Lenguaje cifrado

Léxico familiar: Amazon.co.uk: Ginzburg, Natalia, Corral, Mercedes:  9788426402950: Books

Léxico familiar

Natalia Ginzburg

Lumen, España, 2016

La complicidad de los amantes crea nuevos lenguajes. Un guiño significa un “te veo al rato”; una palabra detona el recuerdo orgásmico; un roce, exhibe un deseo. Todo un nuevo conjunto de significados que generalmente sólo es entendido por sus coatures.

Con los amigos y la familia, pasa algo similar: se distorsionan las palabras, se resignifican. Se crean sobrenombres o apelativos que cualquier observador ajeno a ese círculo de complicidad es incapaz de entender. Es decir, se crea un léxico familiar.

Léxico familiar es también el título de un libro escrito por la autora italiana Natalia Ginzburg (1916 – 1991), del cual quiero hablar hoy.

Anteriormente había leído un ensayo de Natalia Ginzburg titulado Las pequeñas virtudes (1962) que me dejó prendado a la autora. Es un texto escrito con un lenguaje sencillo pero lleno de una inteligencia y una profundidad abrumadoras, en el que nos explica que no debemos enseñar a nuestros hijos las pequeñas virtudes, como el hábito del ahorro, sino las grandes virtudes, como la generosidad y el desapego por el dinero; no la astucia, sino la franqueza y el amor por la verdad; etc.

Con ese precedente, imaginé que Léxico familiar (1963) sería una explicación detallada de cómo surge o cómo se construye el idioma secreto entre los miembros de un grupo íntimo, como la familia. No fue así. En este libro, la autora nos cuenta su infancia y su juventud a través de anécdotas, en las que además de la historia familiar, se ve, como telón de fondo, la convulsa historia de Italia entre las dos guerras mundiales.

Natalia nació en Palermo en el seno de una familia acomodada. Su padre, Giuseppe Levi era un librepensador de familia judía muy estricto, que enseñaba Anatomía en la Universidad de Turín. Su madre, Lidia Tanzi, venía de una familia católica y cargaba sus propios prejuicios sociales y religiosos. Toda la familia Levi tenía una tradición abiertamente antifascista, lo que provocó que varios de sus tíos, su padre y sus hermanos fueran perseguidos y encarcelados.

Con los nombres reales, aparecen en el libro los amigos y familiares de la autora, que, a contracorriente, combatían contra un régimen autoritario que se expandía por toda Europa. Los fundadores del Partido Socialista en Italia, los exiliados, los que actuaban desde la clandestinidad.

En apariencia, Léxico familiar es un libro sencillo, sin una trama bien definida, pero en él se mezclan las anécdotas cotidianas con reflexiones profundas sobre la época. Además es un ejemplo sobresaliente de cómo se debe de escribir combinando inteligencia y naturalidad.

«La posguerra fue una época en que todos creían ser poetas, y todos pensaban ser políticos. Después de tantos años en que pareció que el mundo había enmudecido, petrificado, y en que la realidad había sido observada desde el otro lado de un cristal , una vítrea, cristalina y muda inmovilidad, todos imaginaron que se podía y se debía hacer poesía de todo.»

Cómo decía la propia autora: «Aunque esté basado en hechos reales, me gusta pensar que Léxico familiar va a leerse como una novela, pidiéndole a este libro todo lo que solemos pedir a la ficción.»

No me decepcionó en lo absoluto que el libro no fuera lo que yo esperaba. Por el contrario, disfruté el recorrido a través de sus páginas, me divertí con ese lenguaje cifrado que sólo era entendible entre los Levi y aprendí un poco sobre la historia italiana. Espero que el lector de este texto tampoco se haya decepcionado por no encontrar aquí nada acerca del idioma de los amantes.

Las arrugas de mi abuela

(Basado en el sueño de A.S.)

No sé cómo llegué aquí, a esta antigua casa en la que mi madre vivió su infancia. Estoy parada en el centro del patio, rodeado de recámaras. En los pasillos que rodean el patio están las macetas de malvas y geranios que yo siempre confundía, pero que mi abuela me enseñó a distinguir por la forma de la hoja. La casa me cobija, la siento mía.

Sigo de pie en el centro del patio y ahora me llega un sentimiento de que la casa ya no me pertenece. La habito, sí, pero ese sentimiento de pertenencia se ha desvanecido. Ahí vivo junto a mis hermanas y los otros huéspedes. No sólo ha dejado de ser mía, ha dejado de ser la casa de mi abuela para convertirse en un hotel y las habitaciones se han multiplicado. El pasillo que conducía a la puerta de entrada en casa de mi abuela ahora tiene un mostrador que sirve de recepción y Nat, mi hermana, es la recepcionista.

Ver a mi hermana tras el mostrador no me regresa la tranquilidad, siento que el recuerdo se me va de las manos. Quiero seguir en casa de mi abuela, y escuchar su voz desde la cocina para darme a escondidas una golosina. Pero esa época ha quedado atrás hace mucho tiempo.

De pronto escucho la voz de mi abuela que viene a hospedarse a este hotel después de un largo viaje. Baja de un auto blanco, cuando un chofer elegantemente vestido le abre la portezuela. Entra al hotel, saluda a mi hermana y se reúsa a registrarse como los otros huéspedes.

Al fin a regresado mi abuela y eso me llena de alegría. Ha estado ausente por tantos años que creí que no volvería. Sin poder evitarlo, mis ojos se llenan de lágrimas y me nublan la visión. Pero sigo escuchando su voz y eso me reconforta. Sólo deseo abrazarla y hablar con ella largo y tendido como solíamos hacer.

Imagen tomada de Flickr Hive Mind

Me seco las lágrimas y estoy exactamente frente a ella. La abrazo y siento su perfume fresco que tanto me gustaba. Y entonces me dice que le cuente lo más lindo que me ha pasado durante el día, como siempre hacía. Y yo comienzo a decirle que volví a estar en su casa y que la volví a abrazar, como no lo hacía desde su partida. Y mientras le cuento este sueño recurrente, recorro con mi dedo las arrugas de su frente y sus mejillas, como lo hice siempre mientras aún vivía.

Mirar es tocar…

Ya había recomendado hace unos días el libro de Elisa Díaz Castelo titulado Principia, sin embargo no pude aguantarme las ganas de compartir otro poema suyo que nos recuerda que mirar es tocar.

No podía hacer falta la dosis de ciencia, como en todos poemas que conforman este libro. Los ancestros submarinos desarrollaron leves hendiduras en la piel que en principio eran termosensibles y terminaron siendo fotosensibles. Un proceso evolutivo de millones de años.

Y aunque el amor evoluciona en mucho menos tiempo, se pasa lentamente de la mirada a la caricia, del deseo a la pasión. Desafortunadamente, no todos los amores evolucionan de igual manera. Se necesitarían miles de universos para ser habitados por esas alternativas que no sucedieron.

Lo que nos queda es la mirada, esa variante que no precisa cercanía. Sin más, aquí dejo el poema de Elisa Díaz Castelo:

Disertación sobre el origen de la vista

La primera vez que me miraste de ese modo,

tratando de descifrar el acertijo de mi cuerpo,

mi sangre se espesó de pronto, fui piel

plenamente, a mediodía. Años más tarde

supe que nuestros ancestros submarinos

desarrollaron en la piel un par de leves hendiduras

más sensibles. Eran los ojos: dos agujeros negros

en los que caía el mundo. Lo que fue temperatura

se hizo luz, por primera vez vista, traducida del tacto.

Pero yo ya lo sabía de algún modo.

Sin decírmelo me mostraste

que mirar es tocar, una variante

que no precisa

cercanía. Tenías razón

en mis manos, mis labios,

mis alargadas clavículas, lo visible

y manso de mi cuerpo. Me conocías

a flor de vista, a golpe de ojo y sin saberlo,

es cierto, me tocabas. Que eso te consuele.

Elisa Díaz Castelo; Pricipia; FETA, México, 2018

Poesía y ciencia

Principia
Principia
Elisa Díaz Castelo
Fondo Editorial Tierra Adentro

Acabo de descubrir un libro hermoso, que de cierta forma combina la ciencia y la poesía, así como Humbolt creía que debería de ser, eliminando las barreras entre el conocimiento científico y la estética.

El título del libro, Principia, es en honor al Philosophie Naturalis Principia Mathematica, que Isaac Newton publicara en 1687, y que explica las leyes del moviento y la ley de la gravedad que son la base de la Mecánica Clásica.

Elisa Díaz Castelo (Cd.Mx. 1986 – ) es una poeta mexicana que con el apoyo de las becas Fulbright – COMEXUS y Goldwater cursó la maestría en Creative Writing en la Universidad de Nueva York. Ha ganado múltiples premios a nivel nacional e internacional, incluido el primer lugar del Premio Poetry International 2016.

En Principia de Díaz Castelo podemos encontrar poemas que tratan sobre la escoliosis, los agujeros negros y la materia oscura, la escala de Richter, la geometría descriptiva y los puntos de Lagrange.

Esos poemas no son puramente una explicación científica versificada sino un vínculo entre lo cotidiano y lo cósmico, entre los sentimientos y la razón, entre lo material y lo etéreo.

Para muestra les dejo un poema que nos habla de cómo la memoria, al igual que la materia, se degrada con el paso del tiempo, y a veces sólo quedan jirones de lo que fue…

Vida media
Redondeo su nombre: tres o cuatro recuerdos.
Un número que tiende a oscurecerse.
Nombre de borde y empeño, nombre de fondo,
canción que de tanto escucharse se desgasta.
Dios ha hecho su mudanza. Aquí no vive.
Cielo, tierra, hemos sido demasiado lentos:
ya se acabó la cuenta regresiva de la infancia
y no me acuerdo del nombre de su perro
ni de qué traía puesto cuando nos empapamos
bajo la lluvia tibia de Querétaro.
Nuestros nombres eran
innumerables abejas, un enjambre o manada,
multitud de sonidos, ni siquiera
el cauce o la desembocadura, ni siquiera el agua.
Recuerdo obstinado, elemento
que al atravesar el tiempo se desgasta.
Ésta es la vida media. Con los siglos
hasta los elementos cambian:
se pierden por partes: se vuelven otros
más comunes, más estables. Casi todos
terminan convertidos en plomo.


Hay que decirle al alquimista: dale tiempo.
Queda la vida a contrapelo y esta calle lejana
en la que vivo, quedan las frutas maduras
que esperan de madrugada en sus cajas
frente al mercado vacío. El presente
es punto ciego, ese momento
de la noche a medias donde no se sabe
si las cosas terminaron o están a punto de empezar
de nuevo, todavía. Queda la palabra de su nombre:
un cuchillo de carnicero tantas veces afilado
que casi ya no existe.

Ciencia ficción a la argentina

La ciudad ausente (Novela gráfica) (Spanish Edition): de Santis ...

La ciudad ausente

Ricardo Piglia

Ilustraciones: Luis Scafati

Novela gráfica

Libros del Zorro Rojo, España, 2008

La ciudad ausente es una novela distópica del escritor argentino Ricardo Piglia; aunque algunos dicen que es una novela policial emparentada con la ciencia ficción.

La historia se ubica en la ciudad de Buenos Aires que se encuentra reprimida por el Estado. Aquí parecería que más que distópica es una novela histórica, sin embargo el ingrediente de ciencia ficción se lo da la existencia de una máquina de narrar autónoma que comienza a provocar ciertas confusiones al mezclar sus propias historias con las historias oficiales, dictadas por el Estado. 

El protagonista, Junior, es un reportero que trabaja en el diario El Mundo, junto con Emilio Renzi -el de los famosos Diarios de Renzi-. Junior hace un viaje por la ciudad de la furia, guiado por misteriosas llamadas telefónicas, que lo llevan a través de los relatos de la máquina, de las narraciones oficiales y de la memoria de los de los involucrados, en la búsqueda de esta máquina de narrar.

La máquina fue construida por un ingeniero húngaro -posiblemente ruso o alemán o de cualquier otro país de Europa del este-, y diseñada por Macedonio Fernández, el escritor argentino.

Finalmente descubre que la máquina de narrar se encuentra en una isla ubicada en un brazo del río Paraná y poblada de ingleses, irlandeses, rusos y gente que ha llegado de todas partes, perseguidos y exiliados políticos. En esta isla se venera como un libro sagrado al Finnegans Wake de James Joyce.

La ciudad ausente es, como dice en el prólogo Pablo de Santis, una novela  de ciencia ficción a la argentina, sin naves espaciales ni alienígenas.

Esta obra de Ricardo Piglia, está plagada de referentes literarios, pero hace un homenaje a dos libros principalmente:

  • Museo de la novela de la eterna de Macedonio Fernández, que es calificada como una antinovela. Un libro que está escrita de forma no lineal, con discusiones y autorreflexiones a diferentes niveles, que tiene más de 50 prólogos escritos por el mismo autor, antes del texto principal de la historia. Este libro lo empezó a escribir en 1925 y lo trabajó hasta el día de su muerte en 1952 (27 años de labor incansable) y se publicó hasta 1967.
  • El segundo libro al que hace homenaje, es el Finnegans Wake de James Joyce, que los expertos lo consideran el libro más complejo de la literatura inglesa –El Ulises es cosa de niños, dicen–. La dificultad de la obra radica en que Joyce la concibió como una obra esférica, en la que cada elemento es principio y fin del conjunto. Además, utiliza juegos de palabras mezclando el inglés con otros idiomas; hace uso del monólogo interior, de las asociaciones libres; no tiene una trama convencional ni construcción de personajes; en fin, es un libro difícil de asimilar y poco leído por el público en general. Joyce 17 años en escribir este libro.

De igual manera, La ciudad ausente, fue un libro arduamente trabajado; Piglia comenzó a escribirlo en 1982 y lo publicó hasta 1992.

La versión de novela gráfica, publicada en 2001, incluye las ilustraciones de Luis Scafati, las cuales la acercan más al film noir y la convierten en una verdadera obra de arte.

Las ciudades ausentes puede leerse como un entretenido thriller que nos ayudará a pasar un buen rato, o como la puerta de entrada a una literatura mucho más compleja.

La soledad de los animales… reminiscencias del cine de los 90´s

Reseña: La soledad de los animales | NeoStuff

La soldedad de los animales

Daniel Rodríguez Barrón

Editorial La Cifra, México, 2014.

Mis gustos cinematográficos se formaron en la década de los noventas. Fue una época en que iba hasta dos veces por semana al cine y en la que se estrenaron varias de las películas que ahora considero entre mis favoritas. Las tramas no lineales, las historias que se entrecruzan, la violencia exacerbada y los argumentos poco convencionales llamaron poderosamente mi atención, se enquistaron en mi imaginario y hasta cierto punto me moldearon.

Aunque el gusto cinematográfico y el literario no son necesariamente los mismos, creo que muchas veces coinciden. Después de todo, una finalidad en común entre estos dos tipos de arte es que ambos quieren contarnos historias.

En varias ocasiones me he topado con libros que al leerlos, puedo imaginar las imágenes en pantalla grande. También me he encontrado con películas cuyas historias hubiera querido leerlas antes de ver las acciones para entender las intenciones de los personajes, que a veces, en el cine no quedan completamente claras.

Recientemente leí una novela que me remontó al cine de los 90´s: La soledad de los animarles de Daniel Rodríguez Barrón. Al estarlo leyendo, no pude dejar de sentir la misma sensación que me despertaron tres películas de aquella época: Pulp Fiction (1994), 12 Monos (1995) y León, el profesional (1994). Las tres se encuentran en mi vitrina dedicada a las películas más memorables.

¿Qué tiene que ver la novela de Rodríguez Barrón con estas tres películas?

La forma narrativa de La soledad de los animales es similar a la de Pulp Fiction. Inicia casi por el final, con una secuencia de acción que termina de manera muy violenta, después hay un cambio de escenario, con otros personajes, que en apariencia no tienen nada que ver con la escena anterior. En dos o tres capítulos se no devela poco a poco cuál es la relación entre los personajes el porqué de la situación en que se encuentran. Al final, las historias se entrecruzan y cierran el círculo.

Esta novela, al igual que 12 Monos, nos cuenta los esfuerzos de un grupo de anarquistas por defender a los animales. Entre otras cosas, hacen varios actos “terroristas” para llamar la atención de la sociedad y exigir a las autoridades que se erradiquen los experimentos en animales y el maltrato a los animales de granja. Desafortunadamente, sus esfuerzos no tienen eco ni en la sociedad, ni en los medios, ni en las autoridades.

“Por las noches esperan impacientes alguna noticia en la tele pero todo es narcotráfico, decapitaciones, secuestros y políticos asegurando que acaban con ello. Ante la indiferencia general, llaman a la policía (desde teléfonos públicos) y reivindican cada uno de los atentados, pero la policía les exige que dejen de llamar” [p. 70]

Y la tercera película que me vino a la mente mientras leía el libro fue León, el profesional. Al igual que en el filme, una pequeña niña, busca venganza y para ello le pide ayuda a un adulto casi desconocido, que al principio se niega a hacerlo, pero finalmente cede.

La historia se ubica en la ciudad de México, lo cual de por sí, le agrega un poco de folclore y surrealismo. La novela, además de tener tintes de humor negro y tragedia ecológica, es una denuncia contra la indiferencia, esa que consolida un status quo ante los observadores callados.

“Encontrar asesinos no satisface a nadie, lo hacemos por las ganas de castigar a alguien, lo hacemos porque lo dice una ley. Pero nada repara nada y lo que se pierde se pierde para siempre” [p. 85]

La soledad de los animales es un libro muy recomendable, en especial para aquellos cinéfilos nostálgicos que extrañan las primeras películas de Tarantino.

Hoy es jueves… y es momento de acabar con la violencia

Hoy es jueves… y es momento de acabar con la violencia intrafamiliar

La Vida Empieza A Las Tres ;Hoy Es Jueves ; La Feria, O, De Noche Vienes

La vida comienza a las tres… / Hoy es jueves… / La feria o De noche vienes

Elena Garro

Ediciones Castillo, México, 1997.

Hoy es jueves… es un cuento de aproximadamente 50 páginas de una corteza dura, difícil de penetrar: durante las primeras 5 páginas aproximadamente, es complicado entender cuál es la relación entre los personajes; pero una vez dentro, la recompensa es grande.

Lucy, la protagonista, vive un infierno familiar. Es maltratada y humillada por Adrián, su esposo, por Beatriz, su suegra, y por Pedro, el nuevo esposo de su suegra. El único oasis en su hogar, es Pablito, su hijo. Todos los días vive una batalla para mantener la autoestima, dentro de esa familia tóxica.

Un día Pedro dice que ve flaca a Lucy, que le hacen falta unas vacaciones y que él la llevará a Veracruz. Adrián y Beatriz asienten con complicidad y la opinión de la propia Lucy poco importa. A pesar de la resistencia de Lucy, comienzan los preparativos para que ella, su hijo, y su suegro pasen dos semanas en el puerto. Acceden a que también vaya Estela, la hermana menor de Lucy. Así comienza una pesadilla que aleja a Lucy de otra pesadilla igualmente ominosa.

Estela no tiene idea del infierno que vive su hermana desde que se casó con Adrián. Desde la misma noche de bodas en la que comenzó la violencia. Y ahora ella también será víctima de uno de los verdugos. Desde la primera noche en un hotel de mala muerte, comienza a percibir el miedo de su hermana y lo comparte cuando Pedro utiliza palabras obscenas y amenzas contra Lucy.

Durante el relato siempre flota la duda de ¿por qué Lucy no pide ayuda? ¿por qué no huye del maltrato y las humillaciones? Y ante la pregunta expresa de su hermana ella contesta: “No, nadie escucha las llamadas de auxilio, por eso los criminales actúan con toda impunidad.”

Pedro es el verdugo, pero las mentes detrás del castigo son madre e hijo, Adrián y Beatriz que mantienen una extraña relación edípica. De hecho, Beatriz se casó con Pedro, como venganza después de que Adrián se casó con Lucy.

“Y lo peor de todo era que no podía escapar de aquella pareja mitológica formada por Adrián y Beatriz. Era un monstruo de dos cabezas, exactamente iguales, con cuerpos aparentemente distintos y dotados de los mismos deseos, sensaciones apetitos y ambiciones.”

Elena Garro, plantea en este relato todos los síntomas por los que pasa una persona víctima de la violencia intrafamiliar: El grito de angustia al que nadie acude; el temor de que no le crean; el arrepentimiento por haber entrado en ese torbellino sin fin; el sentimiento de culpa; la vergüenza; la baja autoestima y hasta la idea del suicidio como única escapatoria.

  • “El mundo es peligroso, les repetía su madre, que deseaba que no salieran nunca de su casa. ¿Por qué se habría casado?”
  • Lucy y Estela recordaron a Pedro. ¿Qué habría hecho al descubrir que se habían ido temprano? Sintieron miedo y trataron de no recordar la escena nocturna a la que un pudor invencible las obligaba a replegarse en las profundidades de su memoria.”
  • “Ella se empeñó en guardar silencio. No podía confesar aquella última humillación: no tener dinero para pagar el hotel, comprar los billetes de tren y la agresión del hotelero. […] Adrián es tan brutal que nadie puede creerme.”
  • “Su amor por el mar era correspondido y las olas no estaban dispuestas a matarla.”

La violencia está presente en todo el relato pero escondiendo siempre la parte más cruda. De manera explícita están los insultos, las humillaciones verbales, las palabras soeces, pero la violencia física se calla. El lector sabe que lo peor se mantiene oculto como por un pudor narrativo, pero está.

En la playa Lucy y Estela conocen a dos soldados norteamericanos que son un remanso ante la situación en la que se encuentran. Sin embargo, no piden ayuda. Ellos de cualquier manera lo perciben y hasta son testigos de una escena en la que corroboran sus sospechas, las chicas viven una situación muy adversa. Ofrecen ayuda que no es aceptada. Son extranjeros en este extraño país en el que parece que todo ocurre como una fatalidad imposible de eludir:

” – Es inútil, están perdidas… es inútil… – afirmó Corbett.

 – Sé lo que quieres decir, pero no Estela – respondió Ted.

 Corbett lo miró piadoso.

 – ¡Las dos!… Lucy se equivocó y su hermana compartirá el error… terminarán muy mal- aseguró Corbett con la seguridad de alguien que ve desde la playa que se ahoga mar adentro y calcula que por más esfuerzos que haga no tendrá tiempo de llegar a salvarlo.”

La nota esperanzadora del relato no está en la descripción de la violencia, sino en la denuncia que se hace contra los perpetradores, contra sus cómplices y contra quienes deberían actuar y no hacen nada. Ese es el llamado a todos los lectores, que no seamos parte de esa círculo de violencia, que denunciemos y así rompamos ese lastre que cargamos desde épocas inmemorables.

Desalojo

Separaciones - Bastida Abogados

La luna de miel en Cartagena había resultado desastrosa. Yo seguía con una piedra en la garganta y Lisa con los ojos anegados repitiendo una y otra vez que lo sentía, que la perdonara y que al regresar podríamos recomenzar.

Me había impuesto un silencio que no me hiciera arrepentir después, si lo incumplía; aunque el odio me quemaba la garganta y quizás por eso las palabras se evaporaban antes de ser pronunciadas.

Tomamos un taxi del aeropuerto a nuestro departamento y mi silencio se prolongó otros cuarenta y cinco minutos.

Dos días antes, cuando nuestro matrimonio ya estaba hecho pedazos, la hija de nuestra casera nos dio la noticia acerca del desalojo. Su llamada fue como el último clavo sobre el ataúd de nuestra relación. El edificio había sido embargado hacía dos años y doña Clara, con toda su dulzura octogenaria, nos había rentado algo que ya no le pertenecía hace tiempo. Había sido tan conmovedora y convincente cuando nos dijo que nos condonaba el primer mes de renta a cambio de pintarlo y arreglar un par de humedades y que, por lo demás, el departamento era perfecto. Dijo también, que ese sería su regalo de bodas.

Sin embargo, la muerte de la anciana y un tsunami legal, habían arrastrado nuestras pertenencias a la calle.

Bajamos la maletas del taxi y nos quedamos mirando el desorden. Lisa sollozaba y de repente tenía espasmos de náufrago desconsolado.

El departamento, que con tanta ilusión y trabajo habíamos decorado, estaba completamente volcado en la banqueta. El cielo estrellado de Van Gogh guardaba cierta dignidad sobre el love seat color rojo. La lámpara que Lisa me había concedido escoger, hacia guardia sobre la horrible maceta de fibra de vidrio con su crotón multicolor.

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Cielo estrellado de Vincent Van Gogh

Me pesó ver la base de la cama con las patas de costado como un gran insecto muerto, al lado del librero que soñábamos llenar juntos.

La escena trágica tenía sus tintes chuscos: el refrigerador parecía el amigo sobrio cuidando al colchón ebrio; mi ropa ocupaba apenas la sexta parte del pequeño comedor y la de Lisa el resto, como un tablero de Risk conquistado por una fashionista.

Estando ahí, el globo terráqueo sobre un buró llamó mi atención. Sentí que la realidad se revelaba ante mis ojos: habíamos ubicado juntos en ese globo, dónde quedaba Cartagena; Lisa había determinado el destino de nuestro viaje de bodas justo después de la despedida de soltera que organizaron sus amigas en un bar colombiano cerca de la oficina. Nunca dejaré de reprocharme haber sido tan ingenuo.

De pronto Lisa preguntó, ¿y ahora a dónde iremos?

Respiré profundo para no dejar salir mi furia y sólo dije, no sé tú, yo regreso con mis padres. Tomé mi maleta y un par de chamarras, me cargué la lámpara guardiana al hombro y me marché.

Otro buen libro sobre la Segunda Guerra Mundial

El desconocido del Meno by Eduardo Sangarcía

El desconocido del Meno

Eduardo Sangarcía

Fondo Editorial Tierra Adentro, México, 2017.

¿Cuántos libros más se escribirán sobre la Segunda Guerra Mundial? ¿Cuántas películas más se filmarán sobre ese tema? A pesar de ser muy pocos los sobrevivientes presenciales, aún faltan millones de historias personales, reales o imaginarias, por contar. Y mientras esto suceda se seguirá hablando de este episodio de la Historia.

El escritor jaliscience, Eduardo Sangarcía eligió este tema para armar alrededor de él 7 cuentos magníficos, en los que nos lleva de Wurzburgo a Stalingrado, de Londres a Dresden, y nos ubica casi como testigos presenciales de historias relacionadas con la II Guerra Mundial.

La construcción de los relatos reunidos en este pequeño gran libro titulado El desconocido del Meno es tan minuciosa, que el autor, en pocas páginas, logra dibujar los escenarios, contarnos los motivos de los personajes y transmitirnos sus dudas y temores. Tan es así, que Sangarcía se hizo acreedor al Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2017.

En el primer cuento, que le da el título al libro, un judío sobreviviente de un campo de concentración sueña con vengarse de uno de sus custodios, un polaco que a pesar de también haber estado encerrado, contaba con algunos privilegios dentro de la barraca. Un día, después de encontrarlo por casualidad en la calle y de seguirlo durante toda la mañana, ubica su domicilio en una casa ubicada a orilla del Meno (Main en alemán, es el principal afluente del río Rin) y decide que al día siguiente lo eliminará. Cuando toca a la puerta de la casa del polaco, éste abre y lo invita a pasar para ver el futbol. Es 1974, en pleno Mundial y se enfrentan Alemania Occidental contra Suecia. Se beben unas cervezas mientras observan un partido de volteretas en el que Franz Beckenbauer lidera a los alemanes. Las cuentas pendientes son muchas e impostergables para el judío. El polaco en cambio, es fanático del futbol y sabe que en poco tiempo morirá de cáncer; lo único que quiere es presenciar el siguiente partido de su selección, precisamente contra Alemania, para el cual ya tiene un par de boletos y no tiene acompañante.

En El oso de madera, un francotirador ruso cumple con su labor diaria y lleva a su refugio una recompensa: un abrigo y un juguete para su nieto que consiguió de su última víctima.

El tercer cuento describe una Stalingrado en ruinas. A consecuencia de la guerra, el hambre y las plagas se han apoderado de la ciudad. Dos pequeños salen a cazar ratas, el único alimento conseguible, y en su camino se encuentran a Kurt, un temible soldado enemigo que les habla del terrible Barmaley que come niños, Barmaley die Rattenkönig (el rey de las ratas).

Héroes es la historia de un grupo de jóvenes de la resistencia francesa, que se encuentra rodeado por la Gestapo en el edificio que le sirve de escondite. Y mientras los guerrilleros tiemblan de miedo, repiten su mantra: “nadie saldrá vivo de aquí”.

Whitechapel es la historia de un viejo adicto al sexo sale de su casa a media noche para satisfacer su adicción; de pronto se encuentra indefenso en medio de las sirenas y los bombardeos en Londres.

Milagreros. En la medida en que Alemania va perdiendo la guerra, el ánimo entre sus pobladores va decayendo y los milagreros son los encargados de levantar la moral: cuelgan fotografías de Hitler en los pocos muros que quedan de pie. Hasta que llegan a Dresden, en donde su tarea se vuelve imposible pues la ciudad está en llamas y no queda piedra sobre piedra.

A la deriva nos cuenta la experiencia de un soldado norteamericano. No hay peor desencanto que unirse al ejército con el ideal de salvar al mundo del monstruo del nazismo, cruzar medio mundo y al llegar al territorio enemigo, encontrar a dos soldados alemanes dándose muestras de amor. El soldado se cuestiona de qué sirve tener el mejor armamento y ser víctima de la naturaleza.

El desconocido del Meno es uno de esos libros que he comprado por la temática en general -me gusta leer sobre la II Guerra Mundial-, sin ninguna referencia previa, y que terminó encantándome. Habrá que seguirle la pista a este joven escritor y agregarlo a la lista de las grandes promesas de las letras mexicanas. Una recomendación para todo tipo de los lectores, en especial para aquellos que gustan de los temas relacionados con la guerra.

Un encuentro de miradas

(Sacado del barril de los recuerdos)

Cuando se habla de un encuentro de miradas, generalmente se piensa en un hombre y una mujer, en el inicio de una atracción con un desenlace carnal. Lo que me ocurrió a mí fue algo diferente: sublime, celestial.

Todos aquellos que al ver su mirada reflejada en las de pupilas de alguien más hayan sentido el abrazo de un tierno parpadeo, podrán argumentar que su experiencia no tiene nada de terrenal. Sin embargo, yo les aseguro que mi experiencia sí fue algo fuera de este mundo.

Mi nombre es Tereza, con zeta, porque la secretaria del Registro Civil así lo decidió, y porque mis padres no tuvieron el cuidado de revisar mi acta hasta muchos años después, cuando era demasiado tarde y costoso cambiarlo. Pero debo agradecer tal torpeza pues eso logró distinguirme de muchas otras Teresas. Claro, eso y mi carácter rebelde, que no encajaba en un colegio de religiosas.

Mis padres, a pesar de ser ateos confesos, decidieron meterme en el Colegio Juana de Arco, que pertenece a Las Hermanas de los Pobres Siervas del Sagrado Corazón. Su decisión se basó en que la Escuela Primaria Federal Gabino Barreda estaba demasiado lejos de casa, y a que del Don Bosco de los Salesianos -la otra oferta educativa- saldría más persignada que una monja. Aunque seguramente habría salido primero expulsada que con hábito. Las madres del Colegio, al menos eran más pacientes con mis travesuras y jamás me enteré de que intentaran disuadir a alguien de entrar en su congregación.

De lo que no pude salvarme fue de ir cada viernes primero a misa. Se celebraba en una capilla en donde destacaban 3 figuras teologales: Jesucristo, la Virgen María coronada con el Espíritu Santo y el Arcángel Miguel. Debo agradecer que sus figuras no fueran tan tétricas como las del templo cerca de mi casa, a donde alguna vez fui invitada a la  primera comunión de una de mis amigas y quedé impresionada por el gesto de dolor en la Virgen y el Cristo sangrante y amoratado. Las estatuas de la capilla del Colegio, por el contrario, en sus rostros dibujaban una sonrisa. El único que estaba un poco serio era el ser alado. Y no era para menos, pues empuñar una larga espada dorada y amenazar con ella a un dragón que intentaba morderle los pies, no era cosa para alegrarse.

La nula formación religiosa que recibí en casa, frecuentemente se contraponía con la excesiva que recibía en el Colegio. Yo movía los labios cuando todos mis compañeros rezaban y fingía un gran acto de contrición cuando insistentemente me invitaban a que comulgara cuando ya tenía la edad para haber hecho la primera comunión, cosa que jamás sucedió. Así que mi infancia transcurrió entre dos ambientes contrapuestos: el fervor y la herejía.

De esa manera terminé la primaria. Ya en la secundaria y la preparatoria, las monjas eran más relajadas en la formación religiosa, o al menos no andaban detrás de los alumnos para que fuera a contarle sus pecados al párroco. Quizás se resignaban, porque de lo contrario, hubieran necesitado un gran ejército de sacerdotes para depositar los miles de pecados de todos los adolescentes pletóricos de hormonas; o quizás pensaban que con los jóvenes se debe de utilizar la psicología inversa.

En la preparatoria tuve sólo un par de novios, a pesar de ser muy popular. Mi fama, no se debía a la belleza, sino a que lograba mantener un promedio de cuadro de honor, a pesar de tener una conducta reprobatoria. Creo que por eso, los muchachos se me acercaban más con intenciones de buscar una cómplice de andanzas, que una chica con quien salir. Pero eso jamás me perturbó; algunos pretendientes, muchos amigos y un par de mejores amigas, hicieron de mi preparatoria una de las mejores etapas en mi vida.

Al terminar la preparatoria, tuve que mudarme de ciudad para ir a la universidad. Mis padres, congruentes con su liberalismo religioso, me dejaron escoger carrera, universidad y por consiguiente ciudad. Yo fui la que lo pensé mucho. Estaba tan arraigada a mi ciudad y a mis amistades, que se me hacía difícil dejarlos para irme a estudiar Arquitectura al ITESO. Eso fue lo que en un disparatado chispazo elegí como profesión. Mi padre que siempre ha tenido un poco de artista frustrado y mi madre que me había hecho jurarle que no seguiría su carrera de contadora, apoyaron mi decisión.

Pasé cuatro años y medio muy ocupada haciendo planos y maquetas de proyectos irrealizables, y por supuesto, asistiendo a fiestas entre semana. Los fines de semana procuraba ir siempre a visitar a mis papás, porque pasaba un rato realmente agradable con ellos y porque mamá me mandaba comida para toda la semana, de esa manera no tenía que preocuparme por preparar mis alimentos. Además aprovechaba los fines de semana para visitar a mis amigos de la prepa que no habían salido a estudiar fuera, o que al igual que yo, llegaban a la pequeña ciudad natal a llenar las alforjas para la semana.

En esos cuatro años, con la amiga con quien estreché más los lazos fue con Sonia, que también había ido a Guadalajara a estudiar Pedagogía en la Universidad Panamericana. Ella, siempre había sido muy apegada a los preceptos religiosos que cimentaron sus padres y acrecentaron las mojas. Sin embargo, parece ser que la insistencia de los miembros del Opus Dei en la Universidad, echaron por la borda todo el apego que tenía a la religión católica, y ya para el cuarto año de la carrera, Sonia era tan laica y escéptica como yo. Corrijo, casi tan laica como yo, pues a pesar de compartir muchas de mis ideas acerca de la fe católica, tenía que seguir asistiendo a misa dominical con sus padres.

En una ocasión en que habíamos ido el fin de semana a nuestras casas paternas y que nos regresaríamos juntas a Guadalajara, me invitó a misa con sus papás. Siempre asistían a la misa de 10:00 am que se celebraba en la capilla del Colegio Juana de Arco. Emocionada por visitar nuevamente mi Colegio, y no teniendo nada mejor que hacer el domingo por la mañana, acepté.

En los 4 años que tenía de no visitar mi antiguo Colegio, este se había transformado. Las hermanas habían adquirido un gran terreno baldío y habían construido nuevas canchas y salones. La capilla, que anteriormente estaba bastante oculta, tenía una nueva entrada que la hacía lucir aún más hermosa; claro desde un punto de vista arquitectónico.

Al entrar, vi nuevamente los vitrales que siempre llamaron mi atención por su colorido, y me imaginé nuevamente niña, joven, colegiala rebelde. Un rayo filtrado a través del caleidoscopio multicolor, se posó sobre el Arcángel Miguel. Me detuve unos segundos a observar el dragón, que parecía aceptar resignadamente su derrota. Luego vi el elegante traje del arcángel predominantemente dorado y rojo, y su espada también dorada que se mantenía en guardia contra el dragón. Levanté un poco más la vista y creo que el arcángel sonrió, mientras nuestras miradas se encontraron y se fundieron en un eterno instante de pasión. Sentí mi torrente sanguíneo desde la punta de los pies hasta el corazón llevando una carga de fuego que jamás había sentido. Mis brazos cayeron a los costados, sin vida y luego la cabeza me dio mil vueltas hasta que perdí el sentido y me desplomé.

Cuando desperté, mis papás estaban a mi lado, Sonia y sus papás me observaban a los pies de mi cama, y su semblante pareció relajarse cuando abrí los ojos. Me contaron que había permanecido alrededor de un minuto observando la estatua como hipnotizada, sin hacer caso a sus llamados, de pronto me desmayé. Intentaron reanimarme con alcohol que les proporcionaron las hermanas, con un poco de vino de consagrar que les acercó el sacerdote y al ver que no reaccionaba, llamaron a mis padres. En cuestión de minutos estaban ahí para llevarme a casa. Reaccioné después de cerca de una hora, cuando el médico estaba por llegar.

El doctor dijo que no tenía nada, sin embargo me recetó vitaminas. Y yo, por supuesto, no le comenté nada a nadie acerca de la turbadora mirada del ángel.

De esos segundos de éxtasis similar al que seguramente sintió mi homóloga Teresa de Ávila, sólo recuerdo  un par de ojos cegadores, una blanca sonrisa, un cálido abrazo, un aire fresco en la cara, un calor en las entrañas, y una voz, que no estoy segura de haber sobrepuesto al recuerdo, diciendo:

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es el perderte a ti
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi amado quiero,
que muero porque no muero.

Hace ya más de un año desde aquel encuentro de miradas,  y no he vuelto a pararme en un templo por temor a encontrarme con él de nuevo y confirmar así mi locura o mi insensatez por falta de fe. Prefiero un encuentro fortuito, en un terreno neutral, en donde pueda yo, con una mirada, provocarle el mismo éxtasis divino.