Podcast 3C Libros: Lecturas de aeropuerto

Leer es un acto de aislamiento que requiere concentración. Al leer nos aislamos de la realidad, de todo aquello que nos rodea y que nos distrae del maravilloso mundo de los libros. Nos concentramos en una historia, en un recuerdo, en un concepto nuevo o en las acciones de un personaje.

Algunos libros son de fácil acceso y podemos entrar y salir de ellos con suma facilidad, saltando de las páginas a los distractores externos en un abrir y cerrar de ojos. Otras veces los textos leídos son más demandantes y requieren toda nuestra atención, por lo que no es fácil leerlos en lugares concurridos.

Los aeropuertos son lugares en los que es difícil concentrarse ya que todos nuestros sentidos están sometidos a múltiples estímulos: El ruido de los altavoces anunciando un retraso en el vuelo de American Airlines con destino a Houston, las conversaciones de nuestros vecinos de banca (si tuvimos la fortuna de encontrar un lugar disponible), el frío de los asientos metálicos, el olor a roles de canela de Cinnabon y el del café Starbucks , los anuncios de descuentos en perfumes y chocolates del Duty Free, las pantallas amenazando con suspender los vuelos de las próximas horas o cambiarlos de sala en el último minuto, etc. Todo ocurriendo simultáneamente, aguijoneando nuestra débil capacidad de exclusión de nuestro entorno.

Por todo esto, pareciera que un aeropuerto no es un buen lugar para leer. Sin embargo, cualquier lugar es un buen lugar para leer, excepto la ducha -ya eché a perder un Kindle y dos libros en papel. De hecho, los aeropuertos son paraísos de lectores. Ahí sobra lo más preciado para cualquier lector: tiempo libre.

No obstante, es importante saber seleccionar el libro que queremos que nos acompañe durante un viaje en avión, o en cualquier otro lugar en el que debamos de esperar pacientemente.

En 3C Libros, nos dimos a la tarea de hacer una selección de libros que pueden leerse mientras disfruta de ese inagotable tiempo de espera en los aeropuertos. Incluimos policiales, novelas románticas, cuentos, Murakamis (son sui géneris) y hasta un libro de liderazgo se coló por ahí. Escuche nuestro podcast, pero esté atento a las pantallas, no vaya a perder su vuelo…

Podcast 3C Libros: Libros infantiles

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Una forma de nutrir la imaginación es por medio de la lectura y ésta puede fomentarse desde edad muy temprana. ¿Cuál es el primer libro del que tenemos recuerdos? ¿Cuáles fueron los primeros libros que leímos por nosotros mismos?

Los libros infantiles pueden ser una gran herramienta para descubrir el mundo en el que vivimos y para aprender a convivir con todos los que nos rodean. Desde los libros didácticos como Panda grande y panda pequeño o El libro de los colores; libros que nos enseñan valores, como El Patito Feo, Pedro y el lobo, o Las Fábulas de Lafontaine; o libros que pueden ser una introducción hacia otras formas de arte como Yo, bailarina, o Mi amigo Monet.

También hay libros que ayudan a ejercitar nuestra imaginación explorando diferentes caminos, como la colección Elige tu propia aventura, o Dragon Lance. Y que decir de aquellos que nos trasportan a lugares fantásticos como El hobbit, Crónicas de Narnia, Crónicas marcianas, etc.

Leer puede servir para muchas cosas en la vida. Según un estudio de una Universidad del Condado de Yoknapatawpha, las personas que leyeron Robinson Crusoe tienen más posibilidades de sobrevivir en una isla desierta que quienes no lo leyeron y quienes leyeron Drácula son menos propensos a caer en el error de invitar a entrar a un vampiro a su casa.

Podría inventar más cosas acerca de la utilidad de la lectura, pero cada quién sabrá para lo que le sirve. El hecho es que la mejor edad para contagiar el gusto por la lectura es la infancia. Y por eso decidimos hacer un podcast en el que hablamos de los libros para los más pequeños, aquellos que nos iniciaron como lectores.

Escuchen nuestro podcast y comenten, ¿cuáles fueron sus lecturas iniciáticas?

Nahui Olin, una mujer extraordinaria

Adriana Malvido

Nahui Olin

España, Editorial Circe, 2005

Es muy frecuente escuchar que la lectura te permite vivir otras vidas, viajar a otras épocas y a otros lugares. Me parece que esto es especialmente cierto con las biografías, sobre todo con aquellas que están tan bien escritas que permiten que el lector se sumerja en la época, que camine al lado del protagonista, que lea sus cartas, que escudriñe en sus pensamientos y que en un momento dado sea partícipe de la propia vida del homenajeado.

Por una de esas azarosas razones por las que se selecciona un libro entre cientos, este año mis lecturas estuvieron salpicadas de algunas biografías. Y de la que quiero escribir hoy es sobre la biografía de Nahui Olin, escrita por Adriana Malvido.

Su verdadero nombre fue Carmen Mondragón, hija del general porfirista Manuel Mondragón -ni más ni menos que el inventor del rifle Mondragón, el primer semiautomático en el mundo- y nació el 8 de julio de 1893. Vivió en París, de los 4 a los 12 años, en donde recibió una educación muy refinada.

En 1913, en plena revolución, Carmen se casó con Manuel Rodríguez Lozano, un estudiante del Colegio Militar, hijo de una familia acomodada, a quién toda la familia Mondragón le había dado el visto bueno. Para evitar estar en México durante el momento político tan convulsionado que se vivía, los Rodríguez Mondragón se mudaron a Francia. Al poco tiempo Carmen quedó embarazada y poco después perdió al bebé. Este episodio aparentemente superado, causó una grieta irreparable en el matrimonio y dejó una huella imborrable en ella.

Cuando las aguas se habían tranquilizado en México, Carmen regresó a su patria, con una nueva visión del mundo, de las artes, de su sexualidad y de la participación de las mujeres en la vida cultural. Rápidamente se integró a las tertulias organizadas por los principales artistas de la época: Diego Rivera, Lupe Marín, José Vasconcelos, David Alfaro Siqueiros, Fermín Revueltas, Tina Modotti, Edwar Weston y por supuesto el pintor Gerardo Murillo, mejor conocido como Dr. Atl, de quien Carmen se enamoró.

Fue el Dr. Atl quien le puso el sobrenombre de Nahui Olin, y así se le conoció hasta el día de su muerte. El romance entre Dr. Atl y Nahui fue bastante apasionado, lleno de amor, arte, sexo y muchas peleas. En el libro de Adriana Malvido, se reproducen varias cartas escritas por estos enamorados que dan muestra de sus arrebatos y colisiones, pero también del enorme talento de ambos.

En los años veinte, Nahui Olin era, sin duda, la mujer más bella de México, con unos ojos verde esmeralda, el cabello corto, los labios rojos, vestida siempre a la moda europea de la época y con un cuerpo divino. Además de su atractivo físico -que algunos atribuyeron a la brujería-, de su inteligencia, sus ideales libertarios y su amenidad para charlar, Nahui tenía un gran talento para escribir, pintar y tocar el piano.

La vida de Nahui, después de la ruptura definitiva con Dr. Atl, siguió conducida con vehemencia. Tuvo varias parejas, sus relaciones eran explosivas y su comportamiento estrafalario. Podría llegar a causar un poco de temor o una atracción irrefrenable, pero nunca pasaba desapercibida.

En su vejez, vivió en la miseria, sola y rodeada de gatos. Recibía una pensión del gobierno porque por algún tiempo impartió clases de arte en la secundaria, y ella decidía gastar su quincena en una buena y elegante comida.

Adriana Malvido, además de regalarnos una biografía sobre una vida apasionada y apasionante, nos trasporta al México de los 20’s, una época en que los ideales del progreso y la efervescencia artística y cultural estaban a flor de piel. Una época en la que sin duda me hubiera gustado deambular y encontrarme en alguna tertulia a la bella y talentosa Nahui.

Nahui Olin es un magnífico libro que incluye fotografías, fragmentos de cartas, pinturas, entrevistas y testimonios. Es muy recomendable tanto para quienes gustan de relatos acerca de personajes históricos, como para aquellos que quieran conocer un poco más acerca de la vida de una mujer extraordinaria que necesita revalorarse.

 

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Nostalgia por el mundo perdido

Regreso después de casi mes y medio de ausencia con la reseña de uno de mis libros favoritos de este año.

portada El Mundo de Ayer: Memorias de un Europeo

 

Stefan Zweig

El mundo del ayer.

Las historias alrededor de la Segunda Guerra Mundial siempre me han parecido muy atractivas. Generalmente nos muestran varias caras del comportamiento humano: por un lado la cordura, la solidaridad, la lucha por la libertad y por la vida; por otro, la xenofobia, el odio, la crueldad y el dogmatismo. Y en otra faceta, la muerte acechando por todos lados, obsequiando dosis de desesperanza y derrotismo.

Cuando estas historias explican, además, cómo se van transformando las personas, cómo la locura se apodera de todos, poco a poco, casi con la misma sutileza con que la oscuridad se apodera del día, entonces, las historias me seducen, me maravillan.  En esta categoría pongo El mundo del ayer, una autobiografía de Stefan Zweig.

El libro comienza con la niñez y adolescencia del autor en la bella ciudad de Viena, cuando esta pertenecía al Imperio Austro-húngaro. Nos cuenta sobre su carácter rebelde, cuando la rebeldía consistía en salirse de la escuela para leer poesía a escondidas, ir a todas las obras de teatro que se presentaban en la ciudad y rasurarse la barba para diferenciarse de los adultos. La ciudad rebosaba de manifestaciones artísticas y estas estaban al alcance de todos. Era una época tan prometedora que incluso los campesinos y los criados podían mandar a sus hijos a la escuela y hasta ahorrar para su retiro.

Después su etapa como escritor y la relación con varios protagonistas de la cultura de esa época: fue amigo de Hermann Hesse, Maximo Gorki, Auguste Rodin, Joseph Roth; conoció a Thomas Mann, a Freud y a Albert Einstein.

Stefan Zweig era mundialmente conocido, sus obras se traducían a muchos idiomas y abarrotaba cualquier auditorio en el que se presentaba.

Pero el aparente equilibrio logrado después de la Primera Guerra Mundial, que mantenía una armonía en Europa se vio nuevamente perturbado. Las ideas nacionalistas, disfrazando el odio hacia los distintos y el apetito imperialista, fueron infiltrándose imperceptiblemente en la política y permeando a la sociedad. Los disturbios, la discriminación y persecución a los judíos, el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, la declaración de la guerra, la hiperinflación y el hambre lo enturbiaron todo.

Los siete jinetes del Apocalipsis galopando sobre Europa y arrasando con aquel mundo que Zweig nos describe con nostalgia.

El propio Stefan Zweig era de ascendencia judía y aunque no fue encerrado en algún campo de concentración, tuvo que abandonarlo todo, incluso a su madre que no pudo huir de Viena con él, por su avanzada edad. Primero huyó a París, luego a Londres, a Estados Unidos y finalmente partió a Sudamérica escapando de la aplanadora nazi. En 1942, estando en Brasil, creyó que la victoria alemana era inminente, que la guerra estaba perdida y el mundo de los hombres libres también, y para no ser testigo de ello se suicidó junto con su esposa. (No pueden acusarme de ser un spoiler, quienes han escuchado sobre este gran escritor sabían su desenlace).

El libro llevaba varios años guardado en mi librero, esperando el momento justo para ser leído. Este año, por fin llegó ese momento y se convirtió en uno de mis libros favoritos. Esta escrito con tal belleza y honestidad que no puede pasar como uno más. Además, al leerlo, pude subsanar muchas de las grietas en mi mapa mental de la Historia Mundial. Lo recomiendo ampliamente a todos los lectores, incluidos aquellos que no son tan afectos a las no-ficciones. Stefan Zweig, es uno de esos autores que deberíamos mantener siempre presentes.

Cita:

“Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal, el bien más preciado sobre la Tierra”.

 

El cáncer

No 78 - Reseña - Las mutaciones de Jorge Comensal ... Las mutaciones

Jorge Comensal

Ediciones Antílope, México, 2016

Es difícil imaginar que un libro que habla sobre el cáncer pueda provocar risa. Las mutaciones de Jorge Comensal logra hacerlo.

Ramón Martínez es un abogado exitoso que descubre que tiene cáncer en la lengua, lo cual trae un cambio radical en su vida y la de quienes lo rodean.

La esposa, los hijos, el hermano, el oncólogo, la psicóloga, y hasta la trabajadora doméstica -sobre todo ella- viven la enfermedad de Ramón de forma distinta y nos cuenta desde su perspectiva, cómo esta los afecta de manera emocional, anímica y económicamente.

Reirnos y llorar de nosotros mismos, eso nos caracteriza como mexicanos y en este libro Jorge Comensal lo hace con una maestría digna de la escuela de Ibargüengoitia.

Si quiere leer un libro lleno de humor negro y escrito con elegancia, Las mutaciones es una gra opción.

Relevo desafortunado

Minificciones terroríficas VI

No fui yo, lo juro. A lo lejos se oía el alboroto. Yo caminaba por Universidad como cualquier otro día de la semana al salir de clases. No había mucha gente caminando por la banqueta, pero los que había se abrían para dar paso a la persecución. Yo no reaccioné igual, me quedé parado en medio de la banqueta y lo ví de frente. Me arrolló y ambos caímos al suelo. Iba vestido con una sudadera gris como la mía, pantalón de mezclilla y tenis blancos. No se disculpó. Me echó una rápida mirada de arriba abajo, sonrió con maldad y me arrojó la mochila. No es mía, lo juro. Se paró rápidamente y siguió corriendo. Yo no tuve tiempo de ponerme en pie. Llegaron los policías, comenzaron a golpearme, me esposaron y me subieron a la patrulla. Le repito, yo nada tuve que ver, ni siquiera sé que hay en esa mochila.

Sueños premonitorios

Minificciones terroríficas V

Sabía que no podía postergarlo más tiempo. La fiebre había regresado y el dolor se hacía insoportable. De no enfrentar ese momento, volverían las alucinaciones y perdería la conciencia como ya había ocurrido en otras ocasiones. El médico le dijo que las piedras en el riñón se eliminan con un simple procedimiento quirúrgico, que nada había que temer. Pero sus sueños le habían revelado que moriría en el quirófano y ahora no quedaba más remedio que enfrentar nuevamente el fluir de arcilla a través de la uretra.