petersburgo por la Revolución Bolchevique. Tras leer la biografía escrita por el secretario de Sebastian, el protagonista se niega a creer que su hermano fue un escritor frustrado, gris, aburrido, solitario y antisocial; entonces decide lanzarse en la búsqueda de testimonios que le ayuden a confirmar o reivindicar la imagen que tiene de él. Esa pesquisa se convierte en la persecución de una amante de Sebastian de la que nadie tiene pruebas.

En esa trama aparentemente sencilla, está la huella de Nabokov: El exilio, las persecuciones, la sonoridad de las palabras y el indiscutible dominio del inglés que no fue su lengua materna pero sí la lengua en la que decidió escribir.

La verdadera vida de Sebastien Knight me recordó a otros libros que hablan de búsquedas o persecuciones, como Los Detectives Salvajes (Roberto Bolaño) y Luz Negra (María Gainza) y por supuesto Lolita, que aunque no comparten territorio en mi librero, si ocupan un lugar muy importante en la geografía de mis predilecciones literarias.

Otra característica que separa a los grandes escritores de quienes no lo son, es que a través de sus historias, remueven sentimientos e inseminan grandes ideas en las mentes fértiles de sus lectores.

La verdadera vida de Sebastian Knight me hizo reflexionar sobre los familiares y amigos a los que la vida y las circunstancias han separado de nuestro lado. ¿Cuánto tiempo efectivo nos queda junto a ellos? La reunión anual, las navidades, los festejos familiares y un puñado de momentos que conforme nos hacemos viejos, se escapan de nuestras manos.

Seguramente Nabokov no pretendía dejar lectores nostálgicos pensando en sus amigos y hermanos que están lejos; pero aún sin pretenderlo, sus palabras calan hondo y ahora extraño mucho a todos aquellos que han caminado junto a mí en algún tramo de la vida y que me han ayudado a forjar el ser que actualmente soy, todos aquellos que forman parte de mi alma.

“[…] el alma no es sino un modo de ser -no un estado constante- y cualquier alma puede ser nuestra si encontramos y seguimos sus ondulaciones.”

Chéri y el miedo a envejecer

Colette

Cheri. Fin De Cheri. Gigi. Colette. Aleph | Mercado Libre

Chéri

Fin de Chéri

Gigi

Promociones Editoriales Mexicanas; México, 1979.

Sidonie Gabrielle Colette (1873-1954) fue una escritora francesa con ideas adelantadas a su época. Desde pequeña mostró mucho interés por la literatura e inspirada por su madre que también era una lectora insaciable, pronto dejó las lecturas infantiles para pasar a las lecturas juveniles y para adultos. A los dieciséis años conoció al incipiente y ambicioso novelista Willy (Henri Gauthier-Villars) y pronto se casó con él. Fue un matrimonio desafortunado, en el que Willy se aprovechó del talento literario de Colette y la utilizó como su escritor fantasma, para hacer una serie de relatos en la que Colette transponía anécdotas propias con libertinajes sugeridos por su marido. Para quienes sientan un poco más de curiosidad por la vida de esta escritora, recomiendo mucho que vean la película Colette (2018), protagonizada por Keira Knightley, y si la ven, seguro odiarán aún más a Willy.

Los relatos de los que quiero platicar hoy son Chéri y Fin de Chéri, dos novelas cortas que cuenta la vida de Fred Peloux, mejor conocido como Chéri, como le decía de manera cariñosa su madre, Madame Charlotte Peloux.

Chéri era un joven caprichoso, vanidoso y malcriado que tenía la vida resuelta. Creció sin la educación de una institutriz o un profesor que le enseñara buenos modales, y sólo estuvo al cuidado de los criados, pues Madame Peloux empleaba su tiempo en otros menesteres. A decir de un conocido de la familia: “Charlotte Peloux, yo saludo en ti a la única mujer de costumbres livianas que ha osado educar a su hijo como hijo de una golfa. Mujer de otro tiempo, no lee, no viaja jamás, sólo se ocupa de su prójimo, y confía la educación de su hijo a su servidumbre”.

Pero Chéri era atractivo y él lo sabía. Sabía que llamaba la atención de todas las mujeres, las de su edad, las de la edad de su madre y de otras aún mayores. Se aprovechaba de ese don para conseguir lo que quería. Pero, al igual que todos los héroes tienen su punto débil, Chéri encontró su tendón de Aquiles en una mujer mucho mayor que él: Léa.

El romance que inició con un Chéri de 19 y una Léa de 44 años, rompió los pronósticos de todos los miembros de la sociedad parisina de principios del siglo XX, en la que abundaban cortesanas viudas, condesas, princesas y otras mujeres maduras y adineradas que siempre buscaban aparecer en público de la mano de jovencitos que rondaban los 20 años. El idilio de Chéri y Léa se extiendió por 6 años y oscilaba entre los territorios de lo filial, lo educativo, lo amistoso y lo carnal.

“A sus 49 años, Léonie Vallon, llamada Léa de Lonval, daba cima a una carrera afortunada de cortesana con buenas rentas y de buena muchacha a quien la vida ha ahorrado las catástrofes halagadoras y los nobles pesares. Léa ocultaba la fecha de su nacimiento, pero confesaba sin reparo, mirando a Chéri con una expresión de condescendencia voluptuosa, que había llegado a la edad de concederse ciertos caprichos. Le gustaba el orden, la ropa interior elegante, los vinos añejos y la cocina meditada.”

Léa era amiga de la madre de Chéri, se conocían desde hacía 25 años y la descripción que Colette hace de esa amistad es realmente divertida: “Intimidad enemiga de mujeres ligeras a las cuales un hombre enriquece y después abandona, a las que otro hombre arruina, amistad impaciente de rivales al acecho de la primera arruga o la primera cana.”

Y es Madame Peloux, quien primero alienta y luego provoca la fisura entre los amantes Chéri y Léa, cuando declara que Chéri está en edad de contraer matrimonio, y sugiere para ello, a Eimeé, una joven guapa -no tanto como Léa en su juventud- y adinerada. Léa que está presente, también alienta a Chéri para que le pida matrimonio a Eimeé.

De aquí, la historia sigue por muchos años, y nos cuenta los encuentros y desencuentros de Chéri y Léa; el matrimonio fracasado de Chéri y Eimeé; la decepción de Chéri por haber participado en una guerra que no cambió en absoluto las cosas entre sus conocidos.

De entrada, la relación entre una mujer que casi le dobla la edad al hombre es un tema provocador; porque quizá si la situación hubiera sido la inversa no habría llamado la atención en la época en que fueron publicados los libros (1920 y 1926 respectivamente).

El segundo tema con el que nos confronta Colette es con el miedo a envejecer. De hecho, la aceptación de Léa de ceder a Chéri para que contraiga matrimonio con una mujer joven, es porque ella ya se siente vieja.

En especial el segundo relato, Fin de Chéri, hace muchas referencias a los estragos que provoca la edad en el cuerpo, aquel recuerdo idílico que tenía Chéri de Léa, se va transformando poco a poco hasta sentir un poco de repulsión por ella.

“Léa no era monstruosa, ciertamente, pero sí vasta, pues todas las partes de su cuerpo se habían desarrollado. Sus brazos, redondos como muslos, quedaban apartados de las caderas, levantadas en el sobaco por su grosor. La falda lisa, la larga chaqueta impersonal que se entreabría mostrando una ropa interior de calidad, pero sin adornos, anunciaban la abdicación, la retracción normal de la femineidad, y una especie de dignidad sin sexo.”

“Chéri cantó el rencor bajo la falsa cortesía, y el enorme edificio de carne, coronado de hierba plateada, emitió una vez más un sonido femenino, tintineo en una armonía inteligente. Pero el fantasma del pasado, reincorporado a su susceptibilidad de fantasma exigía, a pesar suyo, disolverse.”

Y quizás el peor horror para Chéri era envejecer él mismo, dejar de ser el joven mimado y amado por Léa, de quien siempre estuvo enamorado, dejar de ser el joven bello a quien todas admiraban.

Aún en pleno siglo XXI, en que la postmodernidad lo permite todo y ya nada sorprende, los relatos de Colette siguen teniendo un gran atractivo, porque no se queda en el relato cursi, en la crítica social o en el retrato de la época, sino porque provoca muchos cuestionamientos que te rondarán incluso después de terminar el libro. Ha sido, para mí, un gran descubrimiento literario, en este año de grandes descubrimientos literarios y lo recomiendo ampliamente.

Casanova, el irresistible seductor

Bazar De Libros Los Hijos De Sanchez - Publicaciones | Facebook

Casanova

(Biografía)

Stefan Zweig

Editorial Pharos, México, 1944

Sé libre, no dejes que nada te ate; viaja, conoce, prueba, llénate de experiencias, ama, disfruta el momento; vive hoy, no pienses en el mañana; que nada ni nadie te detenga.

Sería creíble decir que estos consejos me los dio un coach o que se los escuché a un influencer que me quería transmitir la filosofía de vida de Timón y Pumba: Hakuna matata. Sin embargo, esa fue la filosofía que encontré en la biografía de un personaje que vivió en el siglo XVIII: Casanova.

Hace poco encontré en la biblioteca de mi padre un libro viejo, polvoso, con las hojas amarillentas y quebradizas, que aún tenía pegadas varias páginas en su parte superior. Autor: Stefan Zweig; Título: Casanova (Biografía); Editorial Pharos; México D.F. 1944. El autor ya murió, por supuesto. De hecho llevaba dos muerto, por su propia mano, al momento de publicarse el libro. La editorial ya desapareció y hasta el Distrito Federal ha cambiado de nombre por uno más amable.

El libro me pareció una joya y me lo traje a casa para protegerlo de alguna ansia de deshacerse de tiliches y papeles viejos. Pero también lo traje para leerlo, para rescatarlo del olvido.

Algo ha cambiado en la técnica de imprimir y cortar las hojas de los libros; ya no se encuentran ejemplares con esta especie de sindactilia editorial, que obligaba a un uso distinto de los abrecartas. Los abrecartas también ha caído en desuso y ahora son una especie en extinción, así que utilicé un cutter y comencé a separar las hojas. La cirugía fue más o menos exitosa: ningún texto perdido, aunque sí dos o tres páginas sin esquina.

Conocí, no hace mucho, a Stefan Zweig por su libro El mundo de ayer. Fue el último que escribió antes de suicidarse el 22 de febrero de 1942 en Petrópolis, Brasil, muy lejos de su natal Viena. Tomó esa terrible decisión  cuando creyó que nada podría detener al ejército nazi y que Alemania ganaría la guerra. El mundo del ayer cuenta, con mucha nostalgia, su juventud en el epicentro cultural y artístico del Imperio Austrohúngaro y la transformación siniestra que sufrió cuando el nacionalsocialismo subió al poder. El autor, que era muy conocido en su época, tuvo que huir de Viena debido a su ascendencia judía, dejando atrás no sólo todas sus pertenencias sino también a su madre anciana y enferma, quien no pudo escapar a la invasión nazi. El libro me pareció grandioso y quería leer algo más de ese autor.

Mi hallazgo editorial fue el pretexto para conocer otra faceta distinta de Stefan Zweig. Y ahora sí, comienzo a hablar del contenido del libro.

En mi imaginario, Casanova era un personaje de ficción que tenía una aptitud extraordinaria para conquistar a las mujeres, era casi como un sinónimo de don Juan. Sin embargo, Giacomo Casanova (1725 – 1798) fue un personaje real que escribió sus memorias para inmortalizarse y que difería mucho en los motivos y las tácticas del don Juan español.

Casanova era un hombre culto, capaz de improvisar poemas, escribir fragmentos de una ópera, de impresionar a la aristocracia con sus anécdotas o de entablar una charla filosófica con Voltaire y Rousseau. Era un conocedor de arte y la consideraba como “un afrodisíaco refinado y sutil, como el medio halagüeño de excitar los sentidos de acrecentar el goce, de preludiar discretos efectos, como delicadísimos anticipos de deleites, de fuertes goces de la carne.”

A diferencia de don Juan que era un vengativo, misógino, psicópata y embaucador, Casanova era franco y se entregaba a cada juego, a cada mujer, a cada instante, a cada aventura. Don Juan dejaba un rastro de odio y arrepentimiento en sus víctimas, mientras que Casanova dejaba sonrisas imborrables y satisfacción garantizada sin remordimientos. 

Además, mientras que don Juan siempre buscaba conquistar a mujeres de la alta sociedad, Casanova era el más incluyente de los seductores. Para dar una idea de la variedad de rasgos de las mujeres con la que compartió su lecho Casanova, Zweig escribió:

“Casanova el erótico poco selectivo por su conjunto vario y copioso de valor desigual que él, Dios sabe cómo, presenta como una galería de belleza. Algunas , por cierto, aparecen con una figura delicada y dulce, el semblante juvenil, tan diáfanas que para dibujarlas habría necesidad de poseer el arte pictórico de sus compatriotas Guido Reni y Rafael. Algunas parecen desprendidas de un cuadro de Rubens o de Boucher; tan mórbidos y voluptuosos son sus contornos; pero además, también qué figuras, prostitutas inglesas, cuyas muescas repugnantes sólo el lápiz de sañudo Hogarth pudiera reproducir, brujas esqueléticas, que únicamente el genio violento de Goya pudo extraer de su paleta, caras de rameras al estilo de Toulouse Lautrec, rústicas y zafias, sujetos bien venidos para  el pincel del áspero Breughel, un extravagante desfile de bellezas y sordidez, ingenio y villanía, una perfecta feria de accidentes, sin obstáculos y selección”.

Pero Giacomo Casanova no era sólo este homo eroticus que se entregaba por completo a todas las mujeres. No podía quedarse en un sólo lugar y, aprovechando que hablaba varios idiomas, escribía cartas a los poderosos locales, a menudo acompañándolas con una recomendación.  Fue de ciudad en ciudad cautivando a la burguesía y a las mujeres en general, recibiendo invitaciones a cenas y bailes, asistiendo al teatro, jugando en los casinos. Recorrió de Lisboa a Moscú, pasando por Madrid, Barcelona, Venecia, Roma, Nápoles, París, Riga, Londres, Varsovia. Vivió, hasta alrededor de los cuarenta años, disfrutando de los placeres de la vida. Después vino el declive se dedicó a escribir sus memorias.

Tempus fugit, carpe diem (el tiempo vuela, vive el momento) era el modo de vida de Casanova, un verdadero practicante de la “Filosofía de la superficialidad”. Alguien que actualmente podría dedicarse a pregonar esa ideología barata, disfrazado de coach o de influencer.

Aquí, una muestra de lo que pudo ser la galería de enamoradas de Casanova:

File:Guido Reni - The Death of Cleopatra - WGA19278.jpg - Wikimedia Commons
Cleopatra – Guido Reni
La Fornarina” 1518-1519, Rafael sanzio (1483-1520) | Revista Médica Clínica  Las Condes
La Fornarina – Rafael
Los mitos de Rubens viajan a Sevilla. - LOFF.IT
Ercole e Deianira – Rubens
el odalisk, 1753 de François Boucher (1703-1770, France) | Grabados De Calidad Del Museo François Boucher | ArtsDot.com
El odalisk – Boucher
Hogarth
Picture
El conjuro – Goya
Toulouse-Lautrec’s 1894 depiction of cabaret singer Yvette Guilbert, titled “Linger, Longer, Loo,” is one of approximately 200 paintings, posters, and lithographs by the artist on display at the Grand Palais retrospective.
Linger, Longer, Loo – Toulouse Lautrec
La posada Swann – Breughel

Lealtades que hunden o salvan

Las lealtades

Las lealtades

Delphine de Vigan

Anagrama, España, 2018

Hay muchos libros sobre los que puedo decir que me enseñaron a ver el mundo de distinta manera, otros  en los que descubrí pensamientos que ya me rondaban en la cabeza pero que yo no hubiera sido capaz de escribir de manera correcta; algunos me sorprendieron y otros más me dejaron pensando por mucho tiempo. Pero hay unos pocos, y puedo contarlos con los dedos de las manos, que al terminarlos me dejaron la piel de gallina.

Los que ahora me vienen a la mente son: Retrato de Shunkin de Junichirō Tanizaki; El jardín de cemento de Ian McEwan; Vida y época de Michael K. de J.M. Coetzee, La rebelión de los colgados de Bruno Traven y, el más recientemente leído, Las lealtades de Delphine de Vigan.

Quizás fue porque pude conectarme con esas historias angustiantes, quizás porque los autores lograron mantener la tensión en la historia hasta la última página, o tal vez fue el momento emocional en el que yo me encontraba, pero un escalofrío me recorrió al llegar al final de cada una de esas novelas.

Podría parecer que es una exageración mía, pero con Las lealtades de Vigan procuré dejar testigos y mostré la piel chinita de mis brazos a mi esposa y a mi hija.

Las lealtades cuenta la historia de Théo, un niño de 12 años que tras la separación de sus padres comienza a consumir alcohol como una manera de evadir su realidad. Théo está en custodia compartida de sus padres y tiene que vivir de manera alternada entre el mundo de su madre que está lleno de rencor contra su exmarido que la engañó, y el mundo gris y depresivo de su padre que se encuentra abatido después de que su amante lo dejó y él perdió su trabajo.

Quien descubre que algo va mal con Théo, es Hélène, su maestra de Ciencias Naturales, quien nota cansancio y un comportamiento extraño en su alumno, y entonces decide observarlo de cerca. Tan de cerca, que varios creen que es una invasión que no le corresponde como profesora. Hélène, a su vez, tiene un pasado terrible del que pudo salir adelante y por eso vuelca toda su preocupación sobre Théo.

Mathis es el único amigo de Théo y se ve arrastrado a ese peligroso juego de beber alcohol. La ventaja de Mathis es que Cécile, su madre, está más al pendiente de él. Sólo un poco, porque Cécile tiene otras preocupaciones, cómo la de estar casada con un hombre que creía conocer y que resulta tener una monstruosa personalidad que sólo muestra en las redes sociales.

Conforme leía esta novela pensaba en cuánta infelicidad puede haber en el mundo, cuánta infelicidad es capaz de soportar alguien. Imaginaba la infelicidad como un gran hoyo negro que lentamente devora todo a su paso, que engulle la risa, las ganas de vivir y arrasa con la vida propia y la de quienes están alrededor.

Théo buscaba una salida falsa para tratar de esquivar ese hoyo negro y se refugiaba en ese placer momentáneo que sentía cuando el alcohol entraba a su torrente sanguíneo.

Ninguno de los personajes de esta novela escapa a esa fuerza que los succiona hacia el abismo, y de la que la única forma de escapar es con ayuda de alguien que no solape y que se atreva a confrontarla. La autora nos asegura que las lealtades son “los trampolines sobre los que se despliegan nuestras fuerzas y las zanjas en las que enterramos nuestros sueños”.

No sé si todos los lectores hayan experimentado alguna vez esta cosa de la piel de gallina al leer un libro. Y estoy seguro que los libros que me lo provocaron a mí, no tendrán el mismo efecto en todos los lectores. Pero esos contados libros ocupan un lugar especial en mi memoria y los recomiendo ampliamente.

“Las lealtades son los lazos invisibles que nos vinculan a los demás –lo mismo a los muertos que a los vivos-, son promesas que hemos murmurado y cuya repercusión ignoramos, fidelidades silenciosas, son contratos pactados las más de las veces con nosotros mismos, consignas aceptadas sin haberlas oído, deudas que albergamos en los entresijos de nuestras memorias”. 

Nuestra vida en una vitrina

Libro Kentukis  - Lecturama

Kentukis

Samanta Schweblin

Literatura Random House, México 2019

Hoy al despertar, lo primero que hice fue abrir las persianas y estirarme. Mi vecina, cuya ventana de su cuarto queda justo enfrente de la mía, pensó que la saludaba y me correspondió. Luego bajé a la cocina para preparar el café, pero antes abrí todas las cortinas y persianas para dejar que la luz del sol iluminara de manera natural mi casa.

Debo decir que mi casa tiene amplios ventanales en la sala que dan hacia el exterior y que desde la cocina puedo observar y pueden observarme quienes transitan por la calle.

Mientras me preparaba el café, aún en piyama, algunos deportistas madrugadores me sonrieron como invitándome a dejar la modorra y seguir su paso de personas saludables. Otros vecinos que salieron a pasear a sus perros me dieron los buenos días y me sugirieron que agregara un poco de granola al yogurt que estaba por desayunar. Un par de niños que fueron a la escuela se rieron por mi despeinado. La vecina de la esquina se quedó viendo a mi pantalón de piyama y me dijo que tenía una peligrosa rasgadura a la altura de la ingle.

La culpa es en parte mía, yo dejé las cortinas abiertas a todas esas miradas curiosas para que pudieran conocer mi intimidad.

Acabo de leer la novela Kentukis de la escritora argentina Samanta Schweblin y me dejó pensando muchas cosas. Los kentukis son muñecos de peluche con cámaras en los ojos y ruedas que les permiten moverse, controlados a distancia por personas que pagan para ser observadores de otras vidas, las de quienes adquieren los muñecos. Es decir, a través del muñeco se establece un vínculo entre dos personas que no se conocen y que pueden estar en lados opuestos del mundo: observador – observado; amo (dueño de peluche) – ser (persona que maneja el peluche y observa la cámara).

Detrás de esta relación aceptada puede haber las más diversas motivaciones, algunas buenas, otras no tanto. Están los que adquieren el muñeco para sentir compañía, como un sustituto de mascota al que no hay que alimentar, basta con dejar el cargador al alcance del muñeco. Por otro lado están quienes adquieren la conexión para observar a través de los ojos del muñeco y así conocer otros lugares del mundo y contactar con personas de otras culturas. Digamos que ambos son el lado bueno de la moneda. Por otro lado, hay quienes adquieren el muñeco para exhibirse y dar rienda suelta a su sadismo reprimido. Otros compran la conexión para fisgonear, tratar obtener datos personales de los amos y después extorsionarlos. Este es el lado perverso.

Y en este vínculo admitido por observadores y observados hay un tercer actor que nunca se menciona en la novela: el que produce los kentukis y que se enriquece por dos vías. Y esa fue una de las reflexiones que me detonó el libro, los grandes corporativos a quienes entregamos libremente nuestros datos personales para que conozcan nuestros gustos, nuestros patrones de consumo, los lugares que frecuentamos y dónde vivimos. Somos nosotros mismos quienes abrimos las cortinas de nuestra casa-escaparate.

Kentukis es una novela que habla de la invasión a la intimidad, de la violación de la privacidad, de la necesidad de vínculos afectivos, de vouyerismo, de los huecos en la ley que permiten que la tecnología y el acceso a la información se usen de manera maliciosa.

Este es el tercer libro que leo de Samanta Schweblin: el primero fue Distancia de rescate; el segundo Siete casas vacías. Los dos lecturas me sacudieron y esculpieron un altar para la autora entre mis escritores favoritos. Debo confesar que tenía un poco de recelo acerca de Kentukis, sobre todo porque cuando recién se publicó el libro (2018) hubo una gran campaña de publicidad: The New York Times en español lo calificó como uno de los diez mejores libros de ficción del año. The Guardian calificaba a la autora como una de las 50 mejores voces nuevas de la ficción. Dejé pasar casi tres años para leerlo y mi temor se vio más o menos validado, es decir, me gustó, pero no tanto como los dos libros anteriores.

En el libro, los kentukis se vuelven tan populares que se pueden encontrar en cualquier lado. La propaganda publicitaria, que es un tema apenas mencionado, creó una falsa necesidad entre los consumidores que se volcaron a comprar muñecos o conexiones para observar. Yo, al ver que se le hacían tantos elogios a la novela, corrí a comprarla aunque la dejé reposar. El altar para Samanta Schweblin sigue en pie, pero quizá todos terminamos siendo víctimas de la mercadotecnia.

El poder hipnótico del mar

Océano mar - Baricco, Alessandro - 978-84-339-6749-7 - Editorial Anagrama

Océano mar

Alessandro Baricco

Anagrama, México, 2016.

El mar tiene un poder hipnótico, igual o más poderoso que el fuego. A la orilla del mar o en su interior han surgido tantas historias como alrededor del fuego. Agua y llamas secuestran nuestras miradas mientras nos revelan leyendas fantásticas.

Además, a diferencia del fuego, al que hay que alimentar para evitar que se extinga, el mar es perpetuo.  Su vaivén infinito nos arroja vestigios del pasado, residuos del presente y esperanza del futuro. Todo converge en el mar.

Tenía que ser una posada frente al mar, el lugar donde podían coincidir personajes tan distintos: una mujer bellísima a la que su esposo la envía lejos de su hogar con tal de separarla de su amante; un pintor que diariamente intenta pintar el océano y no lo logra por no encontrarle los ojos; un profesor que entre otras tareas imposibles, decide medir en dónde termina exactamente el mar; una chica que padece una rara enfermedad y que viaja al lado de un cura locuaz y ojo alegre.

La Posada Almayer es atendida por niños de costumbres extrañas: un niño que pasa el día entero sentado en el alféizar de la ventana de un cuarto que da a un acantilado y que puede saltar hacia ambos lados; un pequeño que le ayuda al pintor a localizar barcos en el horizonte para que puedan simular los ojos del océano; otro que le ayuda iniciar los sueños a uno de los huéspedes.

Pero quizá, la costumbre más extraña de los niños de la Posada Almayer sea la de salir a bailar a la playa, con lámparas, durante las noches de tormenta, para descontrolar a los barcos y que se estrellen contra los acantilados… después de todo, hay muchas islas que sobreviven gracias a los naufragios.

Todo eso ocurre en Océano mar, la novela del escritor italiano Alessandro Baricco publicada por primera vez en 1993 y que yo apenas descubrí a finales del 2020.

Aquí debo señalar que hasta ahora he leído 3 libros del autor y que ninguno me ha dejado imperturbable: o los amo o los padezco. Primero leí Seda (1996) y lo amé rotundamente; luego City (1999) y me costó trabajo llegar al final de sus páginas; Océano mar, es el tercer y me volvió a encantar. Su estilo nunca es el mismo. Como el agua del mar que nunca es la misma cuando nos moja los pies. O quizás somos nosotros los que cambiamos constantemente, y en cada libro que leemos somos distintos.

Además de estos personajes alucinantes que habitan en Oceáno mar, encontré una historia sobre una fragata francesa que encalló a varios kilómetros de costas africanas y que, al ser insuficientes las lanchas salvavidas, varios hombres y una mujer, tuvieron que subir a una balsa improvisada en la que padecieron horrores durante los días que estuvieron a la deriva.

La manera en que Baricco enlaza las historias es magistral, y nos lleva a través de una gama de emociones a las que es mejor no oponer resistencia, dejarse llevar como balsa a la deriva en medio del mar.  Si están dispuestos a iniciar esta aventura, prepárense para ir de la ironía a la melancolía, de la reflexión al embeleso en unas cuantas páginas. Uno de los mejores libros que leí el año pasado y lo recomiendo enormemente.

Aquí una de mis frases favoritas:

“He visto naves espléndidas luchando contra tormentas feroces, y he visto algunas de ellas rendirse y desaparecer entre las olas altas como castillos. Era como un duelo. Bellísimo. Pero la Alliance no ha podido combatir. Un final silencioso. Con un inmenso mar casi plano a su alrededor. El enemigo lo tenía dentro, no delante. Y toda su fuerza no valía contra un enemigo así. He visto muchas vidas naufragar de esa manera absurda. Pero naves, nunca.”

Ser una buena persona

Amazon.com: Las buenas personas (Spanish Edition) eBook: Baram, Nir: Kindle  Store

Las buenas personas

Nir Baram

Alfaguara, México, 2013

Quizás todos tenemos el potencial de ser buenas personas, pero luego la realidad nos puede llevar por caminos insospechados; entonces, todos, también quizás, tenemos el potencial de convertirmos en aquello que alguna vez despreciamos.

Acabo de terminar mi primer libro del año y me ha gustado un montón, tanto que no quise esperar para recomendarlo y dejar una huella de las impresiones que me causó. Se trata de Las buenas personas del escritor israelí Nir Baram.

De entrada no es tan común que un escritor judío escriba sobre las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, desde una perspectiva no judía y Nir Baram lo hace y lo hace muy bien. Basta decir que con este libro se hizo merecedor del Prime Minister Award, 2010.

Las tramas -en realidad son dos historias que inicialmente corren paralelas- son las de un alemán que en un principio no estaba de acuerdo con el régimen nazi, pero que termina sirviéndole como uno más de los soldados que trabajan para engrandecer al Reich; y el de una soviética proveniente de una familia en cuyo seno se criticaba a Stalin y que termina perteneciendo a la NKVD, una policía secreta del régimen soviético.

Sería demasiado simplista pensar que todos tenemos un precio por el cual vendemos nuestros principios, o que el instinto de supervivencia nos obliga a hacer cosas que en situaciones normales no haríamos.

En el caso del personaje alemán, tenía una necesidad de reconocimiento y de triunfo -no sé por qué pensé en algunas personas con las que me he topado en el ámbito laboral-, mientras que en el caso de la protagonista soviética se vuelve la interrogadora del círculo de amigos de sus padres, porque tiene la esperanza de encontrar a sus hermanos de quien ha sido separada.

Las historias de estos dos personajes convergen en la declaración de guerra de Alemania a la URSS en junio 1941. Y aquí cabe mencionar que el libro no hace un recuento de hechos históricos con fechas, ciudades y nombres de personajes de la vida real, sino que logra dar un muy buen panorama del entorno político y social.

Los protagonistas viven un constante miedo ha ser delatados como traidores -tanto en el régimen nazi como en el soviético. Constantemente viven la soledad, la miseria, el arrepentimiento por ser parte de la maquinaria de los gobiernos de sus respectivos países.

Definitivamente, Las buenas personas fue una gran libro para iniciar este año.

Algunas citas:

📖”Lo único que permanece en la historia es la aterradora elasticidad del espíritu del hombre.”

📖”Como somos seres efímeros es natural que los grandes acontecimientos de nuestro tiempo nos impresionen, pero al fin y al cabo no representamos más que un diminuto momento de la historia.”

¿Comer o no comer? Ese es el dilema.

Cadáver Exquisito (Premio Clarín 2017) / Tender Is the Flesh: Bazterrica,  Agustina: Amazon.com.mx: Libros

Cadáver exquisito

Agustina Bazterrica

Alfaguara, España, 2019

El fin de semana pasado tuvimos un asado en familia: solo mi esposa, mi hija y yo. No es recomendable tener invitados en esta época de pandemia. El menú: unos vegetales a las brasas, unas quesadillas y un sirloin bien cocido. No me gusta el sabor de la sangre, por más que me digan que soy un criminal de los asados.

Después del postre hicimos la sobremesa. Comentábamos que a las brasas todo sabe bien, hasta los duraznos y la piña en almíbar. Después de recoger la cocina, aún quedaba un trozo de domingo para descansar y distraernos. Cada uno nos refugiamos en un rincón de la casa con su pasatiempo favorito. Yo seleccioné un libro que me recomendó Melina desde Mar del Plata: El cadáver exquisito de Agustina Bazterrica.

El título me sonaba a esa técnica usada por los escritores surrealistas, como una especie de juego en la que varios participantes armaban una historia. Consiste en que el primer participante comienza a escribir una historia en un papel y después de un cierto tiempo se detiene y le pasa la hoja al siguiente participante. Este no puede leer más que la última frase escrita por su antecesor y debe continuar la historia sin más información que esa. Y la hoja va pasando de mano en mano hasta que al final queda una historia hecha de retazos, como una quimera literaria.

La novela de Agustina Bazterrica nada tiene que ver con el pasatiempo surrealista.

Cadáver exquisito nos traslada a un mundo distópico en el que un virus mortal que afecta a los animales se contagia a los seres humanos. Con la finalidad de contener la transmisión del virus, es necesario sacrificar a todos los animales en cautiverio, incluidos animales de granja, de zoológicos, mascotas y en lo posible cazar a todos los animales libres. Hasta aquí, la distopía no está tan alejada de la realidad actual y 17 millones de visones sacrificados en Dinamarca a causa del Covid-19 son una muestra de ello.

Los seres humanos sobrevivientes al virus mortal siguen teniendo la necesidad de incluir carne en su dieta y, ante la falta de otra fuente calorías, se legaliza el consumo de carne humana. Cadáver exquisito se sitúa en ese tiempo en que las granjas que antes producían ganado vacuno, comienzan a producir la primera generación pura (PGP) de especímenes -está prohibido llamarle humanos. Afuera de los mataderos que antes se utilizaban para reses y puercos, y que ahora se usan para los especímenes PGP, viven los Carroñeros, grupos de personas que se conforman con los restos no aprovechables o con la carne echada a perder. Existe también una Iglesia de la Inmolación, que promueve entre sus feligreses el autosacrificio con la finalidad de que sus semejantes se alimenten de su propio cuerpo.

No voy a negarles que la lectura de este libro, merecedor del Premio Clarín en 2017, por momentos me dio retortijones. Era quizás el esfuerzo de mi estómago por procesar el sirloin a las brasas que dos horas antes había comido.

El estilo de la novela carece totalmente de ornamentos, cuenta las acciones sin entrar en tanto detalle en descripciones, casi como un guion cinematográfico. Aun así, provoca una profunda reflexión, casi una indigestión mental, sobre la destrucción que hemos hecho como especie, en este planeta. Hemos arrebatado el hábitat a muchas especies y las hemos extinguido; hemos creado una enorme desigualdad entre nosotros mismos; hemos agotado al planeta hasta llevarnos al borde de nuestra propia destrucción y todo con tal de perseguir ese modelo de consumo impuesto por el capitalismo.

¿Cuántos millones de reses se necesitarían para que toda la población del mundo pudiera comer carne diariamente? ¿Cuántos planetas se necesitarían para mantener esa producción de carne? No soy nadie para arrojar la primera piedra a los carnívoros, menos después de ese pedazo de sirloin bien cocido que clamaba venganza desde mi interior. Pero ¿y si todos, en la medida de lo posible, hacemos el esfuerzo de reducir el consumo? (Aplica igual para la carne o para cualquier producto).

Terminé la novela de Agustina Bazterrica con un remordimiento en mi estómago. Quienes me conocen saben que me gustan los libros que me hacen sufrir, éste sin duda lo recomiendo para eso. Sé que no soy el mismo después de su lectura y que sin duda seguirá dándome vueltas en la cabeza por mucho tiempo. Quizás hasta el próximo asado en el que me conformaré con los vegetales y las quesadillas.