Oda al marciano

En un pais de turbinas y tubitos
vive este marcianito
con sus antenitas verdes
y sus pantalones pegaditos.

Quisiera vivir en Bretaña
y cantar cual rockstar
pero vive en la montaña
de su propio soñar.

Todos los días enciende
su herrameinta salvadora,
es su computadora
que lo pone a trabajar.

¡Qué quieren estos gringitos!
yo quiero leer monitos
y no hacer reportes tontitos
antes de desayunar.

Llega la noche y se junta
con la Rana y con el Mike
a discutir de libritos
y a filosofar.

Luego descansa el marciano
en su verde navecita
se peina las antenitas
y se deja reposar.

Previo al partido…

Son 11:56 de la mañana. He llamado a mi novio que está en Nueva York y que me dice apurado, te respondo rápido porque vamos a salir a comprar cosas pra ver el partido. Yo, por mi parte le respondo que también saldré a ver el partido con unos amigos. Vaya expectación, todo el país se tiene para mirar el televisor por 90 minutos. Debe ser por reminicencia de nuestros antepasados que nos gusta observar justas deportivas, donde se prueba el valor y el coraje de ambos contrincantes, donde la destreza física y la paciencia mental lo determinan todo.

Hoy espero salir a la calle y ver a todos con los colores de nuestro equipo, verde, blanco y rojo se mezclan en todos los lugares, en las playeras, en las comidas y en los gritos de ovación que se ven opacados por trompetas y matracas.

 Vamos equipo, vamos. Que son 11 pero represenan a millones. Millones que con esperanza y regozijo se conflagran e invocan a los antiguos dioses griegos, que Nice nos auxilie y nos de fuerza.  Hoy no quisiera saber el resultado. Hoy sólo quiero inundarme del amor al balón que tenemos todos y gritar Golllll de Méxxxicoooo!!!!!!

Una confesión…

Qué más te puedo decir?… Te voy a extrañar toda la vida. Has de ser siempre el amor primero, el más dulce y duradero. Aquél que apenas existió pero dejó más huella que todos juntos, entrelazados.

Es que acaso lo recuerdas? Soy incapaz de olvidar la sensación de tu mano estrechando la mía con tanta fuerza. Y es que esa impresión me acompañó por años hasta que otros besos te llevaron al desengaño.

Por eso hoy es un día memorable. He recordado que te amé y que te he amado por ocupar el primer escalón de esta pendiente interminable hacia el amor.

Y hoy, hoy brindo por tí , por las caricias que no existieron, por las palabras que nos faltaron y por la complicidad que nos une después de tantos años.

Entre deja-vu’s y presentimientos

Los deja-vu son uno de esos misterios de la vida que no serán jamás explicados por la ciencia y, si bien hubiera una razón científica que los justificara, la humanidad no podría atribuir a químicos segregados por una glándula la fascinación que se siente al creer firmemente que alguna escena que se está viendo pasar en un instante ya ha ocurrido antes alguna vez.

Es mi deseo creer que todos sobre la faz de la tierra sentimos un deja-vu de la misma manera. A mí se me eriza la piel, me hace pensar en toda mi vida por delante, en la posibilidad de que real y verdaderamente somos un libro abierto ya escrito, cuyas hojas rolan delante de alguien quien decide en qué ritmo voltear la página. Debo confesar que a momentos me he diho -Para qué me esfuerzo en vivir esta tonta existencia si ya estuve antes ahí, si se ha repetido interminablemente porque el tirititero no ha dejado de jugar jamás.

En fin, los deja-vu me son tan comunes como los presentimientos. Y a veces tengo esas ideas tan fijas en la mente que no concibo que ocurra otra cosa que aquello que estoy pensando, y pasa, pasa todo el tiempo, cada vez, ocurre. Y me asusta, saber que podemos controlar el mundo, asusta.

…Señor E

Debo confesar que en épocas de sequía suelo fantasear con usted Señor E.

 

Vuela mi mente a voluntad hacia realidades alternas donde es cierta la posibilidad de carecer de su ausencia, universos donde usted ha sido lo que nunca fue, donde ha hecho lo que jamás haría. En estos sitios se atrevió a entrar al camarote del capitán y emular las mil y una noches en el mar.

 

Y es que a instantes parece Señor E que esa vida que eligió tiene tintes de cárcel y penitencia, cual si su brío se arrepintiera de una sufragio de hace años. ¿Acaso siente Señor E que se perdió de aventuras, de paisajes y locuras, de encuentro y tertulias en países africanos y en barcos de piratas?

 

Si escapara Señor E aquí habría para usted: Roma, París, Ámsterdam y Dublín. Un cóctel de rostros y de calles con aromas tan punzantes y atrayentes que no huirían sus labios otra vez.

Las mujeres somos olvidables

Me niego rotundamente a aceptar que las mujeres somos inolvidables.

 

Si bien la canción ranchera mexicana es un claro ejemplo de la capacidad humana de expresar profunda devoción y cariño no contiene, en esencia, sino un conjunto de mentiras disfrazadas de verdades. Y es que doy mi voto de confianza a los muchos blogs que esta mañana he leído y que afirman (casi bajo promesa de decir verdad) que las mujeres somos “olvidables”.

 

(Pero vamos, no es culpa de las canciones rancheras, mi intención era sólo citar un ejemplo, porque pude haber pensado en la poesía, la novela, o las melodías populares de  últimos años.)

 

Más, volviendo a tema. En lugar de culpar a la música prefiero mejor culpar a la matemática. Porque la información de los muchos blogs profesaba que una mujer tarda en superar una relación más o menos unos 7 años y al hombre le toma exactamente un mes.

 

Matemáticamente, digamos que la remembranza la podemos expresar como “R”. Si ésta la derivamos en función del tiempo (porque toma tiempo olvidar, vamos), tenemos dR/dt. Pero esto fácilmente se anula pues sabemos que la remembranza para los hombres es tan sólo una constante (ya que su corazón es bastante estable). Y como toda derivada de una constante es cero nos beneficiamos de un resultado. Confirmamos así la hipótesis inicial de que a los hombres se les anula la remembranza en el periodo antes previsto.

 

Por el contrario, para las mujeres la remembranza es bastante variable. Y se debe aquéllo a que su corazón se siente atormentado cada día en intensidades diferentes. Entonces la dR/dt no es otra sino 1. Porque toda derivada de una variable es 1, número, cabe señalar, bastante diferente del cero masculino.

 

Finalmente y sin mayor explicación me reduzco a afirmar que las mujeres somos olvidables, rápida e irremediablemente olvidables. Y no hay nadie más infeliz con esta conclusión que la redactora.

 

(Esto lo he escrito tan sólo porque me gustaría que lo anterior pudiera reflejar la enorme tristeza de remembranza que me embarga alma)