Nuestra vida en una vitrina

Libro Kentukis  - Lecturama

Kentukis

Samanta Schweblin

Literatura Random House, México 2019

Hoy al despertar, lo primero que hice fue abrir las persianas y estirarme. Mi vecina, cuya ventana de su cuarto queda justo enfrente de la mía, pensó que la saludaba y me correspondió. Luego bajé a la cocina para preparar el café, pero antes abrí todas las cortinas y persianas para dejar que la luz del sol iluminara de manera natural mi casa.

Debo decir que mi casa tiene amplios ventanales en la sala que dan hacia el exterior y que desde la cocina puedo observar y pueden observarme quienes transitan por la calle.

Mientras me preparaba el café, aún en piyama, algunos deportistas madrugadores me sonrieron como invitándome a dejar la modorra y seguir su paso de personas saludables. Otros vecinos que salieron a pasear a sus perros me dieron los buenos días y me sugirieron que agregara un poco de granola al yogurt que estaba por desayunar. Un par de niños que fueron a la escuela se rieron por mi despeinado. La vecina de la esquina se quedó viendo a mi pantalón de piyama y me dijo que tenía una peligrosa rasgadura a la altura de la ingle.

La culpa es en parte mía, yo dejé las cortinas abiertas a todas esas miradas curiosas para que pudieran conocer mi intimidad.

Acabo de leer la novela Kentukis de la escritora argentina Samanta Schweblin y me dejó pensando muchas cosas. Los kentukis son muñecos de peluche con cámaras en los ojos y ruedas que les permiten moverse, controlados a distancia por personas que pagan para ser observadores de otras vidas, las de quienes adquieren los muñecos. Es decir, a través del muñeco se establece un vínculo entre dos personas que no se conocen y que pueden estar en lados opuestos del mundo: observador – observado; amo (dueño de peluche) – ser (persona que maneja el peluche y observa la cámara).

Detrás de esta relación aceptada puede haber las más diversas motivaciones, algunas buenas, otras no tanto. Están los que adquieren el muñeco para sentir compañía, como un sustituto de mascota al que no hay que alimentar, basta con dejar el cargador al alcance del muñeco. Por otro lado están quienes adquieren la conexión para observar a través de los ojos del muñeco y así conocer otros lugares del mundo y contactar con personas de otras culturas. Digamos que ambos son el lado bueno de la moneda. Por otro lado, hay quienes adquieren el muñeco para exhibirse y dar rienda suelta a su sadismo reprimido. Otros compran la conexión para fisgonear, tratar obtener datos personales de los amos y después extorsionarlos. Este es el lado perverso.

Y en este vínculo admitido por observadores y observados hay un tercer actor que nunca se menciona en la novela: el que produce los kentukis y que se enriquece por dos vías. Y esa fue una de las reflexiones que me detonó el libro, los grandes corporativos a quienes entregamos libremente nuestros datos personales para que conozcan nuestros gustos, nuestros patrones de consumo, los lugares que frecuentamos y dónde vivimos. Somos nosotros mismos quienes abrimos las cortinas de nuestra casa-escaparate.

Kentukis es una novela que habla de la invasión a la intimidad, de la violación de la privacidad, de la necesidad de vínculos afectivos, de vouyerismo, de los huecos en la ley que permiten que la tecnología y el acceso a la información se usen de manera maliciosa.

Este es el tercer libro que leo de Samanta Schweblin: el primero fue Distancia de rescate; el segundo Siete casas vacías. Los dos lecturas me sacudieron y esculpieron un altar para la autora entre mis escritores favoritos. Debo confesar que tenía un poco de recelo acerca de Kentukis, sobre todo porque cuando recién se publicó el libro (2018) hubo una gran campaña de publicidad: The New York Times en español lo calificó como uno de los diez mejores libros de ficción del año. The Guardian calificaba a la autora como una de las 50 mejores voces nuevas de la ficción. Dejé pasar casi tres años para leerlo y mi temor se vio más o menos validado, es decir, me gustó, pero no tanto como los dos libros anteriores.

En el libro, los kentukis se vuelven tan populares que se pueden encontrar en cualquier lado. La propaganda publicitaria, que es un tema apenas mencionado, creó una falsa necesidad entre los consumidores que se volcaron a comprar muñecos o conexiones para observar. Yo, al ver que se le hacían tantos elogios a la novela, corrí a comprarla aunque la dejé reposar. El altar para Samanta Schweblin sigue en pie, pero quizá todos terminamos siendo víctimas de la mercadotecnia.

El poder hipnótico del mar

Océano mar - Baricco, Alessandro - 978-84-339-6749-7 - Editorial Anagrama

Océano mar

Alessandro Baricco

Anagrama, México, 2016.

El mar tiene un poder hipnótico, igual o más poderoso que el fuego. A la orilla del mar o en su interior han surgido tantas historias como alrededor del fuego. Agua y llamas secuestran nuestras miradas mientras nos revelan leyendas fantásticas.

Además, a diferencia del fuego, al que hay que alimentar para evitar que se extinga, el mar es perpetuo.  Su vaivén infinito nos arroja vestigios del pasado, residuos del presente y esperanza del futuro. Todo converge en el mar.

Tenía que ser una posada frente al mar, el lugar donde podían coincidir personajes tan distintos: una mujer bellísima a la que su esposo la envía lejos de su hogar con tal de separarla de su amante; un pintor que diariamente intenta pintar el océano y no lo logra por no encontrarle los ojos; un profesor que entre otras tareas imposibles, decide medir en dónde termina exactamente el mar; una chica que padece una rara enfermedad y que viaja al lado de un cura locuaz y ojo alegre.

La Posada Almayer es atendida por niños de costumbres extrañas: un niño que pasa el día entero sentado en el alféizar de la ventana de un cuarto que da a un acantilado y que puede saltar hacia ambos lados; un pequeño que le ayuda al pintor a localizar barcos en el horizonte para que puedan simular los ojos del océano; otro que le ayuda iniciar los sueños a uno de los huéspedes.

Pero quizá, la costumbre más extraña de los niños de la Posada Almayer sea la de salir a bailar a la playa, con lámparas, durante las noches de tormenta, para descontrolar a los barcos y que se estrellen contra los acantilados… después de todo, hay muchas islas que sobreviven gracias a los naufragios.

Todo eso ocurre en Océano mar, la novela del escritor italiano Alessandro Baricco publicada por primera vez en 1993 y que yo apenas descubrí a finales del 2020.

Aquí debo señalar que hasta ahora he leído 3 libros del autor y que ninguno me ha dejado imperturbable: o los amo o los padezco. Primero leí Seda (1996) y lo amé rotundamente; luego City (1999) y me costó trabajo llegar al final de sus páginas; Océano mar, es el tercer y me volvió a encantar. Su estilo nunca es el mismo. Como el agua del mar que nunca es la misma cuando nos moja los pies. O quizás somos nosotros los que cambiamos constantemente, y en cada libro que leemos somos distintos.

Además de estos personajes alucinantes que habitan en Oceáno mar, encontré una historia sobre una fragata francesa que encalló a varios kilómetros de costas africanas y que, al ser insuficientes las lanchas salvavidas, varios hombres y una mujer, tuvieron que subir a una balsa improvisada en la que padecieron horrores durante los días que estuvieron a la deriva.

La manera en que Baricco enlaza las historias es magistral, y nos lleva a través de una gama de emociones a las que es mejor no oponer resistencia, dejarse llevar como balsa a la deriva en medio del mar.  Si están dispuestos a iniciar esta aventura, prepárense para ir de la ironía a la melancolía, de la reflexión al embeleso en unas cuantas páginas. Uno de los mejores libros que leí el año pasado y lo recomiendo enormemente.

Aquí una de mis frases favoritas:

“He visto naves espléndidas luchando contra tormentas feroces, y he visto algunas de ellas rendirse y desaparecer entre las olas altas como castillos. Era como un duelo. Bellísimo. Pero la Alliance no ha podido combatir. Un final silencioso. Con un inmenso mar casi plano a su alrededor. El enemigo lo tenía dentro, no delante. Y toda su fuerza no valía contra un enemigo así. He visto muchas vidas naufragar de esa manera absurda. Pero naves, nunca.”

Ser una buena persona

Amazon.com: Las buenas personas (Spanish Edition) eBook: Baram, Nir: Kindle  Store

Las buenas personas

Nir Baram

Alfaguara, México, 2013

Quizás todos tenemos el potencial de ser buenas personas, pero luego la realidad nos puede llevar por caminos insospechados; entonces, todos, también quizás, tenemos el potencial de convertirmos en aquello que alguna vez despreciamos.

Acabo de terminar mi primer libro del año y me ha gustado un montón, tanto que no quise esperar para recomendarlo y dejar una huella de las impresiones que me causó. Se trata de Las buenas personas del escritor israelí Nir Baram.

De entrada no es tan común que un escritor judío escriba sobre las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial, desde una perspectiva no judía y Nir Baram lo hace y lo hace muy bien. Basta decir que con este libro se hizo merecedor del Prime Minister Award, 2010.

Las tramas -en realidad son dos historias que inicialmente corren paralelas- son las de un alemán que en un principio no estaba de acuerdo con el régimen nazi, pero que termina sirviéndole como uno más de los soldados que trabajan para engrandecer al Reich; y el de una soviética proveniente de una familia en cuyo seno se criticaba a Stalin y que termina perteneciendo a la NKVD, una policía secreta del régimen soviético.

Sería demasiado simplista pensar que todos tenemos un precio por el cual vendemos nuestros principios, o que el instinto de supervivencia nos obliga a hacer cosas que en situaciones normales no haríamos.

En el caso del personaje alemán, tenía una necesidad de reconocimiento y de triunfo -no sé por qué pensé en algunas personas con las que me he topado en el ámbito laboral-, mientras que en el caso de la protagonista soviética se vuelve la interrogadora del círculo de amigos de sus padres, porque tiene la esperanza de encontrar a sus hermanos de quien ha sido separada.

Las historias de estos dos personajes convergen en la declaración de guerra de Alemania a la URSS en junio 1941. Y aquí cabe mencionar que el libro no hace un recuento de hechos históricos con fechas, ciudades y nombres de personajes de la vida real, sino que logra dar un muy buen panorama del entorno político y social.

Los protagonistas viven un constante miedo ha ser delatados como traidores -tanto en el régimen nazi como en el soviético. Constantemente viven la soledad, la miseria, el arrepentimiento por ser parte de la maquinaria de los gobiernos de sus respectivos países.

Definitivamente, Las buenas personas fue una gran libro para iniciar este año.

Algunas citas:

📖”Lo único que permanece en la historia es la aterradora elasticidad del espíritu del hombre.”

📖”Como somos seres efímeros es natural que los grandes acontecimientos de nuestro tiempo nos impresionen, pero al fin y al cabo no representamos más que un diminuto momento de la historia.”

¿Comer o no comer? Ese es el dilema.

Cadáver Exquisito (Premio Clarín 2017) / Tender Is the Flesh: Bazterrica,  Agustina: Amazon.com.mx: Libros

Cadáver exquisito

Agustina Bazterrica

Alfaguara, España, 2019

El fin de semana pasado tuvimos un asado en familia: solo mi esposa, mi hija y yo. No es recomendable tener invitados en esta época de pandemia. El menú: unos vegetales a las brasas, unas quesadillas y un sirloin bien cocido. No me gusta el sabor de la sangre, por más que me digan que soy un criminal de los asados.

Después del postre hicimos la sobremesa. Comentábamos que a las brasas todo sabe bien, hasta los duraznos y la piña en almíbar. Después de recoger la cocina, aún quedaba un trozo de domingo para descansar y distraernos. Cada uno nos refugiamos en un rincón de la casa con su pasatiempo favorito. Yo seleccioné un libro que me recomendó Melina desde Mar del Plata: El cadáver exquisito de Agustina Bazterrica.

El título me sonaba a esa técnica usada por los escritores surrealistas, como una especie de juego en la que varios participantes armaban una historia. Consiste en que el primer participante comienza a escribir una historia en un papel y después de un cierto tiempo se detiene y le pasa la hoja al siguiente participante. Este no puede leer más que la última frase escrita por su antecesor y debe continuar la historia sin más información que esa. Y la hoja va pasando de mano en mano hasta que al final queda una historia hecha de retazos, como una quimera literaria.

La novela de Agustina Bazterrica nada tiene que ver con el pasatiempo surrealista.

Cadáver exquisito nos traslada a un mundo distópico en el que un virus mortal que afecta a los animales se contagia a los seres humanos. Con la finalidad de contener la transmisión del virus, es necesario sacrificar a todos los animales en cautiverio, incluidos animales de granja, de zoológicos, mascotas y en lo posible cazar a todos los animales libres. Hasta aquí, la distopía no está tan alejada de la realidad actual y 17 millones de visones sacrificados en Dinamarca a causa del Covid-19 son una muestra de ello.

Los seres humanos sobrevivientes al virus mortal siguen teniendo la necesidad de incluir carne en su dieta y, ante la falta de otra fuente calorías, se legaliza el consumo de carne humana. Cadáver exquisito se sitúa en ese tiempo en que las granjas que antes producían ganado vacuno, comienzan a producir la primera generación pura (PGP) de especímenes -está prohibido llamarle humanos. Afuera de los mataderos que antes se utilizaban para reses y puercos, y que ahora se usan para los especímenes PGP, viven los Carroñeros, grupos de personas que se conforman con los restos no aprovechables o con la carne echada a perder. Existe también una Iglesia de la Inmolación, que promueve entre sus feligreses el autosacrificio con la finalidad de que sus semejantes se alimenten de su propio cuerpo.

No voy a negarles que la lectura de este libro, merecedor del Premio Clarín en 2017, por momentos me dio retortijones. Era quizás el esfuerzo de mi estómago por procesar el sirloin a las brasas que dos horas antes había comido.

El estilo de la novela carece totalmente de ornamentos, cuenta las acciones sin entrar en tanto detalle en descripciones, casi como un guion cinematográfico. Aun así, provoca una profunda reflexión, casi una indigestión mental, sobre la destrucción que hemos hecho como especie, en este planeta. Hemos arrebatado el hábitat a muchas especies y las hemos extinguido; hemos creado una enorme desigualdad entre nosotros mismos; hemos agotado al planeta hasta llevarnos al borde de nuestra propia destrucción y todo con tal de perseguir ese modelo de consumo impuesto por el capitalismo.

¿Cuántos millones de reses se necesitarían para que toda la población del mundo pudiera comer carne diariamente? ¿Cuántos planetas se necesitarían para mantener esa producción de carne? No soy nadie para arrojar la primera piedra a los carnívoros, menos después de ese pedazo de sirloin bien cocido que clamaba venganza desde mi interior. Pero ¿y si todos, en la medida de lo posible, hacemos el esfuerzo de reducir el consumo? (Aplica igual para la carne o para cualquier producto).

Terminé la novela de Agustina Bazterrica con un remordimiento en mi estómago. Quienes me conocen saben que me gustan los libros que me hacen sufrir, éste sin duda lo recomiendo para eso. Sé que no soy el mismo después de su lectura y que sin duda seguirá dándome vueltas en la cabeza por mucho tiempo. Quizás hasta el próximo asado en el que me conformaré con los vegetales y las quesadillas.

Un libro lleno de sabiduría

El libro vacío

El libro vacío

Josefina Vicens

Ediciones Transición, 1978, México

De lo bueno poco, dicen. Por eso Josefina Vicens (1911-1988) publicó sólo dos novelas (El libro vacío, 1958 y Los años falsos, 1982) y eso le bastó para ganarse un lugar muy importante en la Literatura Mexicana. Aunque además de estas dos novelas, también escribió varios guiones cinematográficos, cuentos y una obra de teatro.

Hoy hablaré de El libro vacío, aunque no contaré nada de su argumento, ni daré mi opinión, ni mencionaré el montón de resortes que hizo saltar en mi cabeza; simplemente compartiré algunas de las cápsulas de sabiduría que contiene esta novela, para que se presente por sí misma:

“Muchos años después la encontré en una cervecería. Por nada en el mundo la describiría aquí. Pero la sensación que experimenté me hizo comprender que solo en el cuerpo del ser profunda y largamente amado, no percibimos el paso del tiempo, y que el envejecer juntos es una forma de no envejecer. La diaria mirada tiene un ritmo lento y piadoso. La persona que vive a nuestro lado siempre está situada en el tiempo más cercano: ayer, hoy, mañana, y a estas distancias mínimas no pueden verse, no se ven los efectos de los años.”

Consejo de padre a hijo…

“[…] lo que tu sentimiento considera esencial, eso es lo esencial. No hagas caso de mis consejos; la experiencia está al final del camino, y yo no debo quitarte el gusto del camino, ni la triste riqueza que vas a encontrar cuando lo hayas recorrido. Porque la experiencia es eso: una triste riqueza que sólo sirve para saber cómo se debería haber vivido, pero no para vivir nuevamente. Yo podría protegerte, pero ¿te interesa mi protección? Lánzate a tu vida desnudo, inexperto, inocente. Y sal de ella maltrecho o victorioso. Eso, al fin y al cabo, es igual. Lo importante es la pasión que hayas puesto en vivirla.”

“[…] el mediocre puede ser también un triunfador, si por triunfo entendemos no sólo la brillante apariencia, la forma o la prosperidad, sino la paz íntima y la falta de avidez por los elementos estridentes que dan un suntuoso contorno a la existencia.”

Sobre el paso del tiempo y las hazañas que nos hubiera gustado hacer…

“No puedo hacer nada para que éstas se conviertan en realidad, por eso, porque el tiempo ya pasó. Antes, cuando aún no pasaba, yo no sabía que pasa tan rápidamente que ni siquiera lo sentimos, ni que después, cuando empezamos a notar su paso, es que ha pasado ya.”

Josefina Vicens: La escritura y el salto al vacío

Aunque el nombre de Josefina Vicens no sea tan resonante como el de otros escritores mexicanos, está grabado con letras de oro, al lado del de Juan Rulfo y Octavio Paz, en el firmamento literario mexicano y es bueno recordarla leyendo su obra.

La pintura en la literatura

La luz negra - Gainza, María - 978-84-339-9863-7 - Editorial Anagrama

La luz negra

María Gainza

Anagrama, España, 2018

Hay libros que desconciertan al lector porque no se sabe que rumbo tomarán. ¿O será que yo siempre voy tratando de adivinar hacia donde nos dirige el autor a través de su relato? Pero para conseguir eso, el autor, no necesariamente, debe ir sembrando pistas falsas como sucede frecuentemente en las novelas policíacas o en cada uno de los episodios de Harry Potter. Lograr esos giros narrativos sin caer en el engaño es una virtud de los grandes escritores.

Recientemente leí La luz negra de María Gainza. Había escuchado grandes cosas de su primera novela, El nervio óptico, pero desafortunadamente no la he conseguido. Así es que en cuanto pude me compré La luz negra, que dicho sea de paso, ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2019, que se otorga en la FIL de Guadalajara.

Esta novela tiene varios giros narrativos que desconciertan al lector, pero también lo mantienen hechizado, con una atracción que le impide postergar su lectura.

Al inicio parece un libro de suspenso que trata sobre falsificaciones de pinturas. Tras la muerte de uno de sus personajes (esto no es gran spoiler pues ocurre en las primeras páginas), parece que nos llevará en la búsqueda de un asesino (no hay tal). Después ocurren algunas apariciones que nos hacen pensar en un thriller psicológico y de pronto, en medio del libro nos encontramos un catálogo de objetos que supuestamente pertenecieron a la pintora Marietta Lydis y que van a subastarse.

A partir de ahí, la protagonista nos lleva tras la búsqueda de la Negra, la supuesta falsificadora de la obra de Lydis, que tenía un talento excepcional y una vida enigmática. Esta parte me recordó mucho a Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, que también es una biografía coral -armada a través de entrevistas, artículos, fotografías y hasta documentos legales- de un personaje de ficción que bien pudo ser real.

A lo largo de la novela, se leen algunos nombres de grandes pintores: Marietta Lydis, William Blake, Pedro Figari y Marc Chagall entre otros, y su sola mención es una semilla de curiosidad para investigar sobre su vida y obra. (¿Conocen las obras de estos artistas?)

La luz negra es un libro deslumbrante que me cautivó de principio a fin y María Gainza tiene un estilo fascinante de escritura, muy original y lleno de erudición que te dejará en espera de su siguiente libro.

Una última, antes de envejecer

La uruguaya: Mairal, Pedro: Amazon.com.mx: Libros

La Uruguaya

Pedro Mairal

Ed. Emecé, México, 2017

Quien se sienta libre de haber idealizado a una persona, que arroje la primera piedra. Más si se trata de alguien que nos despertó una atracción física o intelectual, y que las circunstancias de la vida se han encargado de poner distancia. Sumado a esto, existe la creencia de que los hombres sufren una crisis a los 40’s, sintiéndose amenazados por la vejez que se aproxima y haciendo un último intento de rebeldía ante la cruel huella del paso de los años.

Algo de eso cuenta La Uruguaya de Pedro Mairal, que a lo largo de sus páginas nos narra las aventuras y desventuras del escritor Lucas Pereyra. Lucas emprende una travesía a través del Río de la Plata, desde Buenos Aires hasta Montevideo, a donde irá a recoger unos dólares que le pagaron por adelantado un par de editoriales por dos libros que aún no escribe. Dos razones hay para hacer ese viaje: evitar el tipo de cambio oficial en Argentina que le haría perder mucha plata, y encontrarse con Magalí Guerra Zabala, una joven a la que conoció en un festival literario hace un año.

Durante el viaje, Lucas Pereyra va contando a su esposa, y de paso al lector, cómo fue que conoció a esta joven a quien llama Guerra, y también va dando cuenta de cómo su matrimonio comenzó a desmoronarse. Además de la confesión, intercala su experiencia de padre, de escritor poco conocido, sus planes y temores del encuentro con la joven que es 16 años menor que él.

La Uruguaya tiene su parte trágica y su parte cómica. Por momentos el libro contagia una nostalgia profunda por la juventud que se le escapa de las manos a Pereyra y a la cual se aferra en su relación con Guerra; en otros nos preocupamos por su matrimonio que se tambalea; y en otros es imposible no soltar la carcajada por la mala fortuna del protagonista.

Este libro me divirtió muchísimo, en especial por la capacidad que tiene este escritor malhadado de reírse de sí mismo. La Uruguaya fue mi puerta de entrada a la literatura de Pedro Mairal, que espero seguir explorando.

Sin importar el género del lector, seguramente va a disfrutar de esta novela, ya sea por verse un poco reflejado en alguno de los personajes, o por ver a un amigo, o a un amigo de un amigo muy parecido a uno de ellos.

¿Qué haríamos sin la muerte?

LAS INTERMITENCIAS DE LA MUERTE

Las intermitencias de la muerte.

José Saramago

Punto de Lectura, México, 2006

¿Cómo sería el mundo si no existiera la muerte? Rápidamente la sociedad entera enloquecería por la falta de recursos, por el exceso de enfermos terminales que saturan los hospitales y por la gran geriátricos abarrotados. Las monarquías estarían en constantes guerras internas por una sucesión que nunca se realiza a falta de la muerte del rey padre. Los recursos no serían suficientes y ningún gobierno sería capaz de poner orden en la repartición de los mismos. Incluso las religiones se tambalearían, pues fundan sus creencias en lo que sucederá en esa etapa posterior a la vida. Definitivamente, no me gustaría vivir en un mundo sin muerte. Y es que la muerte es parte del ciclo de la vida. Sin ella el planeta, colapsaría.

Con esa premisa inicia el libro de Las intermitencias de la muerte de José Saramago, en el que nos lleva a reflexionar sobre las implicaciones que tendría que un buen día la muerte de los humanos, en un cierto país, dejara de trabajar. De la mano de Saramago vamos de la reflexión, al embeleso y a la carcajada, pues igual nos plantea una cuestión filosófica como la eutanasia, la corrupción o las religiones; que nos hace enternecer con la imagen de la muerte sentada en un sofá con un perro en su regazo; o hace hablar a la guadaña para hacerle un piropo a la muerte que se encarna como mujer.

En varios de sus libros, Saramago nos plantea una historia en la que un suceso fantástico ocurre en una sociedad y trastoca la vida, para resaltar lo peor de la humanidad, y después, así como llegó, se va eso que alteraba la vida y todo vuelve a la normalidad.

Además también podemos distinguir una forma muy característica en la escritura de Saramago, en la que los diálogos entre personajes, sin un nombre propio, están mezclados con la voz del narrador, en unos párrafos enormes. Eso podría espantar a algunos lectores, pero les garantizo que una vez pasando las primeras páginas se acostumbrarán al estilo. Aquí debo confesar que si pudiera pedir un deseo literario en mi vida, pediría escribir como José Saramago, así que este comentario puede ser un poco tendencioso.

Este libro tan fascinante lo había leído hace 10 años y lo releí recientemente porque quisimos grabar un podcast con Melina Rubio (Cuenta en Instagram: @lecturas.extraordinarias) y ella seleccionó el libro.

La charla fue muy entretenida, en especial pensar cómo sería la muerte argentina y como la mexicana. La argentina seguramente bebería mate, sería un poco quejosa, y sería aficionada al fútbol, hincha de Boca, por supuesto, para que los de River mueran de envidia. La muerte mexicana sería más colorida, tal vez usaría un sombrero ancho y un bigote espeso como alguno de los dibujos de Guadalupe Posada.

Escuchen las dos partes del podcast sobre Las intermitencias de la muerte con nuestra nuestra querida invitada de Mar del Plata, Melina Rubio.

Orgullo y prejuicio, un clásico que perdura

Orgullo y prejuicio (Austral Singular): Amazon.es: Austen, Jane, Vales,  José C.: Libros

Orgullo y prejuicio

Jane Austen

Editorial Austral

En una conferencia del Colegio Nacional de México, Christopher Domínguez Michael, el reconocido crítico literario, decía acerca de los libros que se consideran clásicos: “Los clásicos son aquellos libros que cada generación tiene en las manos por razones misteriosas. Porque el abuelo se lo recomienda al hijo y el hijo al nieto. Porque van persistiendo en el gusto del público; porque el propio público los va protegiendo. Y cada generación lo lee y lo interpreta de manera distinta.”

Definiciones más o definiciones menos, la realidad es que hay libros que por más que pasen los años, se siguen editando, reimprimiento, llevándose al cine, al teatro, se siguen analizando por los estudiosos y comentando entre los lectores. Uno de esos libros llamados clásicos es Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.

Hace poco leí este libro que se publicó por primera vez en 1813 de forma anónima. Lo leí porque fue el pretexto para invitar a Romina Silman (su cuenta en Instagram: Leer.es.bonito) a grabar un podcast con 3C Libros y ella sugirió el tema.

No podré negar que tenía cierto prejuicio acerca de la obra: pensaba que iba a ser una novela con una visión muy femenina y anacrónica acerca del amor. A medida que avanzaba en las páginas, me daba cuenta de cuántas cosas nos perdemos por tener una preconcepción acerca de todo. Al llegar al final del libro pude decir, con un poco de orgullo, que vale la pena aventurarse, lanzarse al vacío de la lectura, en especial de un libro clásico que cuenta con una red de seguridad avalada por miles de lectores.

El libro me gustó mucho y dió para una larga plática entre amigos, de la cual les dejo el link para que la escuchen.

La aventura de esta lectura me dejó una doble recompensa: conocer la escritura de Jane Austen y tender las bases para una amistad que espero dure muchos años. Mil gracias Romina…

Primera parte del podcast dedicado a Orgullo y prejuicio de Jane Austen
Segunda parte del podcast dedicado a Orgullo y prejuicio.

La difícil tarea de ser madre

En «Mátate, amor» todo lo que se pudre forma una familia – Liberoamérica

Matate, amor;

Ariana Harwicz;

México, Dharma Books, 2019

Cuando pensamos en alguien que acaba de ser madre, viene a nuestra mente la ternura de los bebés, los brazos pachones y la piel lisa del pequeño, la temperatura caliente del cuarto en el que está la cuna, el aroma a talco. Quizás se cuele en nuestro recuerdo el olor a pañal usado y a leche materna; o las manchas en la cara y las estrías en la panza de la madre, huellas de un embarazo que es algo del pasado. Menos probable aún, es pensar en los desvelos, el cansancio acumulado, las ojeras, la depresión postparto, la desesperación de no poder hacer otra cosa que ser mamá de tiempo completo.

Por alguna extraña razón, recientemente han caído en mis manos muchos libros que hablan de la maternidad. Más precisamente, del lado B de la maternidad, ese que no tiene que ver con lo idílico sino con lo penoso de ser mamá. El más reciente de esos libros fue Matate, amor, de la escritora argentina Ariana Harwicz. No recuerdo de dónde escuché la referencia de este libro por primera vez, pero en la contraportada viene recomendado por Samantha Schweblin y eso ya es un sello de garantía.

Una mujer cansada de aparentar una vida feliz al lado de su bebé y de su marido sufre un golpe anímico. La depresión post-parto sumada a una insatisfacción sexual, intelectual, matrimonial y de vida en general, además de la sospecha de ser engañada por su marido, desencadenan un derrumbe emocional. La afectación en ella provoca que entre continuamente en desesperación con el bebé y que lo descuide.

“Pasé la mañana insultando al bebé. Le dije de todo menos lindo. Al bebé. Qué no le dije, lo recontra insulté. Una boca sucia de madre. Lo llené de agravios al pobre. Espero que no reconozca ninguna palabra, que más tarde repita delante de todos la concha de tu madre. Me miró diciendo: mamá, pis, y lo mandé a hacer pis solo, a que se alimente con sus propios medios. Ese domingo de invierno comenzó mal”.

A lo largo de la novela está siempre presente la sensación de que algo malo le va a pasar al bebé. No obstante, ella no es la única responsable del constante peligro que corre el niño, sino también el marido, el entorno y la sociedad en general que asumen que la madre es la única obligada a cuidar de los hijos.

En Matate, amor, hay una violencia soterrada que se asoma de vez en cuando y nos da pistas de las posibles causas que afectan la psique de la protagonista:

“Cada vez que lo miro recuerdo a mi marido detrás de mí, casi eyaculándome la espalda cuando se le cruzó la idea de darme la vuelta y entrar, en el último segundo. Si no hubiera habido ese gesto de darme vuelta, si yo hubiera cerrado las piernas, si le hubiera agarrado la pija, no tendría que ir a la panadería a comprar la torta de crema o chocolate y las velitas, medio año ya. Las otras al parir suelen decir, ya no me imagino mi vida sin él, es como si hubiera estado desde siempre, pff.”

Como parte de ese derrumbe emocional o liberación de la realidad, la protagonista da rienda suelta a sus instintos sexuales con un vecino que la observa. Esto hace que la lleven a un centro de rehabilitación psiquíatrico, diagnosticada como ninfómana.

Matate, amor, está situada en un ambiente rural, lleno de una bruma que hace un poco difusa la frontera entre lo real y lo alucinatorio, y que por lo tanto exige una mayor atención al leerse. Sin duda esta novela es un gran libro y lo recomiendo ampliamente a aquellos que ya tomaron una decisión acerca de ser padres o madres y no hay nada que los haga cambiar de parecer.

“Quiero ir al baño desde que terminó el almuerzo pero es imposible hacer otra cosa que ser madre. Y dale con el llanto, llora, llora, llora, me va a trastornar. Soy madre, listo. Me arrepiento, pero ni siquiera lo puedo decir. A quién. ¿A él sentado en mis rodillas, metiendo la mano en mi plato de restos fríos, jugando con un hueso de pollo? ¡No! Dejá eso que te atragantás. Le tiro una galletita. Me la devuelve. Tengo la boca llena de saliva, de migas. Tengo tomate pegado en mi brazo […] Soy madre en piloto automático. Lloriquea y es peor que el llanto. Lo alzo, le ofrezco una sonrisa falsa, aprieto los dientes. Mamá era feliz antes del bebé. Mamá se levanta todos los días queriendo huir del bebé y él llora más. Quiero ir al baño, pero ese cacareo interminable, esa queja, me lo hace imposible Qué quiere de mí. ¿Qué querés? No me deja dejarlo. Se arquea. Ayer tuve que ir a hacer con él, hoy prefiero hacerme encima”.