La puerta de entrada

(Basado en el sueño de Lu)

La cama es la puerta que separa el mundo real del onírico. Al acostarte entras al mundo de los sueños. Al levantarte regresas a la realidad. Así es como funciona normalmente, pero a veces este portal parece dar un giro de 180 grados y todo se trastoca.

Cuando entré a la secundaria sufrí muchos cambios. La adolescencia a todos nos afecta, decía mi madre. Yo veía a Claudio, mi hermano mayor, tan tranquilo, sólo con una voz más gruesa y un bigote incipiente. Yo en cambio tenía una confusión terrible entre lo real y lo soñado, sin mencionar los cambios físicos en mi cuerpo.

Una mañana le reclamé a Claudio por no haberme dejado dormir toda la noche con sus canciones de trova y él me dijo que estaba loca que jamás cantaría semejante cosa. Y ya meditando un poco, entendí que eso no era posible, Claudio es un metalero irredento y yo que soy un año menor, adquirí sus mismos gustos musicales.

Otro día al bajar a desayunar le pregunté a mi madre qué iba a hacer con todas las gallinas que estaban en el patio, y ella me dijo asombrada que en la casa no había gallinas. Después reímos juntas cuando le conté mi sueño.

Todos eran sueños muy vívidos.

Al entrar en la preparatoria, más de alguna vez me levanté a las tres o cuatro de la mañana. Me metí a bañar, me vestí y me arreglé para ir a la escuela. Y cuando bajé a la cocina esperando encontrar a mi madre con el desayuno listo, me di cuenta que un sueño me había hecho una mala broma. El despertador no había sonado aún, ni mi hermano había salido de bañarse antes que yo.

Lo contrario también llegó a ocurrir. Dentro del sueño me levanté, y seguí todo el ritual para irme a la escuela. Hasta estoy segura que desayuné un pan con mermelada y un poco de leche. Y justo cuando estaba por darle el último sorbo al vaso de leche, escuché el grito apurado de mi madre diciéndome que no alcanzaría a llegar a la escuela si no me levantaba inmediatamente.

La culpa no era mía. Era esa cama que había pertenecido a mi abuela Clara. Ella padeció sonambulismo desde los 13 años hasta sus últimos días. Diariamente dejaba varias bandejas con agua alrededor de la cama, para despertar en caso de levantarse dormida.

Yo afortunadamente no he tenido que llegar a tanto, sólo debo de cantar Dream on de Helix al despertar, para saber que no estoy soñando.

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