Un gótico comtemporáneo

Image result for Las cosas que perdimos en el juegoMariana Enríquez

Las cosas que perdimos en el fuego

México, Editorial Anagrama, 2016

Las cosas que perdimos en el fuego llevaba más de un año en mi librero. No es que le estuviera sacando la vuelta o que estuviera esperando a que la autora ganara el Premio Herralde -lo acaba de ganar por su novela Nuestra parte de noche-, simplemente no le había podido llegar su tiempo. Por fin le llegó su momento y me ha impactado.

Mariana Enríquez ha desarrollado un estilo literario muy particular que se me ocurre llamar Gótico Argentino Contemporáneo -después me enteré de que le llaman Gótico Realista.

Sus historias no se sitúan en castillos medievales ubicados en lo alto de una montaña o en bosques oscuros, pero a veces se mencionan casas lujosas antiguamente que están localizadas en barrios bonaerenses venidos a menos, en los que el paso del tiempo y la falta de dinero para darle mantenimiento, han acelerado el deterioro.

En los cuentos de Mariana Enríquez podemos encontrar diferentes tipos de fantasmas. A veces, están aquellos entendidos como esas almas en pena que necesitan un acto reivindicativo para por fin descansar en paz -como El desentierro de la angelita, cuento publicado en la Revista Literaria Quimera. En otras de sus historias, aparece de manera subyacente el fantasma de la dictadura y el de la pobreza que igualmente asusta hasta a los más valientes.

Las cosas que perdimos en el fuego está formado por doce cuentos que no son precisamente de terror, pero vaya que dan miedo.

Un chico sucio no tiene elementos fantásticos, pero hay personas que creen en cosas fantásticas y que ponen un altar en la calle y le rezan santos delincuentes como El Gauchito Gil o San La Muerte, que al mexicanizarlo estaríamos hablando de El Santo Malverde y la Santa Muerte. Este es un relato ubicado en un barrio bravo de Buenos Aires, que anteriormente era de clase alta y en el que ahora lo único alto es la desigualdad entre las clases. En este relato, hay un niño que vive en la calle con su madre, que huele mal y causa lástima. Una noche, la protagonista lo invita a su casa -la casa antiguamente lujosa- le da de comer, le invita un gelato y pasan cerca de algo que parece un altar satánico. Ningún elemento fantástico, pura realidad hecha literatura.

La hostería nos traslada a una provincia argentina, un lugar al que los bonaerenses van a vacacionar. La hostería en la que se hospeda la protagonista anteriormente era un cuartel militar en el que, durante la dictadura militar de Videla, se encerraba y torturaba a los disidentes. En ese lugar los gritos de dolor y la violencia del pasado quedaron impregnados en las paredes y el terror no se olvida.  En este cuento encontramos elementos fantásticos con un sustento real y cargado de la historia de Argentina.

Los años intoxicados cuenta la adolescencia de tres amigas, desde 1989 hasta 1994. Nos habla de su amistad, del destrampe, de sus experiencias con las drogas (alcohol, marihuana, cocaína, ácidos) y las sitúa en un marco de pobreza, precariedad y abandono; la luz se iba por horas, no había comida y ellas eran flacas por no comer. Luego viene la ilusión de la recuperación económica -cuando la paridad del peso argentino y el dólar era 1 a 1. Además del ese trasfondo económico, está el social. Las chicas estaban a su suerte, nadie se preocupaba por ellas. Una de las chicas tenía llave de su cuarto para evitar que el padre, que siempre estaba borracho, se le metiera de noche. De manera tangencial, el cuento también habla del aborto ilegal.

Las cosas que perdimos en el fuego, cuento que le da nombre al libro, habla de una forma de “protesta” contra la violencia hacia las mujeres y también de un acto de sororidad. Una mujer en el subte, quemada del rostro y la cabeza, se sube a mendigar y saluda de beso a todos los pasajeros. Algunos al verla rehúyen y abandonan el vagón. Según ella, el novio le roció alcohol y le prendió fuego mientras dormía; el novio declaró que fue un accidente y ahora se encuentra libre. Víctima del novio y revictimizada por los jueces que no le creyeron. Igual al caso de ella, hubo otros casos, hasta que el hartazgo por falta de justicia las hace quemarse voluntariamente. Más mujeres solidarias se lanzan a la hoguera: si los hombres no eran capaces de respetarlas, vivirían con monstruos. ¿De qué otra manera podrían hacer patente la violencia que padecían? ¿De qué manera, en que fueran escuchadas?

“Por lo menos ya no hay trata de mujeres, porque nadie quiere un monstruo quemado y tampoco quieren a estas locas argentinas que un día van y se prenden fuego – y capaz que le pegan fuego al cliente también”. [p. 195]

Los relatos de Mariana Enríquez están llenos de una realidad actual e histórica, una realidad más bien maligna que a veces quisiéramos que no fuera real. Sin embargo, los diarios nos dicen que existen los rituales narco-satánicos, las desapariciones masivas, la drogadicción el abandono y la pobreza extrema, el aborto ilegal, los tipos que son capaces de arrojar ácido a una mujer por celos, la violencia de género.

Ojalá que este tipo de historias fueran solo parte de ese universo literario de Mariana Enríquez. Me he vuelto fan de esta autora y en cuanto pueda compraré su nuevo libro premiado para dejarlo reposar un buen tiempo en mi librero.

Antígona buscando a su hermano desaparecido

Image result for antigona gonzalezAntígona González

Sara Uribe

Según el mito griego, Antígona es hija de Edipo y Yocasta, producto del incesto. Recordemos que cuando Edipo nació, el oráculo predijo a su padre, Layo, rey de Tebas, que su hijo lo mataría a él y se acostaría con Yocasta, su madre… y la profecía se cumplió. Cuando Edipo se dio cuenta de lo que había hecho se sacó los ojos. Tiempo después Antígona fue la única que acompañó a su padre ciego hasta su muerte.

Después de la muerte de Edipo hubo una guerra en la que lucharon Polínices y Eteocles, ambos hermanos de Antígona. Pelearon en bandos contrarios y ambos murieron.  Sin embargo, Creonte, el rey del bando ganador ordenó que enterraran a Eteocles, su aliado, y que desaparecieran el cuerpo de Polínices, su enemigo. Antígona no descansó hasta encontrar el cadáver de Polínices y darle sepultura.

Sara Uribe retoma este mito griego y le da vida a Antígona González, una mujer mexicana que busca a su hermano desaparecido, uno de tantos que deja su hogar para emigrar a Estados Unidos en busca de una mejor vida. Uno de tantos que desaparece sin dejar rastro.

Siempre son mujeres las incansables buscadoras, las que no se conforman con cerrar los casos, las que se empeñan en encontrar a los desaparecidos.

Sara Uribe escribió este libro pensando en el mito griego y pensando en los miles de migrantes anónimos que nunca llegan a su incierto destino, pensando en los desaparecidos cuyos nombres quedan archivados en dependencias municipales, estatales o federales y con suerte en algún periódico local; lo hizo pensando en esos cuerpos insepultos.

Lo escribió juntando las voces de los que no se conforman con olvidar a los desaparecidos. A través de fragmentos de notas periodísticas, de declaraciones de los familiares y de cantos de protesta. Pequeños retazos de frases como los pedazos de cuerpos que aparecen revueltos en fosas clandestinas. Y amalgamando todo este dolor, logró un libro escrito en prosa poética, en el que ni la poesía logra endulzar el trago amargo del tema que denuncia.

Podcast 3C Libros: Los favoritos del 2019

Por fin está disponible nuestro podcast sobre Los Mejores Libros leídos el 2019.

No hablamos de lo último de lo último en el mundo editorial, ni hicimos una selección basada en conocimientos literarios muy elevados, simplemente escogimos de entre los libros que leímos el año pasado, aquellos que más nos gustaron.

Selección de Luiggi:

5. Cicatriz; Sara Mesa.

4. Pendiente; Mariana Dimópulos

3. El mundo del ayer; Stephan Zweig

2. Nahui Olín; Adriana Malvido

1. La inveción de la naturaleza (El nuevo mundo de Alexander Von Humboldt); Andrea Wulf

Selección de Ragnar:

5. Mendel el de los libros; Stephan Zweig

4. El nadador en el secreto; William Kotzwinkle

3. Toda la soledad del centrol de la Tierra; Jorge Luis Boone

2. La mano de la buena fortuna; Goran Petrovic

1. Kafkiana; relatos de Franz Kafka ilustrados por Peter Kuper

Selección de Mike:

5. El problema de los tres cuerpos; Cixin Liu

4. Alias Grace; Margaret Atwood

3. HHhH; Laurent Binnet

2. El adversario; Emmanuel Carrere

1. Adiós a las armas; Ernest Hemingway

Como verán, hay una variedad para casi todos los gustos -no aceptamos a Paulo Cohelo. Escuchen las dos partes de nuestro podcast y comenten si han leído alguno de ellos, si coinciden con alguno o si nos recomiendan alguno.

¿Leer el libro o ver la película?

Image result for big fish book

Big Fish

A Novel of Mythic Proportions

Daniel Wallace

Algonquin Books of Chapel Hill, USA, 2012

 

¿Vale la pena leer un libro después de haber visto la película? Yo creo que sí, porque para decidir cuál de las dos versiones es mejor, hay que transitar por ambas. Aunque creo que hay libros que se prestan mucho para llevarlos a la pantalla del cine, pues están llenos de descripciones que se pueden lograr bien con imágenes y narraciones que se pueden convertir en secuencias inolvidables. Hay otros libros más intimistas e introspectivos, en los que es necesario recurrir a una voz en off para la versión cinematográfica, recurso que muchas veces arruina el resultado.

Un ejemplo de los libros que lucen bien en la pantalla del cine es El gran pez. Esta película dirigida por Tim Burton, estrenada en 2003 se convirtió en una de mis favoritas, mientras que el libro de Daniel Wallace, publicado en 1998, quizás no lo logre. Aun así, valió mucho la pena haber leído esta novela.

El libro habla de la relación padre e hijo, al final de la vida del primero. Este tema siempre ha sido una fuente de inspiración para grandes relatos.

Edward Bloom se encuentra en su lecho de muerte acompañado, en este último tramo de su vida, por su esposa y su hijo William. Edward era esa clase de personas que tiene chistes para cada ocasión, le caía bien a todo el mundo y estaba siempre dispuesto a ayudar. Pero no podía pasar mucho tiempo en un solo lugar, ni siquiera en casa.

William rememora las historias que su padre le contaba y que para él se volvieron inverosímiles; lo que para el padre eran pequeñas exageraciones, para el hijo era un cúmulo de mentiras. Por eso, el tono con que William recuenta esas anécdotas es un poco de reclamo: su padre era el candil de la calle y la oscuridad de la casa. Los chistes y la imagen paterna se fueron desgastando para Will a lo largo de los años. Sin embargo, hacia el final, la imagen que William tiene de su padre, logra reconciliarse con la que tienen todos los demás. Su padre fue un gran hombre, que siempre se preocupaba por hacer sentir bien a quienes estaban a su alrededor.

No diré mucho más sobre el argumento de El gran pez, sólo que el libro y la película utilizan distintos recursos para reivindicar la imagen del padre y me parece que la película lo logra de mejor manera.

Esta fue la primera novela publicada por Daniel Wallace -aunque no la primera escrita- y a partir de ahí se volvió famoso. Más aún cuando el libro se llevó al cine y me parece que también se presentó en teatro. Una fama inesperada con la que muchos escritores sueñan para este autor norteamericano.

Regresando a la pregunta inicial, me parece que es bueno hacer ambas cosas para contrastar. Creo que la secuencia adecuada es primero leer el libro para darle rienda suelta a la imaginación y no llegar con las imágenes preconcebidas por haber visto la película. Esto no siempre es posible, en parte porque la mercadotecnia del cine es mucho más poderosa que la de la industria literaria y en parte porque nos estamos haciendo flojos: ver una película nos toma dos horas, mientras que leer un libro nos puede tomar 2 días, 2 semanas o 2 meses dependiendo de nuestro hábito. A veces el libro nos gusta tanto que nos obliga a verlo en imágenes que no siempre concuerdan con lo que creó nuestra imaginación. A veces la película nos lleva al libro y éste nos decepciona un poco, como fue mi caso con El gran pez.

La Invención de la Naturaleza

El Nuevo Mundo de Alexander Humboldt

Andrea Wulf ( (C) 2015)

Editorial Taurus, México 2016.

 

De los libros que leí en 2019, éste fue, sin duda, mi favorito. Una biografía de Alexander Von Humboldt, escrita por la británica Andrea Wulf, que después de realizar una investigación exhaustiva sobre el personaje, logró una obra maravillosa, muy bien documentada y amena, que sin duda ayudará a reinvidicar el nombre de este explorador, científico, poeta, soñador y visionario.

En algún momento pienso hacer una reseña sobre él, quizás cuando termine de releer los cientos de frases que marqué. Por lo pronto, aquí dejo algunas citas.

[acerca del lago Valencia en Venezuela] “Con sus investigaciones llegó a la conclusión de que la tala de bosques circundantes y el desvío de las aguas para regar habian hecho descender los niveles”.

“Fue ahí en el lago Valencia, donde Humboldt desarrolló su idea del cambio climático provocado por el ser humano. […]

Cuando los bosques se destruyen, como han hecho los cultivadores europeos en toda América, con una precipitación imprudente, los manantiales se secan por completo o se vuelven menos abundantes. Los lechos de los ríos que permanecen secos parte del año, se convierten en torrentes cada vez que caen fuertes lluvias en las cumbres.  La hierba y el musgo desaparecen de las laderas de las montañas con la maleza, y entonces el agua de lluvia ya no encuentra obstáculo en su camino: y en vez de aumentar poco a poco el nivel de los ríos mediante filtraciones graduales, durante las lluvias abundantes forma surcos en las laderas, arrastra la tierra suelta y forma esas inundaciones repentinas que destruyen el país. [Alexander Humboldt, Personal Narrative, 1814 – 1829]“.

“[…] en el lago Valencia Humboldt empezó a entender la deforestación en un contexto más amplio y extrapoló sus análisis locales para advertir que las técnicas agrícolas de su tiempo podían tener consecuencias devastadoras. La acción de la humanidad en todo el planeta, advirtió, podía repercutir en las generaciones futuras.”

Humboldt lo entendió hace más de 200 años, y aún  hoy hay tantos que siguen poniendo en duda que la actividad humana ha tenido un efecto negativo en el clima del planeta.

“El hombre puede actuar sobre la naturaleza y apoderarse de sus fuerzas para utilizarlas – escribiría Humboldt más tarde – solo si comprende sus leyes. La humanidad, avisó, tenía el poder de destruir el entorno, y las consecuencias serían catastróficas”.

¿Será evitable la catástrofe que Humboldt presintió? Para algunos -millones de personas- ya no lo es.

Una caja de chocolates

Image result for tristeza de los citricosTristeza de los cítricos

Liliana V. Blum

Páginas de Espuma, España, 2019

 

Si escribir una novela es como correr un maratón, entonces escribir cuentos te convierte en un velocista. ¿Cuál de los dos es más meritorio? No seré yo quien decida si fue un mejor atleta el keniata Samuel Wanjiru -quien impuso el récord olímpico de la maratón en Beijín 2008 con  2:06:32 – o el jamaicano Usain Bolt quien ganó 3 veces el oro olímpico en los 100 metros planos y mantiene imbatible su récord mundial de 9.58 segundos. De igual manera, tampoco tengo argumentos para decidir si es mejor el cuento o la novela. El cuento pareciera más accesible -cualquiera corre 100 metros-, pero ser un buen cuentista -como un atleta que corre los 100 metros en menos de 12 segundos- es algo reservado para pocos.

Hago todo este preámbulo porque pareciera que Liliana V. Blum se desenvuelve bien tanto como cuentista como novelista, lo cual la convierte en una escritora de élite. Ha escrito las novelas Pandora (Tusquets 2015) y El monstruo pentápodo (Tusquets 2017) y el libro de cuentos Tristeza de los cítricos (Páginas de Espuma, 2019).

Recientemente leí Tristeza de los cítricos y la sorpresa fue muy grata. Y al decir grata no quiero hacer pensar a los potenciales lectores de este libro que su lectura fue 100% placentera, más bien, la experiencia fue angustiante y perturbadora. Los cuentos están llenos de situaciones de violencia, engaños, desconsuelo y desesperación. Blum no se guarda nada. Empieza de a poco, apenas sugiriendo una situación limítrofe y de pronto el equilibrio se rompe y nos encontramos con una tensión extrema.

En Picota, una joven es secuestrada por una banda de narcotraficantes que la hace sufrir los peores vejaciones, los mismos castigos a los que ella sometía a los migrantes que capturaba para pedir su rescate. Como si una justicia divina se encargara de repartir dolor a todos por igual.

Conejillo de Indias es la historia de una mujer casada, madre de una pequeña, que le es infiel a su marido después de que él le fue infiel a ella. Una venganza secreta que no provee ningún placer más que el de sentir que aún puede ser atractiva.

Una novia para Kafka, además de ser un homenaje al autor de La metamorfosis, es el relato de un feminicidio. Y Luz de mi vida, fuego de mis entrañas, además de hacer alusión a Lolita de Nabokov, nos cuenta velozmente y, -este sí- de una manera más sutil, la relación incestuosa de un padre y su hija.

Agua en los pulmones narra la historia de una mujer que seduce al prometido de su hermana y mantiene el engaño por años, hasta que queda embarazada. Cuando toda la familia descubre la traición, ella es repudiada y él exonerado; se convierte en la hija descarriada, la hermana que no existe, la tía puta. Pero planea su venganza, aun sabiendo que el rencor que le guarda su familia se acumulara hasta explotar de manera inevitable.

Todo un repertorio de situaciones inquietantes y perturbadoras, de esas que abundan en los diarios de cualquier parte del mundo, pero relatadas de primera mano, desde la perspectiva del protagonista.

La prosa de Blum es demoledora, pero a pesar de que pareciera que cada uno de los cuentos aprieta por el cuello al lector, no lo asfixia, al contrario, lo alienta a continuar hasta el final para salir a la superficie. Y en medio de estas situaciones dolorosas, siempre hay unas bellas imágenes que sirven de oasis en la desesperación.

Otro gran logro en los cuentos de esta autora es que en unas cuantas páginas plantea perfectamente una situación, nos da un bagaje sobre los personajes que justifica el nudo del relato y después restablece un equilibrio en la narración -no necesariamente en el balance de justicia del universo.

Leí los 10 cuentos que componen el libro en apenas 2 días, sin empacharme como sucede con otros libros de cuentos que requieren una digestión lenta. Quería prepararme para entrevistar a la autora después de la presentación de su libro que hizo en Gloria Books & Co. en Juriquilla (Querétaro, México). Quería comenzar la entrevista comentándole que mi madre siempre dice que los libros de cuentos son como una caja de chocolates, nunca sabes que te va a tocar. Pero que su libro de cuentos es una caja de chocolates belgas, de esos que no importa cual te toque, sabes que será bueno, de esos que rápidamente causan adicción.

La entrevista no se pudo llevar a cabo, quedó pendiente para después. Quizás para cuando Liliana V. Blum regrese en unos meses a presentar su siguiente libro, que leeré como un adicto.

Restituyo el adjetivo “grata” a la lectura de Tristeza de los cítricos, porque a final de cuentas uno de los propósitos que debiera tener cualquier escritor es transmitir o despertar algún sentimiento en sus lectores y Liliana V. Blum lo logra sobradamente. La angustia te envuelve en cada relato y, extrañamente, al terminar te queda un dulce sabor de boca, como un sabor a chocolate.

Vidas alternativas

4 3 2 1

Paul Auster

Seix Barral, España, 2017

Casi podría afirmar que todos hemos ejercitado el subjuntivo en carne propia. El subjuntivo es ese modo gramatical que utilizamos para realizar las afirmaciones hipotéticas, los deseos y la incertidumbre. ¿Qué habría pasado si en lugar de ingeniería hubiera estudiado medicina? ¿Habría sufrido el accidente si hubiera tomado el camino largo? Si mis padres hubieran escogido un kinder distinto para mí ¿habría conocido a la mujer de mi vida?

Plantearse este tipo de preguntas es aceptar que vivimos en mundo incierto, un mundo en el que el aleteo de una mariposa monarca en los bosques mexicanos provoca un incendio devastador en Australia o causa la caída de un helicóptero en Los Angeles; es aceptar humildemente que nuestro destino no está escrito y que depende de las circunstancias, del medio ambiente, de nuestras decisiones, pero también de las decisiones de otros.

También creo que quien nunca haya esbozado uno o más presentes alternativos, está subejercitando su capacidad imaginativa.

Esto es lo que Paul Auster hace de manera impecable en su novela 4 3 2 1, imaginar cuatro alternativas de vida para Archi Ferguson, el protagonista de la historia. Archi es el nieto de un inmigrante ruso que llega a Nueva York a principios del siglo XX. Como era un ruso judío de la comunidad yidish, su apellido iba a resultar impronunciable para los norteamericanos, por lo que un compañero de viaje le recomienda que cuando el agente migratorio le pregunte su apellido diga que es Rockefeller. Sin embargo, cuando le toca su turno para registrarse y le preguntan su nombre, olvida el apellido que le habían recomendado y dice “Ich hob forgossen” (que significa “lo he olvidado” en yidish), y el agente migratorio estampa en un papel Ichob Ferguson.

Con esta anécdota que circunstancialmente le cambia el nombre a un judío inmigrante, comienza el relato de la familia Ferguson y se centra en Archi, segunda generación nacida en Norteamérica. Pequeñas variaciones en la relación de los padres de Archi y de los demás miembros de la familia Ferguson, van moldeando la personalidad del pequeño de distinta manera y lo van conduciendo por cuatro vidas distintas. Un Archi Ferguson es tímido e introvertido, otro es totalmente extrovertido. Un Ferguson es un adolescente resentido con su padre, otro queda huérfano a muy corta edad. En una de las vidas el protagonista pierde dos dedos de la mano izquierda – lo cual lo ayudará más tarde a librar el servicio militar y ser enviado a la guerra de Vietnam-, en otra de las vidas se vuelve bisexual. Un Ferguson ingresa a la Universidad de Columbia y es testigo de las manifestaciones en favor de los derechos de los negros, otro gana una beca para estudiar en Princeton y participa en los movimientos antibélicos, uno más no estudia una carrera, y el último, ni siquiera llega a la adolescencia.

Sin embargo, en las vidas alternativas siempre hay algunos elementos en común, como una esencia del ser que permanece inalterable a pesar del medio y de las circunstancias: la práctica del beisbol, las lecturas tempranas y el gusto por escribir; el rechazo a las tradiciones judías; el hambre por vivir la vida y llenarse de experiencias; el amor casi reverencial hacia su madre; una postura política progresista, a favor de los derechos de las mujeres y en contra de la guerra, etc.

Paul Auster logra mantener una coherencia y credibilidad en cada uno de los relatos. Y aunque debo reconocer, que algunos detalles estuvieron en el límite de lo verosímil, cada una de las historias paralelas está escrita con una minuciosidad y precisión de relojero.

Además, algo sumamente bien logrado en todas ellas, son los saltos entre el ámbito meramente personal, el local, el nacional y el internacional. La historia está ubicada entre los 1940’s a 1970’s, una época muy convulsionada tanto en Nueva York y el resto de USA, así como en todo el mundo. El lector puede imaginarse caminar por los barrios judíos de Nueva York, por Central Park y por las Universidades, pero también puede percibir claramente cómo le afectan al protagonista los hechos que dejaron una huella en la Historia: El asesinato de John F. Kennedy y el de su hermano Robert, los cuestionables gobiernos de Johnson y Nixon, las guerras de Corea y Vietnam, los movimientos estudiantiles y antibélicos, el asesinato de Martin Luther King, la aparición de los Black Panthers, etc.

4 3 2 1 es una novela de largo aliento, 952 páginas que por momentos pudieran imaginarse como cuatro libros distintos cuya única relación son los nombres de los personajes. Pero ya hacia el final de la novela podemos darnos cuenta que la relación que guardan estos cuatro relatos los hace indivisibles.  Vale muchísimo la pena, aventurarse en esta carrera de resistencia.

Y para terminar este escrito, hago un rápido y sencillo ejercicio de imaginación en el plano subjuntivo: si mis padres me hubieran inscrito en un kinder distinto, ahora sería un gran médico que soñaría con ser ingeniero mecánico; en lugar de estar casado con mi actual esposa, lo estaría con alguien a quien hubiera conocido en la facultad de medicina y tendría cuatro hijos en lugar de una; el mayor de mis hijos estaría resentido conmigo por pasar tanto tiempo fuera de casa, y a los otros tres, eso no les importaría; para muchos, mi carrera profesional estaría marcada por grandes contradicciones, pues sería un afamado cirujano fetal que participaría en marchas a favor de la despenalización del aborto, lo cual me convertiría en una figura pública, que en esta vida, ni soñarlo.