La huella en el alma

La verdadera vida de Sebastian Kight

Vladimir Nabokov

Editorial Anagrama

Algo que caracteriza a los grandes escritores es que, aún en textos que se consideran obras menores, podemos encontrar la huella de sus pensamientos y de su estética.

Un ejemplo claro es La verdadera vida de Sebastien Knight de Vladimir Nabokov, que cuenta la historia de un personaje en busca de testimonios que le ayuden a reconstruir la vida de su hermano muerto.

Los hermanos se separaron hace muchos años en París, después de haber huido de San Petersburgo por la Revolución Bolchevique. Tras leer la biografía escrita por el secretario de Sebastian, el protagonista se niega a creer que su hermano fue un escritor frustrado, gris, aburrido, solitario y antisocial; entonces decide lanzarse en la búsqueda de testimonios que le ayuden a confirmar o reivindicar la imagen que tiene de él. Esa pesquisa se convierte en la persecución de una amante de Sebastian de la que nadie tiene pruebas.

En esa trama aparentemente sencilla, está la huella de Nabokov: El exilio, las persecuciones, la sonoridad de las palabras y el indiscutible dominio del inglés que no fue su lengua materna pero sí la lengua en la que decidió escribir.

La verdadera vida de Sebastien Knight me recordó a otros libros que hablan de búsquedas o persecuciones, como Los Detectives Salvajes (Roberto Bolaño) y Luz Negra (María Gainza) y por supuesto Lolita, que aunque no comparten territorio en mi librero, si ocupan un lugar muy importante en la geografía de mis predilecciones literarias.

Otra característica que separa a los grandes escritores de quienes no lo son, es que a través de sus historias, remueven sentimientos e inseminan grandes ideas en las mentes fértiles de sus lectores.

La verdadera vida de Sebastian Knight me hizo reflexionar sobre los familiares y amigos a los que la vida y las circunstancias han separado de nuestro lado. ¿Cuánto tiempo efectivo nos queda junto a ellos? La reunión anual, las navidades, los festejos familiares y un puñado de momentos que conforme nos hacemos viejos, se escapan de nuestras manos.

Seguramente Nabokov no pretendía dejar lectores nostálgicos pensando en sus amigos y hermanos que están lejos; pero aún sin pretenderlo, sus palabras calan hondo y ahora extraño mucho a todos aquellos que han caminado junto a mí en algún tramo de la vida y que me han ayudado a forjar el ser que actualmente soy, todos aquellos que forman parte de mi alma.

“[…] el alma no es sino un modo de ser -no un estado constante- y cualquier alma puede ser nuestra si encontramos y seguimos sus ondulaciones.”