Game Over. Una moneda, una vida.

Ready Player OneReady Player One by Ernest Cline

My rating: 5 of 5 stars

Leer “Ready Player One” significó para mi dos cosas: la primera de ellas es regresar a mi mundo juvenil literario transportado por la nostalgia “ochentera” representada en las múltiples referencias descritas en el libro; la segunda es ratificar que efectivamente soy un nerd/geek. Ernest Cline es un autor que utiliza sus recuerdos infantiles y juveniles, para darle forma a esta novela de acción y juego futurista. Valiéndose del nacimiento computacional y sistemas de videojuegos, logra crear un ambiente de remembranza transportándonos a esos momentos en donde conocíamos las aventuras de un joven norteamericano, cuyos problemas de la adolescencia se resolvían siempre en familia: Family Ties. La novela nos cuenta como la humanidad logra sumergirse en el mundo de la simulación, llevando al planeta a una situación de escasez energética y de recursos naturales. La calidad de vida baja drásticamente, por lo que muchos encuentran una escapatoria en el mundo virtual llamado OASIS. El dueño y creador de OASIS ha fallecido, y no cuenta con ningún heredero, por lo que decide dejar todo su dinero y la administración total del sistema OASIS al ganador de una competencia singular que se lleva a cabo dentro del mundo virtual. Son tres llaves las que se deben conseguir para abrir tres puertas que te llevarán al “Huevo de pascua” ocultó en dicho sistema de simulación. Los primeros programadores de videojuegos ocultaban estos secretos dentro de su código, para que los jugadores pudieran encontrarlos; los primeros huevos eran la identidad del programador, ya que las primeras compañías no le daban el merecido crédito a sus empleados, y era cuando recurrían a ocultar estas joyas de código en el juego.
Un joven estudiante logra descifrar la primera pista para encontrar la primera llave, al hacerlo provoca un movimiento masivo de jugadores dispuesto a todo por obtener el absoluto control de OASIS. Inclusive, una empresa multinacional de comunicaciones llamada IOI, intenta hacerse dueña del sistema de simulación, pero la única manera de hacerlo es obtener ellos mismos las tres llaves. Un ejercito de empleados dedicados a jugar en el sistema de simulación, buscarán ser los dueños finales sin importar el precio que tengan que pagar o las artimañas que tengan que utilizar para lograrlo.
Conforme avanza la competencia, múltiples referencias aparecen descritas en el libro: juegos de rol al estilo Calabozos y Dragones, canciones de la década de los 80’s, series de televisión y películas de culto para el mundo de los geeks/nerd. Así mismo, referencias a autores de ciencia ficción hacen su aparición también en el libro, desde Harry Potter hasta El Juego de Ender. Los participantes deben vencer los acertijos y conocer el mundo de los videojuegos para poder encontrar las siguientes llaves. El final tiene el ingrediente perfecto de emoción y desenlace, quienes hemos estados horas jugando videojuegos para acabar uno solo, entendemos el sentimiento de haber terminado exhausto pero satisfecho de completar 26 niveles en un solo fin de semana.
Tal vez la fórmula de Ernest Cline sea bastante simple y solo haga referencias a autores, libros, películas y hobbies que muchos adultos añoramos de nuestra infancia y adolescencia, incluido el manga. Pero debo decir que en mi particular punto de vista, ha surtido efecto. En la página 60 de la edición de NOVA, se lista los autores favoritos del creador de OASIS, y es gratificante encontrar a grandes maestros de la ciencia ficción y literatura cyberpunk referenciados en la novela. Además, conforme avanzamos en la lectura, encontramos la lista de canciones electrónica y rock-pop ochentero que nos transporta a dicha década. Recordar las series de televisión o las películas de culto, también hacen eco en mi memoria de momentos especiales viéndolas.
¿Hay algo malo? Claro que si: la traducción española. Ser vecino del país que ha producido todo este material de ciencia ficción, fantasía y videojuegos, nos acerca en su lenguaje y entendemos de manera muy local lo que es un Muppet o una “maquinita”; pero que de ahí se le llame “teleñeco” al muppet o “entretenida” a la consola de videojuego, resulta cómico y hasta cierto punto triste. Frases como “guay” y “tío”, me conflictúan ya que no logran darme una imagen de adolescente o jugador joven digital.
El libro no es un ensayo, ni reta al lector a descubrir lo que está diciendo el autor. Es un libro que entretiene y atrapa a todos aquellos nerds de corazón que conocen el mundo de los videojuegos y la cultura alrededor de ellos. Ideal para jóvenes que comienzan a leer, y para algunos adultos que les gustaría recordar su infancia geek. Hasta el momento, es libro que más me ha atrapado y me ha sorprendido al reconocer más del 80% de referencias que aparecen en el libro. Como lo dije alguna vez, es un libro nerd, escrito por un nerd, para todos nosotros: los nerds.

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Podcast #13 : Murakami sin Nobel

Llegamos al podcast 13 y aprovechando que son días vacaciones, ya que lo grabamos durante la semana santa, tuvimos de invitada especial a nuestra Capitán Torbellín (pueden ver sus entradas en este mismo blog). Viajando desde la Sultana del Norte, expresamente para grabar este episodio y de pasada ver a su familia, realizamos una discusión llena de nostalgia, depresiva y un tanto desequilibrada, tal y como son los personajes de Murakami. Eso si, siempre acompañados de un excelente playlist producto de las novelas mismas.

Los invitamos a escuchar este episodio, y estamos deseosos de recibir sus comentarios, sus recomendaciones y solicitudes. Vengan esos comentarios!

Murakami y la nostalgia que trasmite.

Al sur de la frontera, al oeste del sol

Haruki Murakami

México, Tusquets, 2007

Siempre me ha parecido que el principal objetivo de un libro de ficción debería ser transmitir emociones. También por supuesto deben de divertirnos, enseñarnos, ayudarnos a echar a volar la imaginación, transportándonos a otros mundos, otras épocas e incluso a otras vidas. Pero el gramo que hace que la balanza se incline del lado de “me gustó” en lugar del lado de “libro prescindible”, muchas veces está en la respuesta a la pregunta ¿el libro me generó una emoción?

Ahora bien, la emoción que trasmite un buen libro no necesariamente es placentera. Los libros de terror y los de intriga, por ejemplo, generan una sensación de angustia, y ya en casos extremos hasta de temor o delirio de persecución. Otro ejemplo de una sensación no placentera que puede generar un libro es cuando terminas odiando a un personaje, algún villano al que quisieras que el protagonista le pusiera un alto en sus fechorías o al menos quisieras poder entrar en la historia para propinarle una paliza.

Y es que esto de las sensaciones tiene matices. Un libro puede hacerte sonreír mientras lo lees, o puede ponerte de un buen humor aparentemente inexplicable cada que lo recuerdas; un buen libro puede provocarte un déjà vu, y un libro magnífico puede hacer que cambies tu manera de pensar sobre algún aspecto de la vida.

Sin más preámbulos, hoy quiero hablar del libro Al sur de la frontera, al oeste del sol de Haruki Murakami.

No me considero un pregonero de Murakami, pero debo de decir que he leído seis libros de este autor, de los cuáles Al sur de la frontera, al oeste del sol y Tokio blues, los he releído al menos una vez.

El ADN de los libros de Murakami o aquellos elementos que siempre están presentes son: muchas referencias musicales y literarias; gatos; están situados en el Japón de los 60´s, 70´s y más actuales; tienen ambientes oníricos, surrealistas en los que de repente es difícil distinguir qué es real y qué es fantasía; tienen personajes femeninos inestables y masculinos de una ambigüedad moral; y están llenos de nostalgia, lo cual es un anzuelo seguro para muchos lectores.

Digo que están llenos de nostalgia, no sólo porque cuente historias en la que se añora el pasado, sino que realmente transmite ese sentimiento y me parece que precisamente en eso radica el éxito comercial de Murakami.

La manera de narrar de Murakami siempre me ha dado la sensación de estar sentado frente a un lago, observando una hoja de un árbol sobre el agua; a veces empujada hacia la orilla y a veces jalada hacia el interior por la corriente; y yo como observador, no puedo dejar ver la hoja, de desear que siga su rumbo hacia el centro del lago o quizás hacía la orilla opuesta, pero a la vez no quiero que se vaya lejos.

En Al sur de la frontera, al oeste del sol, conocemos la historia de Hajime desde su niñez, hasta su vida adulta.

Hajime, que significa principio, nació la primera semana del primer mes del primer año de la segunda mitad del siglo XX. Fue hijo único, lo cual lo distinguía a la vez que lo alejaba del resto de sus compañeros de clase. Hasta que un día, a mitad del ciclo escolar, entró una niña nueva, Shimamoto, otra hija única, medio solitaria, que tenía un problema para caminar –cojeaba de la pierna izquierda-, pero que, desde su llegada, tuvo mucha afinidad con Hajime. Además de vivir a tres casas de distancia y de que ambos eran medio “rechas”, compartían los gustos por la música, la lectura y los gatos. Digamos que la vida de Hajime sufrió una primera transformación en el momento en que conoció a Shimamoto. Y hubo un momento en especial que lo dejó marcado, el instante en que Shimamoto le tomó la mano del cual dejo un fragmentito:

“Nuestras manos permanecieron unidas como mucho diez segundos, pero a mí me parecieron treinta minutos. Y cuando me soltó, deseé que el contacto no se hubiera interrumpido. Yo lo sabía, sabía que ella me había cogido la mano de una manera espontánea, pero que, en realidad, lo había hecho porque deseaba hacerlo. Aún hoy recuerdo el tacto de su mano aquel día. Es un tacto diferente a cualquier otro que haya experimentado después. Era simplemente la mano pequeña y cálida de una niña de doce años. Pero en aquellos cinco dedos y en aquella palma se concentraban, como en un catálogo, todas las cosas que yo quería saber, todas las cosas que tenía que saber”.

Pero el destino –maldito rufián- hizo que Hajime se mudara de domicilio y se cambiara de escuela al ingresar al instituto –me imagino que es como la preparatoria o el bachillerato- y que poco a poco hubiera una separación con Shimamoto.

Durante el instituto, Hajime conoció a Izumi, quien fue su primera novia, su primera experiencia sexual. Como cualquier otro adolescente, Hajime actuaba sin meditar si sus actos podrían tener consecuencias para sí o para otras personas. Y así, sin pensarlo, Hajime engañó a Izumi con su propia prima, e Izumi se convirtió en la primera persona a la que Hajime le hizo daño. Cuando Hajime se dio cuenta de su capacidad de lastimar a las personas que quería, sufrió una segunda transformación: su vida se volvió un poco gris y siempre tuvo ese remordimiento por haber destrozado el corazón de Izumi.

Después transcurrieron los años de la universidad y los primeros como profesionista con ese mismo tono grisáceo, sin nada que destacar. Hasta que conoció a Yukiko, quien le devolvió la alegría y el colorido a su vida –una tercera transformación para Hajime-, y que terminó por convertirse en su esposa. Además, con la ayuda del padre de Yukiko, que era un gran empresario de la construcción, Hajime pudo dejar su trabajo gris y abrir un bar de jazz que resultó muy exitoso. Eso le permitía hacer lo que más le gustaba, escuchar música, leer, nadar, pasar tiempo con su esposa y con sus dos hijas. Una vida ideal llena de felicidad.

Y si todo terminara ahí, la balanza estaría indecisa en inclinarse hacia “me gustó” o “libro prescindible”. Pero reaparecen Shimamoto e Izumi en la vida de Hajime y todo se trastoca –en especial por Shimamoto. Pero no contaré nada más de la historia para no spoilear. Simplemente digo que la balanza se fue para el lado de “me gustó”, y matizando un poco, digo que me encantó y que ese sentimiento de nostalgia vuelve cada vez que pienso en el libro y en sus personajes.

Shimamoto, Izumi y Yukiko forman la tríada de las mujeres más importantes en la vida de Hajime, aquellas que dejaron una huella imborrable y que en cierta manera ayudaron a formar el adulto en que se convirtió. Podría decirse que son respectivamente su alma gemela, la persona a la que se arrepiente de haber hecho daño y con quién decidió quedarse para toda la vida. ¿Quién no ha conocido a alguien como ellas?

El sur de la frontera, es el título de una canción de Nat King Cole que con frecuencia escuchaban Hajime y Shimamoto cuando eran niños. Para Hajime, era un misterio el título de la canción pues no podía imaginar que podría haber al sur de la frontera si Japón no compartía frontera con otros países. Nat King Cole se refería a México, a la aventura, a lo desconocido. Lo de al oeste del sol, viene de una plática entre Shimamoto y Hajime cuando son adultos. Shimamoto le cuenta sobre una enfermedad mental que ataca a los campesinos siberianos, la histeria siberiana, que los hace caminar sin detenerse hacia donde se oculta el sol, caminan sin parar a comer o a descansar hasta que finalmente caen muertos. Por lo tanto, el título del libro Al sur de la frontera, al oeste del sol tiene ambos componentes: el futuro y la muerte. Está en el lector, descubrir porqué.

Me parece que, Al sur de la frontera, al oeste del sol es el mejor título para comenzar a conocer a Murakami. Es un libro de fácil lectura, que te atrapa desde el principio por todas estas reminiscencias de la infancia y la adolescencia. Recomendable para adolescentes y adultos que se inician en la lectura o que ya tienen el hábito bien formado. En especial les aconsejo leerlo con la disposición a sentir algo de nostalgia.

Recuerdos que marcan para siempre

Confesiones de una máscara

Yukio Mishima

España, Editorial Espasa Calpe, 2002

¿De cuándo es mi recuerdo más antiguo? Trato de remontarme a mi pasado y sólo tengo imágenes difusas de mí a los cuatro años: con el uniforme del kínder al lado de la hermosa niña de trenzas; en unas vacaciones en la playa haciendo castillos en la arena; esperando el desfile del 20 de noviembre afuera del pasaje Madero; o jugando con los muñecos de plástico de los cuales mi favorito era un cerdito casi esférico que sonaba al apretarlo. Muchas de esas imágenes quizás ni siquiera sean recuerdos auténticos sino imperfectas reconstrucciones basadas en fotografías, relatos de mis padres, algo de imaginación y sólo un porcentaje muy pequeño de memoria.

En Confesiones de una máscara, el protagonista afirma que recuerda el momento en que vio la luz por primera vez, el instante de su nacimiento. Aunque después lo pone en tela de duda y nos dice que su recuerdo más antiguo que evoca con toda nitidez es ir de la mano de una mujer por un camino y encontrarse de frente a un “joven porteador de inmundicias nocturnas”, es decir, un sirviente de alguna casa elegante que lleva al hombro un cubo lleno de excrementos de los patrones. Describe la imagen del muchacho con el torso desnudo, la cabeza agachada, el olor penetrante, la sensación de la mano femenina que aprieta la suya para apartarlo del camino y dejar que se aleje aquel ser repulsivo.

Las siguientes reminiscencias del protagonista son el olor a sudor de los soldados que pasaban frente a su casa marchando, la atracción por la sangre a partir de la imagen de San Sebastián atravesado por flechas, las imágenes de las esculturas griegas que encontraba en los libros de arte de su padre. Esas estampas que quedan grabadas en su memoria van moldeando sus gustos y personalidad. O quizás, algo que existe en él desde antes de nacer lo hace proclive a retener esas imágenes sobre muchas otras que pudo haber visto.

Yukio Mishima escribió esta novela cuando tenía 24 años y al parecer, más que tinta e imaginación, en el vertió su propia sangre y sus memorias. El libro fue un éxito editorial que lo catapultó a la fama.

Confesiones de una máscara parece tener tintes autobiográficos. Trata sobre la vida de un joven que va descubriendo que tiene gustos fuera de las convenciones sociales del lugar y la época en que vivía: el Japón de la postguerra.

Una escena del libro que me dejó impactado es cuando el protagonista a la edad de 6 años o menos, después de haber visto la película de Cleopatra, toma partes de un kimono de su madre, sus zapatos, sus pinturas y, según él, se disfraza de la antigua reina egipcia, entra en la sala donde su madre y su abuela estaban acompañadas de una visita y dice “[…] entonces vi la cara de mi madre. Se había puesto levemente pálida y seguía sentada, impasible, como abstraída. Nuestras miradas se encontraron y mi madre bajó la vista. Y comprendí lo que ocurría. Las lágrimas le velaban la vista”. Este acto tan lleno de ingenuidad lo hace tomar conciencia de que sus acciones, sus gustos no convencionales, pueden afectar a quienes lo rodean.

A lo largo de la novela, el joven se va descubriendo y va tomando conciencia de ser diferente. No se trata de una diferencia que lo distinga, sino una que lo aparta de los demás. Y precisamente para no sentirse aislado, utiliza una máscara que lo ayuda a mantenerse dentro de la sociedad, a desempeñar el papel que de él se espera, sacrificando su propia naturaleza.

Así, dado que no se puede unir al ejército por su mala salud, mientras estudia leyes, se emplea en una fábrica de aviones. En cuanto a su vida sentimental, comienza a cortejar a la hermana de su mejor amigo, una chica con la que comparte el gusto por leer y de quien disfruta mucho su compañía. Pero ella se enamora y en el momento en que espera que le declare su amor, él se arrepiente y se aleja.

Creo que, por el hecho de estar construida con los bloques de memoria del autor, la novela expresa de una manera muy vívida los sentimientos que se desarrollan en el alma del protagonista: la culpa por herir a sus seres queridos, el rechazo, la soledad, la tentación del suicidio y la necesidad de mentirse a sí mismo con tal de pertenecer.

En el caso de Mishima, desde muy temprana edad, él supo que era distinto. Vivió una lucha constante entre ser o pertenecer –aunque estos no deberían ser excluyentes en una sociedad moderna, lo eran en su época y desafortunadamente, lo siguen siendo hoy en algunos lugares.

Además de tener un talento natural para escribir, Mishima practicaba la danza y artes marciales; escribió novela, teatro, poesía y ensayo. También fue fundador del Tatenokai, una milicia privada creada con el fin de defender los valores tradicionales japoneses y devolverle la importancia al Emperador después de que la hubiera perdido tras la Segunda Guerra Mundial. En 1968, fue candidato al Premio Nobel de Literatura y a partir de 1988 se instituyó un premio en su honor.

Yukio Mishima tuvo una muerte bastante polémica. Junto con otros miembros del Tatenokai, el 25 de noviembre de 1970, visitó el campamento de Ichigaya, el cuartel general de Tokio del Comando Oriental de Fuerzas de Autodefensa de Japón. Una vez dentro, raptó al comandante, lo ató a su silla y se encerró en su despacho. Llevaba listo un manifiesto con el que quería inspirar a los soldados para que dieran un golpe de estado y que devolvieran al Emperador su papel primordial en el gobierno. Salió al balcón a dar su discurso, pero como no fue capaz de hacerse escuchar, se suicidó como los antiguos samuráis: con su espada se rasgó el vientre y su pareja, Masakatsu Morita, fue el comisionado para cortarle la cabeza. Después de varios intentos fallidos por decapitarlo, otro miembro del Tatenokai fue el encargado completar el ritual.

Confesiones de una máscara es a la vez un libro de fácil lectura y de profundas reflexiones. Recomendable para lectores con un hábito ya formado de lectura, en especial para aquellos que quieren entender la homosexualidad y la complejidad del alma humana.

 

Las verdaderas heroínas

La guerra no tiene rostro de mujer (Voces de utopía, #1)La guerra no tiene rostro de mujer by Svetlana Alexievich

My rating: 4 of 5 stars

A lo largo de la historia, se tiene la idea de que la guerra es un evento exclusivamente masculino con efectos colaterales: niños, mujeres y adultos mayores. Sin embargo, cuando se trata de la invasión de un país, o de una guerra interna, toda su población participa. Lo podemos ver con nuestras Adelitas, con el niño artillero y los niños heroes. Durante la Segunda Guerra Mundial la población entera de Europa se vio involucrada en el conflicto, sin importar el género o la edad, tuvieron que participar en el altercado. Este libro muestra la historia de muchas mujeres rusas que decidieron participar junto con sus padres, hermanos o esposos para defender su patria de la invasión nazi.
Svetlana Alexievich, ganadora del premio Nobel de literatura 2015, realiza un trabajo de documentación e investigación narrativa de los acontecimientos bélicos experimentados con cientos de mujeres soviéticas que se registraron en el ejército para atacar a los alemanes. La historia de ellas tienen un valor humano más profundo y heroico que la voces masculinas enfocados solamente en los tecnicismos militares. A través de sus risas, lágrimas y anécdotas, es posible humanizar la confrontación entre alemanes y soviéticos. Estas historias no cumplen con el perfil exigido por el régimen socialista, y durante más de 20 años, este trabajo de investigación tuvo que permanecer en borrador, sin publicar. Fue hasta inicio del nuevo siglo, cuando se ofrece al mundo la experiencia de estas valerosas mujeres que vivieron la guerra como cualquier soldado ruso. Es posible encontrar tanto experiencias divertidas como algunas muy crueles.
Una de las primeras cosas que me asombran, es el sentido de patriotismo tan alto que las protagonistas de estás páginas demuestran con sus anécdotas. Muchas de ellas, enfermeras, consolando y ayudando tanto a amigos como enemigos. Arriesgando su vida para salvar la de otros, mostrando valentía en la línea de batalla. Recuerdo una de las anécdotas, donde era necesario salir de la trinchera para avanzar al siguiente puesto de ocupación; sin embargo, los alemanes estaban al acecho y nadie se atrevía a salir del resguardo. Fue una soldado quién decidió salir, ya no aguantaba la espera. Al verla, los demás soldados pensaron: “es una hermana quién nos pone el ejemplo”, entonces todos los demás salieron de su trinchera, arriesgando su vida como ella, para avanzar al siguiente puesto.
Esta historia tuvo un buen término, pero hay otras donde vemos las situaciones en las que se ven orilladas y que tienen que actuar por el bien del ejército. La historia que más me impacto, fue cuando una mujer que estaba con el grupo de exploradores, traía cargando a su bebé. Iban atravesando un pantano o rIo, el agua les llegaba a la cintura. Los alemanes estaban a tan solo uno metros, si los oían, los capturaban a todos. El bebé empezó a ponerse inquieto. El sargento sabía que tenía que hacerse, y los demás soldados lo intuían, pero nadie se lo podía decir a la mamá. Y entonces ella lo supo y lo hizo, sumergió al bebé para que no se oyera su llanto y así salvo al escuadrón; pero nadie pudo ver a los ojos a la madre durante el resto del trayecto.
Escenas tan desgarradoras, son recopiladas por Svetlana Alexievich, durante varios años entrevistó y recopiló las historias que diversas mujeres a lo largo de toda la URSS le contaba. Les compartía otra cara de la guerra: amor, odio, venganza, miedo. Son ellas quiénes pueden darle una cara más humana a esta guerra. Una lectura recomendable para aquellos que quieren conocer más de la invasión Nazi a Rusia, pero deben acompañar la lectura con un buen trago de vino tinto de guarda. Corazones sensibles pueden verse muy afectados por algunos pasajes. Aunque la lectura es fácil, su contenido podría espantar algunos lectores principiantes. Mi recomendación final sería para lectores de nivel intermedio, y sobre todo, aquellos aficionados a la historia.

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¡Detengamos la tala de árboles!

El invierno del mundoEl invierno del mundo by Ken Follett

My rating: 2 of 5 stars

Cuando uno se enfrenta a un libro, por lo general es un acto solitario. Me refiero que es el lector quién está enfrente del libro, comenzando a descubrirlo, adentrándose en sus páginas y encontrando retos o desilusiones. Es verdad que no tomo como regla la opinión de mis amigos lectores, ni de ningún crítico de revista o periódico. Sus comentarios me ayudan a decidir que libro debería leer, aunque fuera solo para asegurarme de que es tan malo como dicen, o simplemente aquel crítico o amigo se aferra en el “snobismo“ literario que lo ciega de recomendar libros que ayuden a fomentar la lectura en lugar de alejarla.
El Invierno del Mundo resultó ser un libro de fórmula y confirmo que mis amigos tenían razón: no me gustó.
Ken Follet publica su segundo volumen de la trilogía The Century, narrando los eventos que viven cuatro familias que se ven involucradas en los principales eventos del siglo. Aunque está ambientada entre 1933 y 1949, no puede catalogarse de novela histórica, ya que describe más los eventos que viven las familias en lugar de centrarse en los hechos históricos de la Segunda Guerra Mundial. Como alguna vez leí en una crítica de Letras Libres: “se podría haber ahorrado la tala de árboles disminuyendo el número de páginas de este libro”. Son novecientas páginas de anécdotas prefabricadas que buscan sorprender al lector, mostrando a estas familias como testigos y promotores involuntarios de los sucesos más importantes de la Segunda Guerra Mundial. Desde la subida al poder de Hitler, hasta la explosión de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki, descubrimos varias historias de amor, reencuentro de hermanastros y rupturas familiares. Debo reconocer que hay pasajes que resultan entretenidos, pero creo que el proyecto de Ken Follet fue muy ambicioso y no logró crear el ambiente de verosímil necesario para disfrutar la narrativa. Mi opinión final: Ken Follet ha encontrado una fórmula para escribir largas historias dignas de ser telenovelas.
Creo que es el primer libro que no recomiendo, ni siquiera para lectores principiantes, mucho menos para amantes de las novelas históricas. Sobre la segunda guerra mundial, encontrarán mejores narraciones de parte de Modiano, Nemirovsky o Edsél.

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Día Mundial de la Poesía

Hoy, 21 de Marzo, se celebra el Día Mundial de la Poesía, instaurado por la UNESCO durante la 30o periodo de sesiones celebrado en París en 1999.

Las 3Cs se unen a esta celebración en el podcast #12, teniendo como invitada especial a Anaclara Muro, poeta y escritora mexicana que nos comenta sobre el trabajo creativo literario que rodea la creación artística de la poesía.
Recuerden que sus comentarios son necesarios para hacer un mejor programa literario.
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