Secuelas del viaje

(Basado en el sueño de M.)

Llegué a casa de mis padres y me sentía sumamente cansada. El viaje había sido agotador y para colmo algunas negociaciones no habían salido bien. Mi mamá estaba preparando la cena y mi padre estaba sentado en la cabecera del comedor, su lugar indiscutible.

Olía delicioso. Como siempre, mi madre se esmeraba en todos los detalles culinarios. Se esmera incluso hasta para hacer una quesadilla. Pero esta vez, era algo más que una simple quesadilla. Sobre el fogón estilo medieval había una cacerola enorme de la que humeaba un aroma apetitoso.

La vista al fogón me recordó el viaje que quería dejar en el olvido. Pero me llamó la atención no haberme percatado antes de la remodelación de la cocina. Mi padre me sonrió y, como siempre, ese gesto me trajo calma. Me preguntó qué tal se había portado mi escudero. Le dije que bien, que sin duda era el más valiente entre todos. Y el más cariñoso, aunque eso ya no lo dije.

En el momento en que la sonrisa apacible de mi padre y el recuerdo de mi escudero me reconfortaron, mi hermana bajó de su cuarto y como un relámpago que augura tormenta, disipó la calma. Que estaba harta de su trabajo, que renunciaría la semana entrante. Que no reconocían su esfuerzo y que le cargaban todas las tareas urgentes mientras que la nueva correctora no hacía nada más que pasearse en minifalda por la oficina de su jefe.

Mi padre, con la experiencia de un capitán de siete mares, trató de domar el ímpetu de mi hermana. Le dijo que no dejara que el trabajo en la editorial la abrumara. Ella debatía que cómo no iba a estar abrumada, que le habían encargado revisar la traducción empalagosa de las obras de Megan Maxwell, y que ella hubiera preferido la saga de George R. R. Martin. Yo no entendía nada de la discusión, pero ese nombre provocó una avalancha de pensamientos en mi cabeza.

Me disculpé, dije que me iría a bañar, que el viaje a Winterfell me había dejado exhausta y no quería seguir escuchando los dramas de mi hermana cuando se sentía la lady Sansa de la primera temporada.

Desperté con hambre, con el recuerdo brumoso de un sueño típico de una noche de Game of Thrones.

Weirwood by rougealizarine on DeviantArt

Imagen tomada de Pinterest

 

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Más Revueltas y más Paz

El Apando - Ediciones Era

El apando

José Revueltas,

Ediciones Era, México 2017.

En algún muro leí un grafiti que decía: “Más Revueltas, menos Paz”. Sabía que era una clara alusión a los apellidos de dos escritores que tienen grabados sus nombres en el altar de los mejores autores mexicanos, pero la verdad no me quedaba clara la frase.

En ese entonces sólo había leído El laberinto de la soledad, Piedra de Sol y un fragmento de La hija de Rappaccini de Octavio Paz, nada de José Revueltas. Y aunque quizás sean poco, un ensayo, un poema y el fragmento de una obra de teatro para sentir que conozco la obra del único Nobel de Literatura mexicano, eso era mucho más que lo que sabía acerca del Revueltas, a quien un grafiti carrereado buscaba reivindicar.

Los mexicanos, tan dados a polarizar las cosas, solemos ponernos a favor de un bando A, y cualquier cosa que no sea parte de ese bando A es nuestro acérrimo enemigo. Unos ejemplos: chairos contra fifís; feministas contra avaladores del heteropatriarcado; provida contra abortistas; indigenistas contra modernistas; conservacionistas contra industriales que buscan aprovechar los recursos naturales; seguidores de Greta Thunberg[i] contra admiradores de Boyan Slat[ii]; lectores de Revueltas contra lectores de Paz. Ejemplos hay muchísimos más. El punto es que no todas las posturas mencionadas son antagónicas e irreconciliables. Es decir, que hay posiciones intermedias que están de acuerdo en algunas cosas con los extremos.

Pero regreso al grafiti que me dejó pensativo. Este año en el club de lectura, decidimos leer a José Revueltas, y eso me abrió la oportunidad de resarcir mi total desconocimiento acerca de la obra de este autor. Leí El apando (1969) y Material de los sueños (1974).

José Revueltas nació en el seno de una familia de artistas, en 1914, en Santiago Papasquiaro, Durango y falleció en la ciudad de México en 1976. Además de escritor fue un activista político y revolucionario. A los 11 años fue enviado a la correccional, acusado de sedición y motín, por su participación en un mitin en el Zócalo. Después de este primer encierro, fue encarcelado 3 veces más: en 1932 estuvo 5 meses en las Islas María; entre 1934 y principios de 1935 volvió a ser enviado ahí mismo; y, en 1968, después de la matanza de Tlatelolco, fue encerrado en la prisión de Lecumberri. Este último encarcelamiento fue por la acusación de ser el ideólogo del movimiento estudiantil.

A pesar de que Revueltas siempre temió por su vida, nunca perdió su irreverencia y sentido del humor, como lo demuestra una carta dirigida al jefe de la policía en la que escribió:

“Dicen los periódicos que se me acusa de ser el responsable intelectual del movimiento estudiantil. Al margen de la realidad de estas afirmaciones, lo cierto es que soy un perseguido y que seguramente mi vida corre peligro (…) puntualmente le pido mi último deseo, con toda la cortesía de la que soy capaz. Estimado señor: le solicito a usted que vaya y chingue definitivamente a su madre. Le agradezco de antemano la respuesta afirmativa a mi petición.”

El apando es un cuento largo o una nouvelle, mientras que Material de los sueños es un libro de cuentos. En ambos se siente una atmósfera de encierro y una constante sospecha de que lo peor aún está por venir. Los relatos están protagonizados por criminales sin una gran carga de remordimiento, más ocupados en la sobrevivencia diaria que en arrepentimiento por sus delitos. Asesinos, ladrones, prostitutas, revoltosos y otros de los que no se menciona su infracción.

Como puede verse en la biografía de Revueltas, todas las experiencias de encierro permearon en su literatura.

Aunque se podría pensar que al entrar en esos relatos tan brutales y de aislamiento, uno va a quedar afligido y devastado por lo sombrío de sus historias, la verdad es que las imágenes son tan poderosas y algunas anécdotas tan sobrecogedoras que te mantienen en vilo. Aquí algunas escenas de El apando que me encantaron:

  • Tres presos se encuentran en aislamiento (apandados): Albino, Polonio y el Carajo. Para pasar el rato, Albino comienza a hacer su danza del vientre, con lo que los tatuajes eróticos que tiene en el abdomen cobran vida y comienzan sus lances amorosos, para deleite de los otros reclusos.
  • Polonio asoma la cabeza a través de un orificio, como un Juan Bautista en charola, mientras que el Carajo le ruega que lo deje asomarse para ver si ya llegó su mamá de visita. Polonio se niega y lo golpea dejándolo ovillado y quejumbroso. Albino que se harta de los murmullos del Carajo, intenta ahorcarlo para hacerlo callar.
  • Después de una pelea con los celadores, Polonio y Albino quedan como crucificados, hechos una masa sanguinolenta entre barrotes. La geometría venciendo a la libertad.

Quizás debiera dar más contexto sobre estas escenas, pero no quiero spoilear de más. El apando es un libro formidable, al que uno no debe de entrar en búsqueda de un final feliz, sino vacunado contra la desazón que dejan el exceso de violencia y la crudeza de una ficción sustentada en una realidad que la iguala y sobrepasa.

Y ahora, después de leer un par de obras de Revueltas y estar parcialmente de acuerdo con el grafiti que originó este escrito, corrijo: Más Revueltas y más Paz.

Librasecura

 

[i] Greta Thunberg, activista sueca de 16 años que ha llamado la atención del gobierno de su país, y ahora de todo el mundo, para que se actúe inmediatamente a favor de la ecología y se cumplan los acuerdos de París.

[ii] Boyan Slat es un joven holandés que diseñó una tecnología que puede ayudar a limpiar los océanos de plástico y fundador de la empresa The Ocean Cleanup.

Más que un cuento de niños

Resultado de imagen para el mal de la taigaEl mal de la taiga

Cristina Rivera Garza

Tusquets, México 2012

 

Una detective que cuenta en su currículum con varios fracasos es contratada por un hombre que habita en el bosque para que encuentre a su esposa que lo abandonó. Durante su fuga con otro hombre, la mujer “extraviada” va dejando pistas sobre su paradero, cómo lo hicieron Hansel y Gretel para poder regresar a casa.
Con una prosa poética, Cristina Rivera Garza, entremezcla los cuentos de hadas con un thriller en el que el amor y el desamor no podían dejar de estar presentes.

Algunas citas que me gustaron:

“Los fracasos toman café en la mañana y observan con perspicacia la luz de la tarde y, cuando pueden, se acuestan temprano.”

“El pudor es una piedra inconmovible en algún lugar dentro del pecho.”

“Por otra parte, todo parece indicar que, al menos en la historia de Hansel y Gretel, tanto la madre o la madrastra como la bruja, a quien los niños terminan matando, son la misma mujer transfigurada.”

 

Un libro muy recomendable para quienes les gustan los libros de intriga sin los personajes clichés de la novela negra.

La fiesta

(Basado en el sueño de P)

Me pareció extraño que mamá y papá pasaran por mi a la salida de mis clases de alemán. Eso es algo inusual, ya que generalmente se turnan para recogerme, al menos que vayamos a salir de la ciudad y ellos lleguen ya con las maletas listas para el viaje. Además, llegaron caminando, lo cual resultaba más raro aún. Cómo siempre, yo estaba esperándolos afuera de la escuela, aunque de reojo alcancé a ver que era un lugar distinto al de mi escuela de idiomas, pero estaba segura de acabar de salir de mi Deutsche Klasse.

Cruzamos la calle los tres juntos y en lugar de subir al auto que podrían haber dejado estacionado en la acera de enfrente, entramos a una casa con un pasillo largo. Era el pasillo de la casa de mi tía Claudia.

La situación seguía siendo completamente extraña pues yo no conozco ninguna tía Claudia, pero estaba segura de que ese pasillo era de la casa de mi tía Claudia. Yo tenía mucha urgencia de llegar a la casa, aunque fuera a la de una tía desconocida, porque debía cambiarme para ir a una fiesta.

En el pasillo había estantes con muchas figuritas de animales hechas de barro, madera, porcelana, vidrio soplado y otros materiales, como de las que venden en Tlaquepaque. Estaban acomodadas por especies: En una sección estaban figuras de burritos de muchos colores, texturas y en todas las posiciones inimaginables. Después había una sección de peces; peces dorados, rojos, azules, verdes, grises, alargados, regordetes con y sin dientes, de aletas dorsales prominentes y de discretas bocas puntiagudas. Después estaba la sección de los gallos, un anaquel repleto de estas aves canoras. Al ver eso pensé en llevarme uno para Vero, la mamá de mi amiga Mariana que colecciona gallos. Pero hasta en el sueño me llegó un cargo de consciencia y saqué dinero para compensar el toallero en forma de gallo que pensaba llevarme y que seguramente mi tía Claudia no echaría de menos. Y si mi consciencia es grande, la de mis padres es mayor aún, porque al ver que me guardaba el gallo en la bolsa, me obligaron a dejarlo en su lugar.

Por fin terminamos de cruzar el pasillo y sin entender en qué momento había ocurrido, yo ya estaba cambiada, lista para la fiesta. Llegamos a una puerta enorme de madera, y al abrirla descubrimos un patio grande en donde estaban Batman, Superman, la Mujer Maravilla, Cenicienta, Rapunzel, Blancanieves, Hulk, El Hombre Araña. Todos mis amigos disfrazados de princesas y super héroes bailando La Cobra de Lucky Bossi.

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Rincón de felicidad

(Basado en el sueño de R. M.)

Te soñé. Tenía muchos meses de despertar sin recordar mis sueños y muchos años sin soñar contigo.

Estábamos en algún lugar del mundo, uno que no pude reconocer. Incluso al despertar, volví a cerrar los ojos y traté de identificar qué lugar era ése, pero no pude. Quería seguir soñando.

Image result for cafeterias ocultas en barcelonaEstábamos sentados en una mesita, en un callejón hermoso. Tomábamos vino tinto. Era muy parecido a Barcelona, a un café muy lindo al que me encantaba ir. Dentro de un callejón con apenas cuatro o cinco mesas. Muy exclusivo, muy íntimo. Pero no era Barcelona, era más bonito aún. Creo que nunca he estado ahí.

Te veía a ti y me veía a mí riéndome. De esa risa de felicidad que hasta te da dolor de estómago.

Probablemente era algún pequeño pueblo de Italia: Verona, Capri, San Gimignano, Burgos, no sé exactamente dónde, pero espero alguna vez encontrármelo en mi camino. Era realmente hermoso.

De pronto la escena cambiaba y yo estaba sola, en la cima de una montaña. Recostada en la arena. Respirando aire puro y viendo la forma de las nubes.

Parpadeaba un poco encandilada por el sol y nuevamente me encontraba junto a ti, en ese rincón secreto del mundo. Nuevo parpadeo y de nuevo la montaña. Así, alternando una y otra vez, oscilando entre dos ángulos de la felicidad.

En el callejón alguien bailaba y tocaban instrumentos extraños. Había como un desfile de músicos y bailarines como si estuvieran en una callejoneada.

No recuerdo que ropa llevaba puesta yo. Tú ibas con una camisa a cuadros, no vaquera, más bien formal. Un pantalón azul marino y tus lentes. Discreto, normal, guapo. Te veías bien.

Cómo quisiera poder reconocer el lugar. Ni siquiera estoy segura de haber estado alguna vez ahí, pero tenía cosas de diferentes lados que conozco. Las mesas y la iluminación sí eran cómo las del café de Barcelona, al que me hubiera gustado ir contigo.

Luego la montaña de nuevo. Esa sí la reconocí, era el Monte Sinaí. Veía el cielo, las nubes, el paisaje y también me veía a mí llena de paz mientras el aire me acariciaba el rostro. Y aunque estaba feliz de estar ahí, quería parpadear pronto para regresar a aquel rincón tan bello. Para que tu mano fuera el aire que acaricia, tu sonrisa el rayo que ilumina y para seguir riendo de felicidad en ese rincón del mundo que quizá sólo existe en sueños.

Padres en la literatura / Podcast 3C Libros

La figura paterna siempre ha estado presente en la literatura. En 3C Libros seleccionamos textos con diferentes tipos de padres: el padre ausente en Pedro Páramo; un padre que no sabía que lo era como el de Ser feliz era esto; un padre autoritario en Carta al padre; el padre ejemplar de Matar al ruiseñor; y una figura de padre bastante traslúcida en Al sur de la frontera, al oeste del sol y un padre amoroso que hace cualquier cosa por recuperar la salud de su hija en La caída de Hyperión.

Descubran qué otros textos recomendamos, y porqué resaltamos estos libros:

 

¿Qué otros libros sobre padres propondrían?

Para apagar la casa en llamas, no basta…

Queimadas destroem 78% da biodiversidade da Amazônia ...Todos nos conmovimos con la imagen del Amazona en llamas. Medio millón de hectáreas de selva quemándose simultáneamente fue algo difícil de dimensionar. Yo no podía hacerme una idea clara de lo que eso significaba. Recurrí a internet y comencé a darle vueltas al Google Earth y a investigar en Wikipedia para tratar de entender que tan grande era el incendio. Para ponerlo en términos más entendibles, lo comparé con los estados de México y me di cuenta de que el problema era realmente mucho mayor de lo que inicialmente imaginé: una superficie casi del tamaño del estado de Colima hecho cenizas. O para ponerlo en términos más internacionales, dos veces la superficie de Luxemburgo, una sexta parte de Bélgica, o el 1% del territorio de España. Es una extensión impresionante.

Pero por supuesto no es únicamente el territorio que quedó borroneado en el mapa, son los animales y las plantas – alrededor de 3 millones de especies de plantas y animales vivían ahí-, es el oxígeno que dejará de producir la selva y el CO2 que dejará de absorber. Y de inmediato me viene a la mente la imagen tantas veces mencionada en noticieros y diarios del Amazonas como pulmón del mundo, como un pulmón enfermo. Y más imágenes aterradoras de Tucanes y guacamayas surcando los cielos llenos de humo; las no mostradas pero que pueden imaginarse de nutrias, manatíes, ocelotes, jaguares, pumas, monos, osos hormigueros, armadillos y un largo etcétera, huyendo por instinto o pereciendo en la gran hoguera.

Estos incendios no son solamente una catástrofe medioambiental. El territorio arrasado por el fuego era también el hogar de más de un millón de personas y los incendios, que se presume, fueron provocados -más de 70000 incendios en lo que va del 2019 no pueden ser accidentales- entonces hablamos de un genocidio. Varias tribus indígenas, incluyendo a las llamadas tribus no contactadas, han sido amenazadas y desplazadas desde hace décadas por madereros, cazadores furtivos, mineros, ganaderos, legales e ilegales que ambicionan y explotan los recursos del Amazonas, ahora vieron reducido a cenizas su hogar -aún se desconoce el número de víctimas humanas.

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, alentó y legitimó -según múltiples medios de información- a que estos arrasa-selvas prendieran fuego para así, poder utilizar los recursos dentro de su territorio.

Yo me pregunto con un nudo en la garganta, ¿por qué llegamos a este punto? ¿Por qué una persona que no cree en el cambio climático, que menosprecia los recursos naturales e inmateriales que provee un ecosistema como el Amazonas y que incluso desprecia a las personas a las que se supone que gobierna, puede llegar a ser presidente? ¿Por qué seguimos actuando como si no pasara nada, sólo un incendio a miles de kilómetros de distancia? ¿En qué momento nos volvimos tan indiferentes ante algo que nos afecta a todos?

Estamos ante una inminente extinción masiva de especies y sólo nos sentimos momentáneamente conmovidos por la imagen de un mono araña bebé contemplando a su madre carbonizada. Estamos ante una catástrofe que todos provocamos y no hacemos nada.

No quiero sonar como si fuera uno de los cuatro jinetes del apocalipsis anunciando el fin del mundo, ni siquiera como un ecoevangelizador libre de culpa. De verdad no sé qué hacer para ayudar…

Durante los días en que el incendio parecía imposible de controlar, escuché a muchas personas pidiendo hacer cadenas de oración para rogar que lloviera en las zonas afectadas, leí muchos memes en los que criticaban a quienes donaron dinero para reconstruir Notre Dame y que no hacían nada para “reconstruir” el Amazonas. Algunos decían que no podían ir a combatir el fuego directamente, pero que desde su trinchera hacían lo que podían. Pero hacer oración y “crítica” a través de memes no basta.

Como dijo Emmanuel Macron, presidente de Francia, nuestra casa está en llamas. No podemos sólo orar, conmovernos con las imágenes e indignarnos con las noticias o con los memes para quienes no tienen siquiera la disposición de leer los diarios. Tenemos que hacer algo todos, basta de pensar que alguien más debe solucionar el problema.

Escuché también otros llamados a la concientización un poco más pensados en los que se invitaba a sembrar árboles, a consumir menos carne, a no tirar basura en la calle y a separar los desperdicios en casa, a unirse a campañas de reforestación, a usar ecosia en lugar de Google como navegador de internet, etc. Medidas, todas, muy importantes, pero que ya no bastan.

Considero que la raíz de esta tragedia ecológica está en nuestros patrones de consumo porque a final de cuentas la sobreexplotación de los recursos naturales es ocasionada porque hay una demanda de estos recursos. Para explicar esta hipótesis, doy primero dos ejemplos no directamente relacionados con los recursos naturales.

Pensemos primero en las drogas: ¿Por qué hay un mercado ilegal estupefacientes, que es una de las principales causas de violencia en México? Porque hay una gran demanda de drogas y el hecho de que sean ilegales, lo convierte negocio muy redituable tal que, hay muchos grupos delictivos dispuestos a quedarse con el mercado al precio que sea.

Otro ejemplo es el robo de autos. ¿Por qué hay tanto robo de autos en México? Porque hay personas dispuestas a comprar partes robadas, dado que son considerablemente más baratas que las piezas de agencia. En el momento en que nadie compre piezas robadas, robar autopartes dejará de ser redituable. El mismo razonamiento que con el huachicol: si se acaba la demanda de combustible robado, se acabará el robo de combustible.

Y ahora sí, un ejemplo relacionado con la naturaleza: El tráfico de especies provoca la disminución e incluso la extinción de algunas especies animales, además de que genera violencia por la caza furtiva. ¿Y quien es responsable de esta cadena de calamidades? El consumidor. El que compra las especies silvestres, aún cuando lo haga por compasión o porque quieren una mascota exótica. Cada animal silvestre que es sustraído de su hábitat es una posibilidad menos de reproducción de la especie. La pesca ilegal de totoaba en el Golfo de Baja California, la de tiburones y ballenas en zonas protegidas, la caza de tortugas, de jaguares, de venados y miles de especies más en reservas ecológicas, existen porque hay consumidores de ellos.

Pienso en todos los negocios ilegales y caigo en la misma conclusión: No dejarán de existir mientras exista la demanda.

Entonces podemos pensar que nosotros no somos responsables de esta tragedia ecológica si no consumimos esos productos ilegales. La tragedia es tan grande, que ya no basta con no consumir productos ilegales. La sobreexplotación de los recursos naturales, legal o ilegal, ocurre porque existe una sobredemanda de ellos.

Y entonces ¿qué podemos hacer? Además de plantar los árboles, de sumarnos a campañas de reforestación, de denunciar a cualquiera que cometa delitos ecológicos; además de reducir el consumo de carne de res -el ganado vacuno necesita mayores extensiones de terreno que el porcino o el aviar-; además de separar la basura, de reutilizar, reciclar y reducir; además de usar ecosia en lugar de Google; debemos de ser consumidores consientes.

Debemos de comprar solamente lo necesario, debemos de eliminar el desperdicio, debemos de verificar el impacto que tienen los productos que adquirimos y debemos de usarlos el mayor tiempo posible. Pienso en los productos electrónicos que se desechan en lugar de repararse, en los teléfonos celulares que se cambian sólo para tener el modelo más actual, en la ropa que se descarta porque cambia la moda y en tantas otras cosas que desechamos teniendo aún vida útil.

Si bien nosotros no fuimos quienes prendimos fuego al Amazonas, debemos pensar cuál es nuestra pequeña contribución al gran incendio que sufre el planeta.

Todo lo que consumimos tiene una repercusión en este ecosistema global que compartimos. Hace mucho tiempo que rompimos el equilibrio ecológico, nuestra casa está en llamas. Ahora es tiempo de que nos hagamos responsables de la parte que nos corresponda y apaguemos el gran incendio.