Un libro lleno de sabiduría

El libro vacío

El libro vacío

Josefina Vicens

Ediciones Transición, 1978, México

De lo bueno poco, dicen. Por eso Josefina Vicens (1911-1988) publicó sólo dos novelas (El libro vacío, 1958 y Los años falsos, 1982) y eso le bastó para ganarse un lugar muy importante en la Literatura Mexicana. Aunque además de estas dos novelas, también escribió varios guiones cinematográficos, cuentos y una obra de teatro.

Hoy hablaré de El libro vacío, aunque no contaré nada de su argumento, ni daré mi opinión, ni mencionaré el montón de resortes que hizo saltar en mi cabeza; simplemente compartiré algunas de las cápsulas de sabiduría que contiene esta novela, para que se presente por sí misma:

“Muchos años después la encontré en una cervecería. Por nada en el mundo la describiría aquí. Pero la sensación que experimenté me hizo comprender que solo en el cuerpo del ser profunda y largamente amado, no percibimos el paso del tiempo, y que el envejecer juntos es una forma de no envejecer. La diaria mirada tiene un ritmo lento y piadoso. La persona que vive a nuestro lado siempre está situada en el tiempo más cercano: ayer, hoy, mañana, y a estas distancias mínimas no pueden verse, no se ven los efectos de los años.”

Consejo de padre a hijo…

“[…] lo que tu sentimiento considera esencial, eso es lo esencial. No hagas caso de mis consejos; la experiencia está al final del camino, y yo no debo quitarte el gusto del camino, ni la triste riqueza que vas a encontrar cuando lo hayas recorrido. Porque la experiencia es eso: una triste riqueza que sólo sirve para saber cómo se debería haber vivido, pero no para vivir nuevamente. Yo podría protegerte, pero ¿te interesa mi protección? Lánzate a tu vida desnudo, inexperto, inocente. Y sal de ella maltrecho o victorioso. Eso, al fin y al cabo, es igual. Lo importante es la pasión que hayas puesto en vivirla.”

“[…] el mediocre puede ser también un triunfador, si por triunfo entendemos no sólo la brillante apariencia, la forma o la prosperidad, sino la paz íntima y la falta de avidez por los elementos estridentes que dan un suntuoso contorno a la existencia.”

Sobre el paso del tiempo y las hazañas que nos hubiera gustado hacer…

“No puedo hacer nada para que éstas se conviertan en realidad, por eso, porque el tiempo ya pasó. Antes, cuando aún no pasaba, yo no sabía que pasa tan rápidamente que ni siquiera lo sentimos, ni que después, cuando empezamos a notar su paso, es que ha pasado ya.”

Josefina Vicens: La escritura y el salto al vacío

Aunque el nombre de Josefina Vicens no sea tan resonante como el de otros escritores mexicanos, está grabado con letras de oro, al lado del de Juan Rulfo y Octavio Paz, en el firmamento literario mexicano y es bueno recordarla leyendo su obra.

La pintura en la literatura

La luz negra - Gainza, María - 978-84-339-9863-7 - Editorial Anagrama

La luz negra

María Gainza

Anagrama, España, 2018

Hay libros que desconciertan al lector porque no se sabe que rumbo tomarán. ¿O será que yo siempre voy tratando de adivinar hacia donde nos dirige el autor a través de su relato? Pero para conseguir eso, el autor, no necesariamente, debe ir sembrando pistas falsas como sucede frecuentemente en las novelas policíacas o en cada uno de los episodios de Harry Potter. Lograr esos giros narrativos sin caer en el engaño es una virtud de los grandes escritores.

Recientemente leí La luz negra de María Gainza. Había escuchado grandes cosas de su primera novela, El nervio óptico, pero desafortunadamente no la he conseguido. Así es que en cuanto pude me compré La luz negra, que dicho sea de paso, ganó el Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2019, que se otorga en la FIL de Guadalajara.

Esta novela tiene varios giros narrativos que desconciertan al lector, pero también lo mantienen hechizado, con una atracción que le impide postergar su lectura.

Al inicio parece un libro de suspenso que trata sobre falsificaciones de pinturas. Tras la muerte de uno de sus personajes (esto no es gran spoiler pues ocurre en las primeras páginas), parece que nos llevará en la búsqueda de un asesino (no hay tal). Después ocurren algunas apariciones que nos hacen pensar en un thriller psicológico y de pronto, en medio del libro nos encontramos un catálogo de objetos que supuestamente pertenecieron a la pintora Marietta Lydis y que van a subastarse.

A partir de ahí, la protagonista nos lleva tras la búsqueda de la Negra, la supuesta falsificadora de la obra de Lydis, que tenía un talento excepcional y una vida enigmática. Esta parte me recordó mucho a Los detectives salvajes de Roberto Bolaño, que también es una biografía coral -armada a través de entrevistas, artículos, fotografías y hasta documentos legales- de un personaje de ficción que bien pudo ser real.

A lo largo de la novela, se leen algunos nombres de grandes pintores: Marietta Lydis, William Blake, Pedro Figari y Marc Chagall entre otros, y su sola mención es una semilla de curiosidad para investigar sobre su vida y obra. (¿Conocen las obras de estos artistas?)

La luz negra es un libro deslumbrante que me cautivó de principio a fin y María Gainza tiene un estilo fascinante de escritura, muy original y lleno de erudición que te dejará en espera de su siguiente libro.

Una última, antes de envejecer

La uruguaya: Mairal, Pedro: Amazon.com.mx: Libros

La Uruguaya

Pedro Mairal

Ed. Emecé, México, 2017

Quien se sienta libre de haber idealizado a una persona, que arroje la primera piedra. Más si se trata de alguien que nos despertó una atracción física o intelectual, y que las circunstancias de la vida se han encargado de poner distancia. Sumado a esto, existe la creencia de que los hombres sufren una crisis a los 40’s, sintiéndose amenazados por la vejez que se aproxima y haciendo un último intento de rebeldía ante la cruel huella del paso de los años.

Algo de eso cuenta La Uruguaya de Pedro Mairal, que a lo largo de sus páginas nos narra las aventuras y desventuras del escritor Lucas Pereyra. Lucas emprende una travesía a través del Río de la Plata, desde Buenos Aires hasta Montevideo, a donde irá a recoger unos dólares que le pagaron por adelantado un par de editoriales por dos libros que aún no escribe. Dos razones hay para hacer ese viaje: evitar el tipo de cambio oficial en Argentina que le haría perder mucha plata, y encontrarse con Magalí Guerra Zabala, una joven a la que conoció en un festival literario hace un año.

Durante el viaje, Lucas Pereyra va contando a su esposa, y de paso al lector, cómo fue que conoció a esta joven a quien llama Guerra, y también va dando cuenta de cómo su matrimonio comenzó a desmoronarse. Además de la confesión, intercala su experiencia de padre, de escritor poco conocido, sus planes y temores del encuentro con la joven que es 16 años menor que él.

La Uruguaya tiene su parte trágica y su parte cómica. Por momentos el libro contagia una nostalgia profunda por la juventud que se le escapa de las manos a Pereyra y a la cual se aferra en su relación con Guerra; en otros nos preocupamos por su matrimonio que se tambalea; y en otros es imposible no soltar la carcajada por la mala fortuna del protagonista.

Este libro me divirtió muchísimo, en especial por la capacidad que tiene este escritor malhadado de reírse de sí mismo. La Uruguaya fue mi puerta de entrada a la literatura de Pedro Mairal, que espero seguir explorando.

Sin importar el género del lector, seguramente va a disfrutar de esta novela, ya sea por verse un poco reflejado en alguno de los personajes, o por ver a un amigo, o a un amigo de un amigo muy parecido a uno de ellos.

¿Qué haríamos sin la muerte?

LAS INTERMITENCIAS DE LA MUERTE

Las intermitencias de la muerte.

José Saramago

Punto de Lectura, México, 2006

¿Cómo sería el mundo si no existiera la muerte? Rápidamente la sociedad entera enloquecería por la falta de recursos, por el exceso de enfermos terminales que saturan los hospitales y por la gran geriátricos abarrotados. Las monarquías estarían en constantes guerras internas por una sucesión que nunca se realiza a falta de la muerte del rey padre. Los recursos no serían suficientes y ningún gobierno sería capaz de poner orden en la repartición de los mismos. Incluso las religiones se tambalearían, pues fundan sus creencias en lo que sucederá en esa etapa posterior a la vida. Definitivamente, no me gustaría vivir en un mundo sin muerte. Y es que la muerte es parte del ciclo de la vida. Sin ella el planeta, colapsaría.

Con esa premisa inicia el libro de Las intermitencias de la muerte de José Saramago, en el que nos lleva a reflexionar sobre las implicaciones que tendría que un buen día la muerte de los humanos, en un cierto país, dejara de trabajar. De la mano de Saramago vamos de la reflexión, al embeleso y a la carcajada, pues igual nos plantea una cuestión filosófica como la eutanasia, la corrupción o las religiones; que nos hace enternecer con la imagen de la muerte sentada en un sofá con un perro en su regazo; o hace hablar a la guadaña para hacerle un piropo a la muerte que se encarna como mujer.

En varios de sus libros, Saramago nos plantea una historia en la que un suceso fantástico ocurre en una sociedad y trastoca la vida, para resaltar lo peor de la humanidad, y después, así como llegó, se va eso que alteraba la vida y todo vuelve a la normalidad.

Además también podemos distinguir una forma muy característica en la escritura de Saramago, en la que los diálogos entre personajes, sin un nombre propio, están mezclados con la voz del narrador, en unos párrafos enormes. Eso podría espantar a algunos lectores, pero les garantizo que una vez pasando las primeras páginas se acostumbrarán al estilo. Aquí debo confesar que si pudiera pedir un deseo literario en mi vida, pediría escribir como José Saramago, así que este comentario puede ser un poco tendencioso.

Este libro tan fascinante lo había leído hace 10 años y lo releí recientemente porque quisimos grabar un podcast con Melina Rubio (Cuenta en Instagram: @lecturas.extraordinarias) y ella seleccionó el libro.

La charla fue muy entretenida, en especial pensar cómo sería la muerte argentina y como la mexicana. La argentina seguramente bebería mate, sería un poco quejosa, y sería aficionada al fútbol, hincha de Boca, por supuesto, para que los de River mueran de envidia. La muerte mexicana sería más colorida, tal vez usaría un sombrero ancho y un bigote espeso como alguno de los dibujos de Guadalupe Posada.

Escuchen las dos partes del podcast sobre Las intermitencias de la muerte con nuestra nuestra querida invitada de Mar del Plata, Melina Rubio.

Orgullo y prejuicio, un clásico que perdura

Orgullo y prejuicio (Austral Singular): Amazon.es: Austen, Jane, Vales,  José C.: Libros

Orgullo y prejuicio

Jane Austen

Editorial Austral

En una conferencia del Colegio Nacional de México, Christopher Domínguez Michael, el reconocido crítico literario, decía acerca de los libros que se consideran clásicos: “Los clásicos son aquellos libros que cada generación tiene en las manos por razones misteriosas. Porque el abuelo se lo recomienda al hijo y el hijo al nieto. Porque van persistiendo en el gusto del público; porque el propio público los va protegiendo. Y cada generación lo lee y lo interpreta de manera distinta.”

Definiciones más o definiciones menos, la realidad es que hay libros que por más que pasen los años, se siguen editando, reimprimiento, llevándose al cine, al teatro, se siguen analizando por los estudiosos y comentando entre los lectores. Uno de esos libros llamados clásicos es Orgullo y Prejuicio de Jane Austen.

Hace poco leí este libro que se publicó por primera vez en 1813 de forma anónima. Lo leí porque fue el pretexto para invitar a Romina Silman (su cuenta en Instagram: Leer.es.bonito) a grabar un podcast con 3C Libros y ella sugirió el tema.

No podré negar que tenía cierto prejuicio acerca de la obra: pensaba que iba a ser una novela con una visión muy femenina y anacrónica acerca del amor. A medida que avanzaba en las páginas, me daba cuenta de cuántas cosas nos perdemos por tener una preconcepción acerca de todo. Al llegar al final del libro pude decir, con un poco de orgullo, que vale la pena aventurarse, lanzarse al vacío de la lectura, en especial de un libro clásico que cuenta con una red de seguridad avalada por miles de lectores.

El libro me gustó mucho y dió para una larga plática entre amigos, de la cual les dejo el link para que la escuchen.

La aventura de esta lectura me dejó una doble recompensa: conocer la escritura de Jane Austen y tender las bases para una amistad que espero dure muchos años. Mil gracias Romina…

Primera parte del podcast dedicado a Orgullo y prejuicio de Jane Austen
Segunda parte del podcast dedicado a Orgullo y prejuicio.

La difícil tarea de ser madre

En «Mátate, amor» todo lo que se pudre forma una familia – Liberoamérica

Matate, amor;

Ariana Harwicz;

México, Dharma Books, 2019

Cuando pensamos en alguien que acaba de ser madre, viene a nuestra mente la ternura de los bebés, los brazos pachones y la piel lisa del pequeño, la temperatura caliente del cuarto en el que está la cuna, el aroma a talco. Quizás se cuele en nuestro recuerdo el olor a pañal usado y a leche materna; o las manchas en la cara y las estrías en la panza de la madre, huellas de un embarazo que es algo del pasado. Menos probable aún, es pensar en los desvelos, el cansancio acumulado, las ojeras, la depresión postparto, la desesperación de no poder hacer otra cosa que ser mamá de tiempo completo.

Por alguna extraña razón, recientemente han caído en mis manos muchos libros que hablan de la maternidad. Más precisamente, del lado B de la maternidad, ese que no tiene que ver con lo idílico sino con lo penoso de ser mamá. El más reciente de esos libros fue Matate, amor, de la escritora argentina Ariana Harwicz. No recuerdo de dónde escuché la referencia de este libro por primera vez, pero en la contraportada viene recomendado por Samantha Schweblin y eso ya es un sello de garantía.

Una mujer cansada de aparentar una vida feliz al lado de su bebé y de su marido sufre un golpe anímico. La depresión post-parto sumada a una insatisfacción sexual, intelectual, matrimonial y de vida en general, además de la sospecha de ser engañada por su marido, desencadenan un derrumbe emocional. La afectación en ella provoca que entre continuamente en desesperación con el bebé y que lo descuide.

“Pasé la mañana insultando al bebé. Le dije de todo menos lindo. Al bebé. Qué no le dije, lo recontra insulté. Una boca sucia de madre. Lo llené de agravios al pobre. Espero que no reconozca ninguna palabra, que más tarde repita delante de todos la concha de tu madre. Me miró diciendo: mamá, pis, y lo mandé a hacer pis solo, a que se alimente con sus propios medios. Ese domingo de invierno comenzó mal”.

A lo largo de la novela está siempre presente la sensación de que algo malo le va a pasar al bebé. No obstante, ella no es la única responsable del constante peligro que corre el niño, sino también el marido, el entorno y la sociedad en general que asumen que la madre es la única obligada a cuidar de los hijos.

En Matate, amor, hay una violencia soterrada que se asoma de vez en cuando y nos da pistas de las posibles causas que afectan la psique de la protagonista:

“Cada vez que lo miro recuerdo a mi marido detrás de mí, casi eyaculándome la espalda cuando se le cruzó la idea de darme la vuelta y entrar, en el último segundo. Si no hubiera habido ese gesto de darme vuelta, si yo hubiera cerrado las piernas, si le hubiera agarrado la pija, no tendría que ir a la panadería a comprar la torta de crema o chocolate y las velitas, medio año ya. Las otras al parir suelen decir, ya no me imagino mi vida sin él, es como si hubiera estado desde siempre, pff.”

Como parte de ese derrumbe emocional o liberación de la realidad, la protagonista da rienda suelta a sus instintos sexuales con un vecino que la observa. Esto hace que la lleven a un centro de rehabilitación psiquíatrico, diagnosticada como ninfómana.

Matate, amor, está situada en un ambiente rural, lleno de una bruma que hace un poco difusa la frontera entre lo real y lo alucinatorio, y que por lo tanto exige una mayor atención al leerse. Sin duda esta novela es un gran libro y lo recomiendo ampliamente a aquellos que ya tomaron una decisión acerca de ser padres o madres y no hay nada que los haga cambiar de parecer.

“Quiero ir al baño desde que terminó el almuerzo pero es imposible hacer otra cosa que ser madre. Y dale con el llanto, llora, llora, llora, me va a trastornar. Soy madre, listo. Me arrepiento, pero ni siquiera lo puedo decir. A quién. ¿A él sentado en mis rodillas, metiendo la mano en mi plato de restos fríos, jugando con un hueso de pollo? ¡No! Dejá eso que te atragantás. Le tiro una galletita. Me la devuelve. Tengo la boca llena de saliva, de migas. Tengo tomate pegado en mi brazo […] Soy madre en piloto automático. Lloriquea y es peor que el llanto. Lo alzo, le ofrezco una sonrisa falsa, aprieto los dientes. Mamá era feliz antes del bebé. Mamá se levanta todos los días queriendo huir del bebé y él llora más. Quiero ir al baño, pero ese cacareo interminable, esa queja, me lo hace imposible Qué quiere de mí. ¿Qué querés? No me deja dejarlo. Se arquea. Ayer tuve que ir a hacer con él, hoy prefiero hacerme encima”.

Podcast 3C Libros: Una historia entre batallas

Los invito a escuchar la entrevista / charla con Andrea Zalles, autora de Una historia entre batallas. Este libro narra la cruzada de una mujer nacida después de la Primera Guerra Mundial, y a quien el destino la fue llevando a ser testigo presencial de varios acontecimientos históricos del siglo XX: Guerra Civil Española, Segunda Guerra Mundial, Revolución de Bolivia.

Conozcan las motivaciones de Andrea, originaria de La Paz, para mudarse a Querétaro y posteriormente a Barcelona; cómo surgió la idea de escribir el libro, y entérense cómo el abuelo de Andrea peleó contra el padre de Roger Waters (vocalista de Pink Floyd), durante una batalla de la Segunda Guerra Mundial.

Visita al país de tus sueños

10 Cómics que muestran cómo funcionan las relaciones a larga distancia –  Antena San Luis

No sé que hago dentro de tus sueños. Aparezco y desaparezco con la intermitencia de un semáforo fuera de funcionamiento. Ahora, por ejemplo, estoy vestido con una camisa hawaiana y unos pantalones blancos que jamás utilizaría en el mundo real. Y no es que estemos en una playa soleada bebiendo piñas coladas alrededor de la alberca y bajo la sombra de palmeras. Esto parece ser una fiesta muy concurrida. Espero que sea una fiesta de disfraces si no, ¿qué hago yo vestido de esta manera?

En medio de esa multitud que se ilumina por instantes con luces de colores, apareces tú, con un vestido rojo, untado, con un escote magnético a mi vista. Estiras los brazos en mi dirección. Claramente me llamas a mí , pero aún así me cercioro para no cometer alguna torpeza que me deje en ridículo, aunque mi vestimenta basta. O por favor, no me pongas un sombrero panamá, ya es suficiente. Tampoco zapatos blancos, no soy un enfermero. Pero es tu sueño y aunque mi voluntad me llevaría a esconderme, camino hacia a ti con un paso de baile que no podría hacer ni en mis mejores sueños. En los tuyos sí, eso es evidente.

Llego a ti y te observo radiante, con esa sonrisa hermosa y sincera de las que uno, con suerte, podrá encontrar dos en su vida. Este pensamiento hace que resuene en mi cabeza la frase que mejor describe a Gatsby. Pero no es tiempo de pensar en libros, ahora estoy a tu disposición en cuerpo y alma.

Estás feliz, tus ojos así lo expresan y es imposible ocultarlo. Te abrazo para contagiarte el ritmo de mis pasos y me olvido de mi atuendo. Los tacones altos hacen que te veas enorme y para dejar de pensar en eso, recargo mi frente en tu hombro y cierro los ojos. Me dejo llevar por una música insonora que vibra de cuerpo a cuerpo.

Abro los ojos y ahora vuelvo a ser más alto que tú, sólo por un poco. Ya no llevas el vestido de gala ni los tacones. Tus ojos ahora están tristes. Yo no puedo dejar de checar de reojo si sigo vestido igual que un personaje de Hawaii 5-0. Te agradezco con una leve inclinación de cabeza que me hayas cambiado la hawaiana y los pantalones blancos por una camisa a cuadros y unos jeans con los que estoy mucho más cómodo.

Te pregunto qué ha pasado, porqué cambiaste el brillo de alegría por el brillo de tristeza de tus ojos. No alcanzas a responder porque un llanto incontenible te impide hablar. Ahora tú recargas tu frente en mi pecho. Yo, que en el mundo de la vigilia no soy muy bueno para reaccionar a las emociones ajenas, te abrazo fuerte para consolarte. Sigues como una Magdalena.

De pronto, detrás de mí, aparece un avión con la escalera de abordaje colocada y la compuerta abierta. Sé que está ahí esperándome. Apenas un parpadeo después estoy subiendo la escalera, volteo a despedirme de ti. Sé que es hora de volver a mi propio país de los sueños.

Destino, azar o decisión

Una historia entre batallas || Andrea Zalles

Una historia entre batallas

Andrea Zalles

Editorial Par Tres, México 2019

Siempre he pensado que un ser humano, físicamente y conductualmente, es resultado de la genética, del ambiente en que se desarrolla y la casualidad. Estos tres elementos nos constituyen en diferentes proporciones, lo cual nos da la individualidad.

Años atrás leí un artículo en la revista National Geographic que hablaba sobre gemelos que habían sido separados de bebés y sin embargo eran idénticos de adultos, y otros que habían vivido juntos todo el tiempo y sin embargo eran bastante diferentes. La conclusión del artículo era que el desarrollo de los individuos, y por lo tanto el parecido o diferencia entre los gemelos, dependía de la genética, el entorno y el azar.

De manera similar, cuando pensamos en por qué estamos dónde estamos, por qué somos las personas que actualmente somos con los vicios y virtudes que cargamos, con la pareja que tenemos, con los amigos que hemos hecho a lo largo de la vida, con todo eso que nos configura como personas, de nuevo veo tres elementos: destino, azar y decisiones.

Y creo que una mezcla de estos tres elementos fue lo que me llevó a conocer a Andrea Zalles. Andrea nació en La Paz, Bolivia y con un poco por fortuna, pero sobre todo por tomar una de las decisiones más importantes en la vida, vino a estudiar la carrera de Diseño Industrial a la ciudad de Querétaro en México. Después se fue a estudiar una Maestría en Innovación y Emprendimiento en Barcelona España y cuando viajó al viejo continente, ya llevaba la inquietud de escribir un libro; la historia que quería contar era la de su tía abuela Doris. Así surgió Una historia entre batallas.

Una historia entre batallas narra la vida de Doris Sorta Gokesh quien nació en Hungría justo después de la Primera Guerra Mundial. Doris era hija de padre húngaro y de madre austriaca y vivió una infancia dura, en el tiempo en que el Tratado de Versalles apretaba el cuello a los alemanes y al imperio austro-húngaro que había sido su aliado en una guerra perdida. La pobreza y el abandono del padre hizo que la familia de Doris se mudara a España, para tener una mejor vida que en Viena. Sin embargo, estalló la Guerra Civil Española y las ilusiones de una vida tranquila se desvanecieron. Años después, Doris vivió en Wassy, que parecía un buen lugar para establecerse; pero un nuevo ajetreo de proporciones mundiales se cernió sobre el pequeño poblado francés: las tropas nazis se expandieron por toda Europa, incluida Francia. Finalizada la Segunda Guerra Mundial, Doris estaba casada con un Ingeniero en Minas que la llevó primero a Perú y después a Bolivia por una mejor oferta laboral. Ya en tierras andinas, Doris fue testigo de la Revolución Boliviana.

Parecería que Doris siempre estaba en el peor lugar, en el peor momento. Fueron su fortaleza y sus ganas de salir adelante, las que le ayudaron a sortear todas las vicisitudes de la vida, aunque ella solía repetir que “por algo suceden las cosas”.

Decidí invitar a Andrea para hablar de su libro en el podcast 3C Libros, un proyecto en sí mismo lleno de improbabilidad, pues unió en amistad a partir de los libros a tres ingenieros que gustan de leer y hablar sobre literatura. Andrea decidió aceptar la invitación y las circunstancias fueron llevando la conversación hacia temas como el destino y la vejez. Por cierto, uno de los capítulos de Una historia entre batallas describe la relación entre Andrea y su tía abuela Doris en el momento en que ella le contaba sus memorias. La descripción de la vejez de la tía Doris es conmovedora y dura, pero llena de satisfacciones después de haber tenido una vida tan imprevisible.

Al final, no sé si el destino ya tenía escrito que esta charla ocurriría; no sé si el azar vuelva a hacer que los caminos se entrecrucen; lo que sé es que decidí escribir sobre esta bella experiencia, que ojalá sea el inicio de una larga amistad.

Pigtopia: la utopía que termina con un nudo en la garganta

Fiction Book Review: Pigtopia by Kitty Fitzgerald, Author ,  Miramax/Hyperion $22.95 (247p) ISBN 978-1-4013-5251-6

Pigtopia

Kitty Fitzgerald

Literatura Mondadori, México, 2006.

Pocos libros me han dejado un nudo en la garganta al terminarlos. Pigtopia de Kitty Fitzgerald ha sido uno de ellos.

Hace poco mi esposa y yo decidimos hacer una lectura compartida y en voz alta. Y fue difícil seleccionar cuál libro podría servir para este experimento literario en pareja. No queríamos que fuera poesía, ni cuento, ni ensayo, con lo cual acotamos bastante el universo muestral. Queríamos leer una novela.

Tenía que ser una que se pudiera leer sin prisa, que no tuviera formas narrativas ni tramas complicadas, que no fuera tan larga para que no se extendiera por siempre su lectura, pues los tiempos de ambos no siempre se conjuntan. Así, nos quedamos con una tercia de finalistas: Final feliz de Isaac Rosa, Expiación de Ian McEwan y un libro con un cerdito en la portada de Kitty Fitzgerald. Nos decidimos por el tercero porque estaba narrado a dos voces: la de Jack Plum y la de Holly Lock.

Jack es un niño-adulto aislado que tiene una deformidad de nacimiento (por esa deformidad él se autonombra Niñocerdo); vive con su madre alcohólica quien, al igual que el resto de la sociedad, lo maltrata. Holly es una adolescente introvertida que no encaja mucho con los jóvenes de su edad. El único remanso para Jack es la compañía de sus cerdos que mantiene escondidos y a salvo de la vista de sus vecinos en un lugar construido por él y que denomina el palacio de los cerdos. Holly corre con más suerte pues tiene una buena relación con su madre y tiene una amiga que la busca, pero que a veces le cuesta trabajo soportar. Después de pensarlo mucho Jack se atreve a hablar con Holly, le muestra su palacio de los cerdos, y se hacen muy buenos amigos.

Hasta ese punto la novela parecería una historia rosa, ideal para niños y adolescentes a quienes se les quiere fomentar el hábito de la lectura. Pero las cosas se complican para Jack y Holly y la historia comienza a llenarse de nubarrones. No quiero contar demasiado de la historia para no spoilear, pero a mitad del libro hay muerte, violencia y la sensación de que algo peor está aún por ocurrir.

No digo que la novela no sea apta para adolescentes -para niños de plano creo que no lo es-, pero creo que por lo impactante de la narración, se le debe recomendar a quienes ya sean lectores ávidos, y que estén acostumbrados a historias fuertes.

La soledad y el abandono están muy presentes en Pigtopia, pero además nos expone otras formas de violencia a la que pueden estar sujetos los adolescentes en este mundo tan imperfecto. La utopía creada por Jack para sus cerdos es destruida por aquellos que no permiten ver un poco de felicidad en los demás y ni siquiera Holly es capaz de detener la catástrofe. Cómo siempre, “el lobo es el lobo del hombre”.

Debo confesar que este libro llegó a nuestra biblioteca por un error mío, lo compré pensando que Kitty era la hermana de Francis Scott Fitzgerald, el autor de El gran Gatsby. Después supe que la hermana de Francis Scott se llama Penelope. Sin embargo, doy gracias a mi ignorancia y a esa dosis de azar que puso enfrente de mí la novela de Kitty Fitzgerald, que terminó encantándome.

Y otra confesión final acerca de la lectura de este libro: mi esposa que leyó el último capítulo, también terminó con el nudo en la garganta y lágrimas en los ojos. Sin duda, Pigtopia será un libro que recordaré siempre.